Rumbo a nuevos horizontes

El sol abrasador quema la espalda de Eleandra Cristina Da Silva, de 12 años de edad, cuando se agacha para levantar algo del suelo. Acaba de descubrir algo importante. El objeto precioso que acaba de encontrar no es una chuchería ni un juguete sino una basura: una lata hedionda, comida en putrefacción o un trapo sucio.

Hasta hace poco Eleandra trabajaba largas horas para ganarse la vida. En lugar de jugar en el fondo de su casa o de asistir a la escuela, trabajaba siete días a la semana, cubierta de polvo y mugre, entre las inmundicias del basurero de Olinda, en los alrededores de la ciudad costera de Recife, en el norte del Brasil. Aunque vive cerca del mar, con Marcia, su madre y sus dos hermanos, Eleandra nunca había visto el Océano Atlántico. Todos los días eran iguales para Eleandra: después de terminar las tareas domésticas salía todas las mañanas para trabajar junto con su madre durante 10 horas o más, revolviendo la basura en busca de latas y botellas para vender. Después de una jornada agotadora en el basurero, volvía a una casa, sin agua corriente, y se metía en la cama, que compartía con su madre y sus dos hermanos.

El trabajo en el basurero de Olinda es agobiador y peligroso. Cuando llega el camión del supermercado, hombres, mujeres y niños se precipitan en busca de los mejores desperdicios. Los niños que tratan de treparse a los camiones suelen caerse o ser atropellados. Eleandra tuvo la suerte de no resultar nunca lastimada pero su hermanito de 8 años salió una vez despedido de un camión. Pero a pesar de todos los esfuerzos y peligros, Eleandra apenas si conseguía ganar el equivalente de 3 dólares diarios vendiendo las botellas que juntaba a un intermediario, que hace su negocio explotando el trabajo infantil. En el Brasil es ilegal que los niños trabajen en condiciones tan peligrosas, pero las presiones de la pobreza obligan a los padres a correr riesgos para alimentar a sus familias.

Reconociendo que la educación es la mejor forma de combatir la pobreza, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Internacional del Trabajo de las Naciones Unidas han aunado esfuerzos con el Gobierno brasileño a fin de abrir nuevas puertas a los niños y llevarlos de vuelta a las escuelas, que es el lugar que les corresponde. El programa Bolsa Escola ("Beca Escolar") entrega subsidios en efectivo y en especie a las familias en sustitución de los ingresos que antes aportaban los niños.

Es cierto que Eleandra estaba orgullosa de ayudar a su familia, pero se moría de ganas de ir a la escuela. Su madre, Marcia, había trabajado toda su vida y nunca había ido a la escuela. En realidad, no entendía qué era eso de la Bolsa y no creía que pudiera reemplazar el dinero que ganaba su hija en el basurero para ayudar a mantener a la familia. Pero un buen día la buena suerte le sonrió a Eleandra. Con ayuda de la Oficial de Proyectos del UNICEF, Ana Maria Azevedo y de Susan Sarandon, la Embajadora de Buena Voluntad del UNICEF y presentadora del Programa What´s Going On? (¿Qué pasa en el mundo?), Eleandra recibió una Bolsa. Poco le importó ser mayor que los demás niños de su clase. Estaba loca de alegría de empezar una nueva vida. Cuando Susan y Marcia se asomaron a la puerta del aula para desearle suerte, se le llenaron los ojos de lágrimas.

¿Qué le espera ahora a Eleandra?
Actualmente Eleandra está dedicada a sus estudios. En lugar de hurgar en montañas de basura, se pasa las mañanas en clase y por la tarde va a Jornada, escuela de artes y oficios. Su hermano y su hermana también van a la escuela y la familia vive ahora en una casa nueva. El basurero ha pasado al olvido y la madre ya no revuelve la basura en busca de botellas y latas. Eleandra se siente feliz al pensar cómo ha cambiado su vida. Abriga grandes esperanzas porque sabe que a partir de ahora la vida le ofrecerá muchas oportunidades. "Me siento como si fuera una persona distinta. Toda mi vida ha cambiado. Y espero que siga cambiando aún más".

¿Cómo puedes ayudar?
Empieza por informarte mejor acerca del trabajo infantil, problema mundial que mantiene a 250 millones de niños atrapados en un ciclo interminable de pobreza. Aceptan trabajos peligrosos y mal pagados para poder sobrevivir. El trabajo agobiador y degradante entorpece no sólo su desarrollo físico sino también su crecimiento espiritual y emocional. El artículo 32 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño * declara que todos los niños tienen derecho a estar protegidos contra cualquier trabajo que pueda entorpecer su educación y su desarrollo. Encontrarás más información sobre el trabajo infantil en UNICEF y la OIT *. La OIT ha aprobado el Convenio sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil y la acción inmediata para su eliminación, que exige que se proteja a los niños de la esclavitud, la prostitución y otros trabajos peligrosos. Este Convenio ha tenido profundas repercusiones en la reducción mundial del trabajo infantil. El Programa internacional para la abolición del trabajo infantil del IPEC y la OIT colabora con los gobiernos, las asociaciones patronales y sindicales, los grupos de derechos humanos y las organizaciones populares. Un proyecto conjunto del UNICEF, la OIT y el Banco Mundial titulado Comprensión del trabajo infantil * reúne información valiosa.

Para enterarte de lo que hacen las Naciones Unidas para erradicar la pobreza *, comunícate con la División de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas *. Otros sitios que puedes visitar son los del Banco Mundial y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos.

La abolición del trabajo infantil es una prioridad para gobiernos, organizaciones sin fines de lucro y grupos de la sociedad civil. Para mayor información sobre posibles soluciones de este problema mundial, puedes visitar los siguientes lugares: World Vision, Global March, Terre des Hommes, Amnesty International y Human Rights Watch.


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