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El don del conocimiento
Ana María Azevedo tiene un trabajo que parte el alma. Todos los días tiene que vérselas con familias que se ven obligadas a trabajar en condiciones peligrosas e inhumanas en el basurero de Olinda, en los alrededores de Recife, ciudad situada en la hermosa costa norte del Brasil. El basurero es el lugar de trabajo de Ana María, una montaña hedionda de basura donde los niños hurgan los desperdicios en busca de botellas y latas para venderlas. Pese a la existencia de leyes nacionales que prohíben el trabajo infantil, la extremada pobreza del Brasil obliga a muchos niños a trabajar. Muchas veces su aportación al ingreso familiar significa la diferencia entre sobrevivir o morirse de hambre.
Pero Ana María, que ha visto cómo la educación puede librar a los niños de ese destino terrible, está encargada de las actividades de educación y desarrollo de Fazer Valer os Direitos,
a programa del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en el Brasil *.
Anteriormente, Ana María había trabajado de coordinadora del proyecto con la Municipalidad de Olinda y el UNICEF.
Actualmente, Eleandra va a la escuela, gracias al programa Bolsa Escola ("Beca escolar") beca renovable que compensa a los alumnos los ingresos que obtendrían si estuvieran trabajando. Entregada en efectivo o en especie, la beca permite a los niños asistir a clases elementales durante medio día y participar luego en actividades de extensión, como música y artes y oficios, en el otro medio día. La Bolsa Escola ha ayudado a casi seis millones de familias con niños de 6 a 15 años. En las zonas rurales, los beneficiarios reciben una suma equivalente a unos 9 dólares de los Estados Unidos por mes, en tanto que en Recife y otras ciudades la compensación asciende a unos 14 dólares de los Estados Unidos. Cada familia tiene derecho a tres Bolsas.
La Bolsa Escola, con todo, no deja de tener sus problemas. A veces las familias se ven obligadas a esperar dos meses la entrega de fondos, lo que obliga a algunos niños a volver a trabajar. La educación elemental en el Brasil dura ocho años, pero no todos los niños terminan sus estudios. Algunos no pasan de grado. Otros se desaniman y abandonan la escuela. "Queremos cambiar la situación con jornadas escolares más largas, subsidios en efectivo para la sustitución a corto plazo de los ingresos de los niños y para financiar la enseñanza de artes y oficios a los padres de manera que no tengan que hacer trabajar a sus hijos", dice Ana María.
El UNICEF está colaborando con el Gobierno brasileño para mejorar el programa Bolsa Escola y ponerlo al alcance del mayor número posible de niños. Los administradores, que trabajan en estrecho contacto con las familias, visitan a los padres en el hogar, observan sus condiciones de vida y les ayudan con la tramitación de las becas. Según Ana María, la clave del éxito está en interesar a los padres desde el principio. Por esta razón, Ana María se mantiene en todo momento en contacto con los niños y sus familias. El premio a sus esfuerzos es ver cómo esos niños recuperan su infancia y se convierten en alumnos con un sentido de haber hecho un logro positivo y la convicción de que la vida ofrece oportunidades que nunca se hubieran imaginado.
¿Cómo puedes ayudar?
Empieza por informarte mejor. Según la Organización Internacional del Trabajo, hay casi 250 millones de niños, de 5 a 17 años de edad, que trabajan. De ellos, aproximadamente 179 millones se ven atrapados en las peores formas de trabajo infantil, como la esclavitud, la servidumbre por deudas, la prostitución y la pornografía, sin olvidar la utilización de niños en los conflictos armados como soldados y para el tráfico de drogas y otras actividades ilícitas.
Existen varios acuerdos internacionales de alcance mundial que procuran proteger a los niños de la explotación. El artículo 32 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño * especifica las obligaciones de los gobiernos de proteger a los niños de la explotación económica y de todo trabajo que tienda a entorpecer su educación o represente un peligro para su salud física o mental y perjudique su desarrollo espiritual, moral y social. Hay otros dos convenios de la OIT, El convenio sobre la edad mínima de admisión al empleo, que fija el mínimo en 15 años, por debajo del cual los niños no deben trabajar, si bien existen algunas excepciones para "trabajos ligeros", y el
Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil (1999), potente instrumento jurídico internacional que define el trabajo peligroso para la salud y el bienestar de los niños.
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