Abandonados en una orilla incierta

En la República Democrática del Congo *, los violentos combates entre soldados rebeldes y las fuerzas del Gobierno han obligado a más de 150.000 congoleños a huir de sus hogares y refugiarse en la vecina Tanzanía. El conflicto, que comenzó a mediados de la década de los noventa, se ha cobrado las vidas de 3,3 millones de personas, el mayor número de víctimas que se conoce desde la Segunda Guerra Mundial. Para unos niños como los hermanos Fataki, la vida de refugiado es particularmente difícil. Casi la mitad de los refugiados congoleños son niños, que se ven obligados a empezar una nueva vida en los campos de refugiados, a menudo sin sus padres.

La historia de los hermanos Fataki
Tiempo atrás, Katitwa, Wakenge y Benjamin Fataki vivían tranquilamente en la República Democrática del Congo con su madre y su padre. Pero vino la guerra y lo cambió todo. Los rebeldes mataron a su madre por ser tutsi, un grupo étnico que a menudo ha sido perseguido por otros grupos, y su padre murió poco después de causas naturales. Cuando quedaron huérfanos los niños se convirtieron en presa fácil para los rebeldes ansiosos de ensañarse con los hijos de los tutsi. El hermano mayor los animó a huir, y los muchachos iniciaron un viaje largo y peligroso hacia la vecina Tanzanía.

El viaje fue aterrador para los hermanos y sus dos sobrinitos. Caminaban solos y tuvieron que ocultarse de los soldados y avanzar de noche hasta el barco que los llevó al otro lado del lago Tanganika, a Tanzanía y la libertad. La travesía, con temperaturas gélidas y por aguas heladas y turbulentas duró 12 horas espantosas. Los niños temían ahogarse en cualquier momento, porque el barco tenía vías de agua, un agua helada que los mismos pasajeros tenían que achicar.

Cuando los hermanos llegaron a la orilla en Kabrizi, ya en Tanzanía, pasaron por el proceso habitual en un centro de tránsito del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), donde se les sometió a un reconocimiento médico y fueron vacunados. El ACNUR asignó a los muchachos a Lugufu, un extenso campamento de refugiados con viviendas hechas de barro y paja que ocupa 20 millas cuadradas en Tanzanía y acoge a 30.000 refugiados.

A su llegada al campamento, los muchachos fueron registrados con el fin de cerciorarse de que no llevaran ningún objeto peligroso. Después les presentaron a Adam Rajab Odongo, quien supervisa las operaciones en el campamento que dirige el ACNUR. Después de darles la bienvenida, Adam no tuvo contemplaciones a la hora de describir las normas estrictas que rigen en el campamento, e insistió en que los muchachos debían respetar las leyes de Tanzanía. Instó a Benjamin, el mayor, a ser fuerte y a hacerse responsable de su familia. Las palabras de Adam fueron demasiado para los muchachos; la pérdida de sus padres, el viaje aterrador y su futuro incierto se les hicieron bien presentes. Uno tras otro, se desmoronaron y se pusieron a llorar.

Como parte de su establecimiento en el campamento, tenían que construir, sin la ayuda de ninguna herramienta, una sencilla casa de barro y paja. Angelina Jolie, Embajadora de buena voluntad de las Naciones Unidas y presentadora de What’s Going On? trabajó incansablemente con los muchachos para construir un lugar que pudiera ser su hogar. Pero eso no era todo: los muchachos todavía tendrían que enfrentarse a la situación de hambre, desempleo y aburrimiento que es endémica en la vida de los campamentos. Además, los muchachos aún desconocían el paradero de su hermano mayor, Mugumu. Afortunadamente, Adam nunca renunció a intentar encontrarlo. Recientemente, recibió la noticia que habían estado esperando los hermanos. Se había localizado a Mugumu. Los muchachos se reunieron y ahora viven juntos en otro campamento. Como familia, están mejor preparados para afrontar los desafíos que tienen por delante, pero las cosas que han visto y las pérdidas que han sufrido les perseguirán para siempre.

Ser refugiado es algo más que trasladarse a otro país; es un proceso traumático que supone perder la propia identidad, lamentar el pasado y preguntarse qué traerá el futuro. Los efectos psicológicos son extraordinariamente graves para los niños, que se ven obligados a renunciar a la infancia para ocuparse sólo de sobrevivir. Aunque el camino de los hermanos Fataki hasta el campamento fue largo, el que les queda por delante todavía lo es más.

¿Qué les espera a los hermanos Fataki?
Mientras continúe la guerra en la República Democrática del Congo, los hermanos Fataki esperarán en Lugufu. Las leyes locales no les permiten establecerse en Tanzanía, porque el país considera que su economía no puede soportar la carga de las constantes oleadas de refugiados. Los recursos de la ONU se han quedado cortos por culpa de la guerra y hoy los refugiados de Lugufu tienen que sobrevivir con la mitad de las raciones normales de alimentos. Los muchachos tendrán la oportunidad de ir a la escuela, pero antes deberán preocuparse por luchar por la supervivencia. Sin embargo, con la ayuda de la ONU, tienen la oportunidad de vivir sin miedo y a salvo de la guerra. Viendo la compasión de Angelina y de otros que participan en las iniciativas de la ONU a favor de los refugiados, Benjamin Fataki expresó así su agradecimiento: "Aunque seamos huérfanos, le importamos a alguien".

¿Cómo ayudar?
El artículo 22 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño declara que cualquier niño que trate de obtener el estatuto de refugiado tendrá derecho a recibir protección y asistencia humanitaria. Para saber más acerca de la grave situación en la República Democrática del Congo y averiguar la forma de ayudar, puedes visitar el sitio del ACNUR, el organismo de la ONU dedicado a los refugiados, que presta asistencia a más de 20 millones de personas en todo el mundo, y el sitio de su colaborador, el Comité Internacional de Rescate *, una organización no gubernamental que se ocupa de la situación de los refugiados en todo el mundo y les viene prestando asistencia desde 1933. También se puede visitar el sitio de USA for UNHCR.


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