Un refugiado que se ha convertido en un modelo para otros

Adam Rajab Odongo también fue un refugiado, y entiende muy bien por qué hay personas que abandonan su hogares para huir de la violencia, la destrucción y la degradación de la guerra. Ahora Adam trabaja para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y hasta hace poco supervisaba las operaciones del campamento de Lugufu, en Tanzanía, donde 30.000 refugiados congoleños esperan que termine una guerra civil que hace ya 10 años que dura en la República Democrática del Congo. Este conflicto largo y sangriento entre las tropas del Gobierno y fuerzas rebeldes ha causado la muerte de más de 3 millones de congoleños y ha obligado a más de 150.000 a huir a la vecina Tanzanía. La mitad de esos refugiados son niños.

Cuando Katitwa, Wakenge y Benjamin Fataki llegaron a Lugufu después de un largo y difícil viaje desde la República Democrática del Congo, Adam estaba allí para recibir a los hermanos y explicarles las normas del campamento. Pese a que comprendía muy bien lo que sentían los huérfanos, Adam sabía también que era importante prepararlos para las duras realidades de la vida en el campamento. En sus calles el hambre y la depresión acechan y a menudo son los niños los más afectados por la transición a la vida en Lugufu. "Sé que no tenéis padre ni madre", les dijo a los hermanos Fataki. "Pero ahora estáis en otro país, y tenéis que obedecer las leyes de Tanzanía".

Adam hace todo lo que puede para que el campamento se parezca a un hogar y por esto permite que los familiares vivan juntos. Pero la mayoría de familias están incompletas: falta la madre, el padre ha muerto y los hermanos están separados. Por tanto, Adam dedica gran parte de su tiempo a buscar a los desaparecidos gracias a sus contactos en otros campamentos de refugiados. Los Fataki estaban desesperados por encontrar a su hermano mayor, Mugumu, el padre de dos sobrinitos de los que ahora se ocupan Katitwa, Wakenge y Benjamin. Mugumu dijo a sus hermanos pequeños que se reuniría con ellos en Lugufu, pero no han sabido nada de él desde entonces. Adam no pudo encontrar al hermano y no fue fácil dar esta noticia a los Fataki y a sus sobrinitos. No obstante, Adam ha resultado ser, sin pretenderlo, un modelo de conducta, recordando a los muchachos -y a todos los refugiados de Lugufu- que la vida podía y debía continuar.

¿Cómo ayudar?
El artículo 22 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño declara que cualquier niño que trate de obtener el estatuto de refugiado tendrá derecho a recibir protección y asistencia humanitaria. Para saber más acerca de la grave situación en la República Democrática del Congo y averiguar la forma de ayudar, puedes visitar el sitio del ACNUR, el organismo de la ONU dedicado a los refugiados, que presta asistencia a más de 20 millones de personas en todo el mundo, y el sitio del colaborador del ACNUR, el Comité Internacional de Rescate *, una organización no gubernamental que se ocupa de la situación de los refugiados en todo el mundo y les viene prestando asistencia desde 1933. También se puede visitar el sitio de USA for UNHCR.


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