Los tiempos difíciles para J. R. Bennett empezaron cuando entró
en el sistema de las personas sin hogar de Nueva York. “Ese fue
el peor momento de mi vida”, dice J. R.; “puedo decir que
para mí empezó entonces el infierno”. Tristemente,
la historia de J. R., uno de los 12 millones de niños americanos
pobres, no es única. Pero sí nos ofrece una visión
más aproximada de los insidiosos procedimientos con los que la
pobreza erosiona la felicidad y la esperanza de los niños, y nos
muestra medios constructivos de proporcionar ayuda.
La historia de J. R.
La vida de J. R. cambió por completo cuando su madre cayó
enferma y su padre sufrió un ataque. Antes de la enfermedad de
sus padres, todos habían vivido juntos en un pequeño apartamento
de alquiler en la ciudad de Nueva York. La mala salud de la madre hizo
que el padre perdiera el empleo. Cuando el estado de la madre empeoró
y hubo que ingresarla en un hospicio, “la felicidad”, dice
J. R. “desapareció lentamente”. Poco después,
él y su padre perdieron el apartamento, y se encontraron negociando
en el laberíntico sistema de las personas sin hogar de Nueva York.
J. R. conoció su primer refugio para personas sin hogar a los 4
años de edad. En los 11 años siguientes la familia Bennett
pasó por 14 refugios diferentes, y en sólo un año
J. R. cambió tres veces de escuela.
El no disponer de un hogar ha afectado gravemente la salud emocional
de J. R.. “Siento como si me hubieran privado de mi infancia”,
dice J. R. “En realidad en mi infancia no recibí la atención
necesaria porque me desplazaba constantemente. Pasaba todo el tiempo de
un refugio a otro”. J. R. se sentía aislado de los otros
adolescentes, y a veces incluso pensó en suicidarse.
J. R. ve la vida en el refugio como si fuera una cárcel: ninguna
privacidad, y falta absoluta de seguridad. Sin embargo, carecer de hogar
es algo más grave que no disponer de una casa o un apartamento.
J. R. siente que la vida errante le privó de su infancia, y que
la situación de su familia le hizo perder el amor, la felicidad
y la seguridad que proporciona un hogar.
Para combatir la desesperación J. R. ingresó en un coro
juvenil de su iglesia, y el año pasado empezó a trabajar
de pasante en la “Coalition
for the Homeless” (Coalición para los sin hogar), de
la ciudad de Nueva York. La pasantía, que aún no ha con-cluido,
ha ayudado al adolescente a hacerse una idea de sí mismo. Ahora,
en vez de verse como un problema, se ve como parte de la solución.
De hecho, la inteligencia, la sensibilidad y el sentido de perspectiva
de J. R. hacen que sea uno de los oradores más populares de la
Coalición. Recientemente ha hecho un anuncio para la Coalición
en la televisión pública, e incluso ha recibido instrucciones
sobre la manera de actuar del presentador de “What’s Going
On?”, el famoso actor/director Tim Robbins.
¿Qué va a hacer ahora J. R.?
Después de participar en “What’s Going On?”,
J. R. ha seguido trabajando con gran éxito como portavoz de la
“Coalition for the Homeless” de Nueva York. Recientemente
asistió, junto con el Director Ejecutivo de la Coalición,
a una conferencia de políticos y defensores de las personas sin
hogar que se celebró en Manhattan, con el título “Dar
una casa a los jóvenes sin hogar: la crisis invisible”. Este
verano J. R. trabajará como asesor en “Camp Homeward Bound”,
un campamento de verano para niños sin hogar, donde enseñará
a otros jóvenes a defender con éxito a las personas carentes
de hogar.
¿Cómo puede usted ayudar?
El artículo 27 de la Convención
de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño afirma que
cada niño, independientemente de su raza, sexo o nacionalidad,
tiene derecho a una vivienda adecuada. En una noche cualquiera, más
de 1,2 millones de niños americanos carecen de hogar, y las familias
son el sector de los sin hogar de más rápido crecimiento.
Usted puede ayudar a estos niños; muchas organizaciones trabajan
con familias carentes de hogar y la “Coalition
for the Homeless” puede indicarle los grupos existentes en su
zona.