Hambrientos de comida y de esperanza

Graduarse es un objetivo excitante para cualquier adolescente: acontecimientos tales como la graduación y el ingreso en la universidad son jalones importantes y ansiosamente esperados, que señalan el comienzo de la vida adulta. Para niños como Jessie Staley de Harts, Virginia occidental, el peso de la pobreza anula los gozos de la infancia y la adolescencia.

Más de 12 millones de niños americanos son pobres, y esta pobreza contamina todos los aspectos de sus vidas, desde las relaciones familiares hasta las amistades escolares y los sueños de futuro. La historia de Jessie ilustra el modo en que las dificultades causadas por la pobreza configuran la vida de una niña americana.

La historia de Jessie
Las aspiraciones de Jessie no son extraordinarias: quiere graduarse bien, ir a los bailes de la escuela y entrar en la universidad. Y sin embargo, estos objetivos modestos son casi imposibles en el contexto de la vida de Jessie, una vida de hambre, preocupación y sacrificios constantes.

Jessie, que es la hermana mayor, se queda al cuidado de sus hermanos mientras el padre se gana la vida conduciendo un camión. El padre de Jessie trabaja duramente, pero sus turnos de 12 a 15 horas no le proporcionan ingresos suficientes para pagar las facturas. El día de Jessie empieza pronto, cuando su padre se ha ido a trabajar. Jessie despierta a su hermano y a su hermana, les da el desayuno y los lleva a la escuela. Después va a clase durante todo el día, prepara la cena, ayuda a sus hermanos a hacer los deberes y les acuesta, todo ello antes de empezar a hacer sus propios deberes.

Aunque la familia no carece de hogar, sólo cuenta con 120 dólares al mes para comprar alimentos. Muchas veces no tienen lo suficiente para vivir hasta final de mes, y entonces Jessie se ve obligada a recurrir a instituciones benéficas como “Save the Children”. Su familia sufre las consecuencias de la constante lucha por llegar a final de mes. Por ejemplo, la preferencia por alimentos baratos, más que sanos, ha dañado la salud de la familia. El padre de Jessie está enfermo del corazón, y combate la obesidad resultante del consumo de alimentos preparados de mayor contenido graso, que con tanta frecuencia constituyen el régimen alimentario de las personas de bajos ingresos.

El sueño de Jessie de ir a la universidad se ve ensombrecido por el temor a que su padre la necesite más cerca de casa, sobre todo ahora que se ha agravado su salud. Es triste pensar que en Estados Unidos, donde no existe un seguro universal de enfermedad, muchas familias hacen frente a la misma opción terrible que el padre de Jessie: trabajar para ganarse la vida sin seguro de enfermedad, o acogerse a la seguridad social para recibir atención médica del Estado.

¿Que va a hacer ahora Jessie?
Después de su aparición en “What’s Going On?”, Jessie ha seguido participando en “Upward Bound”, un programa que ayuda a los niños pobres a ir a la Universidad. Jessie sueña con mejorarse a través de la educación, y trabaja duramente a fin de conseguir los grados necesarios para obtener becas. Pero aún le espera una larga lu-cha.

“Para niños como Jessie, el problema no es sólo el dinero”, dice Michael Tierney, Director de “Step-by-Step”, grupo que presta asistencia a las comunidades rurales pobres de Virginia occidental. “Existe una ausencia real de organizaciones de servicios sociales en las zonas rurales, y en especial de servicios de salud mental. Tampoco hay oportunidades para que los jóvenes creen sus propias redes de promoción profesional. Sin dinero ni recursos, les es difícil construir un mundo más vasto para ellos.

Actualmente, “Step-by-Step” ayuda a Jessie proporcionándole el apoyo que necesita, mediante programas de liderazgo infantil y de otro tipo en el centro comunitario “Big Ugly”. También se procura ayudar a los hermanos de Jessie.

¿Cómo puede usted ayudar?
El artículo 24 de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño afirma que cada niño del mundo —independientemente de su raza, sexo o nacionalidad— tiene el derecho a disponer de alimentos nutritivos y de atención de la salud. Es difícil creer que en un país tan próspero como los Estados Unidos, niños como Jessie pasen hambre todos los días; y sin embargo son nueve millones los que están en esta situación. De hecho, en América el número de niños pobres duplica el de cualquier otro país desarrollado.

¿Qué puede hacer para ayudar? Empiece cerca de su casa. Muchas organizaciones trabajan con familias pobres y “Save the Children” puede conectarle con las organizaciones de su zona. Las asociaciones entre estas organizaciones y particulares, familias o negocios son un medio excelente de ejercer un impacto positivo y real en la vida de un niño.


Negocios  Niños Cultura Desarrollo  Emergencias  Medio Ambiente  Salud  VIH/SIDA  Derechos Humanos  Trabajo  Paz  La Mujer