La historia de Natalie y Sade

En una pequeña ciudad cercana a Puerto España, la capital de Trinidad, hay unas casas de madera pintadas de color pastel en lo alto de una verde colina, comunicadas entre sí por caminos de tierra donde los niños se reúnen a jugar.

Después de que su madre muriera de SIDA que había contraído por el consumo de drogas, Natalie, su hermana Sade y sus hermanos fueron a vivir con su abuela.

Al igual que muchos hogares que han perdido al cabeza de familia por causa del SIDA, su abuela hace lo que puede para alimentar y mantener a su familia recién ampliada con una reducida pensión del Gobierno.

Aunque su madre muriera de SIDA, a Natalie y Sade nunca les hicieron la prueba para detectar el virus. Sin embargo, su primo Dale, que colabora con un grupo de apoyo a jóvenes llamado Rapport, insistió en que conocieran su estado de salud.

Muchos jóvenes no creen que corran riesgo de contraer el VIH, a pesar de que todos los días se infectan en el mundo 6.000 jóvenes de entre 15 y 24 años.(fuente: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)*)

Por ejemplo, casi dos tercios de las jóvenes de Haití sexualmente activas con edades comprendidas entre los 15 y los 19 años no creen que corran riesgo de infectarse con el VIH, y más de la mitad de las de Zimbabwe comparten esa idea. (fuente: ONUSIDA*). La ignorancia sobre la epidemia es una constante entre los adolescentes de todo el mundo y muchos de ellos no saben cómo protegerse contra el virus.

Si bien los resultados de la mayoría de las pruebas del VIH se conocen en el plazo de unos días, el Dr. Nosa dispone de una nueva prueba en el Hogar Infantil Cyril Ross que se hace en tan sólo 15 minutos.

Natalie accedió a someterse a la prueba y soportó con valor que le clavaran la aguja en el brazo para extraerle sangre. Sade al principio se resistió un poco.

"Tu madre murió de SIDA, ¿has temido alguna vez que te hubiera transmitido la enfermedad?", le pregunta el Dr. Nosa.

Ella le mira con incredulidad. "¿Por qué me la habría de transmitir?", dice, aunque también acepta que se le practique la prueba.
Tras esperar unos minutos, Natalie y Sade se enteran de que ninguna de las dos es seropositiva. Ya saben que su madre no les pasó el virus.

Lo cual no garantiza que no vayan a infectarse en el futuro. La mayoría de los adolescentes no tiene acceso a la información y los servicios que necesitan y muchos de ellos no saben cómo protegerse del VIH/SIDA.

La mayoría de los nuevos infectados en el Caribe son mujeres jóvenes de entre 15 y 24 años. (fuente: ONUSIDA*).

La pobreza hace que los jóvenes sean más vulnerables a la infección del VIH/SIDA y la violencia sexual contribuye a que se propague la enfermedad. Las muchachas más jóvenes son las que corren más riesgo. Por ello, Natalie y Sade, adolescentes en una comunidad sexualmente activa, tendrán que recurrir siempre a la prevención y luchar contra los prejuicios y la ignorancia para evitar la infección por el VIH/SIDA.

Si desea más información sobre la labor que realizan las Naciones Unidas para detener la propagación del SIDA, haga clic en los enlaces situados junto a la foto de Natalie.