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La historia de Basujen y Ankhbayar
Son las 10 de la noche a comienzos del otoño en Ulaanbaatar, la capital de Mongolia, y las noches ya son frías. Una camioneta de la policía sale a recorrer las calles durante la noche. Esta camioneta particular no está patrullando para prevenir delitos o detener delincuentes. Esta buscando niños, muchos de ellos deseosos de que no los encuentren.
La camioneta, patrocinada por el UNICEF, pertenece al Centro de Identificación de Niños de la policía, y forma parte de una iniciativa del Gobierno de Mongolia para abordar la cuestión de los miles de niños que intentan sobrevivir en las calles de Ulaanbaatar. La camioneta recoge a los niños, los asea y los reúne con sus familias. Si no puede encontrar a los padres, los ingresa en uno de los 20 centros de acogida para niños que hay en la ciudad.
La policía busca a los niños en los lugares habituales, en salones de juegos, alcantarillas y portales. Pero aunque las autoridades tienen la mejor de las intenciones, muchos de los niños se resisten firmemente e incluso pelean. Vienen de hogares rotos, y muchos han sufrido abandono o malos tratos. Se han acostumbrado a la vida en las calles, por dura o peligrosa que sea.
Una noche, tras varias horas de patrullar las calles, los oficiales volvieron al Centro con más de 15 niños. Entre ellos están Basujen y Ankhbayar. Basujen ya ha estado antes en el centro. Su hermano pequeño, Ankhbayar, no había vivido antes en la calle y esta es su primera vez. Su historia es familiar.
Acuciados por la pobreza, como tantos otros en Mongolia durante la transición política y social, la familia de Basujen abandonó el campo y se marchó a la capital, Ulaanbaatar, en busca de trabajo. Como muchas otras, no pudieron conseguir un certificado de registro en la ciudad, un documento necesario para matricular a sus hijos en la escuela u obtener asistencia social del Gobierno.
Impulsado por las circunstancias, Basujen se marchó de casa. Recientemente volvió para llevarse a su hermano pequeño. Lo hizo porque nadie podía ocuparse del niño, de 6 años de edad. Los dos hermanos están muy unidos y Basujen es muy protector. Cuando salen toma de la mano a Ankhbayar. Pasaron tres días en la calle antes de que la policía los recogiera. En el Centro de Identificación de Niños pudieron ducharse y compartieron una cama. Mañana se reunirán con su madre..
La reunión es agridulce. La madre es feliz al ver a sus hijos en casa, pero al mismo tiempo está desesperada porque no sabe cómo podrá mantenerlos. "No sé qué hacer", confiesa. "Quizá deba a entregar a mis hijos en un centro de acogida y lo entenderán cuando sean mayores". Es una preocupación compartida por muchos padres en el país.
Organizaciones internacionales y nacionales, con la ayuda del UNICEF (el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), intentan cubrir la brecha causada por el colapso del sistema de bienestar social. Sus programas proporcionan cobijo y educación, y también actividades para llegar a los niños de la calle a fin de que niños como Basujen y Ankhbayar puedan tener algún futuro.
Los niños de la calle son parte de un problema mayor. Mientras el 35% de la población de Mongolia viva por debajo de la línea de la pobreza, hay pocas esperanzas de eliminar, o siquiera reducir significativamente, el número de niños que se ven obligados a vivir en la calle.
¿Qué les espera a Basujen y Ankhbayar?
Ankhbayar sigue en casa con su madre. Basujen salió un día a recoger botellas y no volvió. "Es difícil para él", admite su madre. "También es difícil para mí que vuelva y se vaya", añade. "Lo que más temo es que mi hijo pequeño siga su camino". Por el momento Ankhbayar vive en casa, pero está desconsolado por la marcha de su hermano.
¿Cómo ayudar?
Según la Convención sobre los Derechos del Niño, de las Naciones Unidas, todos los niños tienen derecho a crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Lamentablemente, a millones de niños de la calle de todo el mundo se les niega este derecho. Usted puede ayudar aprendiendo más sobre las diversas organizaciones que trabajan para ayudar a los niños de la calle y prestándoles su apoyo.
En Mongolia, organizaciones no gubernamentales internacionales y nacionales, como Save the Children UK, World Vision, la Misión de la Iglesia Católica y Alpha Community, junto con instituciones estatales y la asistencia del UNICEF trabajan para ayudar a los niños de la calle. Ofrecen cobijo, educación, reunificación familiar, formación profesional y servicios en centros de día que atienden las necesidades inmediatas de los niños de la calle.
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