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La historia de Bagii e Itgel
Han comenzado a caer los primeros copos de nieve. El viento es más frío. Se acerca el invierno. Pronto la temperatura descenderá hasta los 40 grados bajo cero. Dos niños con la cara helada se meten por una alcantarilla. Se llaman Bagii e Itgel. Son niños de la calle. Este es su hogar.
En Mongolia, unos 3.700 a 4.000 niños viven en la calle, la mayoría de ellos en la capital, Ulaanbaatar. Son producto de la transición política y económica que ha sufrido el país desde el decenio de 1990, cuando la desaparición del imperio soviético supuso el fin del apoyo financiero. Las escuelas, las fábricas y las granjas comunales cerraron o fueron privatizadas, los servicios sociales casi dejaron de existir. Aumentó la pobreza. Muchas personas migraron a Ulaanbaatar en busca de trabajo. Entre ellas la familia de Bagii.
"Mi padre era pastor," dice con naturalidad Bagii, de 16 años, "tuvimos que entregar nuestros caballos y ovejas cuando se privatizó la granja". Bagii comenzó a vivir en la calle cuando su familia no pudo mantenerlo. "Nunca imaginé que acabaría así", dice con tristeza.
Bagii, junto con Itgel, de 11 años, y otros niños, viven bajo tierra, en una de las múltiples alcantarillas que contienen tuberías de calefacción, los restos del amplio proyecto de calefacción central subterránea construido para calentar Ulaanbaatar en los largos meses de invierno.
Las alcantarillas están sucias y calientes, y a menudo hace demasiado calor para dormir. Las camas son trozos de cartón colocados sobre las tuberías. Se alumbran con velas. Los niños la llaman su tanque. Se consideran una familia.
Al igual que en las familias, los niños deben ayudarse entre sí. Comparten los alimentos, el dinero y los peligros de la calle. Juntos recorren las calles de Ulaanbaatar en búsqueda de latas y botellas que puedan vender para comprar comida. Comen si reúnen lo suficiente.
Después de que sus padres lo abandonaran, Itgel recorría las calles hambriento y aterido cuando lo encontró el grupo de Bagii. Tuvo suerte. "Esa noche le dimos algo de comer," recuerda Bagii, "y se convirtió en nuestro hermano pequeño". La vida en las calles es peligrosa. Los niños sufren ataques. Pertenecer a un grupo es un medio de sobrevivir. No sólo significa tener recursos compartidos, sino también protección.
Bagii sabe que pronto tendrán que dejar la calle para evitar el destino de los "perpetuos", los niños que viven todo el año en la calle y se ven sometidos a la violencia, los delitos y en ocasiones la prostitución. El invierno se acerca rápidamente y Bagii e Itgel están asustados. Ninguno de los dos ha pasado antes un invierno en la calle. Pronto ya no habrá más botellas que recoger. Se congelarán cuando salgan a la calle. "Si seguimos viviendo en el tanque, quizá no sobrevivamos", admite Bagii.
Esperaba haberse podido mudar a un sótano, lo que le hubiera permitido a él y sus amigos llevar una existencia más humana que la que tienen en la alcantarilla. Todavía está esperando recibir las llaves. Bagii está resignado. "Supongo que viviré así algunos años más. Cuando crezca, veré la vida de manera diferente. Seré más listo. Todo cambiará". Itgel también está cansado de vivir la calle. Ha decidido ir a un centro de acogida para niños. "Me quedaré [en el centro] hasta que tenga 18 años. Recibiré educación", dice con firmeza. Bagii es demasiado mayor para que lo admitan.
¿Qué les espera a Bagii e Itgel?
Itgel cumplió su palabra y entró en un centro de acogida para niños llamado Light House, dirigido por la organización World Vision. Ya se ha asentado y está aprendiendo a vivir de nuevo como un niño normal. Progresa bien en una clase informal equivalente al cuarto grado, juega bien al tenis de mesa y está participando en concursos musicales.
Su madre vendió la casa y desapareció con sus dos hijos menores en la primavera de 2003. Los trabajadores sociales del centro están intentando localizarla, ya que la mejor solución sería reunir a Itgel con su madre y prestarles un apoyo que permita que el niño y su familia mantengan una vida estable en el hogar. Si no la encuentran, Itgel puede vivir en el centro hasta que cumpla 18 años.
Sin embargo, Bagii se enfrenta a los meses de invierno solo en la alcantarilla. Los niños que vivían con él se fueron para unirse a un grupo de niños mayores. Todavía no podido conseguir las llaves del sótano.
Entretanto, Ulaanbaatar está cambiando. La ciudad está creciendo y empresas privadas están adquiriendo terrenos para la construcción. Están cerrando las alcantarillas, privando a muchos niños de la calle de su único cobijo. Van a construir un centro comercial encima de la alcantarilla donde vive Bagii. Al quedarle pocas alternativas, Bagii está pensando en volver a su pueblo.
¿Cómo ayudar?
Todos los niños tienen derecho a crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Sin embargo, debido a diversas circunstancias, principalmente la pobreza, a millones de niños de la calle de todo el mundo se les niega este derecho. Infórmese sobre la manera de ayudar a los niños de la calle de Mongolia y de todo el mundo aprendiendo más sobre las diversas organizaciones internacionales y nacionales que trabajan para ayudar a los niños de la calle y prestándoles su apoyo.
UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia)y organizaciones como Save the Children, World Vision, el Lotus Children's Center, y la Christina Nobel Children's Foundation ayudar a los niños a salir de la calle. Tienen instalaciones y programas que ofrecen cobijo, educación, formación profesional y preparación para la vida cotidiana. También ayudan con la mejor solución: reunir a los niños con sus familias y ofrecer apoyo y seguimiento a los padres. Esas organizaciones también atienden las necesidades inmediatas de los niños que siguen en la calle mediante centros de día que proporcionan comidas calientes, aseos y necesidades materiales esenciales.
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