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La historia de Suk Ratha
El primer aviso es el último. Una expresión ensordecedora y una vida, si no se pierde, cambia para siempre. Amputaciones, largas estancias en el hospital y prolongadas rehabilitaciones es lo que espera a las víctimas de las minas terrestres que sobreviven. Las minas terrestres son soldados silenciosos que esperan agazapados mucho tiempo después de que hayan terminado los combates, matando y mutilando a cerca de 20.000 personas todos los años.
Camboya está entre los países más infestados de minas del mundo. Tres decenios de guerra y perturbaciones civiles han dejado millones de minas esparcidas por todo el país empobrecido. Desde 1979, más de 57.000 camboyanos han pasado por amputaciones, muchos de ellos, niños inocentes. Una de ellos es Suk Ratha..
La historia de Suk Ratha
"Mi madre me pidió que fuera al mercado con mi hermana para comprar medicinas para mi padre que estaba enfermo. Fuimos por el camino que yo había utilizado muchas veces", recuerda Suk Ratha, de 15 años. La adolescente de habla suave está sorprendentemente serena cuando relata el día en que su vida, según ella la había conocido, terminó para siempre
Hubo una fuerte explosión que tiró a Suk Ratha al suelo. En el terrible silencio que siguió a la explosión, lo que más le impresionó fue el horror en la cara de su hermana. Luego miró hacia abajo y vio el muñón sanguinolento en el lugar donde había estado su pierna.
Durante las difíciles semanas en que Suk Ratha esperó a que sanaran sus heridas en el hospital de urgencias, estuvo sola. El hospital estaba demasiado lejos para que su madre pudiera ir en bicicleta, y la familia era demasiado pobre para tomar un taxi. La muchacha tuvo tiempo de sobra para pensar en las dificultades, tanto físicas como sociales, que la esperaban.
¿Cómo iría a trepar por la pequeña escalera hasta su casa que está hecha de palos? ¿Cómo se movería por la aldea donde no hay aceras ni caminos pavimentados? Y lo que es igualmente terrible, Suk Ratha ya no podría ayudar a sus padres indigentes. El futuro parecía sin esperanza. Suk Ratha es una muchacha bonita e inteligente, pero con una pierna amputada tenía pocas probabilidades de encontrar un marido.
Cuando Suk Ratha por fin volvió del hospital, su madre se quedó destrozada al ver a su hija por primera vez desde el accidente. Gritaba sin poder controlarse mientras ayudaban a la muchacha a salir del automóvil y la rodeaban los aldeanos. Al comprender el horror de sus circunstancias, Suk Ratha por fin se dejó llevar por sus sentimientos y sollozó en silencio.
Pero incluso en un mar de lágrimas hay esperanza. Cuando haya cicatrizado el muñón Suk Ratha, como todas las víctimas de las minas terrestres en Camboya, tendrá derecho a una prótesis gracias a organizaciones tales como el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Igual que Mon Man una vez más aprenderá a andar. Con cada paso se acercará cada vez más a recuperar una pequeña parte de su independencia.
¿Qué le espera a Suk Ratha?
La pierna de Suk Ratha está cicatrizando y espera su prótesis. Mientras tanto, va a la escuela y hace lo que puede para ayudar a su familia en la casa. Emocionalmente Suk Ratha también está mejor. Ya no llora durante todo el día.
Al igual que muchos niños víctimas de las minas terrestres en la provincia de Battambang, recibe ayuda y apoyo de Operations Enfants de Battambang (OEB), una organización local de base dedicada a la salud de los niños. La organización entregó a Suk Ratha artículos para la escuela y un uniforme. También recibirá una bicicleta, y su familia, una vaca, para ayudar a que aumenten sus ingresos.
Puesto que los padres de Suk Ratha sólo podían permitirse trabajar unas tierras marginales que no estaban totalmente limpias de minas, la OEB y el CICR están en conversaciones con la familia para que puedan trasladarse a una zona menos peligrosa, donde Suk Ratha estará más segura.
A pesar de la asistencia, Suk Ratha ya nunca recuperará su vieja vida sin preocupaciones. Seguirá con el fantasma de millones de minas terrestres que están esparcidas por el campo, esperando que las haga estallar cualquier persona, incluso niños que corren un terrible riesgo todos los días simplemente yendo a la escuela, jugando fuera de casa o haciendo recados para sus padres.
¿Cómo ayudar?
Empiece por enterarse mejor de las minas terrestres y las organizaciones que trabajan para erradicarlas. De acuerdo con el Informe de vigilancia de minas terrestres de 2003 hecho por la Campaña Internacional para la prohibición de las minas terrestres (ICBL), entre 1992 y 2002 se destruyeron en Camboya un total de 355.258 minas terrestres antipersonal. Esto es sólo una pequeña parte de lo que aún queda, amenazando a millones de personas. La única solución es eliminar las minas terrestres, destruir sus existencias y prohibir la producción de minas nuevas.
El Servicio de las Naciones Unidas de Actividades relativas a las Minas (UNMAS)apoya las medidas para promover y aplicar el Tratado de prohibición de las minas, que fue ratificado por 136 países y firmado por 148. El Servicio también coordina la labor de los organismos de las Naciones Unidas, tales como el UNICEF y PNUD, en colaboración con organizaciones no gubernamentales, incluido el CICR, el Mine Advisory Group (Grupo de Asesoramiento sobre las Minas) y los organismos gubernamentales tales como el Centro Camboyano de Despeje de Minas. (CMAC).
Estas organizaciones trabajan juntas para eliminar las minas, educar a las personas y ayudar a las víctimas. A consecuencia de ello, el número de víctimas en Camboya ha disminuido de 360 al mes en 1996 a un promedio de 60 al mes en 2002, una cifra que desgraciadamente no ha cambiado desde entonces.
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