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La historia de Judy
 A principios de los años noventa, Judy leyó en el periódico un artículo sobre 25 niños con VIH/SIDA que no tenían hogar y vivían en el ala de pediatría del Hospital General de Puerto España. En Trinidad y Tabago, más de 3.600 niños han quedado huérfanos por causa del SIDA. Ni ella ni nadie en San Vicente de Paul tenía experiencia alguna con enfermos de VIH/SIDA, pero tuvo claro que tenía que hacer algo para ayudar.
Motivada por el lema de su organización, "ninguna obra de caridad es ajena a la Sociedad de San Vicente de Paul", arreglaron rápidamente una casa y fueron al hospital a recoger a los niños.
Así nació el Hogar Infantil Cyril Ross. "Desde el principio tuvimos que enfrentarnos al estigma que conlleva el VIH/SIDA", afirma Clive Belgrave, secretario honorario nacional de la Sociedad de San Vicente de Paul. "Cuando trajimos a los primeros niños, lo hicimos en secreto y sin contar a ningún vecino su situación con respecto al VIH".
Al principio, el objetivo del Hogar era cuidar a los niños durante el poco tiempo que les quedara de vida. Era un trabajo desgarrador. "Los primeros niños que vinieron estaban muy delicados y eran muy retraídos", dice Ivette Woodruffe, una de las mujeres que administra el Hogar. "Creíamos que les quedaba muy poco tiempo pero, una vez en el Hogar, el cariño y la atención que recibían obraron milagros".
No obstante, muchos de ellos sucumbieron a la enfermedad. "Los primeros cuatro años perdí la cuenta de los niños que enterramos", comenta Judy. "Muchas veces sentí la necesidad de dejar el Hogar porque no podía afrontar la muerte de ningún niño más".
Hace tres años, comenzaron a llegar al Hogar Infantil medicamentos antirretrovirales gratuitos y todo cambió.
"Incluso antes de tener los medicamentos, gracias a los cuidados y el cariño que recibían, mejoró la salud de los niños y les prolongó la vida", dice Judy, "pero fue impresionante el cambio cuando comenzaron a tomar la medicación".
Al vivir más tiempo, el personal de Cyril Ross tuvo que enfrentarse a otros problemas. "De repente, tuvimos niños que llegaban a la edad de la comunión y la confirmación y que tenían edad para ir a la escuela secundaria", afirma. "Al principio, estábamos aquí para ayudar a morir a los niños, ¡pero de pronto teníamos que prepararlos para la vida!".
Así y todo, los problemas que les esperan son enormes. "Me asusta pensar en lo que nos espera de aquí a diez años", afirma Judy. "Habrá niños que se negarán a tomar la medicación y tendremos que librar una larga batalla para lograr que la comunidad acepte a estos niños a pesar de su situación con respecto al VIH".
Judy también cree que un día empezará a disminuir el número de niños que acudan al Hogar Infantil Cyril Ross. "Ahora estamos en plena lucha contra el estigma y la discriminación que conlleva el virus, pero vamos progresando", dice, "y, en cuanto hayamos eliminado el estigma, creo que seguirán el tratamiento y la prevención y, finalmente, conseguiremos contener la enfermedad. No es probable que ocurra en lo que me queda de vida, pero estoy segura de que llegará".
Si desea más información sobre la labor que realizan las Naciones Unidas para detener la propagación del SIDA, haga clic en los enlaces situados junto a la foto de Judy.
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