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La historia de Aarti
El contraste es sorprendente. Carteles gigantes de publicidad de la última tecnología de computación y las nuevas películas de Hollywood se ciernen sobre las personas sin hogar sentadas en las calles, que buscan cualquier tipo de trabajo o piden limosna. Mumbai, un centro de actividad económica, es una ciudad de contrastes. Algunas personas, educadas y con un buen empleo, viven bien. Otras, pobres y sin educación casi no tienen oportunidades de mejorar su vida. Muchos de ellos son niños. Uno de ellos es Aarti.
Aarti es muy hermosa. Su voz suave inspira confianza. Podría ser una excelente maestra o doctora. En cambio, esta adolescente de 16 años vive en la calle con su madre y sus hermanos. Duerme en la acera y pasa sus días andando por las calles en búsqueda de trabajo. No pedirá limosna. "No puedo" dice, "me da demasiada vergüenza". Como no ha recibido educación y no tiene una formación profesional, sus oportunidades son casi nulas.
Aarti fue a la escuela hasta el segundo grado y luego su hermano mayor la sacó de la escuela. "Podría haber tenido un trabajo, al no ir a la escuela, he arruinado mi vida" se lamenta. Sin embargo, sueña con un futuro mejor: conseguir un buen trabajo para poder ayudar a su madre y hermanos. Se ríe de sí misma por pensar así. "Mi sueño no puede hacerse realidad" dice, "no he estudiado". Aarti, como millones de niñas y mujeres sin educación en todo el mundo se encuentran en un círculo vicioso en que la pobreza y la falta de educación se alimentan mutuamente.
Y sin embargo hay esperanza. Se consideró que Aarti era una buena candidata para el proyecto Doorstep School patrocinado por el UNICEF, que lleva la educación a los niños de la calle y a los que viven en los barrios de tugurios. Baban, que trabaja para el programa, también consiguió para Aarti un aprendizaje remunerado con un vendedor de flores que le enseñará un oficio.
Ahora Aarti tiene una oportunidad en su vida. Por la mañana, recibirá capacitación como florista. Por la tarde, irá al proyecto Doorstep School a estudiar.
Con programas como Doorstep School, y mucho empeño, es posible que el sueño de Aarti de tener un buen trabajo para ayudar a su madre y hermanos llega a ser realidad. Aún tendrá que superar muchos obstáculos, pero, no obstante, ha superado el primero y reclamado su derecho a la educación.
¿Cómo puede usted ayudar?
En la Declaración Universal de Derechos Humanos se señala que toda persona tiene derecho a la educación. Infórmese más acerca de la forma en que los organismos de las Naciones Unidas como el UNICEF, la UNESCO *, el PNUD, el UNFPA * y el Banco Mundial trabajan con los gobiernos nacionales y las instituciones regionales e internacionales como Save the Children y Learning for Life. El objetivo es que los niños reciban una educación gratuita y obligatoria de calidad y eliminar las diferencias por razones de género en la educación primaria y secundaria.
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