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 Los antecesores del ciervo rojo han sobrevivido a duros inviernos desde la Edad de Hielo. Buscando alimento en los espectaculares bosques y colinas de Escocia *, el ciervo ha conseguido sobrevivir en lugares donde a otros animales les ha resultado imposible.
Pero el mismísimo hábitat del ciervo rojo está amenazado y éste no es un fenómeno nuevo. La fauna y la flora de los bosques de Escocia han sufrido desde el momento en que la población humana empezara a crecer hace ya siglos. Los bosques, que proporcionaban alimento y protección a la fauna y la flora, empezaron a disminuir a medida que iban siendo talados para la agricultura, la caza y el pastoreo de ovejas. Esta tala de bosques dio lugar a la extinción del reno, el alce, el oso pardo, el jabalí y el lobo. Y la población de ciervos rojos comenzó a disminuir ya para la primera década del siglo XVIII.
Las pérdidas llegaron a un punto muerto en el siglo XIX cuando los ricos terratenientes, seducidos por la emoción de la caza, compraron extensos terrenos, en los que sólo ellos podían cazar ciervos. En 1912 estos prados sumaron 1,5 millones de hectáreas (5.800 millas cuadradas). Durante esta época, la gente corriente ya no podía cazar ciervos rojos para alimentarse y para finales de los años ochenta el número de estos mamíferos aumentó hasta alcanzar los 300.000 ejemplares.
Pero la dificultad de mantener la especie no ha desaparecido; tan sólo ha cambiado. Durante el siglo XX, al tiempo que desaparecían los bosques de Escocia, también desaparecieron los predadores naturales del ciervo rojo. Un mayor número de ciervos agotó sus recursos alimentarios, por lo que la tierra fue incapaz de mantenerlos y muchos ciervos murieron de hambre en los crudos inviernos escoceses. Los conservacionistas tuvieron que buscar la manera de proteger tanto los espacios naturales como la flora y la fauna.
La matanza selectiva, el sacrificio de animales para reducir su número, es una parte importante en la gestión del ciervo rojo y el medio ambiente. Existen tres tipos de matanza selectiva: la caza deportiva o regulada por los propietarios de las tierras; la protección o eliminación de animales para proteger los intereses agrarios o forestales; y la gestión que hace que se retiren los animales enfermos o heridos. Esta matanza selectiva asegura la sostenibilidad de los niveles de ciervo rojo.
Durante las ultimas décadas, Nueva Zelandia, Gran Bretaña y los Estados Unidos de América han comenzado a criar ciervos rojos en granjas para obtener la felpa de su cornamenta, utilizada en las medicinas tradicionales.
Uno de los mayores acuerdos del mundo para la conservación, lo representa un tratado de las Naciones Unidas para proteger a las especies en peligro de extinción, como el ciervo rojo. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA *) administra la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres (CITES). Forma parte de un esfuerzo global para proteger al planeta y a los animales que lo habitan.
Hasta la fecha, hay 160 gobiernos que se han comprometido a cumplir las disposiciones de la Convención, que ofrece distintos tipos de protección a más de 35.000 especies de animales y plantas. Desde que el acuerdo entrara en vigor en 1975, no ha habido una sola especie protegida por la CITES que se haya extinguido.
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Animal Planet está colaborando con las Naciones Unidas para aumentar la concienciación mundial sobre la biodiversidad y sobre la importancia de proteger las especies en peligro y sus hábitats. Con motivo de la conmemoración del Día Mundial de los Animales, el 6 de octubre, se emitirá una programación de carácter mundial que destaque estos temas en los canales internacionales de Animal Planet en Asia, India, Europa y Latinoamérica (en español y Portugués ). |
PARA OBTENER MÁS INFORMACIÓN sobre cómo trabajan las Naciones Unidas con sus colaboradores de todo el mundo para proteger las especies en peligro de extinción, diríjase a los enlaces que aparecen a los lados de la página.
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