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 Era de mañana en la ciudad de Jerusalén (El Salvador) y María Concepción Barahona estaba preparando tortillas para su familia cuando se produjo el segundo terremoto. Al sentir el suelo sacudirse debajo de ella, segundos antes de que su casa se desplomara, María salió rápidamente llevando con ella a sus dos hijos pequeños. Afortunadamente, dos hijas de la familia, Mayra de 10 años y María de 8 años, habían salido al campo a llevar el desayuno a su padre, Gonzalo Cruz, que estaba cortando caña de azúcar con su hermano mayor.
Aunque María, su esposo Gonzalo Cruz y sus cinco hijos escaparon sin sufrir grandes heridas, se cuentan entre las más de un millón de personas - una de cada seis salvadoreños - que quedaron sin hogar como consecuencia de los grandes terremotos ocurridos el 13 de enero y nuevamente el 13 de febrero, que destruyeron aldeas enteras y provocaron pérdidas de casi 3.000 millones de dólares.
La familia Cruz ha vivido toda su vida en Jerusalén. Ubicado a 60 kilómetros al sureste de la capital del San Salvador en una de las zonas más afectadas, el pueblo está completamente devastado; sus edificios en ruinas y la empresa principal y mayor fuente de empleo, una fábrica de caña de azúcar, destruida. Los niños juegan entre las pilas de escombros que eran sus hogares y sus padres improvisan refugios con chapas y envolturas de plástico.
Los habitantes de Jerusalén dependen del agua potable que traen las organizaciones de socorro y del Programa Mundial de Alimentos (PMA *) como proveedor principal de alimentos. Al igual que sus vecinos, la familia Cruz sobrevive con maíz, frijoles y aceite que distribuye el PMA, y reza para que el ingenio de azúcar se reconstruya y puedan ganar el dinero que necesitan para reconstruir sus hogares.
El PMA acudió inmediatamente después del primer terremoto a distribuir raciones de emergencia a más de 90.000 familias - lo que equivale a un total estimado de 450.000 personas. Pero el organismo de las Naciones Unidas necesita más fondos para alimentar a las personas traumatizadas por dos terremotos devastadores ocurridos en sólo un mes.
El PMA ha recibido solamente dos de los 10 millones de dólares que pidió a los países donantes para alimentar a 200.000 de los habitantes más vulnerables de El Salvador en los próximos seis meses.
Durante las emergencias, el PMA entrega socorro de supervivencia rápidamente a millones de víctimas de los desastres naturales o provocados por el hombre, en colaboración con otras organizaciones de socorro. También está al frente de la lucha que libran las Naciones Unidas contra el hambre en el mundo. En 1990, el PMA alimentó a más de 89 millones de personas en 82 países, incluidos la mayoría de los refugiados y los desplazados del mundo.
Para obtener más información sobre cómo trabajan el PMA y las Naciones Unidas para socorrer a las personas traumatizadas en emergencias como terremotos e inundaciones, pulse en el enlace cercano a la fotografía de la familia Cruz.
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Fotografía: Alejandro Chicheri
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