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Rafa Francisco Nduvane y su familia perdieron todo lo que tenían durante las desastrosas inundaciones que se produjeron en Mozambique, pero se siente feliz de haber sobrevivido.

Cuando las incontenibles aguas sepultaron el pueblo de Nwachicoloane en febrero de 2000, Rafa, su esposo Filipe y sus seis hijos apenas pudieron escapar con vida. Las aguas crecieron con tanta rapidez que ya les llegaba a la cintura cuando luchaban por subir a la torre de agua, la estructura más alta que pudieron encontrar.

Durante dos semanas, 221 personas compartieron el mismo reducido espacio en la parte superior de la torre antes de que las aguas se retiraran lo suficiente como para recuperar un bote y trasladar a todas las personas hasta la carretera. "No puede usted imaginarse cuánto sufrimos encima de aquel tanque durante dos semanas sin alimentos o agua", recordó Filipe. "Todos estábamos en muy mal estado cuando llegamos al campamento de Chiaquelane. Pero cuando vimos los camiones del PMA * comprendimos que todo saldría bien."

Después de que fuertes lluvias y un ciclón inundiaron amplias zonas de Mozambique, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) emprendió una operación masiva de prestación de asistencia humanitaria destinada a cientos de miles de personas en dificultades. Los helicópteros del PMA transportaron suministros alimentarios y participaron en una extraordinaria operación internacional aérea para salvar a los sobrevivientes que estaban agarrados a los árboles o en las azoteas. En plena crisis, el PMA estaba alimentando a 650.000 personas al mes en campamentos tales con el de Chiaquelane.

Cuando las crecidas se retiraron, la mayoría de las personas regresaron de nuevo a su casa. Sin embargo, unas 170.000 personas aún encaran una grave escasez de alimentos en Mozambique. Rafa y Filipe son agricultores de subsistencia en una zona en que se cultiva arroz con fines comerciales y en que la mayoría de las familias trabajan por un salario. Algunas tienen fincas de una o dos hectáreas, pero como sus cosechas se han perdido y las tierras están aún anegadas, más de 1.300 familias de Nwachicoloane, incluida la de Rafa, aún necesitan ayuda alimentaria.

Mientras estaba en el campamento de Chiaquelane, Rafa comenzó a cocinar voluntariamente para los muchos niños y adultos desnutridos. "No tenía mucho que hacer y mi familia estaba a salvo, así que decidí ayudar a los demás", explica Rafa. De regreso a su casa, ha continuado realizando su buena obra. Dos veces al día prepara una papilla para 50 a 80 niños de Nwachicoloane utilizando harina de maíz, azúcar y aceite suministrados por el PMA.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) es el organismo de primera línea de las Naciones Unidas en la lucha contra el hambre a escala mundial. En 1999, el PMA alimentó a más de 89 millones de personas de 82 países, incluidos la mayoría de los refugiados y los desplazados internos del mundo.

Durante las situaciones de emergencia, el PMA presta socorro necesario para sostener la vida, con rapidez y eficiencia, a millones de personas que son víctimas de desastres naturales o provocados por el hombre. El organismo también proporciona la mayor parte de los alimentos para los refugiados de todo el mundo y moviliza fondos para sufragar los gastos de transporte de todas las operaciones de distribución de alimentos dirigidas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR*).

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Fotografía: WFP