La vida de Sarah Phiri ha cambiado radicalmente desde que su comunidad decidió instalar un nuevo pozo perforado en la aldea de Mzikawola, en Malawi. Antes de que existiera el pozo, dijo Sarah, las mujeres de la aldea tenían "que caminar durante una hora a la ida y una hora al regreso para buscar agua limpia en el río."
Sarah añadió que al cansancio físico resultante de un trayecto tan largo se añadía el hecho de que el agua no era de buena calidad. "Padecíamos muchas enfermedades que han desaparecido ahora". También dijo que a su edad - que ella calculó teniendo en cuenta la última plaga de acrídidos, hace menos de cinco años, y la edad que debía tener entonces - ya era demasiado vieja para caminar largos trayectos cargando vasijas de agua.
Dos organizaciones de las Naciones Unidas, el Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Capitalización (FNUDC) * y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), están trabajando con el Gobierno de Malawi para apoyar algunos programas que ofrecen a personas como Sarah y sus vecinos un mayor acceso a las oportunidades y los recursos, con lo que fortalecen su papel en la sociedad. Uno de esos programas se orienta a apoyar los esfuerzos del país para que la adopción de decisiones y la autoridad en materia de presupuesto se trasladen al nivel del gobierno local, y está canalizando recursos obtenidos en forma de donaciones, junto con contribuciones aportadas por las comunidades locales, hacia actividades que tienen efectos directos en la lucha contra la pobreza.
El FNUDC considera que el proceso descentralizado y participativo de planificación para el desarrollo fomenta una mayor rendición de cuentas por parte de los dirigentes locales y una mayor transparencia en la asignación de recursos. Además, alienta un proceso más previsible de planificación para el desarrollo, cuya importancia es crítica para que las autoridades locales elaboren planes a largo plazo para sus comunidades. Una característica fundamental de este programa es la vinculación directa entre las actividades experimentales sobre el terreno, como la que permitió abastecer de agua limpia a la aldea en que vive Sarah, y la elaboración de una política nacional que proporcione a los gobiernos locales los fondos y los medios necesarios para adoptar decisiones.
Las dos horas que las mujeres de la aldea de Sarah se ahorran todos los días al no tener que caminar largas distancias para buscar el agua han abierto nuevas posibilidades. Según Sarah, algunas pasan más tiempo en sus campos, donde cosechan alimentos adicionales que mejoran la nutrición y las finanzas de la familia. Los alimentos que no consumen se venden en el mercado o se truecan por otros tipos de productos agrícolas. "Un simple pozo es algo más que una fuente de agua limpia y confiable", dijo Sarah. "Nos ha traído beneficios de todo tipo, desde la tranquilidad hasta mejores condiciones de vida."
Malawi, país en el que vive Sarah, es uno de los 49 países más pobres del mundo. Más de la mitad de los 650 millones de personas que viven en esos países sobreviven con menos de un dólar al día. La Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Países Menos Adelantados * abordará su aislamiento económico y la extrema pobreza que padecen.