Afel Aly Sarré, quien procede de una larga estirpe de tejedores en Malí, está buscando la forma de evitar que su oficio desaparezca.
Nacido en Tumbuctú hace 60 años, Afel, de origen peulh, recuerda cómo eran las cosas en el pasado. No hace mucho, una familia podía contratar los servicios de un tejedor durante todo un año para tejer entre 10 y 40 mantas para una boda, dice Afel, quien trabaja mientras mantiene dos cuerdas entre los dedos de los pies. Los complicados diseños que teje en brocado estuvieron hace tiempo muy de moda en Lyón, Francia.
Los africanos siempre han fabricado tejidos lujosos para las ceremonias religiosasy las bodas y para uso de los jefes y los reyes. Esos tejidos tienen un nombre especial en diferentes países: kente en Ghana, bogolan en Benin, teratera en el Níger, y ndop en el Camerún. Su producción demora semanas y a veces meses.
En los países pobres de África, la actividad relativa al tejido solo es superada por la agricultura en cuanto a importancia económica se refiere. Pero la modernización y la pobreza han colocado a los tejedores en una difícil situación. Las dos terceras partes de los habitantes de las ciudades africanas usan ropa heredada y los tejidos importados de la India o China cuestan la mitad de lo que cuestan los tejidos fabricados localmente.
"En la actualidad, si usted teje una manta únicamente, no gana suficiente dinero para comer", dice Afel. Para ir tirando, Afel tiene a cuatro de sus hijos trabajando con él. Cada uno de ellos teje dos secciones al día, lo suficiente para hacer una manta. "Hoy en día, cuando una mujer se casa, su ropa se compra en Dakar (Senegal), en Francia o en los Estados Unidos", se lamenta Afel.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) llevó a Afel y otros 40 tejedores y artesanos africanos a una conferencia celebrada en París - "Magos del hilo" - para mostrar su trabajo, alertar acerca de la difícil situación de los tejedores nacionales y encontrar soluciones. Se trataba de la cuarta de una serie de conferencias de tejedores procedentes de lugares como Bangladesh, Bosnia y Herzegovina y América Latina.
En la lucha para conservar su industria artesanal, los tejedores están formando cooperativas y federaciones, y encontrando nuevas formas de hacer compras al por mayor, obtener pequeños préstamos y comercializar sus productos. También recurren al conocimiento de sus ancestros para satisfacer gustos modernos mediante la combinación de diseños tradicionales con colores más discretos en tejidos modernos como el rayón o la seda artificial.
Afel aprendió mucho en la conferencia de la UNESCO. Los participantes, entre los que había ministros gubernamentales, examinaron la posibilidad de aplicar desgravaciones fiscales a los productores locales para desalentar las importaciones. También hablaron de la posibilidad de establecer un régimen especial para los tejidos, asignar más recursos gubernamentales a la cultura y la protección jurídica de los artesanos, cuyos diseños son usurpados a veces por un modisto o por empresas extranjeras sin el pago de los derechos de reproducción.
"La cultura no es una actividad secundaria; es la forma más rápida de llegar al desarrollo", dice el Sr. Abdoulaye-Elimane Kane, Ministro de la Cultura del Senegal.