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Cuando uno los conoce, Josephine Chituriumani y David Brooks Arnold parecen no tener nada en común, salvo que trabajan en la Cruz Roja. Sin embargo, esta mujer notable, originaria de Masvingo (Zimbabwe) dice que se siente más hermana que colega del hombre de Washington D.C.. Ambos integran la familia, que crece en todo el mundo - de personas que viven con VIH o han perdido un ser querido por causa del SIDA.Josephine descubrió que era seropositiva en 1998, poco después de que su marido recibiera el diagnóstico de infección con el virus. Desde entonces, debido a esa enfermedad ha perdido no solamente a su marido, sino a dos hermanos y cuatro cuñados y cuñadas. Hoy, junto con su suegra de avanzada edad, cuida de los 18 niños de la familia, la mayoría huérfanos a causa del SIDA. Pese a su lucha personal con el VIH/SIDA, Josephine todavía encuentra fuerza y energía para ayudar a otros en situación similar. Trabaja con un programa de la Cruz Roja de Zimbabwe que atiende en el hogar a las personas afectadas de su distrito, ofreciéndoles toda clase de servicios, desde asesoramiento a fisioterapia. Dice que "el ambiente de un hospital es muy diferente del de la casa; las personas que hospitalizadas están relativamente mejor, mientras los que están en su casa son "casos perdidos". Al igual que Josephine, David brinda socorro y apoyo a sus compañeros de sufrimiento debido al VIH. Como Director de Relaciones Internacionales de la Cruz Roja de los Estados Unidos, ha hablado en voz alta sobre su situación en muchos foros internacionales y ha sido fuente de inspiración para muchas personas en todo el mundo. Afirma: "No creo ser valiente porque no tengo nada que perder hablando en voz alta del VIH. He tenido una vida buena y estoy agradecido por estar vivo. Una experiencia como ésta te une con la humanidad y, si puedo alentar a otras personas con el relato de mis vivencias, me siento feliz. David sabe qué es vivir con VIH y qué es perder la vida a causa del SIDA. Sospecha que él y su compañero de entonces, Jim, contrajeron la enfermedad a principios de los 80. Sin embargo, no se hicieron la prueba hasta 1985 debido a la falta de procedimientos de diagnóstico fiables. Su médico no los alentó a averiguar si eran seropositivos, diciendo que no podrían hacer nada al respecto. Afortunadamente, David se mantiene con vida y saludable, gracias a los adelantos médicos, un penoso tratamiento con 25 píldoras por día y un estilo de vida muy disciplinado. Su compañero, que no reaccionó tan bien a la medicación, no tuvo tanta suerte. Tampoco la tienen millones de otras personas, la mayoría de los cuales viven en el mundo en desarrollo, donde el tratamiento o no existe, o es demasiado caro. El acceso a la atención, el tratamiento y otras cuestiones vitales como la prevención y la educación fueron el núcleo del período extraordinario de sesiones de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA, que se celebró en Nueva York del 25 al 27 de junio de 2001. Josephine y David vinieron a Nueva York a hablar en esa reunión de dirigentes mundiales y representantes de ONG y empresas. Tenían muchas esperanzas puestas en sus resultados. Sonriendo con optimismo, Josephine dijo: "Tengo la sensación de que algo va a ocurrir después de esto. Como mínimo, los delegados prestarán oídos a las dificultades de la gente que vive con el VIH/SIDA, reconocerán que esta enfermedad que pone en riesgo la vida tendrá que ser tratada con drogas que estén al alcance de la gente, como ocurrió con otras como la tuberculosis y la diabetes. Por encima de todo, llevará a la aceptación, que es lo que desean los pacientes con VIH más que nada, y enseñará a la gente que debe sentir empatía y no conmiseración por nosotros". David mostraba un grado similar de optimismo. "Esta conferencia nos ha reunido, lo que es ya un gran paso. Conocer a personas como Josephine me ha dado el coraje para seguir adelante. Pienso que esta conferencia va a sentar una diferencia debido a la perseverancia de Kofi Annan, el Secretario General. Es un ser humano extraordinario y el que haya elegido hablar en voz alta acerca de la cuestión del VIH/SIDA significa que las personas prestarán atención". Josephine y David son la prueba de que un resultado positivo no es una sentencia de muerte. Dice Josephine: "El VIH no es el SIDA y por tener VIH no hay que dejarse abandonar. Si me preguntas, te diré que con el VIH es fundamental mantener la esperanza". Si desea obtener más información sobre cómo luchan las Naciones Unidas y sus asociados para detener la propagación del VIH/SIDA, pulse los enlaces cercanos a la fotografía de Josephine y David. Fotografía: Robin Bowman/Matrix |
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