Mensaje del Secretario General en el Día Mundial del SIDA
1° de diciembre de 2000
El comienzo del milenio nos ha brindado la oportunidad de reflexionar profundamente respecto del mundo en que queremos vivir y de la herencia que queremos legar a generaciones futuras. En nuestra reflexión, ningún asunto puede ser más importante que el SIDA. ¿Haremos cargar a nuestros hijos, y a los hijos de nuestros hijos, con la pandemia mundial del VIH/SIDA? ¿O podemos ahora adoptar medidas decisivas para invertir el avance de esta enfermedad?
En algunas partes del mundo, durante el pasado año ha habido una propagación explosiva del VIH/SIDA. En otras partes del mundo, hay indicios de que la epidemia se ha estabilizado, pero, muchas veces, sólo después de que la infección afectó a un porcentaje intolerablemente elevado de la población. Muchas naciones han demostrado que se puede controlar la propagación de la enfermedad. Sin embargo, incluso en los países más ricos, incluso entre los que han tenido más éxito en su combate contra la epidemia, esa empresa requiere una renovación constante de la lucha.
Las medidas que individualmente podemos adoptar son esenciales. Este año deseo destacar el papel de los hombres, que pueden hacer una diferencia particularmente importante: pueden obrar de manera más generosa, asumir menos riesgos y encarar de frente el problema del SIDA. Hasta que comprendamos que el SIDA es nuestro problema, no atinaremos a qué medidas debemos adoptar para protegernos y para proteger a los demás contra el SIDA. Nos veremos privados de los medios para reducir la incidencia del SIDA. Ello se aplica tanto al dirigente que planifica la asignación de los recursos nacionales, como al esposo que planea su futuro con su esposa o al padre que planea el futuro de su hijo.
Desde la escena mundial hasta las circunstancias más íntimas, el SIDA nos obliga a abrir los ojos y a no dejar de lado el problema por considerar que es un problema ajeno. Nos obliga a abrir nuestras mentes a soluciones comunitarias eficaces en la lucha contra el SIDA. Nos obliga a abrir los brazos para acoger a las personas que viven con el VIH/SIDA y a brindarles nuestra solidaridad y nuestro apoyo.
En la Cumbre del Milenio, celebrada hace tres meses, los dirigentes del mundo resolvieron que para 2015 habremos detenido y comenzado a invertir la propagación del VIH/SIDA. En el próximo mes de junio tendremos una oportunidad sin precedentes de complementar esa decisión. La Asamblea General convocará un período extraordinario de sesiones para examinar todos los aspectos del problema del SIDA y forjar un compromiso mundial concertado en la lucha contra el flagelo. Nos dará una ocasión sin par de hacer frente a nuestra responsabilidad para con las generaciones futuras y de adoptar ahora medidas decisivas para invertir el curso de esta terrible enfermedad.