
El mundo después del 11 de septiembre nos ha hecho reflexionar a todos más intensamente sobre el tipo de mundo que queremos para nuestros hijos. En el contexto nuevo y lleno de incertidumbre en que hemos entrado, sentimos más que nunca la necesidad de aferrarnos a una visión de paz y seguridad, pero también a una visión de seguridad humana. La misión de las Naciones Unidas, de mejorar en todas partes la vida de las personas, ha adquirido una carácter todavía más urgente. Esto significa que debemos redoblar nuestros esfuerzos para hacer retroceder el VIH/SIDA.
La inseguridad está siempre presente en las vidas de las familias e individuos afectados por el VIH/SIDA. Pero el SIDA también destruye la seguridad de sociedades, comunidades y economías enteras. De hecho, es uno de los principales obstáculos al propio desarrollo. Afecta la estabilidad regional y mundial y puede frenar el desarrollo económico. De este modo, el SIDA no sólo nos arrebata el presente sino que nos arrebata también el futuro. Ese es el precio del SIDA.
Ese precio está aumentando. Las cifras de este año sobre el estado de la epidemia muestran que sigue creciendo el número total de personas que viven con el VIH/SIDA. Cada hora de cada día contraen la enfermedad casi 600 personas. Y cada hora, más de 60 niños mueren del virus.
El lema del Día Mundial de la Lucha contra el SIDA de este año se presenta como una pregunta: "A mí me importa ... ¿y a ti?". Para todos nosotros, a quienes nos importa el mundo en que queremos que vivan nuestros hijos, la respuesta es claramente afirmativa. Pero no debemos limitarnos simplemente a decirlo, todos debemos aunar nuestras fuerzas y pasar a la acción.
Durante años las respuestas han sido lentas e insuficientes, pero el año pasado ha marcado un punto de inflexión en la lucha contra el VIH/SIDA. Nunca, en los dos decenios en que ha habido que hacer frente a esa catástrofe, se ha sentido tanto la determinación común y la posibilidad colectiva entre los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado, entre las fundaciones, los que conforman la opinión pública y las personas que viven con la enfermedad. Entre muchos indicios de un nuevo nivel de compromiso está el impresionante número de promesas de contribuciones al fondo mundial para la lucha contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo, que solamente se propuso la primavera pasada. Gracias al período extraordinario de sesiones sobre el VIH/SIDA que el pasado mes de junio celebró la Asamblea General de las Naciones Unidas, hoy tenemos unos objetivos convenidos a nivel mundial. Todos nosotros hemos de desempeñar un función para alcanzar esos objetivos. En este Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, hemos de comprometernos a que de nuestra preocupación nazca la acción: decidamos que nos importa de verdad construir para las futuras generaciones un mundo libre del SIDA.