|
Declaración del Secretario General electo ante la Asamblea General en su 78ª sesión plenaria, después de haber prestado juramento, el 14 de diciembre de 2006
Sr. Ban Ki-moon (habla en inglés): Sra. Presidenta de la Asamblea General, Sr. Secretario General y Sra. Annan, Sres. Presidentes del Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y Social y el Consejo de Administración Fiduciaria, Sr. Presidente de la Asamblea General en su quincuagésimo sexto período de sesiones, Sr. Han Seung-soo, Sres. Vicepresidentes de la Asamblea General, Excelencias, Señoras y Señores, estimados nuevos colegas: Les agradezco cálidamente sus felicitaciones. Sra. Presidenta y Sr. Secretario General Annan, permítanme decirles cuánto valoro sus palabras de aliento frente a las responsabilidades que estoy por asumir.
Me encuentro hoy ante todos ustedes, profundamente consciente de las palabras del juramento que acabo de prestar: lealtad, discreción, conciencia; junto con la Carta, serán mis lemas en el desempeño de mis responsabilidades como Secretario General. Para ilustrar mi fe en la Carta, he pedido hoy a la Secretaría la creación de una nueva práctica, colocando mi mano izquierda sobre la Carta en el momento de prestar juramento.
Sr. Secretario General Annan: Me siento tanto más humilde cuanto que es a usted a quien sucedo en lo que ha descrito usted como el trabajo más estimulante del mundo. Es un honor seguir sus venerados pasos. Sumo mi voz a los numerosos homenajes que hoy le han rendido. Todos son muy merecidos. Su período en el cargo se ha caracterizado por ideales elevados, aspiraciones nobles e iniciativas audaces. Su valor y su visión han inspirado al mundo. Usted ha dirigido la Organización en tiempos difíciles y la ha encaminado firmemente hacia el siglo XXI. Gracias a usted, las Naciones Unidas han cobrado una nueva pertinencia para las vidas de las personas. Se ha mostrado usted excepcionalmente generoso conmigo con su sabiduría y su orientación, al prepararme para aprovechar su legado.
Gracias a la rápida conclusión del proceso de designación, he tenido el privilegio sin precedentes de contar con más de dos meses de preparación antes de asumir el cargo. He pasado gran parte de ese tiempo escuchando a mis futuros colegas de las delegaciones, de la Secretaría y del sistema de las Naciones Unidas en general y aprendiendo de ellos.
He observado directamente el elevado nivel de profesionalidad, dedicación y conocimientos especializados que existe en todas las Naciones Unidas. Con ese conocimiento, espero con especial interés trabajar con los hombres y las mujeres capaces y valientes que sirven diariamente a esta Organización, a menudo en circunstancias difíciles, a veces peligrosas.
Hoy, al rendir homenaje a la consagración de toda una vida del Secretario General, Sr. Annan, a la administración pública internacional, rendimos también homenaje a la propia vocación. Este camino es estrecho y empinado, y trasciende las fronteras nacionales y los intereses partidistas. Muchos tropiezan al andar, o toman atajos más fáciles. Sin embargo, atraídos por los perdurables propósitos y principios de la Carta, jóvenes mujeres y hombres de todas partes del mundo, de todo credo y toda circunstancia, siguen ansiando tomar el camino menos transitado. Su entusiasmo y su idealismo animarán a esta Organización durante decenios.
Una de mis tareas fundamentales será infundir nueva vida a una Secretaría a veces cansada e inyectarle una confianza renovada. Como Secretario General, procuraré recompensar el talento y la capacidad del personal, utilizando al máximo su experiencia y sus conocimientos. Trataré de mejorar nuestros sistemas de gestión de recursos humanos y de promoción de las perspectivas de carrera, ofreciendo oportunidades para la capacitación y la movilidad. En momentos en que las Naciones Unidas están asumiendo un papel cada vez más mundial, el personal de las Naciones Unidas debería también poder ser más móvil y polivalente.
Al mismo tiempo, trataré de establecer las normas éticas más elevadas. El buen nombre de las Naciones Unidas es uno de sus bienes más valiosos, pero también uno de sus más vulnerables. En la Carta se pide al personal que observe los niveles más elevados de eficiencia, competencia e integridad, y trataré de velar por construir una sólida reputación que responda a esos criterios. Les aseguro que daré el ejemplo. De esa forma, me esforzaré para mejorar la moral, la profesionalidad y la rendición de cuentas del personal que, a su vez, nos ayudará a servir mejor a los Estados Miembros y a restablecer la confianza en la Organización.
(continúa en francés)
De la misma forma, debemos recordar lo que se señaló en la Carta y en el Informe de la Comisión Preparatoria en la Conferencia de San Francisco en 1945 sobre la relación entre los Estados Miembros y la Secretaría. Ninguno de esos documentos fundadores sugiere, en parte alguna, que la Secretaría debería ser independiente de los Estados Miembros. De hecho, sin los Estados, ni la Secretaría ni la propia Organización tendrían sentido ni propósito.
Los Estados Miembros necesitan una Secretaría dinámica y valiente, no una Secretaría pasiva y reacia a asumir riesgos. Ha llegado el momento de crear un nuevo tipo de relaciones entre la Secretaría y los Estados Miembros. La oscura noche de desconfianza e indiferencia ha durado demasiado tiempo. Podemos comenzar manifestando lo que queremos decir y siendo consecuentes con lo que decimos.
No podemos cambiar todo de una vez. Sin embargo, podemos realizar progresos en ciertos ámbitos, allanando el camino para avanzar en muchos más. Para ello se requerirá un diálogo intenso y continuo. Se necesitará que trabajemos juntos con transparencia, flexibilidad e integridad. Además, se requerirá comenzar con una mente abierta. Hoy pido a los colegas y a los Estados Miembros que trabajen conmigo con ese espíritu. Tienen el derecho de esperar lo mismo de mí.
(continúa en inglés)
Como lo he prometido hoy, mi único deber es el que tengo con la Organización, su Carta y sus 192 Estados Miembros. Cada uno de ellos contribuye algo especial a nuestro esfuerzo común. Todos deben ser escuchados. En última instancia, todos –la Secretaría y los Estados Miembros- rendimos cuentas a “nosotros los pueblos”. Nuestros públicos ya no respetarán a una Organización ni tolerarán a un Secretario General que atienda a algunos mientras pase por alto la desesperada situación de otros. Juntos, podemos y debemos desempeñarnos mejor. Nuestros pueblos y nuestro futuro dependen de ello.
Al fortalecer los tres pilares de las Naciones Unidas –la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos- podremos construir un mundo más pacífico, más próspero y más justo para las futuras generaciones. Al esforzarnos colectivamente para alcanzar ese objetivo, mi primera prioridad será restablecer la confianza. Trataré de crear armonía y de tender puentes. Espero que entre todos ustedes –tanto los Estados Miembros como la Secretaría- se me conozca como un Secretario General que es accesible, que trabaja arduamente y que está dispuesto a escuchar atentamente.
Haré todo lo posible por garantizar que nuestras Naciones Unidas puedan estar a la altura de su nombre y estar realmente unidas, para poder estar a la altura de las esperanzas que tantas personas en el mundo han depositado en esta institución, que es única en los anales de la historia de la humanidad.
|