Acerca de la reforma de las Naciones Unidas
El ritmo del mundo globalizado actual tiene el cambio como constante. Esto se aplica de igual modo a las Naciones Unidas. Los Estados Miembros exigen muchísimo más de las Naciones Unidas, su Secretaría y sus organismos, fondos y programas. Las Naciones Unidas tienen que prestar más servicios a más personas en más lugares que nunca.
Sólo en los nueve últimos años, el número de civiles y soldados enviados a las misiones de mantenimiento de la paz ha aumentado de 20.000 a 80.000. En el mismo período, los recursos financieros gestionados por la Secretaría se han duplicado, hasta un total de 18.000 millones de dólares. El número de operaciones humanitarias y de derechos humanos también ha aumentado de manera espectacular.
Tal volumen de actividades operacionales impone un precio más alto a la Organización y su capacidad de cumplir los mandatos cada vez más numerosos y complejos que se le confieren, y de gestionar los fondos que se le confían de forma responsable y ética. Entre tanto, tales exigencias y expectativas han puesto a prueba las estructuras y los sistemas existentes de la Organización.
Los principios de la Carta de las Naciones Unidas son tan pertinentes hoy en día como lo eran en 1946. Pero la forma en que cumplimos tales propósitos y objetivos tiene que evolucionar con los tiempos. Desde que el Secretario General asumió su cargo, la reforma ha sido una prioridad, centrada tanto en lograr operaciones de paz más efectivas como alianzas más estrechas con la sociedad civil y el sector privado, en mejorar tanto las estructuras y sistemas de gestión como la seguridad del personal sobre el terreno.
El año pasado, el Secretario General expuso su visión en su informe titulado Un concepto más amplio de la libertad, en el que estableció prioridades institucionales como la mitigación de la pobreza, el desarrollo, la prevención de conflictos y los derechos humanos.
El informe de 2006 titulado Invertir en las Naciones Unidas: en pro de una Organización más fuerte en todo el mundo trata de la gestión de la Secretaría y confirma que las Naciones Unidas necesitan invertir considerablemente en la forma en que contratan, desarrollan y retienen a sus empleados, la forma en que compran bienes y contratan servicios y la forma en que gestionan y rinden cuentas de los fondos de los contribuyentes en pro de la eficiencia y el logro de resultados.
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