| I. Un cambio
necesario | II. Doctrina, estrategia y adopcíon de decisiones de
las operaciones de paz |
| III. Capacidad de la ONU para desplegar operaciones rápida y
eficazmente |
| IV. Los recursos de la Sede y la estructura de planificacíon y
apoyo de las operaciones de mantenimiento de la paz |
| V. Operaciones de las paz y la era de la informacíon |
| VI. Dificultades para la aplicacíon de las recomendaciones |
| Annexos : I Miembros del Grupo - II Bibliografía - III Resumen de las recomendaciones |
VI. Dificultades para la aplicación de las recomendaciones
Este informe, en el que se presentan recomendaciones para la reforma, tiene dos destinatarios, a saber, los Estados Miembros y la Secretaría. Reconocemos que la reforma no se llevará a cabo si los Estados Miembros no se lo proponen efectivamente. Al mismo tiempo, consideramos que los cambios que hemos recomendado para la Secretaría deben ser promovidos activamente por el Secretario General y ejecutados por los funcionarios superiores.
Los Estados Miembros deben reconocer que las Naciones Unidas son la suma de sus partes y que la responsabilidad primordial por la reforma recae precisamente en ellos. Los fracasos de las Naciones Unidas no pueden atribuirse exclusivamente a la Secretaría, ni a los comandantes de los contingentes ni a los directores de las misiones sobre el terreno; en su mayor parte se han debido a que el Consejo de Seguridad y los Estados Miembros han formulado y respaldado mandatos ambiguos e incoherentes para cuya ejecución no se ha aportado financiación suficiente, y luego se han limitado a observar el fracaso de esos mandatos, en ocasiones incluso expresando públicamente sus críticas en tanto que la credibilidad de las Naciones Unidas se veía sometida a sus más duras pruebas.
Los problemas de mando y control que se presentaron hace poco en Sierra Leona son el ejemplo más reciente de una situación que ya no puede tolerarse. Los países que aportan contingentes deben cerciorarse de que éstos comprendan plenamente la importancia de mantener una línea de mando integrada, de que el control de las operaciones quede en manos del Secretario General y de que se observen los procedimientos operacionales estándar y las normas para entablar combate establecidas para la misión. Es indispensable que se comprenda y respete la línea de mando de las operaciones y que los gobiernos de los diversos países se abstengan de impartir instrucciones a los comandantes de sus contingentes en materia operacional.
Estamos conscientes de que el Secretario General está llevando a cabo un amplio programa de reforma y reconocemos que puede ser necesario adaptar nuestras recomendaciones para integrarlas en ese contexto más amplio. Por otra parte, las reformas que hemos recomendado para la Secretaría y el sistema de las Naciones Unidas en general no podrán efectuarse de inmediato, aunque algunas exigen atención urgente. Reconocemos que en toda burocracia es normal que haya resistencia al cambio y nos complacemos de que algunos de los cambios que hemos propuesto como recomendaciones hayan tenido su origen en el propio sistema. También nos alienta la determinación del Secretario General de conducir a la Secretaría hacia la reforma, aunque para ello sea necesario desconocer normas de organización y procedimiento establecidas desde hace mucho tiempo y cuestionar y modificar algunos aspectos de las prioridades y la mentalidad de la Secretaría. En ese contexto, instamos al Secretario General a designar a un funcionario de categoría superior para que se encargue de supervisar la aplicación de las recomendaciones del presente informe.
El Secretario General ha insistido siempre en la necesidad de que las Naciones Unidas establezcan nexos con la sociedad civil y fortalezcan sus relaciones con las organizaciones no gubernamentales, las instituciones académicas y los medios de comunicación, que pueden ser aliados eficaces en la tarea de promover la paz y la seguridad para todos. Exhortamos a la Secretaría a tener presente esos criterios del Secretario General y a aplicarlos en su labor en favor de la paz y la seguridad. Pedimos a los funcionarios que tengan en cuenta en todo momento que las Naciones Unidas a las que prestan sus servicios representan la más importante organización universal. Los pueblos de todo el mundo tienen el pleno derecho de considerarla como propia y, por tanto, de emitir juicios sobre sus actividades y sobre los funcionarios que la integran.
Hay grandes diferencias en el desempeño del personal de la Secretaría que se ocupa de las funciones relativas a la paz y la seguridad en el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz, la División de Asuntos Públicos y otros departamentos competentes. Esta observación se refiere tanto a los civiles contratados por la Secretaría como al personal militar y de policía civil propuesto por los Estados Miembros. Tales diferencias son ampliamente reconocidas por quienes forman parte del sistema. A los funcionarios de mayor rendimiento se les impone una carga de trabajo excesiva para compensar las deficiencias de los menos capaces. Naturalmente, esto puede ser perjudicial para la moral de los funcionarios y puede crear resentimientos, especialmente entre quienes señalan con razón que las Naciones Unidas no han dedicado atención suficiente a través de los años a la promoción de las perspectivas de carrera, la capacitación y la orientación profesional, o a la tarea de implantar prácticas de gestión modernas. En pocas palabras, las Naciones Unidas hoy distan mucho de ser una meritocracia y si no se adoptan las medidas necesarias para transformarla, no se podrá contrarrestar la tendencia alarmante de que los funcionarios calificados, en particular los jóvenes, abandonen la Organización. Si la contratación, los ascensos y la delegación de funciones se basan en gran medida en la antigüedad o en las conexiones personales o políticas, los más calificados no tendrán ningún incentivo para ingresar a la Organización o permanecer en ella. Si los administradores de todos los niveles, comenzando por el Secretario General y sus funcionarios superiores, no se ocupan seriamente de este problema con carácter prioritario, no recompensan el desempeño sobresaliente y despiden a los incompetentes, se seguirán derrochando recursos y será imposible efectuar una reforma duradera.
Debe considerarse con igual rigor la labor del personal de las misiones de las Naciones Unidas sobre el terreno. En su mayoría, este encarna el ideal del funcionario público internacional, dispuesto a trasladarse a sitios asolados por la guerra y plagados de peligros para ayudar a mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos, con un enorme sacrificio personal y, en ocasiones, grandes riesgos para su integridad física y mental. Esos funcionarios merecen el reconocimiento y la apreciación del mundo. A través de los años, muchos de ellos han dado la vida por la paz y es oportuno que aquí rindamos homenaje a su memoria.
El personal de las Naciones Unidas sobre el terreno, tal vez más que cualquier otro, tiene la obligación de respetar las normas, la cultura y las prácticas locales. Debe hacer todo lo que esté de su mano para demostrar ese respeto, en primer lugar, familiarizándose con el entorno de sus anfitriones y procurando aprender todo lo que pueda del idioma y la cultura locales. Su comportamiento debe basarse en el claro entendimiento de que es huésped en casa ajena aunque esa casa se encuentre en ruinas. Esto es importante especialmente cuando las Naciones Unidas cumplen las funciones de una administración de transición. Además, los funcionarios de las Naciones Unidas deben tratarse entre ellos con respeto y dignidad, mostrando una particular sensibilidad por las diferencias culturales y de género.
En breve, consideramos que se deben mantener normas muy altas para la selección del personal de la Sede y el personal sobre el terreno, y exigir también un alto estándar de conducta a ese personal. Cuando los funcionarios de las Naciones Unidas no cumplan las normas establecidas, se los debe hacer responsables. En el pasado, a la Secretaría le ha resultado difícil responsabilizar a los funcionarios superiores sobre el terreno, porque estos han podido señalar la insuficiencia de recursos, la imprecisión de las instrucciones o la falta de mecanismos adecuados de mando y control como impedimentos importantes para la eficaz ejecución del mandato de la misión. Esas deficiencias deben corregirse pero no se debe permitir que se invoquen para justificar a los funcionarios poco eficientes. El futuro de las naciones, la vida de las personas a quienes las Naciones Unidas deben ayudar y proteger, el éxito de las misiones y la credibilidad de la Organización pueden depender de lo que unos pocos individuos hagan o dejen de hacer. Quienes resulten incompetentes para la tarea que han prometido cumplir deben ser retirados de la misión, sea cual fuera su nivel jerárquico.
Los propios Estados Miembros reconocen que ellos también necesitan reflexionar sobre su actitud y sus métodos de trabajo, al menos en lo que respecta a la ejecución de las actividades de las Naciones Unidas en favor de la paz y la seguridad. El procedimiento establecido de pronunciar declaraciones y el difícil proceso subsiguiente de lograr el consenso hacen que se ponga mayor énfasis en la gestión diplomática que en el resultado de las operaciones. Una de las principales ventajas que ofrecen las Naciones Unidas es que constituyen un foro en el que los 189 Estados Miembros intercambian opiniones sobre los más apremiantes problemas mundiales; sin embargo, el diálogo por sí solo muchas veces no basta para lograr que triunfen, frente a grandes obstáculos, las costosísimas operaciones de mantenimiento de la paz, o las gestiones decisivas de prevención de conflictos o de establecimiento de la paz. Es preciso que las manifestaciones generales de apoyo que se consignan en las declaraciones y resoluciones vayan acompañadas de medidas prácticas.
Por otra parte, puede ocurrir que los Estados Miembros creen impresiones contradictorias en cuanto a las medidas que proponen, cuando sus representantes expresan apoyo político en un órgano determinado, mientras que en otro niegan a esas medidas el necesario apoyo financiero. Se ha observado esa incoherencia entre las declaraciones pronunciadas en las sesiones de la Quinta Comisión que se ocupa de los asuntos administrativos y presupuestarios, y en las sesiones del Consejo de Seguridad y del Comité Especial de Operaciones de Mantenimiento de la Paz.
A nivel político, muchos de los partidos locales con los que tratan diariamente los encargados del mantenimiento de la paz y el establecimiento de la paz no respetan ni temen las condenas verbales del Consejo de Seguridad. Corresponde pues a los miembros del Consejo, y a los Estados Miembros en general, hacer efectivas las palabras que pronuncian, como lo hizo la delegación del Consejo de Seguridad que viajó a Yakarta y Dili tras la crisis surgida en Timor Oriental el año pasado, claro ejemplo de la acción efectiva del Consejo: res, non verba.
Al mismo tiempo, la estrechez financiera que aflige a las Naciones Unidas continúa socavando gravemente su capacidad de llevar a cabo las operaciones de paz de manera convincente y profesional. Instamos por tanto a los Estados Miembros a que cumplan las obligaciones adquiridas en virtud de tratados y paguen sus cuotas en su totalidad, oportunamente y sin condiciones.
Estamos conscientes asimismo de que hay otros problemas que entorpecen directa o indirectamente la acción efectiva de las Naciones Unidas en el ámbito de la paz y la seguridad. Entre éstos hay dos problemas aún no resueltos que no están incluidos en el mandato del Grupo, aunque son decisivos para las operaciones de paz, y que sólo pueden resolver los Estados Miembros. Se trata de los desacuerdos concernientes al prorrateo de las cuotas para la financiación de las operaciones de mantenimiento de la paz y la representación equitativa en el Consejo de Seguridad. Abrigamos la esperanza de que los Estados Miembros encuentren la forma de resolver sus diferencias en esos aspectos en cumplimiento de la responsabilidad internacional colectiva estipulada en la Carta.
Hacemos un llamamiento a los dirigentes del mundo reunidos en la Cumbre del Milenio para que, a la vez que reafirman su dedicación a los ideales de las Naciones Unidas, se comprometan también a reforzar la capacidad de la Organización para que pueda cumplir cabalmente el cometido que es razón fundamental de su existencia: ayudar a los pueblos sumidos en conflictos y mantener o restablecer la paz.
Al tratar de llegar a un consenso sobre las recomendaciones de este informe, nosotros, los miembros del Grupo de operaciones de mantenimiento de la paz, hemos forjado también una visión común de las Naciones Unidas, como entidad que tiende una mano firme de ayuda a las comunidades, países o regiones para evitar los conflictos o poner fin a la violencia. Queremos ver a los representantes especiales del Secretario General llevar a buen fin sus misiones, habiendo ofrecido a la población de los países la oportunidad de lograr por sí misma lo que antes estaba fuera de su alcance: establecer y mantener la paz, conseguir la reconciliación, fortalecer la democracia o garantizar el respeto de los derechos humanos. Imaginamos, ante todo, a unas Naciones Unidas que no sólo tengan la voluntad, sino también la capacidad necesaria para cumplir su noble cometido, justificando así la confianza que ha puesto en ellas la inmensa mayoría de la humanidad.
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