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| EL PODER DE LA PERSUASIÓN RESPALDADO POR LA FUERZA |
![]() La UNTAES estaba equipada con una fuerza creíble para autodefinirse y mantener la paz y la seguridad en la región. 1997. Foto de las Naciones Unidas. |
Se han ido aclarando determinados prerrequisitos para el éxito de las operaciones de mantenimiento de la paz. Entre ellos se encuentran:
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La presencia de soldados armados que puedan responder a los disparos para defenderse es solamente alguno de los factores que contribuyen a la eficacia del mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Su verdadera fuerza radica en la imparcialidad de las fuerzas de mantenimiento de la paz, en la autoridad moral de la comunidad internacional, en la presión de la opinión pública mundial y, sobre todo, en el compromiso de las partes a buscar la paz. La presencia de las fuerzas de mantenimiento de la paz permite constantes esfuerzos políticos y diplomáticos hacia una paz más duradera. El mantenimiento de la paz sólo puede funcionar si las partes en conflicto demuestran la voluntad política de respetar los acuerdos y permiten que el personal de las Naciones Unidas lleve a cabo su labor.
Las fuerzas de mantenimiento de la paz de la ONU han estado tradicionalmente equipadas con armas ligeras y utilizan la fuerza mínima, bien en legítima defensa, o bien, en caso de que personas armadas intenten impedirles llevar a cabo las tareas que les han autorizado. Normalmente, los observadores militares y la policía civil de las Naciones Unidas no portan armas. El mantenimiento de la paz se enfrenta a los retos más difíciles cuando las partes implicadas en el conflicto no logran cumplir sus compromisos y se reanudan los combates; o cuando se obstaculizan deliberadamente los esfuerzos del personal de mantenimiento de la paz. El personal de mantenimiento de la paz ha tratado de estabilizar dichas situaciones y de reducir a un mínimo el sufrimiento de los que no combaten -a menudo con graves riesgos personales y a pesar de la falta de mandatos claros y recursos insuficientes-, fundamentalmente, a través de la persuasión y la negociación. Sin embargo, a veces, el trabajo del personal de mantenimiento de la paz se vuelve prácticamente imposible. Los conflictos en Rwanda en 1994, en Bosnia y Herzegovina y en Somalia entre 1992 y 1995, demuestran los límites del mantenimiento de la paz cuando no hay ninguna paz que mantener, y los dilemas planteados al combinar el mantenimiento de la paz y el uso de la fuerza. Muchas operaciones, una vez desplegadas, se han enfrentado a un entorno hostil y difícil, donde las facciones sobre el terreno están dispuestas a recurrir a las amenazas o al uso de la fuerza -y donde la amenaza de la fuerza o el recurso a ella han constituido una opción posible. Durante la operación del Congo de 1960 a 1964, el Consejo de Seguridad autorizó al personal de mantenimiento de la paz de la ONU, en 1961, a utilizar la fuerza que precisara para terminar con la retirada de los mercenarios que habían contribuido a la secesión de la provincia de Katanga. Con el fin de contrarrestar la intervención extranjera que había llevado a la pérdida de fuerza del Gobierno central, el personal de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas se vio arrastrado a enfrentamientos violentos con elementos armados. En situaciones más recientes, el Consejo ha tratado de equipar a las operaciones de mantenimiento de la paz de una capacidad militar creíble que ha ayudado a evitar la necesidad de recurrir a la fuerza. Por ejemplo, en 1996, para hacer patentes las "robustas" operaciones de mantenimiento de la paz, se dotó a la Administración de Transición de las Naciones Unidas en Eslavonia Oriental, Baranja y Srijem Occidental (UNTAES) de armamentos pesados como elemento de disuasión. El Consejo de Seguridad también autorizó a los Estados Miembros a suministrar apoyo aéreo directo u otra medida enérgica en apoyo de la misión. En Sierra Leona, la operación de la ONU aunaba las fuertes presiones políticas y una firme posición militar para disuadir a una de las partes de que reanudase la opción militar. En julio de 2000, tras una serie de ataques no provocados contra las tropas de la UNAMSIL, y después de haber agotado plenamente todas las demás opciones, la UNAMSIL asumió una operación militar para liberar a más de 230 miembros del personal de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas que se encontraban atrapados, desde hacía más de dos meses, por las fuerzas armadas que luchaban contra el Gobierno. Así como la capacidad para utilizar la fuerza puede disuadir de los intentos de obstaculizar al personal de mantenimiento de la paz de llevar a cabo sus obligaciones, la experiencia reciente ha mostrado que los programas de acción cívica destinadas a mejorar la vida de las personas en la zona de misión pueden generar un sentimiento de buena voluntad y servir como un incentivo a las partes para que cooperen con las fuerzas de mantenimiento de la paz. En muchas misiones, las fuerzas de mantenimiento de la paz han ayudado a restaurar la infraestructura esencial, los vínculos de comunicación y los servicios dañados o destruidos durante los combates. Por ejemplo, en Kosovo, el apoyo a estos esfuerzos constituye, hoy en día, una de las responsabilidades principales de la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK). |
Kenya fue uno de los 51 países que aportaron tropas, observadores militares, | ![]() |
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