Cerca de 30.000 personas viajaron a
Estambul, a la Conferencia Hábitat II para buscar soluciones a los
problemas urbanos. Casi 50.000 acudieron a Beijing con el fin de
establecer nuevas bases para el progreso de la mujer. Y 47.000 más se
reunieron en Río de Janeiro, en la Cumbre de la Tierra, para hallar un
buen punto de equilibrio entre la protección del medio ambiente y el
desarrollo económico.
Para algunos, las conferencias a
gran escala que las Naciones Unidas organizaron en los años 90 no
representaron más que palabras vacías. Pero la mayoría de los
responsables políticos del mundo han visto estos acontecimientos como
una inversión valiosa, incluso como hito en la configuración de nuestro
futuro.
Hechos efectivos
Las conferencias mundiales han
conseguido un efecto a largo plazo mediante:
- La movilización de gobiernos
locales y nacionales y de organizaciones no gubernamentales (ONG) para
la resolución de grandes problemas mundiales
- El establecimiento de normas y
directrices internacionales para la política nacional
- La función de foro donde se pueden
debatir propuestas y buscar acuerdo
- La puesta en marcha de un proceso
por el que los gobiernos se comprometen y rinden cuentas de forma
regular a las Naciones Unidas
Explorando nuevos terrenos:
Las conferencias han desempeñado un
papel clave a la hora de encauzar el trabajo de la ONU desde su
fundación. De hecho, este órgano mundial vio la luz cuando los delegados
de 50 naciones se reunieron en San Francisco en Abril de 1945 para la
Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional. Las
últimas conferencias de alto nivel sobre asuntos de desarrollo,
continuación de una serie que comenzó en los años 70, han abierto nuevas
vías en muchos campos:
Mediante la implicación de
presidentes, primeros ministros y otros jefes de estado, como sucedió en
la experiencia pionera que supuso la Cumbre Mundial en favor de la
Infancia de 1990 - estos conferencias han situado problemas difíciles y
persistentes como la pobreza o la degradación del medio ambiente en los
primeros puestos de la lista mundial de prioridades. De otro modo, estos
problemas jamás serían lo suficientemente urgentes desde el punto de
vista político como para figurar en titulares y llamar la atención de
los líderes. La participación de miles de ONG, ciudadanos, académicos y
personas del mundo de los negocios, en reuniones tanto oficiosas como
oficiales, han convertido estas conferencias en auténticos foros
mundiales. La ONU ha fomentado este aspecto, puesto que se necesita el
apoyo de muchos grupos sociales para aplicar las políticas que se
debaten.
Con objeto de asegurar un
seguimiento efectivo, al cabo de cinco años se celebra una serie de
períodos de reuniones de la Asamblea General para confirmar la
aplicación de los planes de acción de cada conferencia y de establecer
futuras prioridades. Reconociendo lo valioso del papel de estas
importantes reuniones, la ONU ha decidido celebrar varias conferencias
sobre asuntos socio-económicos clave en los próximos dos años. Entre
ellas se cuentan una Cumbre del Milenio en septiembre del 2000 y unas
conferencias mundiales en el 2001 sobre financiación para el desarrollo
y sobre los países menos desarrollados.
Manteniendo bajos los costes:
El coste de las últimas
mega-conferencias de las Naciones Unidas ha sido poco elevado; se ha
mantenido entre 1,7 millones y 3,4 millones de dólares por conferencia.
Excepcionalmente, la Cumbre de la Tierra, debido a su orden del día
extremadamente complejo y a la necesidad de personal especializado y de
largas preparaciones, ha supuesto un desembolso de 10 millones de
dólares.
Generalmente, la ONU cubre tan sólo
el coste de facilitar intérpretes y otros miembros del personal
necesario para atender las reuniones de la conferencia, las
negociaciones preparatorias y la oficina de la Secretaría que organiza
el acontecimiento.
El grueso de los costes- las
instalaciones de la conferencia, seguridad, personal local, viaje y
alojamiento para el personal de la ONU- corre a cargo del país que se
ofrece como anfitrión del acontecimiento.
El país anfitrión recibe normalmente
más de lo que gasta en ingresos provenientes de hoteles, restaurantes y
otros negocios, sin mencionar el prestigio internacional que la
condición de anfitrión conlleva.
¿Cuáles son los resultados?
La Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Cumbre de la Tierra, junio de
1992, Río de Janeiro):
Reunió a 108 jefes de Estado, que
adoptaron el Programa 21, un plan mundial sobre el desarrollo sostenible
que se ha convertido en la base de muchos planes nacionales. Más de
1.800 localidades en todo el mundo han creado a raíz de esto su propio
"Programa 21 local".
Condujo a 150 países a establecer
juntas nacionales de asesoramiento para promover el diálogo entre
funcionarios, empresarios, ecologistas y otros sobre políticas de
desarrollo sostenible.
Preparó el camino de cuatro nuevos
tratados internacionales sobre el cambio climático, la biodiversidad, la
desertización y la pesca de altamar.
Estableció la Comisión sobre el
Desarrollo Sostenible de la ONU con el fin de supervisar la aplicación
de los acuerdos de Río y de servir como un foro permanente de
negociación sobre políticas de medio ambiente mundial y desarrollo.
En junio de 1997, durante el período
especial de sesiones de la Asamblea General para el control de la
aplicación del Programa 21, se concluyó que, a pesar del progreso
realizado en muchos aspectos, el medio ambiente continúa deteriorándose.
Muchos responsables de los gobiernos- entre ellos más de 50 jefes de
Estado- acordaron tomar más medidas, especialmente en lo tocante al agua
potable, la energía y el transporte, si bien se lograron pocos
compromisos.
La Conferencia Mundial de Derechos
Humanos (junio de 1993, Viena):
Reafirmó el compromiso internacional
con todos los derechos humanos, y fortaleció los mecanismos de control y
de fomento de los derechos humanos en todo el mundo.
Determinó el nombramiento del primer
Alto Comisionado para los Derechos Humanos, a fin de mejorar la
capacidad de la ONU de actuar rápida y eficazmente a la hora de evitar
violaciones de los derechos y de promover las libertades
fundamentales
Favoreció la inclusión de los
derechos humanos como parte integrante de las misiones de mantenimiento
de la paz de la ONU y expresó el vínculo que une la democracia, el
desarrollo y los derechos humanos.
La Conferencia Internacional sobre
la Población y el Desarrollo (septiembre de 1994, el Cairo):
Estableció un consenso acerca de la
inclusión de programas de planificación familiar dentro de una nueva
concepción global de los servicios de salud reproductiva y obtuvo el
reconocimiento internacional de que educar y capacitar a las mujeres es
la manera más eficaz de reducir el crecimiento de la población y
promover el desarrollo sostenible.
Adoptó un programa de acción que
fija metas específicas en cuanto a los recursos para la asistencia
internacional a la población y que permite a los países hacer que la
salud reproductiva y la planificación familiar lleguen a todos no más
tarde del 2015.
Instó a los países donantes a que
contribuyeran de forma significativa a los fondos para actividades
relacionadas con la población, si bien las donaciones este año todavía
permanecen considerablemente por debajo de los objetivos fijados en la
Conferencia para el año 2000.
Reafirmó el acuerdo mundial de que
la libertad en las decisiones relativas a la planificación familiar es
un derecho humano básico de todas las parejas y las personas y de que
cualquier forma de coacción es inaceptable.
La Cumbre Mundial para el Desarrollo
Social (marzo de 1995, Copenhague):
Reunió a 117 jefes de Estado que se
comprometieron a que sus gobiernos erradicaran la pobreza " como
imperativo ético, social, político y económico". Desde la celebración de
la Cumbre, una serie de países han fijado fechas concretas para reducir
la pobreza y muchos han organizado estudios de evaluación de la pobreza
para definir estrategias a largo plazo.
Llamó la atención sobre la parte
negativa de la globalización económica: Mayores diferencias entre ricos
y pobres, seguridad social disminuida, empleos y servicios sociales más
inestables tanto en los países en desarrollo como en los desarrollados.
Agrupó las decisiones de pasadas
conferencias dentro de un plan integrador para cubrir las necesidades
humanas básicas, reducir las desigualdades sociales y económicas y
facilitar unas posibilidades de vida sostenibles.
La Cuarta Conferencia Mundial sobre
la Mujer (septiembre de 1995, Beijing):
Acordó un programa de acción de
cinco años para incrementar la capacitación social, económica y política
de la mujer, mejorar su salud, su educación y promover sus derechos
conyugales y sexuales. El programa fijó fechas concretas como meta y
logró que las naciones se comprometieran a llevar a cabo medidas
concretas en el terreno de las reformas sanitarias, educativas y
legales.
Consiguió que 130 países anunciaran
nuevas iniciativas para llevar a cabo este programa, además de lograr la
creación de otro en Estados Unidos, con fondos de 1600 millones de
dólares, destinado a combatir la violencia contra la mujer y la
institución de un Consejo Presidencial para la
Mujer.
Destacó la urgencia de dotar a las
mujeres de una mayor protección legal. La Convención de las Naciones
Unidas de 1979 sobre la Eliminación de Todas las Formas de
Discriminación contra la mujer, conocida como Carta de Derechos de las
mujeres, ha sido ratificada por 163 países (hasta junio de 1999) desde
los 139 que lo habían hecho en mayo de 1995.
Segunda Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Asentamientos Humanos (Hábitat II, junio de 1996,
Estambul):
Adoptó un programa mundial y una
declaración que establece directrices políticas, junto con el compromiso
de los Gobiernos de mejorar las condiciones de vida en asentamientos
urbanos y rurales y de "realizar plena y progresivamente el derecho a
una vivienda adecuada".
Realizó una innovación al implicar a
alcaldes y otros funcionarios locales en los procedimientos formales y
reconoció la importancia de su papel en la aplicación del programa
Hábitat.
Promovió la puesta en común de
información mostrando más de 500 ejemplos de "las mejores prácticas"
para mejorar las iniciativas relacionadas con las condiciones de vida.
La efectividad de estas prácticas había sido comprobada por las
autoridades gubernamentales y los grupos de base de más de 90 países a
la hora de resolver problemas acuciantes de vivienda y
comunidad.
Para más
información, póngase en contacto con la Dependencia de Consultas del
Público tel. (212) 963- 4475;
Para consultas de los
medios de comunicación: (212) 963-7160
Publicado por el Departamento
de Información Pública de las Naciones Unidas--DPI/1825/ Rev 7-junio
1999
Visite la página principal de las Naciones
Unidas