VII.  Para que se examine en la Cumbre

 
362. Los propósitos y principios de las Naciones Unidas se enuncian claramente en la Carta y en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Su importancia y su capacidad como fuente de inspiración, lejos de haber disminuido, han aumentado, a medida que los seres humanos han creado nuevas maneras de relacionarse entre sí y ha surgido una mayor conciencia de la necesidad de una responsabilidad colectiva a nivel mundial. Los siguientes valores, que reflejan el espíritu de la Carta, a mi juicio, son compartidos por todas las naciones y revisten especial importancia para la era que ahora comienza:

Libertad. Hombres y mujeres tienen derecho a vivir su vida y a educar a sus hijos con dignidad, sin hambre ni miseria y sin temor a la violencia ni a la opresión. Los gobiernos representativos, basados en la voluntad de los pueblos, son los que mejor garantizan estos derechos.

Equidad y solidaridad. No debe denegarse a persona o nación alguna la oportunidad de beneficiarse de la mundialización. Los riesgos a nivel mundial se deben afrontar de manera que los costos y las cargas se compartan equitativamente. Los que sufran o los que menos se beneficien tienen derecho a recibir ayuda de los que se beneficien más.

Tolerancia. Los seres humanos deben respetarse unos a otros, independientemente de su religión, su cultura y su idioma. Las diferencias dentro de las sociedades y entre ellas no deben temerse ni reprimirse, sino valorarse.

No violencia. Las controversias dentro de las naciones y entre ellas deben resolverse por medios pacíficos, salvo en los casos en que la Carta autorice el empleo de la fuerza.

Respeto de la naturaleza. Debe obrarse con prudencia respecto de todas las especies vivas y todos los recursos naturales. Sólo así podremos preservar la incalculable riqueza que hemos heredado de la naturaleza y transmitirla a nuestros descendientes.

Responsabilidad común. Los Estados deben actuar de consuno para mantener la paz y la seguridad internacionales, de conformidad con la Carta. La forma de afrontar los riesgos y las amenazas que afectan a todos los pueblos del mundo se debe estudiar en el plano multilateral.

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363. Al aplicar estos valores al nuevo siglo, debemos tener claro cuáles son nuestras prioridades.

364. En primer lugar, no debemos escatimar esfuerzo alguno por liberar a todos los hombres y mujeres de la pobreza abyecta y deshumanizadora que actualmente oprime a más de 1.000 millones de seres humanos. Por lo tanto, comprometámonos a:

• Reducir a la mitad, para cuando este siglo haya cumplido 15 años, la proporción de personas de todo el mundo (actualmente el 22%) cuyos ingresos son inferiores a 1 dólar diario.

• Reducir a la mitad, para la misma fecha, la proporción de personas (actualmente el 20%) que no tienen acceso a agua potable o no se lo pueden permitir.

• Lograr, para la misma fecha, que todos los niños y niñas del mundo puedan terminar todo el ciclo de enseñanza primaria, y que las niñas y los niños tengan igual acceso a todos los niveles de enseñanza.

• Detener, para entonces, la propagación del VIH/SIDA y comenzar a reducir la incidencia de esa enfermedad.

• Lograr que, para el año 2020, mejoren de manera significativa las condiciones de vida de por lo menos 100 millones de habitantes de los barrios de chabolas de todo el mundo.

• Elaborar estrategias que proporcionen a los jóvenes de todo el mundo la oportunidad de encontrar un trabajo decente.

• Lograr que todos puedan aprovechar los beneficios de las nuevas tecnologías, especialmente de la tecnología de la información.

• Lograr que todos los gobiernos se comprometan desde ahora a establecer políticas y programas con el objeto específico de reducir la pobreza, los que se elaborarán y aplicarán en consulta con la sociedad civil.

En el plano internacional, los países más afortunados tienen una deuda de solidaridad con los menos afortunados. Por lo tanto, deberían comprometerse a:

• Dar libre acceso a sus mercados a los artículos producidos en los países pobres y, como primera medida, estar dispuestos, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Países Menos Adelantados, que se celebrará en marzo de 2001, a adoptar una política de exención de impuestos y de eliminación de cupos respecto de básicamente todas las exportaciones de los países
menos adelantados.

• Arrancar los grilletes de la deuda que actualmente mantienen a muchos de los países más pobres presa de su pobreza y, como primera medida, ampliar, sin más demoras, el programa de alivio de la deuda para los países pobres muy endeudados convenida el año pasado y estar dispuestos a cancelar toda la deuda oficial de los países pobres muy endeudados a cambio de que esos países den pruebas de su determinación de reducir la pobreza.

• Conceder una asistencia para el desarrollo más generosa, sobre todo a los países que verdaderamente estén destinando recursos a la reducción de la pobreza.

• Colaborar con la industria farmacéutica y otros colaboradores para desarrollar una vacuna eficaz y económica contra el VIH y hacer más accesibles en los países en desarrollo los medicamentos contra el VIH.

En los planos nacional e internacional, las inversiones privadas tienen un papel indispensable que cumplir. Por lo tanto, comprometámonos a:

• Establecer sólidas relaciones de colaboración con el sector privado para luchar contra la pobreza en todos sus aspectos.

En el África subsahariana, la pobreza extrema afecta a una proporción de la población mayor que en ninguna otra región. A ello se suma una mayor incidencia de conflictos, de VIH/SIDA y de muchos otros males. Por lo tanto, comprometámonos a:

• Tener especialmente en cuenta, en todos nuestros esfuerzos, las necesidades de África y prestar pleno apoyo a los africanos en su lucha por superar los problemas del continente.

Por mi parte, en el presente informe he anunciado cuatro nuevas iniciativas:

• Una red de salud en la Internet que dé acceso a información médica actualizada a los hospitales y clínicas de los países en desarrollo.

• Un servicio de tecnología de la información de las Naciones Unidas (UNITeS) que imparta formación a grupos de los países en desarrollo sobre la utilización y las oportunidades de la tecnología de la información.

• Una iniciativa de respuesta a los desastres —"Los primeros sobre el terreno"— que proporcione un acceso ininterrumpido a las comunicaciones en las zonas afectadas por desastres naturales y situaciones de emergencia.

• Una red mundial de promoción de políticas que estudie nuevas formas viables de enfocar el problema del empleo de los jóvenes.

365. En segundo lugar, no debemos escatimar esfuerzo alguno para liberar a todos los hombres y mujeres del flagelo de la guerra —como nos lo pide la Carta—, especialmente de la violencia de los conflictos civiles y del temor a las armas de destrucción en masa, las dos máximas fuentes de terror de la era actual. Por lo tanto, comprometámonos a:

• Fortalecer el respeto de la ley en los asuntos internacionales y nacionales, en particular de las disposiciones convenidas de los tratados sobre control de armamentos y de las normas del derecho internacional humanitario y de derechos humanos. Invito a todos los gobiernos que aún no lo hayan hecho a que firmen y ratifiquen los distintos convenios, pactos y tratados que forman el corpus central del derecho internacional.

• Hacer más eficaz la labor de las Naciones Unidas en el mantenimiento de la paz y la seguridad, en particular

• Fortaleciendo la capacidad de las Naciones Unidas de llevar a cabo operaciones de mantenimiento de la paz.

• Adoptando medidas para que las sanciones económicas decididas por el Consejo de Seguridad afecten menos a las poblaciones inocentes y sean más eficaces para castigar a los gobernantes que transgreden las leyes.

• Adoptar medidas enérgicas para reducir el tráfico ilícito de armas pequeñas, en particular

• Procurando que haya una mayor transparencia en las transferencias de armas.

• Apoyando las medidas de desarme regionales, como la suspensión de la importación, la exportación y la fabricación de armas ligeras en el África occidental.

• Extendiendo a otras zonas —sobre todo en las situaciones posteriores a los conflictos— los programas de "armas a cambio de bienes" que tan buen resultado han dado en Albania, El Salvador, Mozambique y Panamá.

• Estudiar la posibilidad de convocar una gran conferencia internacional para determinar los medios de eliminar el peligro nuclear.

366. En tercer lugar, no debemos escatimar esfuerzo alguno para liberar a todos los hombres y mujeres, y sobre todo a nuestros hijos y nietos, del peligro de vivir en un planeta al que las actividades humanas han causado daños irreparables y cuyos recursos no son ya suficientes para satisfacer sus necesidades. Teniendo en cuenta los extraordinarios riesgos a que hace frente la humanidad, comprometámonos a:

• Adoptar una nueva ética de conservación y administración y, a esos efectos, en primer lugar,

• Aprobar y ratificar el Protocolo de Kyoto, de forma que pueda entrar en vigor a más tardar en el año 2002, y garantizar el cumplimiento de sus objetivos, como medida para reducir la emisión de gases de efecto invernadero.

• Considerar seriamente la posibilidad de incorporar a las cuentas nacionales el sistema de "contabilidad verde" de las Naciones Unidas.

• Prestar apoyo financiero a la Evaluación del Ecosistema del Milenio y participar activamente en ella.

367. Por último, no debemos escatimar esfuerzo alguno para hacer de las Naciones Unidas un instrumento más eficaz en manos de los pueblos del mundo, a fin de que sigamos realizando estas tres actividades prioritarias: la lucha contra la pobreza, la ignorancia y las enfermedades; la lucha contra la violencia y el terror; y la lucha contra la degradación y destrucción de nuestro planeta. Por lo tanto, comprometámonos a:

• Reformar el Consejo de Seguridad de forma que pueda desempeñar sus funciones de manera más eficaz y cobre mayor legitimidad ante todos los pueblos del mundo.

• Velar por que la Organización cuente con los recursos necesarios para cumplir sus mandatos.

• Velar por que la Secretaría haga el mejor uso posible de esos recursos en bien de todos los Estados Miembros, permitiéndole adoptar las mejores prácticas y tecnologías de gestión disponibles, y concentrarse en las tareas que mejor respondan a las prioridades actuales de los Estados Miembros.

• Dar plena oportunidad a las organizaciones no gubernamentales y a otras entidades no estatales para que aporten su indispensable contribución a la labor de la Organización.

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368. Estoy convencido de que estas prioridades son claras y que todos estos objetivos se pueden lograr si existe la voluntad necesaria para ello. Ya se han elaborado estrategias respecto de muchas de estas prioridades y se han resumido en el presente informe. Con respecto a otras, lo que hace falta en primer lugar es que dediquemos nuestra inteligencia, nuestra energía y nuestros presupuestos de investigación a una búsqueda infatigable de soluciones viables.

369. Ningún Estado y ninguna organización podrán resolver todos estos problemas por sí solos. Tampoco puede esperar ningún Estado que sean otros quienes se los resuelvan si su propio gobierno y sus ciudadanos no se entregan en cuerpo y alma a esa tarea. La tarea de construir un siglo XXI más seguro y más equitativo que el XX exigirá el esfuerzo decidido de todos los Estados y todos los seres humanos. Como fuente de inspiración y centro de coordinación de esos esfuerzos, unas Naciones Unidas renovadas tendrán una noble y decisiva función que cumplir a ese respecto.