V. Un futuro sostenible
254. Los fundadores de las Naciones Unidas estaban, como se dice en la Carta, resueltos a promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad que suponía, ante todo, librarse de la miseria y vivir sin temor. No obstante, en 1945 no podían prever la urgente necesidad que se nos plantea hoy de alcanzar un tercer tipo de libertad: la libertad de las generaciones futuras de seguir viviendo en este planeta. Sin embargo, en lugar de ofrecerles esa libertad, nos hemos dedicado a despilfarrar la futura herencia de nuestros hijos para mantener en el presente ciertas prácticas que son insostenibles desde el punto de vista ambiental.255. El entorno natural nos ofrece, gratuitamente, unos servicios básicos sin los cuales nuestra especie no podría sobrevivir. La capa de ozono nos protege de los rayos ultravioletas, que son perjudiciales para los seres humanos, los animales y las plantas. Los ecosistemas ayudan a purificar el aire que respiramos y el agua que bebemos; también transforman los desechos en recursos y reducen en la atmósfera los niveles de carbono, que de lo contrario contribuirían al recalentamiento del planeta. La diversidad biológica es una abundante reserva de medicinas y alimentos y mantiene una variedad genética que reduce la vulnerabilidad a las plagas y enfermedades. Pero estamos menoscabando, y en algunos casos destruyendo, la capacidad del medio ambiente para seguir prestándonos estos servicios vitales.
256. En los últimos 100 años, el entorno natural ha soportado las tensiones impuestas por el aumento de la población humana, que se ha cuadruplicado, y de la producción económica mundial, que se ha multiplicado por 18. Está previsto que la población mundial aumentará, de los actuales 6.000 millones de personas, a casi 9.000 millones antes del año 2050, con lo que la posibilidad de que se produzcan daños ambientales irreparables es innegable. Uno de cada dos empleos en todo el mundo —en la agricultura, la silvicultura y la pesca— depende directamente de la sostenibilidad de los ecosistemas. Y, lo que es más importante, lo mismo ocurre con la salud del planeta, y con la nuestra.
257. La sostenibilidad del medio ambiente es un problema que nos afecta a todos por igual. En los países ricos, los subproductos industriales y agrícolas envenenan el suelo y las aguas. En los países en desarrollo, la deforestación masiva, las prácticas agrícolas nocivas y la urbanización incontrolada están entre los principales factores que ocasionan la degradación del medio ambiente. Muchos consideran que las emisiones de dióxido de carbono son una causa fundamental del cambio climático en nuestro planeta; la combustión de combustibles fósiles es la fuente más importante de esas emisiones. La quinta parte de la población mundial que vive en los países industrializados consume casi el 60% de la producción mundial de energía, pero el consumo de energía de los países en desarrollo también va en rápido aumento.
258. Nuestro objetivo debe ser atender a las necesidades económicas del presente sin comprometer la capacidad del planeta para satisfacer las necesidades de las generaciones futuras.
259. Hemos progresado desde 1972, cuando las Naciones Unidas celebraron la primera conferencia mundial de la historia sobre cuestiones ambientales. La conferencia estimuló la creación de ministerios del medio ambiente en todo el mundo, estableció el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y dio lugar a un enorme aumento del número de organizaciones de la sociedad civil que se ocupan de problemas ambientales.
260.Veinte años más tarde, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo sentó las bases de una serie de acuerdos sobre el cambio climático, los bosques y la diversidad biológica. Además, adoptó un marco de política indicativo para facilitar el desarrollo sostenible, tanto en los países ricos como en los pobres.
261. Tal vez el mayor éxito en el ámbito de los acuerdos internacionales sobre el medio ambiente haya sido hasta ahora el Protocolo de Montreal, en el que los Estados aceptaron la necesidad de eliminar paulatinamente las sustancias que agotan la capa de ozono (véase el recuadro 8).
262. Sin embargo, debemos enfrentarnos a una realidad ineludible: los problemas que plantea la sostenibilidad sencillamente superan con mucho las soluciones que ofrecemos. Salvo honrosas excepciones, reaccionamos de forma insuficiente y demasiado tarde.
Recuadro 8 La protección de la capa de ozono: un éxito en la defensa del medio ambiente
A principios del decenio de 1970 existían suficientes pruebas de que los clorofluorocarbonos (CFC) dañaban la capa de ozono de la estratosfera y aumentaban la radiación por rayos ultravioleta B (UV–B) en la superficie terrestre. Dado que la capa de ozono protege a los seres humanos, los animales y las plantas de los efectos nocivos de los rayos UV–B, el constante aumento de los CFC y otras sustancias que agotan la capa de ozono planteaba un importante riesgo potencial para la salud. Sin embargo, fueron necesarios un decenio y medio de esfuerzos cada vez más intensos para lograr un acuerdo que permitiera resolver el problema.
El Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono, de 1987, fue un hito en los acuerdos internacionales sobre el medio ambiente y ha tenido un éxito notable. En 1996 se había suprimido la producción de las sustancias más nocivas para la capa de ozono, excepto unas pocas cuyo uso era imprescindible en los países desarrollados; está prevista su eliminación paulatina en los países en desarrollo antes del año 2010. Sin el Protocolo, los niveles de estas sustancias serían ahora cinco veces más altos de lo que son y la radiación por UV–B en la superficie terrestre se habría duplicado en las latitudes medias del hemisferio norte. Según estimaciones actuales, para el año 2050 la concentración de CFC en la capa de ozono habrá vuelto al nivel de antes de 1980.
Antes de la firma del Protocolo, las negociaciones intergubernamentales no habían podido por sí solas movilizar un apoyo suficiente para las importantes medidas que había que adoptar. Pero la intensa presión de las organizaciones de la sociedad civil, la presentación de abrumadoras pruebas científicas y —el descubrimiento de un enorme agujero en la ozonosfera de la Antártida— lograron finalmente el consenso necesario para que se firmara el acuerdo.
263. El objetivo de la presente sección es dar a conocer a la Cumbre del Milenio la especial urgencia de esta realidad. El hecho de que la Asamblea General nunca tratara seriamente las cuestiones ambientales durante los casi 18 meses en que debatió los temas que se incluirían en el programa de la Cumbre pone de manifiesto la escasa prioridad que se asigna a estos problemas de extraordinaria gravedad que afectan a toda la humanidad. Para que podamos legar a nuestros hijos y nietos un planeta en el que se pueda vivir, es indispensable contar con un liderazgo al más alto nivel.
264. En el año 2002 se procederá al seguimiento de la Conferencia sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, 10 años después de su celebración. Espero que los dirigentes de todo el mundo aprovechen el tiempo que queda para revitalizar el debate sobre la sostenibilidad y allanar el camino a la adopción de medidas concretas y significativas en ese momento.
A. El problema del cambio climático
265. Tan sólo en la última mitad del siglo se han cuadruplicado las emisiones de carbono, lo que ha provocado un calentamiento cada vez más rápido de la atmósfera terrestre (véase el gráfico 10). En los últimos 20 años se registraron los 14 años más calurosos desde que comenzaron las mediciones sistemáticas en el decenio de 1860; el verano de 1998 fue el más caluroso de la historia y el invierno de 1999–2000 puede ser el menos frío. Se calcula que en este siglo, la temperatura media podría aumentar entre 1,2°C y 3,5°C (2°F a 6°F), lo que haría que se derritieran los glaciares y los casquetes polares y subiera el nivel del mar, poniendo en peligro a cientos de millones de habitantes de las costas y sumergiendo por completo las islas de poca altitud.
266. En la actualidad se observan ya algunos indicios que hacen presagiar este futuro. Con la aceleración de la tendencia al recalentamiento de la atmósfera, los cambios del tiempo se han hecho más volátiles y extremos, a la vez que han aumentado notablemente la gravedad de los desastres relacionados con el clima. Tan sólo en 1998, el costo de los desastres naturales superó al de todo el decenio de 1980 (véase el gráfico 11). Ese año murieron decenas de miles de personas, en su mayoría pobres, y se calcula que tuvieron que abandonar sus hogares unos 25 millones de "refugiados ambientales". Los daños causados por estos desastres se han visto exacerbados por prácticas ambientales insostenibles y por el hecho de que cada vez es mayor el número de personas pobres obligadas a vivir en zonas de riesgo: llanuras que se inundan, laderas inestables y edificios inseguros.
267. Para conjurar la amenaza del recalentamiento de la atmósfera es necesario, ante todo, reducir las emisiones de carbono. La combustión de combustibles fósiles, que sigue produciendo más del 75% de la energía en todo el mundo, es la causa principal de esas emisiones. El rápido aumento del número de automóviles en todo el mundo hace temer un empeoramiento de la situación. Es evidente la necesidad de promover la eficiencia energética y una mayor utilización de los recursos renovables.
268. Convendrá seguir desarrollando tecnologías como las pilas de combustible, las turbinas eólicas, la energía fotovoltaica y la producción combinada de energía. En el mundo en desarrollo, especialmente en las zonas rurales que no están conectadas a redes energéticas, el rápido descenso del costo de los paneles solares y la energía eólica pueden proporcionar energía a los pobres a precios razonables y, por ende, mejorar la productividad agrícola y generar ingresos.
269. Para estabilizar los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera dentro de unos límites que se consideren seguros, será preciso reducir como mínimo en un 60% las emisiones de los gases que causan el "efecto invernadero", y causan recalentamiento de la atmósfera. Hasta ahora la comunidad internacional no ha demostrado la voluntad política necesaria para llevar a cabo estos cambios.
270. La aplicación del Protocolo de Kyoto de 1997 sería un avance importante, puesto que obligaría a los países industrializados a alcanzar, en el período comprendido entre los años 2008 y 2012, el objetivo verificable de limitar y reducir las emisiones hasta un promedio del 5% por debajo de los niveles de 1990. El Protocolo, en el que se reconocen las causas económicas del problema del cambio climático, apunta a que el sector privado participe en la búsqueda de soluciones. Para ello utiliza mecanismos de mercado que incentivan la reducción de las emisiones y estimulan las corrientes de inversiones y tecnología hacia los países en desarrollo para ayudarlos a conseguir unos tipos de industrialización más sostenibles (véase el recuadro 9).
Recuadro 9 Utilización de incentivos económicos para reducir el recalentamiento
de la atmósfera y promover las inversiones en los países en desarrolloUna de las tareas más importantes del siglo XXI es resolver el problema del cambio climático. Para ello habrá que reducir notablemente las emisiones de los denominados gases de efecto invernadero que producen el recalentamiento de la atmósfera. A su vez, esto exigirá introducir tecnologías menos contaminantes y más eficaces en los sectores de la energía, el transporte, y la industria, a fin de alcanzar los objetivos de reducción de estos gases especificados en el Protocolo de Kyoto de 1997. Una de las formas más ingeniosas de conseguirlo es el mecanismo que se ha creado para fomentar un desarrollo no contaminante, que ofrece ventajas tanto a los países industrializados como a los países en desarrollo.
Dicho mecanismo permite a los países industrializados obtener créditos de emisión a cambio de realizar, en los países en desarrollo, inversiones inocuas desde el punto de vista climático en que ayuden a reducir los niveles existentes de emisiones de gases de efecto invernadero. Los Estados industriales pueden utilizar los créditos obtenidos para alcanzar los objetivos de reducción que deben cumplir.
La posibilidad de obtener créditos de emisión es un incentivo para que los países ricos hagan inversiones que permitan ahorrar energía en los países pobres. El que la reducción de las emisiones deba ser verificada y certificada es un aliciente para crear un nuevo sector de servicios dedicado a esta labor. Las inversiones inocuas desde el punto de vista climático contribuyen a crear sostenibilidad en los países en desarrollo.
Este y otros mecanismos establecidos en Kyoto tienen por objeto incentivar la participación del sector privado en la vital tarea de reducir el recalentamiento de la atmósfera y responden al espíritu de nuestros tiempos.
271. Aunque la primera serie de objetivos planteados en Kyoto es sólo una medida más para reducir el recalentamiento de la atmósfera, su logro significaría reducir drásticamente el ritmo al que aumentan actualmente las emisiones de gases de efecto invernadero en los países industrializados (véase el gráfico 12). Es fundamental que se adopten medidas pronto. Si no se tiene éxito, habrá pocos incentivos para cumplir las próximas series de limitaciones de las emisiones, que los países en desarrollo deberán comprometerse a cumplir cada vez en mayor medida.
272. Hago un llamamiento a la Cumbre del Milenio para que promueva la adopción y la aplicación del Protocolo de Kyoto. En concreto, exhorto a los Estados cuya ratificación es necesaria para darle efecto a que adopten las medidas necesarias con la antelación suficiente para que el Protocolo pueda entrar en vigor a más tardar en el año 2002; sería una buena forma de celebrar los progresos logrados desde las Conferencias celebradas en Estocolmo, en 1972, y en Río, en 1992.
273. En otros ámbitos existen también graves problemas para los que aún distamos mucho de contar con soluciones adecuadas.
B. La crisis de los recursos hídricos
274. El consumo mundial de agua dulce se multiplicó por seis entre 1900 y 1995, es decir, aumentó más del doble que la población. Aproximadamente un tercio de la población mundial vive ya en países con déficit hídrico cuyo consumo supera en un 10% al suministro total de agua. Si continúan las tendencias actuales, en el año 2025 dos de cada tres habitantes de nuestro planeta se encontrarán en esa situación.
275. Las aguas subterráneas abastecen aproximadamente a un tercio de la población mundial. La explotación insostenible, pero en la mayoría de los casos inadvertida, de estos recursos hídricos es motivo de especial preocupación. La utilización de las aguas subterráneas en cantidades mayores de las que la naturaleza puede reponer está generalizada en partes de China, los Estados Unidos, la ex Unión Soviética, la India, México y la Península Arábiga. En algunos casos, las capas freáticas descienden entre 1 y 3 metros al año. En un mundo en que las tierras de regadío producen del 30% al 40% de los alimentos, esta cuestión es crucial para la seguridad alimentaria.
276. En algunas regiones del mundo existe ya una feroz competencia entre los países por la utilización del agua para regar y generar energía; es probable que la situación empeore debido al constante crecimiento de la población. Hoy en día, el Oriente Medio y el norte de África se ven gravemente afectados por la escasez de agua, pero en la próxima mitad de siglo se les unirá el África subsahariana, al duplicarse e incluso triplicarse su población.
277. La escasez de agua dulce no es el único problema que se plantea. Las escorrentías de fertilizantes y la contaminación química representan un riesgo para la calidad del agua y para la salud pública. Más de una quinta parte de los peces de agua dulce son vulnerables o se encuentran en peligro debido a la contaminación o a la modificación de su hábitat.
278. El problema inmediato más grave es que más de 1.000 millones de personas carecen de acceso al agua potable y la mitad de la humanidad no dispone de instalaciones de saneamiento adecuadas. En muchos países en desarrollo, los ríos que atraviesan las grandes ciudades están casi tan sucios como las cloacas. Esta situación tiene repercusiones devastadoras para la salud.
279. Se calcula que en el mundo en desarrollo el agua no apta para el consumo y las malas condiciones de saneamiento causan el 80% de las enfermedades. El promedio de muertes anuales por esta causa supera los 5 millones de personas, 10 veces más que las producidas por la guerra; más de la mitad de las víctimas son niños. Ninguna medida haría más por reducir las enfermedades y salvar vidas en los países en desarrollo que facilitar un acceso general al agua potable y a los servicios de saneamiento.
280. La Conferencia Ministerial del Foro Mundial del Agua, que se reunió en marzo de 2000, examinó un conjunto de objetivos realistas en el ámbito del agua y el saneamiento. Pido a la Cumbre del Milenio que haga suyos esos objetivos y los desarrolle en los próximos años.
281. En concreto, insto a la Cumbre a que adopte el objetivo de reducir a la mitad, de aquí al año 2015, la proporción de personas que carecen de un acceso sostenible a un suministro adecuado y económicamente asequible de agua potable.
282. Para frenar la explotación insostenible de los recursos hídricos deberán aplicarse estrategias de ordenación en los planos nacional y local. Las estrategias deberán comprender sistemas de fijación de precios que promuevan la igualdad y la eficiencia. Necesitamos una "revolución azul" de la agricultura encaminada a aumentar la productividad por unidad de agua y una mejor gestión de las cuencas hidrográficas y las llanuras aluviales. Pero nada de esto será posible si no se realizan campañas de sensibilización y movilización de la opinión pública para dar a conocer el alcance y las causas de las crisis actuales y futuras.
C. Defensa de los suelos
283. En principio, nada impide que nuestro planeta albergue a una población mucho mayor que la actual. Sin embargo, en la práctica, la distribución de las tierras fértiles y las condiciones favorables para la agricultura no coinciden con la distribución de la población. La creciente degradación de los suelos exacerba el problema. Casi 2.000 millones de hectáreas de terreno —superficie equivalente a la del Canadá y los Estados Unidos juntos— sufren una degradación de los suelos provocada por el hombre. Ello pone en peligro los medios de subsistencia de casi 1.000 millones de personas. Los principales causantes son la salinización producida por el riego, la erosión del suelo debida al pastoreo excesivo y la deforestación, y la desaparición de la diversidad biológica. Se calcula que el costo directo de este fenómeno, es decir los ingresos anuales que se dejan de percibir, asciende a más de 40.000 millones de dólares al año.
284. Cada año, 20 millones de hectáreas de tierra labrantía llegan a un nivel de degradación que impide la producción de cosechas o son absorbidas por la expansión de las ciudades. Sin embargo, se prevé que en los próximos 30 años se duplicará la demanda de alimentos en los países en desarrollo. Todavía quedan tierras que cultivar y que serán cultivadas, pero una gran parte de ellas son marginales y, por tanto, aún más susceptibles a la degradación.
285. El aumento de la productividad agrícola, impulsado por las variedades nuevas de plantas de gran rendimiento y una multiplicación por nueve del uso de fertilizantes, ha impedido que se conviertan en realidad las previsiones catastrofistas del decenio de 1970; sin embargo, en muchos casos ello ha entrañado un costo considerable para el medio ambiente. En el decenio de 1990 disminuyó drásticamente el ritmo del aumento de la productividad agrícola mundial y sus beneficios no llegaron nunca al África subsahariana. La inseguridad de la tenencia de la tierra es asimismo un grave impedimento para el incremento de la productividad agrícola y la ordenación de los suelos.
286. Entre tanto, se prevé que a mediados de siglo la población mundial habrá aumentado en más de 3.000 millones de personas y que el crecimiento más notable ocurrirá en los países donde ya se encuentran el número más elevado de personas con hambre y las tierras de labranza más explotadas.
287. Así pues, sobre la seguridad alimentaria del mundo se cierne una verdadera amenaza. Los científicos no pueden repetir los grandes avances en el rendimiento de los cultivos que lograron en decenios recientes, aumenta la degradación de los suelos, en muchos lugares disminuyen los beneficios derivados de la utilización de fertilizantes y la ampliación de los regadíos tropieza con graves limitaciones.
288. Es posible que los adelantos registrados en la biotecnología agrícola ayuden a los países en desarrollo a crear variedades de cultivos resistentes a la sequía, la sal y las plagas, pero todavía no se han evaluado totalmente sus efectos en el medio ambiente. Por otra parte, quedan muchas preguntas por responder, en particular las relacionadas con la seguridad de la biotecnología.
289. Me propongo organizar una red mundial de alto nivel de encargados de políticas públicas que se ocupe de éstas y otras cuestiones referentes a los riesgos y oportunidades que entraña el aumento de las aplicaciones de la biotecnología y la bioingeniería.
290. Naturalmente, no todos los países tienen que producir sus propios alimentos. Si la oferta es insuficiente puede recurrirse a importaciones de los países con superávit de alimentos, práctica que cada vez es más habitual. Sin embargo, dejando aparte la asistencia de emergencia, los déficit de producción de alimentos sólo se pueden resolver de esa forma cuando los países y poblaciones necesitados de alimentos tienen el poder adquisitivo necesario. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, no menos de 82 países carecen de recursos para adquirir alimentos.
D. Preservación de los bosques, las pesquerías y la diversidad biológica
291. El aumento de la población y el crecimiento económico siguen generando en todo el mundo una demanda aparentemente insaciable de productos forestales. Entre 1990 y 1995 los países en desarrollo perdieron unos 65 millones de hectáreas de bosques debido a la explotación excesiva, la conversión en terrenos agrícolas, las enfermedades y los incendios. Un factor importante de esa pérdida fue la elevada demanda de madera en los países industrializados.292. Con todo, el aumento de la demanda no tiene por qué intensificar la destrucción de los bosques. Pueden utilizarse métodos más eficaces para fabricar papel y productos derivados de la madera; el aumento del reciclaje permite conservar materiales y la edición electrónica ayuda a economizar papel. La reforestación permite atender las necesidades futuras de madera, contribuye a absorber el carbono de la atmósfera, reduciendo de esta forma el recalentamiento del planeta, y ayuda a contrarrestar las inundaciones y a prevenir la erosión de los suelos.
293. La necesidad de preservar la diversidad biológica llama menos la atención que la contaminación de las playas, los incendios forestales o la expansión de los desiertos. Sin embargo, es igualmente crítica, si no más. La conservación de la biodiversidad agrícola es fundamental para la seguridad alimentaria a largo plazo porque las plantas silvestres son fuentes genéticas de resistencia a las enfermedades, la sequía y la salinización.
294. La diversidad biológica no sólo es importante para la agricultura. Los medicamentos de origen vegetal permiten prestar atención primaria de la salud a más de 3.000 millones de personas y generan una actividad industrial que representa varios millones de dólares al año en todo el mundo. Sin embargo, en tanto aumenta la conciencia científica y comercial del valor de los medicamentos de origen vegetal, las plantas están cada vez más amenazadas. Según un estudio reciente de casi un cuarto de millón de especies de plantas, una de cada ocho está en peligro de extinción. También está amenazada la supervivencia de aproximadamente el 25% de las especies de mamíferos y del 11% de las especies de aves del mundo. Mientras sigan aumentando la deforestación, la degradación de la tierra y el agua y el monocultivo, seguirán aumentando las amenazas para la diversidad biológica.
295. Las pesquerías marinas siguen explotándose en exceso pese al gran número de acuerdos normativos en vigor. Las capturas de peces casi se han quintuplicado en los últimos 50 años y se ha alcanzado el límite, o incluso se ha rebasado, de casi el 70% de las pesquerías marinas. Las prácticas pesqueras no reguladas en que los denominados buques factoría, con frecuencia muy subvencionados por los Estados, acaparan toda la pesca, causan una sobreexplotación de las zonas pesqueras marinas y pueden llegar a destruir los medios de subsistencia de muchas comunidades pequeñas de pescadores, sobre todo en el mundo en desarrollo. Si bien es posible proteger las aguas costeras de las flotas pesqueras extranjeras no autorizadas, esas aguas están expuestas a otras amenazas. En muchas regiones, la creciente degradación de los arrecifes de coral amenaza a las poblaciones de alevines y reproductores. Como consecuencia de las actividades humanas, actualmente está en peligro más de la mitad de los arrecifes de coral del mundo.
296. La desaparición total de muchas zonas de pesca importantes es prueba patente de que hace falta un régimen de ordenación de los mares más sostenible y equitativo. La importancia de la conservación se reconoce cada vez más, pero esa tendencia sólo prosperará si los gobiernos y la industria pesquera obran aunadamente a esos efectos.
E. Una nueva ética de la gestión mundial
297. Las crisis ecológicas a que nos enfrentamos obedecen a numerosas causas, entre ellas la pobreza, la negligencia, la codicia y, sobre todo, los errores de gestión; son crisis que no tienen soluciones fáciles ni uniformes.
298. Además, todo parece indicar que van a producirse sorpresas ecológicas desagradables. Cabe recordar que en el programa de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano celebrada en Estocolmo en 1972 no figuraban ni el recalentamiento de la Tierra ni el agotamiento de la capa de ozono. Tampoco nadie hubiera predicho en 1970 que el costo de los desastres naturales aumentaría en un 900% entre los decenios de 1960 y 1990.
299. Es cierto que determinados avances tecnológicos hoy inimaginables podrían solucionar algunos de los problemas ambientales a que nos enfrentamos. Tal vez sea así, pero por lo menos deberíamos crear incentivos para que hubiera más probabilidades de que se produjeran, pues sería una insensatez dar por supuesto que van a producirse y dejar que las cosas siguieran su curso.
300. Así pues, la cuestión sigue siendo la de determinar nuestras prioridades. Yo recomiendo cuatro.
301. En primer lugar, es necesario poner un gran empeño en educar a la población. Es alarmante observar lo poco que sabe el público de los problemas a que nos enfrentamos. Cuanto más somos los que vivimos en las ciudades, aislados de la naturaleza, mayor es la necesidad de proporcionar información. Es preciso que los consumidores de todo el mundo comprendan que sus decisiones suelen tener consecuencias importantes para el medio ambiente.
302. Hasta ahora, una gran parte de la sensibilización a ese respecto ha corrido a cargo de las organizaciones cívicas. Casi en todo el mundo, las organizaciones no gubernamentales dedicadas al medio ambiente han defendido esas cuestiones con energía, dedicación y exiguos recursos en los debates públicos. Las escuelas y universidades también deberían desempeñar una función esencial en la sensibilización de la población; a este respecto, debería aumentar también la contribución de los propios poderes públicos.
303. En segundo lugar, debería modificarse fundamentalmente la importancia que se asigna a las cuestiones ambientales en los procesos de formulación de políticas. Los gobiernos suelen considerar el medio ambiente una esfera aislada, asignada a un ministerio de relativamente poca categoría. Ello es un obstáculo importante para el logro del desarrollo sostenible. Es preciso integrar mejor el medio ambiente en las políticas económicas generales. El modo más seguro de alcanzar esa meta es modificar los sistemas de cuentas nacionales para que empiecen a tener en consideración los costos y beneficios asociados al medio ambiente y a la larga lleguen a una contabilidad "verde".
304. Actualmente, cuando las fábricas producen bienes pero para ello vierten contaminantes en los ríos o en la atmósfera, en las cuentas nacionales se consigna el valor de los bienes pero no los gastos generados por los contaminantes. A largo plazo, esos gastos no cuantificados pueden superar considerablemente los beneficios a corto plazo que sí se cuantifican. Las políticas económicas sólo podrán garantizar un desarrollo sostenible, cuando se basen en unas cuentas más completas.
305. El sistema de contabilidad ambiental y económica integrada, formulado por primera vez por las Naciones Unidas en 1993, constituye una respuesta a este problema. En él, a las cuentas nacionales tradicionales se agregan cuentas relativas a los recursos naturales y la contaminación. Esta información adicional permite que los gobiernos formulen y vigilen más eficazmente las políticas económicas, dicten una normativa ambiental más eficaz, adopten mejores estrategias de gestión de los recursos y, además, utilicen con mayor eficiencia los impuestos y subsidios.
306. Aunque este sistema de contabilidad "verde" aún no es definitivo, ya lo han comenzado a emplear los gobiernos de varios países. El Gobierno de Filipinas empezó a usarlo en 1995 y unos 20 países más, tanto del Norte como del Sur, ya utilizan diversos elementos del sistema. Aliento a los gobiernos a que estudien atentamente el sistema de contabilidad "verde" y sopesen formas de incorporarlo en sus propias cuentas nacionales.
307. En tercer lugar, sólo los gobiernos pueden crear y aplicar normativas ambientales, así como alicientes en materia ambiental que repercutan favorablemente en los mercados. Por sólo citar un ejemplo, los gobiernos pueden hacer que los mercados trabajen en favor del medio ambiente reduciendo los centenares de miles de millones de dólares con que todos los años subvencionan actividades perjudiciales para el entorno natural. Otra opción consiste en recurrir en mayor medida a los "impuestos verdes", basándose en el principio de que "el que contamina paga".
308. El establecimiento de nuevos incentivos propicia también la aparición de industrias completamente nuevas dedicadas a lograr una mayor eficiencia energética y a poner en marcha otras prácticas favorables al medio ambiente. El éxito del Protocolo de Montreal, por ejemplo, ha creado un gran mercado para los frigoríficos y acondicionadores de aire que no representan un peligro para el ozono. Sería insensato pasar por alto el papel sumamente positivo que puede desempeñar el sector privado en la promoción del cambio en la esfera ambiental.
309. Por último, es imposible elaborar políticas ambientales eficaces que no se basen en una información científica fiable. Si bien en numerosos ámbitos ha mejorado mucho la reunión de datos, sigue habiendo grandes lagunas de conocimientos. En particular, nunca se ha realizado una evaluación general de los principales ecosistemas del mundo. La evaluación de los ecosistemas prevista para el inicio del milenio, importante iniciativa de colaboración internacional encaminada a determinar la salud de nuestro planeta, constituye una respuesta a esa necesidad y cuenta con el apoyo de muchos gobiernos, así como del PNUMA, el PNUD, la FAO y la UNESCO (véase el recuadro 10).
310. Insto a los Estados Miembros a que contribuyan a proporcionar el apoyo financiero necesario para llevar a cabo esa evaluación de los ecosistemas y a que intervengan activamente en ella.
311. Las diferentes regiones del mundo se enfrentan a diferentes problemas ambientales que exigen soluciones también diferentes. Pero los pueblos de nuestro pequeño planeta tienen al menos un punto de vista común sobre su difícil situación: quieren que los gobiernos hagan más para proteger su entorno natural. Lo piden para sí mismos, pero aún más para sus hijos y para el futuro del propio planeta. Habida cuenta de los extraordinarios riesgos a que se enfrenta la humanidad, el inicio del nuevo siglo no podría ser un momento más oportuno para que nos comprometiéramos ¾ tanto las personas como los gobiernos— a adoptar una nueva ética de conservación y gestión.
Recuadro 10 Por qué hace falta una evaluación de los ecosistemas del mundo al iniciarse el milenio
En los tres últimos decenios ha aumentado la conciencia de la amenaza que se cierne sobre los ecosistemas de que depende la vida humana, pero todavía carecemos de conocimientos detallados sobre la magnitud de los daños sufridos y sus causas. En algunos casos, por ejemplo en el de los datos sobre la calidad del agua dulce, tenemos menos información que hace 20 años debido a las reducciones que, con un criterio poco previsor, se hicieron en los programas de vigilancia ambiental.
Toda buena política ambiental debe basarse en datos científicos fiables. Para que los encargados de la formulación de políticas dispongan de datos de esa solidez, hace falta una evaluación mundial verdaderamente exhaustiva de la situación en que se encuentran los cinco ecosistemas principales: los bosques, los sistemas de agua dulce, las praderas, las zonas costeras y los agroecosistemas.
Mediante la evaluación que se propone se pretende precisamente conseguir ese objetivo. Se trata de una iniciativa del Instituto Mundial sobre Recursos, el Banco Mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, entre otros, que aprovechará y cotejará las fuentes de datos existentes y promoverá investigaciones nuevas con el fin de colmar las lagunas de conocimientos existentes.
La evaluación de los ecosistemas habrá de reportar beneficios importantes a muchos interesados. Proporcionará a las partes en las diversas convenciones internacionales sobre ecosistemas acceso a los datos que necesitan para evaluar los avances realizados en pos de las metas de las convenciones. Los gobiernos nacionales tendrán acceso a la información necesaria para cumplir los requisitos de presentación de informes estipulados en las convenciones internacionales. La evaluación fortalecerá la capacidad de aplicar políticas de gestión integrada de los ecosistemas y mejorará el acceso de los países en desarrollo a los datos mundiales. El sector privado se beneficiará porque podrá hacer previsiones mejor informadas. Asimismo, la evaluación proporcionará a las organizaciones cívicas la información que necesitan para exigir que las empresas y gobiernos cumplan sus obligaciones en materia de medio ambiente.
La evaluación de los ecosistemas es un ejemplo notable del tipo de cooperación internacional en las esferas científica y política que hace falta para promover la causa del desarrollo sostenible.