IV. Un mundo sin temor

189. El mundo se halla ahora en el quincuagésimo quinto año sin guerra entre las grandes Potencias, el período más prolongado de ese tipo en la historia de los Estados modernos. En la región de Europa que abarca ahora la Unión Europea -donde se inició la mayor parte de las guerras modernas- ha surgido una comunidad de seguridad, una asociación de Estados caracterizada por expectativas fiables de que las controversias se resolverán por medios pacíficos.

190. Además, hemos sobrevivido a casi cinco decenios de una guerra fría sostenida por un equilibrio nuclear del terror que nos podría haber aniquilado a todos instantáneamente. Algunos observadores han lamentado este cambio aduciendo que la bipolaridad era estable, previsible y ayudaba a mantener la paz. Sin embargo, esa apreciación es difícil de aplicar al mundo en desarrollo, donde la guerra fría fue un período de frecuentes conflictos armados alimentados por las dos partes de ese mundo bipolar. Una vez concluida la guerra fría dejó de existir esa fuente externa de apoyo político y material.

191. Al quedar libre de los grilletes de la guerra fría, las Naciones Unidas han podido, además, desempeñar una función más significativa. En el decenio de 1990 aumentaron tanto nuestras actividades de mantenimiento como de establecimiento de la paz: el número de acuerdos de paz negociados y firmados en ese decenio fue tres veces mayor que en los tres decenios anteriores.

192. La frecuencia de las guerras entre los Estados ha venido declinando (véase la correspondiente reducción del número de refugiados en el gráfico 6). La mundialización de la economía ha eliminado en gran medida los beneficios de la adquisición territorial, en tanto que ha aumentado el costo de la destructividad de la guerra moderna. La casi duplicación del número de democracias desde 1990 ha sido igualmente importante, por cuanto los Estados democráticos establecidos, por diversas razones, rara vez luchan entre sí en el terreno militar (véase el gráfico 7).

193. A partir del decenio de 1990, las guerras han sido principalmente internas. También han sido brutales, pues han cobrado más de 5 millones de vidas. Han violado, más que las fronteras, a los seres humanos. Los convenios humanitarios han sido quebrantados sin más ni más, los civiles y las personas que brindan ayuda se han convertido en objetivos estratégicos, y se ha obligado a los niños a que se conviertan en asesinos. Impulsadas con frecuencia por la ambición política o la codicia, esas guerras han explotado las diferencias étnicas y religiosas, y a menudo han sido sostenidas por intereses económicos externos y por un mercado mundial de armas hiperactivo y en gran medida ilícito.

194. Tras el fin de esos conflictos ha ido surgiendo una nueva comprensión del concepto de seguridad. En una época era sinónimo de la defensa del territorio contra los ataques externos, pero las exigencias de la seguridad han hecho que hoy en día abarque también la protección de las comunidades y los individuos de diversos actos internos de violencia.

195. La necesidad de aplicar criterios de seguridad más centrados en el ser humano es aún mayor debido al peligro permanente que plantean para la humanidad las armas de destrucción en masa, muy en especial las armas nucleares: su nombre mismo revela su alcance y sus objetivos, si alguna vez llegaran a utilizarse.

196. Para el futuro se vislumbra un claro riesgo de que el agotamiento de los recursos, especialmente la escasez de agua potable, así como varias formas graves de degradación ambiental, aumenten la tirantez social y política de una forma imprevisible y potencialmente peligrosa.

197. En suma, estos nuevos retos en la esfera de la seguridad nos exigen reflexionar con un espíritu innovador y adaptar nuestros criterios tradicionales a fin de satisfacer mejor las necesidades de nuestra nueva era. Pero hoy es más válido que nunca un precepto consagrado por la historia: antes que nada, prevenir.

 A. Prevención de los conflictos sangrientos

198. Hay un acuerdo casi universal en que más vale prevenir que curar, y que las estrategias de prevención deben centrarse en las causas básicas de los conflictos y no sólo en sus síntomas violentos. Con todo, no siempre el consenso va acompañado de medidas prácticas. A los dirigentes políticos les resulta difícil convencer a la opinión pública de sus países de las bondades de las políticas de prevención en el extranjero porque sus costos son palpables e inmediatos, en tanto que los beneficios -evitar determinados acontecimientos futuros dolorosos o trágicos- no tienen un efecto tan directo en el público. Por consiguiente, la prevención es, primero y antes que nada, un problema de dirección política.

199. Para prevenir los conflictos sangrientos, debemos comprender claramente sus causas. No todas las guerras son iguales y, por ende, no hay ninguna estrategia que sea eficaz en todos los casos. ¿En qué se diferencian las guerras que han azotado a los pueblos desde comienzos del decenio de 1990?

200. Varios conflictos graves del último decenio fueron guerras de sucesión posteriores al comunismo, en que dirigentes inescrupulosos explotaron las formas más primitivas del nacionalismo étnico, así como diferencias religiosas, para conservar o adquirir el poder. Algunos de esos conflictos ya han pasado a la historia -junto con esos dirigentes- y cabe esperar que ocurra lo mismo con el resto. La mayoría de las guerras de la actualidad son guerras entre pobres. ¿A qué se debe este fenómeno?

201. Los países pobres tienen menos recursos económicos y políticos para hacer frente a los conflictos. Carecen de la capacidad necesaria para hacer grandes transferencias financieras a grupos o regiones minoritarios, por ejemplo, y pueden temer que el aparato estatal no resista la imposición de medidas de autonomía. Ambos procedimientos, sin embargo, son de uso habitual en los países más ricos.

202. Esto significa que cada una de las medidas que he descrito en la sección anterior, cada una de las medidas adoptadas para reducir la pobreza y lograr un crecimiento económico de base amplia, es un paso adelante en pos de la prevención de los conflictos. En consecuencia, todos los participantes en las actividades de prevención de conflictos y de desarrollo -las Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods, los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil- deben enfrentar esos retos de una manera más integrada.

203. Pero podemos hacer más. En muchos países pobres en guerra la pobreza corre parejas con profundas diferencias étnicas o religiosas. Casi invariablemente los derechos de los grupos subordinados no se respetan lo suficiente, las instituciones de gobierno no incluyen debidamente a todos los grupos de la población y la distribución de los recursos favorece a las facciones dominantes.

204. La solución es clara, aunque sea difícil de poner en práctica: promover los derechos humanos, proteger los derechos de las minorías e instituir mecanismos políticos en que estén representados todos los grupos. Las heridas abiertas desde hace mucho tiempo no sanarán de la noche a la mañana. Tampoco se puede aumentar la atmósfera de confianza ni desarrollar el diálogo mientras se infligen nuevas heridas. No hay atajos ni soluciones rápidas: es necesario que cada grupo se convenza de que el Estado pertenece a todos.

205. Algunos conflictos armados de la actualidad son impulsados más por la codicia que por agravios. La guerra es costosa para toda la sociedad, pero sigue siendo rentable para algunos. En esos casos, suele estar en juego el control de los recursos naturales, con frecuencia hay drogas de por medio, los conflictos son auspiciados por vecinos oportunistas, y entre los cómplices pueden contarse elementos del sector privado que reciben utilidades mal habidas, ayudan en el blanqueo de dinero y propician un suministro constante de armas hacia las zonas de conflicto.

206. La mejor estrategia preventiva en ese contexto es la transparencia: dar a conocer los nombres de los culpables para que se avergüencen. A este respecto pueden desempeñar una función clave los actores de la sociedad civil, pero los gobiernos y el Consejo de Seguridad también deben ejercer su responsabilidad a ese respecto. A la vez, es indispensable que asuman una mayor responsabilidad social las empresas que desarrollan actividades en el ámbito mundial, incluidos los bancos.

207. Finalmente, toda buena estrategia de prevención exige que velemos por que no vuelvan a estallar viejos conflictos y por que se preste el apoyo necesario a la consolidación de la paz después de los conflictos. Es fuerza reconocer que en la mayoría de nuestras misiones no siempre recibimos ese nivel de apoyo.

208. Si bien la prevención es el elemento básico de nuestros intentos por promover la seguridad de los seres humanos, no podemos menos de reconocer que incluso las mejores estrategias preventivas y disuasivas pueden estar destinadas al fracaso. En consecuencia, tal vez se deba recurrir a otras medidas. Una de ellas sería reafirmar nuestra decidida protección de los sectores vulnerables.

 B. Protección de los sectores vulnerables

209. Pese a la existencia de numerosos convenios internacionales que tienen por objeto proteger a los sectores vulnerables, continúa el tratamiento brutal de los civiles en los conflictos armados, en particular de las mujeres y los niños. Las mujeres han pasado a ser especialmente vulnerables a la violencia y la explotación sexual, en tanto que los niños son fácil presa del trabajo forzado y con frecuencia se les obliga a convertirse en combatientes. La población y la infraestructura civiles se utilizan para ocultar operaciones de movimientos rebeldes y se han convertido en blanco de represalias y en víctimas de la caótica brutalidad que suelen hacerse presentes tras los descalabros de la autoridad estatal. En los casos más extremos, los inocentes se convierten en los principales objetivos de la depuración étnica y del genocidio.

210. Como norma, en los convenios internacionales se ha encomendado a los Estados la protección de los civiles, pero hoy en día esta expectativa es objeto de diversas amenazas. En primer lugar, a veces los Estados son los principales perpetradores de actos de violencia contra los propios ciudadanos que el derecho humanitario les pide que protejan. En segundo lugar, los combatientes que no son Estados, en particular en los Estados que se han destruido, suelen pasar por alto o despreciar el derecho humanitario. En tercer lugar, los convenios internacionales no se ocupan debidamente de las necesidades concretas de los grupos vulnerables, como las personas internamente desplazadas, o las mujeres y los niños, en las situaciones complejas de emergencia.

211. Para reforzar la protección debemos reafirmar el carácter central del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos. Debemos tratar de poner fin a la cultura de la impunidad; por ello es tan importante la creación de una Corte Penal Internacional. Debemos formular, además, nuevas estrategias para hacer frente a unas necesidades en constante evolución.

212. Entre los nuevos criterios que podrían aplicarse en esta esfera podría figurar la creación de un mecanismo que vigilara el cumplimiento, por todas las partes, de las disposiciones vigentes del derecho internacional humanitario. Se necesitan normas jurídicas más rigurosas para proteger a los trabajadores de las organizaciones humanitarias. Debería considerarse, además, la posibilidad de adoptar un convenio internacional que regulase la conducta de las empresas de seguridad privadas y colectivas, que participan cada vez en mayor medida en las guerras internas.

213. Un mayor uso de la tecnología de la información también podría ayudar a reducir los sufrimientos y el peso que las situaciones complejas de emergencia imponen a las personas afectadas por ellas; ejemplo de ello es un programa de reunificación de niños con sus padres, separados debido a guerras y desastres naturales (véase el recuadro 7).

214. De una cosa podemos estar seguros: si no protegemos a los vulnerables, nuestras iniciativas de paz serán a la vez frágiles e ilusorias.

  C. El dilema de la intervención

215. Al dirigirme a la Asamblea General el pasado mes de septiembre exhorté a los Estados Miembros a que trabajaran aunadamente en la búsqueda de políticas más eficaces para detener los asesinatos en masa organizados y las violaciones atroces de los derechos humanos. Aunque destaqué que toda intervención abarcaba una amplia gama de medidas, desde la diplomacia hasta la acción armada, esta última opción fue la que generó más controversia en el debate que sobrevino a continuación.

216. Preocupaba a algunos críticos que el concepto de intervención humanitaria pudiera llegar a encubrir la injerencia gratuita en los asuntos internos de Estados soberanos. Otros temían que alentara a los movimientos de secesión a provocar deliberadamente a los gobiernos a fin de que éstos cometieran violaciones graves de los derechos humanos y de esa forma desataran intervenciones externas que ayudaran a la causa de dichos movimientos. Otros señalaron que la práctica de la intervención rara vez era coherente, debido a sus dificultades intrínsecas, a su costo y a lo que se entendía como intereses nacionales, salvo que los Estados débiles tenían muchas más probabilidades de ser objeto de una intervención que los Estados fuertes.

 Recuadro 7

 Programa de reunificación de niños con sus padres: uso de la Revolución de la Información para hallar niños perdidos

En las guerras y los desastres naturales los niños suelen quedar separados de sus padres. Su reunificación puede constituir un problema enorme para los organismos de ayuda. El proyecto de reunificación de niños con sus padres, organizado por el Comité Internacional de Rescate, se formuló precisamente para resolver ese problema. A esos efectos se utiliza una base de datos común a la que pueden recurrir todos los organismos que tratan de reunificar en el terreno a los niños perdidos con sus padres. Los organismos pueden presentar datos y fotografías de niños no acompañados, así como solicitudes de búsqueda formuladas por los padres. Muchas búsquedas que antes tardaban meses pueden hacerse ahora en pocos minutos, ahorrando sufrimientos tanto a los niños como a sus padres.

Para que el programa de reunificación de niños con sus padres sea una realidad, todos los organismos de búsqueda de una región deben estar en condiciones de presentar y examinar los datos de niños perdidos de forma sistemática. La manera más fácil de lograrlo es, desde luego, por medio de la Internet, pero los conflictos armados rara vez ocurren en lugares con infraestructuras sólidas de comunicaciones o de acceso a la Internet.

En Kosovo, el Comité Internacional de Rescate creó, en Pristina, una red común, inalámbrica y por satélite, de la Internet (www.ipko.org). Todos los organismos de las Naciones Unidas, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, varias misiones nacionales y la mayoría de las organizaciones no gubernamentales están conectadas con la Internet 24 horas al día por medio de dicha red.

Como el costo marginal de esta tecnología es tan bajo, el proyecto puede permitir además que la universidad, los hospitales, las bibliotecas, las escuelas, los medios de información y las organizaciones no gubernamentales locales tengan acceso gratuito a la Internet. De esta forma, las organizaciones internacionales no sólo están estableciendo conexiones sólidas de comunicaciones y economizando dinero, sino que además contribuyen a apoyar a la sociedad civil de Kosovo y a construir una infraestructura a largo plazo de servicios de la Internet para Kosovo. El proyecto se ha entregado recientemente a una organización no gubernamental local independiente que ya es completamente autónoma.

El proyecto puede servir de modelo para futuras situaciones de emergencia humanitaria. Al construir una infraestructura común de servicios de la Internet, las organizaciones internacionales contarán con comunicaciones más seguras a muy bajo costo y podrán aprovechar el acceso común a las bases de datos y otras aplicaciones basadas en la Internet para aumentar la eficacia de su labor.

Cuando termine la crisis la infraestructura podrá permanecer en Kosovo y podrá capacitarse a la población local para que la mantenga.

217. Reconozco tanto la validez como la importancia de esos argumentos. Acepto también que los principios de soberanía y no injerencia ofrecen una protección fundamental a los Estados pequeños y débiles. Pero pregunto a los críticos: "Si la intervención humanitaria es, en realidad, un ataque inaceptable a la soberanía, ¿cómo deberíamos responder a situaciones como las de Rwanda y Srebrenica, y a las violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos que transgreden todos los principios de nuestra humanidad común?

218. Nos enfrentamos a un auténtico dilema. Pocos estarán en desacuerdo en que tanto la defensa de la humanidad como la defensa de la soberanía son principios que merecen apoyo. Desgraciadamente, eso no nos aclara cuál de esos principios debe prevalecer cuando se hallan en conflicto.

219. La intervención humanitaria es una cuestión delicada, plagada de dificultades políticas y sin soluciones fáciles. Pero sin duda no hay ningún principio jurídico -ni siquiera la soberanía- que pueda invocarse para proteger a los autores de crímenes de lesa humanidad. En los lugares en que se cometen esos crímenes y se han agotado los intentos por ponerles fin por medios pacíficos, el Consejo de Seguridad tiene el deber moral de actuar en nombre de la comunidad internacional. El hecho de que no podamos proteger a los seres humanos en todas partes no justifica que no hagamos nada cuando podemos hacerlo. La intervención armada debe seguir siendo siempre el último recurso, pero ante los asesinatos en masa es una opción que no se puede desechar.

 D. Fortalecimiento de las operaciones de paz

220. Al concluir el enfrentamiento de la guerra fría y la parálisis que había inducido en el Consejo de Seguridad, el decenio de 1990 se caracterizó por el gran activismo de las Naciones Unidas. En ese decenio se organizaron más operaciones de paz que en los cuatro decenios anteriores en total, formulamos nuevos criterios para consolidar la paz después de los conflictos y renovamos nuestro interés en la prevención de conflictos.

221. Si bien las operaciones tradicionales de mantenimiento de la paz se habían centrado principalmente en la vigilancia de los ceses del fuego, las complejas operaciones de paz de la actualidad son muy diferentes. Su objetivo, en esencia, consiste en ayudar a las partes en un conflicto a defender sus intereses por la vía política y no mediante ese conflicto. Con ese objeto, las Naciones Unidas ayudan a crear y reforzar las instituciones políticas y a ampliar su base. Trabajamos codo a codo con gobiernos, organizaciones no gubernamentales y grupos locales de ciudadanos para prestar socorro de emergencia, desmovilizar a los excombatientes y reintegrarlos en la sociedad, despejar minas, organizar y celebrar elecciones y fomentar prácticas sostenibles de desarrollo.

222. La asistencia internacional para reconstruir la economía es un complemento indispensable de esa labor. Todo grupo humano se desilusionará rápidamente de las nuevas instituciones, e incluso del proceso mismo de paz, si no ven ninguna perspectiva de mejoramiento material de su condición. La consolidación de la paz después de los conflictos ha contribuido a prevenir el posible descalabro de numerosos acuerdos de paz y a sentar las bases de una paz sostenible.

223. Podemos enorgullecernos de algunos éxitos notables de nuestras operaciones de paz del último decenio, comenzando con Namibia, a fines del decenio de 1980, e incluyendo a Mozambique, El Salvador, la República Centroafricana, Eslavonia Oriental, la ex República Yugoslava de Macedonia y, al menos parcialmente, Camboya. También hemos tenido fracasos trágicos, ninguno de ellos peor que Rwanda y la caída de Srebrenica y las otras zonas seguras de Bosnia. Las muchas razones de esos fracasos, incluidas las imputables a la Secretaría de las Naciones Unidas, se han analizado con franqueza y en considerable detalle en dos informes que presenté el año pasado.

224. Pero las debilidades estructurales de las operaciones de paz de las Naciones Unidas sólo pueden ser remediadas por los Estados Miembros. A veces nuestro sistema para poner en marcha las operaciones se ha comparado con un departamento de incendios compuesto de voluntarios, pero aun esa descripción es demasiado generosa. Cada vez que hay un incendio debemos conseguir primero los carros de bomberos y los fondos para utilizarlos antes de que siquiera podamos comenzar a apagar las llamas. El sistema actual depende casi enteramente de acuerdos especiales de último minuto que se traducen automáticamente en demoras respecto del envío de personal civil, incluso más que respecto del personal militar.

225. Aunque tenemos entendimientos con diversos Estados miembros respecto de fuerzas militares de reserva, la disponibilidad de las fuerzas designadas es imprevisible y muy pocas pueden desplegarse rápidamente. Lo limitado de los recursos nos impide, incluso, organizar rápidamente cuarteles generales para las misiones.

226. En cuanto a los componentes civiles, Kosovo y Timor Oriental nos han recordado claramente lo difícil que es contratar personal calificado para las misiones. ¿Dónde podemos obtener rápidamente funcionarios de policía, o jueces, o personal que administre instituciones correccionales, por no hablar más que de las necesidades en la esfera del mantenimiento del orden? También en este caso hace falta que se apliquen criterios más sistemáticos.

227. Para evaluar mejor la situación en que nos hallamos y la forma en que esperamos progresar con respecto a las operaciones de paz de las Naciones Unidas, he establecido un grupo de alto nivel que examinará todos los aspectos de las operaciones de paz, desde los doctrinarios hasta los logísticos. El grupo propondrá soluciones aceptables en el plano político y prácticas en el plano operacional.

228. Espero que el informe del grupo se termine de preparar con tiempo suficiente para que la Asamblea del Milenio examine sus recomendaciones.
 

 E. Selectividad de las sanciones

229. En el decenio de 1990 las Naciones Unidas establecieron más regímenes de sanciones que nunca antes. Las sanciones forman parte integral de las disposiciones de seguridad colectiva de la Carta y brindan al Consejo de Seguridad un instrumento importante para hacer cumplir sus decisiones, situadas entre la simple condena verbal y el recurso de la fuerza armada. Incluyen los embargos de armas, la imposición de restricciones comerciales y financieras, la interrupción de las relaciones por aire y por mar y el aislamiento diplomático.

230. El historial de las sanciones ha sido dispar en cuanto a lograr que se cumplan las resoluciones del Consejo de Seguridad. En algunos casos se ha hecho poco o nada por vigilar o imponer el cumplimiento de las sanciones. En muchos casos los países vecinos, que soportan gran parte de las pérdidas que entraña velar por dicho cumplimiento, no han contado con la ayuda del resto de la comunidad internacional, por lo que han permitido que se eludan las sanciones.

231. Cuando se imponen sanciones económicas enérgicas y generales a regímenes autoritarios se tropieza con otro problema. En esos casos suele ocurrir que sufra la población, y no las elites políticas cuya conducta motivó las sanciones inicialmente. De hecho, los que están en el poder suelen beneficiarse, perversamente, de esas sanciones porque pueden controlar el mercado negro y beneficiarse de él, así como utilizar las sanciones como pretexto para eliminar las fuentes internas de oposición política.

232. Las sanciones económicas han resultado ser un instrumento ciego e incluso contraproducente, por lo que algunos gobiernos, numerosas organizaciones de la sociedad civil y grupos académicos de todo el mundo han estudiado la forma de darles más eficacia circunscribiendo mejor sus objetivos. Suiza ha encabezado los esfuerzos por diseñar instrumentos de sanciones financieras de mayor especificidad, incluida la preparación de las leyes nacionales tipo necesarias para aplicarlas; por su parte, Alemania apoya la labor encaminada a dar más eficacia a los embargos de armas y otras formas específicas de boicoteo. El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y el Canadá han contribuido también al debate acerca de la manera de aumentar la selectividad de las sanciones.

233. La labor a este respecto ha avanzado al punto de que merecería ser examinada detenidamente por los Estados Miembros. Invito al Consejo de Seguridad, en particular, a que tenga presente esa labor al elaborar y aplicar los futuros regímenes de sanciones.

 F. Reducción de los armamentos

234. La era posterior a la guerra fría ha presenciado tanto adelantos como retrocesos en materia de desarme. La parte positiva es que han entrado en vigor la Convención de Ottawa que prohíbe las minas terrestres y la Convención sobre las armas químicas. Se ha concertado el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, se han reforzado las salvaguardias nucleares, y las zonas libres de armas nucleares abarcan ahora casi todo el hemisferio sur. Se ha reducido casi a la mitad el número de armas nucleares desde 1982, y entre 1990 y 1998 el gasto militar mundial se redujo en el 30%, aproximadamente (véanse los gráficos 8 y 9).

235. El resto del panorama es menos alentador. Se han hecho escasos progresos significativos en cuanto a limitar la proliferación de armas pequeñas. El régimen de no proliferación de las armas nucleares ha sufrido reveses importantes como resultado de programas clandestinos de armas nucleares, los ensayos nucleares del Asia meridional y la falta de disposición de Estados clave a ratificar el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares.

236. Los adelantos de la biotecnología están aumentando la amenaza que podrían plantear las armas biológicas, en tanto que se están prolongando innecesariamente las negociaciones relativas a un régimen de verificación de la Convención sobre las armas biológicas. Por tres años ya la Conferencia de Desarme de Ginebra no ha celebrado negociación alguna porque sus miembros no han podido llegar a acuerdo respecto de las prioridades del desarme.

237. No puedo pasar revista aquí a todo el espectro del control de los armamentos. En lugar de ello me concentraré en dos categorías de armas que revisten importancia especial: las armas pequeñas y las armas ligeras, porque actualmente matan a la mayoría de las víctimas de las guerras, y las armas nucleares, porque mantienen su aterradora potencialidad de destrucción en masa.

 Las armas pequeñas

238. Las muertes provocadas por las armas pequeñas son muy superiores a las provocadas por todos los demás sistemas de armamentos; casi todos los años superan con mucho la destrucción provocada por las armas atómicas que devastaron Hiroshima y Nagasaki. En términos de la matanza que provocan bien podrían describirse las armas pequeñas como "armas de destrucción en masa". Sin embargo, no existe aún un régimen mundial de no proliferación para limitar su propagación, como en el caso de las armas químicas, biológicas y nucleares.

239. La proliferación de las armas pequeñas no constituye tan sólo un problema de seguridad; es, además, un problema de derechos humanos y del desarrollo. La proliferación de las armas pequeñas mantiene y exacerba los conflictos armados. Pone en peligro a los trabajadores de mantenimiento de la paz y los trabajadores humanitarios. Menoscaba el respeto por el derecho internacional humanitario. Amenaza a los gobiernos legítimos pero débiles y beneficia tanto a los terroristas como a los delincuentes organizados.

240. Gran parte de los excedentes de armas pequeñas de la guerra fría fueron a dar a las zonas de conflicto más peligrosas del mundo, y, a medida que aumentaba el número de armas en circulación, su precio se fue reduciendo, lo que hizo mucho más fácil el acceso a ellas incluso en los países más pobres. A mediados del decenio de 1990, por ejemplo, había partes de África donde los mortíferos fusiles de asalto podían comprarse por el precio de una gallina o de una bolsa de maíz. Reducir los daños provocados por esas armas será difícil, entre otras cosas, por el número extraordinario de ellas que hay en circulación, que según algunas estimaciones asciende a 500 millones.

241. Se estima que entre el 50% y el 60% del comercio mundial de armas pequeñas es lícito, pero las armas exportadas lícitamente suelen ir a dar al mercado ilícito. El control efectivo de la proliferación se hace más difícil de lo necesario debido a la conducta irresponsable de algunos Estados y la falta de capacidad de otros, todo ello sumado a la cortina de secreto que oculta gran parte del comercio de armamentos. Para avanzar a este respecto, los Estados Miembros deben tomar medidas para aumentar la transparencia de las transferencias de armas. Insto a los Estados Miembros, además, a que apoyen las medidas de desarme regional, como la moratoria de la importación, exportación o manufactura de armas ligeras en el África occidental.

242. No obstante, aunque se eliminaran todas las transferencias de armas, subsistiría el problema que plantean los muchos millones de armas pequeñas ilícitas que ya se hallan en circulación en las zonas de guerra del mundo.

243. Por cuanto la mayoría de los países pobres afectados por los conflictos carecen de la capacidad necesaria para detectar y decomisar las armas ilícitas, parece mucho más útil recurrir a los incentivos del mercado. Los programas de recompra directa pueden simplemente estimular la importación de los países vecinos, pero los planes de reembolso no monetario ya han dado buenos resultados en Albania, El Salvador, Mozambique y Panamá. A cambio de las armas, los individuos pueden recibir máquinas de coser, bicicletas, azadones y materiales de construcción. Las comunidades, a su vez, pueden obtener nuevas escuelas, servicios de atención de salud y obras de reparación de caminos.

244. No solamente los gobiernos pueden y deben ayudar a financiar ese tipo de programas, también el sector privado puede y debe hacerlo. Esto sería particularmente apropiado en el caso de las grandes empresas internacionales que desarrollan actividades en las regiones afectadas por los conflictos.

245. El control de la proliferación de las armas ilícitas es la primera medida necesaria para lograr la no proliferación de las armas pequeñas. Esas armas deben ser controladas por los Estados, los que deben responder de su transferencia. Las Naciones Unidas han convocado una conferencia sobre el comercio ilícito de armas pequeñas y armas ligeras que se celebrará en 2001, a la que espero que se invite a participar plenamente a las organizaciones de la sociedad civil.

246. Insto a los Estados Miembros a que aprovechen esa conferencia para comenzar a adoptar medidas serias que limiten el tráfico ilícito de las armas pequeñas.

247. Las muchas expresiones recientes de preocupación por la proliferación de las armas pequeñas constituyen una buena señal de que se reconoce la importancia de la cuestión, pero las palabras no bastan para impedir que siga la matanza de personas inocentes. El diálogo es fundamental, pero la retórica de la preocupación debe ir acompañada de medidas prácticas.

  Armas nucleares

248. Me referiré ahora a las armas nucleares. Cuando el equilibrio bipolar del terror nuclear pasó a la historia, la preocupación por las armas nucleares también pareció desaparecer de la conciencia pública. Pero en los arsenales de las Potencias nucleares sigue habiendo unas 35.000 armas nucleares, miles de ellas aún en estado de alerta y listas para ser lanzadas. Cualquiera haya sido la razón de ser de esas armas, hace largos años que ha dejado de existir. Las limitaciones políticas, morales y jurídicas de su uso efectivo reducen todavía más su utilidad estratégica sin que se reduzca, sin embargo, el riesgo de una guerra o de proliferación por inadvertencia.

249. No contribuye a lograr el objetivo de la no proliferación nuclear el que los Estados poseedores de armas nucleares sigan insistiendo en que las armas en su poder aumentan la seguridad, en tanto que las que están en manos de otros son una amenaza a la paz mundial.

250. Si estuviéramos haciendo progresos constantes hacia el desarme la situación sería menos alarmante. Desgraciadamente ocurre lo contrario. No sólo se han estancado las conversaciones para reducir las armas estratégicas, sino que no hay negociación alguna que abarque los muchos miles de armas nucleares en existencia llamadas tácticas ni las armas de las Potencias nucleares que no sean la Federación de Rusia y los Estados Unidos de América.

251. Además, a menos que se preparen planes para desplegar defensas contra misiles con el acuerdo de todas las partes interesadas, peligrarán los progresos logrados hasta ahora para reducir el número de armas nucleares. La creación de una atmósfera de confianza es necesaria para dar seguridades a los Estados de que no se les denegará la capacidad de disuasión de sus armas nucleares.

252. Antes que nada, necesitamos una reafirmación de una firme determinación política, en los niveles más elevados, de reducir los peligros derivados tanto de las armas nucleares existentes como de su posible proliferación.

253. Para contribuir a centrar la atención en los riesgos que enfrentamos y en las oportunidades que tenemos de reducirlos, propongo que se considere la posibilidad de convocar una conferencia internacional importante para buscar formas de eliminar el peligro nuclear.