I. Introducción
1. En septiembre de 2005, los líderes mundiales pusieron
en marcha un proceso potencialmente histórico al resolver “consolidar
y actualizar el programa de trabajo de las Naciones Unidas de forma
que responda a las necesidades actuales de los Estados Miembros”. Para
ese fin pidieron a los Estados Miembros de las Naciones Unidas que
examinaran “todos los mandatos que [tuvieran] más de cinco años de
antigüedad que [dimanasen] de resoluciones de la Asamblea General y otros órganos”
1. A fin de facilitar el examen, pidieron al Secretario General que proporcionara
análisis y recomendaciones. El presente informe constituye el marco para la consideración
del tema por los Estados Miembros y proporciona las herramientas iniciales
para llevar a cabo la tarea. No contiene toda la gama de análisis de la labor
de la Organización que podría haberse hecho. A fin de complementar este análisis
inicial, la Secretaría está dispuesta a hacer propuestas adicionales más adelante2.
2. El proceso de examen va a la raíz misma de la Organización.
La adopción de
multitud de mandatos a lo largo de los 60 años de existencia de las Naciones
Unidas ha dado por resultado la estructura operacional y los programas que vemos
hoy día.
Muchas de esas estructuras no han cambiado, pese a las nuevas prioridades. Esto
hace que el examen se vuelva esencial, si se ha de mantener la eficacia de las
Naciones Unidas. Ya en 1954 se reconoció la necesidad de examinar periódicamente
la labor de la Organización.
3. Ese año —apenas nueve años después de fundada la
Organización— el Secretario
General Dag Hammarskjöld comprendió la importancia de “evaluar de nuevo
[, en consulta y con el acuerdo de los órganos interesados,] el papel que la
Secretaría
debe desempeñar en la forma más conveniente y constructiva posible en el cumplimiento
de los propósitos de la carta y [...] y decidir cuáles han de ser el alcance
y la naturaleza de las actividades que puede emprender con provecho”3. Atendiendo
a las decisiones adoptadas por la Asamblea General en su octavo período de sesiones,
Dag Hammarskjöld entendió que el Secretario General tenía “el manifiesto deber
de aconsejar y de emitir una opinión” sobre la labor de la Organización.
4. Dag Hammarskjöld llegó a tres conclusiones fundamental:
primero, que la contribución de la Secretaría a la labor de las Naciones
Unidas sería del mayor provecho
y su obra más duradera si sus actividades se complementaban y apoyaban
mutuamente; segundo, que “el carácter mismo de las funciones del Secretario General
y de sus colaboradores inmediatos impone límites a la tarea que puede cumplir
con cierta eficacia”; y tercero, que “los gobiernos, [...] suelen llegar al punto
de verse en dificultades para recibir y asimilar el cúmulo de documentos e información
que la Organización les proporciona”. Por consiguiente, consideraba que los órganos
intergubernamentales competentes debían distinguir entre los mandatos urgentes
y los menos urgentes.
5. Más de 50 años después, las observaciones de Dag
Hammarskjöld tienen más
validez que nunca. El proceso actual nos brinda una nueva oportunidad de ajustar
las aspiraciones que tenemos para nuestra Organización a las limitaciones prácticas
con que tropezamos, de manera que podamos responder a los problemas que enfrentamos.
No es una tarea fácil.
6. Hay muchas dificultades derivadas de la magnitud
de la tarea y de la falta de suficiente información sobre cada mandato
en que basar un examen completo. Para poder juzgar la forma en que
los mandatos contribuyen a la consecución de los propósitos
generales de la Organización se hará indispensable contar con información
estratégica sobre la eficacia de esos mandatos a medida que avancemos en la tarea
de revitalizar a las Naciones Unidas, haciendo de ellas una entidad realmente
responsable ante sus Miembros y asegurando que cumpla sus compromisos con los
pueblos del mundo.
7. Esta tarea y otros procesos en marcha, incluidos
los esfuerzos por reformar la gestión, el examen de la gobernanza y
la supervisión, el examen de la coherencia en
todo el sistema y la revitalización de la propia Asamblea General, habrán, por
muchos conceptos, de reforzarse mutuamente. La reforma de la gestión y una mejor
supervisión
ayudarán a la Secretaría a ejecutar los mandatos con mayor eficacia y a
asumir la responsabilidad de la tarea. De modo análogo, el estudio y las recomendaciones
relativos a la coherencia de todo el sistema señalarán el rumbo hacia un mecanismo
de funcionamiento más eficaz de todo el sistema de las Naciones Unidas.
Las decisiones de los Estados Miembros sobre la revitalización de la Asamblea
General habrán de influir en el programa de la Asamblea y, de este modo, también
en las resoluciones relativas a los distintos temas del programa y los mandatos
que aquéllas entrañen. En otras palabras, el proceso de revitalización proporcionará una
firme base sobre la cual los Estados Miembros podrán llevar a cabo el examen
de los mandatos.
8. A medida que avance esta tarea, la Secretaría
prestará apoyo
al proceso, de manera apropiada y con el mismo espíritu de colaboración,
para ayudar a la Organización
a adaptarse a las prioridades contemporáneas. Por esta razón, los Estados Miembros
tienen una oportunidad sin precedentes de fortalecer nuestra Organización y señalarle
un rumbo claro. He aquí una oportunidad que no deben pasar por alto.
____________________________________________
1 Véase la resolución 60/1, párr. 163 b).
2 El presente informe y el registro de los mandatos que lo acompaña son producto de la colaboración entre las entidades de ejecución de la Secretaría y otras partes del sistema de las Naciones Unidas en general. Este proceso ha brindado a estas entidades una oportunidad inestimable de reflexionar sobre los mandatos que ejecutan y formular sugerencias para futuras mejoras.
3 Véase la introducción a la novena memoria anual del Secretario General sobre la labor de las Naciones Unidas correspondiente al período 1° de julio de 1953 a 30 de junio de 1954 (A/2663), presentada a los Estados Miembros.
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