
Tercer Período de Sesiones Nueva York, 10 a 21 de mayo de 2004 |
|
|
DOCUMENTO DE ANTECEDENTES
LAS MUJERES INDÍGENAS HOY: EN PELIGRO Y UNA FUERZA DE CAMBIO
Las mujeres indígenas de hoy son difíciles de catalogar. Se las puede encontrar en distintos escenarios: en su medio natural de comunidades rurales, indígenas e independientes, sumidas en la pobreza de una reserva, en torres de apartamentos o tugurios de las grandes ciudades, o participando activamente, marcando el camino en una reunión intergubernamental. Desafortunadamente la mayoría de las mujeres indígenas de hoy aún se encuentran en peligro, ya sea por haber padecido la colonización largo tiempo atrás o por estar sujetas a las fuerzas actuales de la globalización. Pero donde quiera que se encuentren, son esenciales para la supervivencia de sus familias, comunidades y culturas.
Las mujeres indígenas que viven en los países en desarrollo enfrentan varias amenazas comunes: pobreza (con escasas o nulas posibilidades de acceder a la atención médica y a la enseñanza), conflictos armados, contaminación, explotación minera y forestal en gran escala, invasiones de mineros ilegales, gobiernos indiferentes, pérdida de sus tierras, y trata de personas, entre muchas otras más. Son las peor remuneradas, las que hacen los trabajos de menor categoría y, a menudo, son víctimas de discriminación, humillación y abuso sexual.
Actualmente, en todo el planeta, las poblaciones indígenas sufren presiones cada vez mayores como consecuencia de los conflictos armados, la globalización y la explotación de recursos naturales, lo que se traduce en la pérdida de las costumbres tradicionales, la migración fuera de las tierras indígenas, o la pérdida de estatus de las mujeres indígenas que viven en forma tradicional.
|
Las mujeres indígenas de todo el mundo, tanto aquellas que pertenecen a sociedades tradicionales como no tradicionales, coinciden en que uno de sus grandes temas de p reocupación es el efecto negativo que produce el hecho de que instituciones locales, estatales, intergubernamentales o civiles, las excluyan de los procesos para tomar decisiones que les afectan. Es muy importante la contribución de las mujeres indígenas en todos los niveles de negociación y planificación que estén relacionados con sus familias y comunidades, ya sea en tiempos de paz o en situaciones de conflicto. En general, el hecho de incluirlas se traduce en resultados mejores y más sostenibles ecológicamente, que preservan la salud de sus comunidades y su identidad cultural.
La pérdida de tierras conduce al trabajo explotador
En América Latina, miles de mujeres y niñas indígenas desesperadas y empobrecidas por haber perdido recientemente sus tierras, son víctimas fáciles del comercio sexual. A causa de la epidemia del SIDA, parte del turismo sexual ha abandonado Asia.
Actualmente, es un sector en crecimiento en América Latina. Después de Tailandia, se piensa que el Brasil ocupa ahora el segundo lugar del mundo en materia de trata de menores. Ciudad de Guatemala se ha convertido en un centro internacional de trata de personas, donde se trafica con niñas provenientes clandestinamente de toda América Central. Se calcula que la cantidad de menores brasileños que se prostituyen oscila entre 250.000 y hasta 2 millones. |
 Cuando las mujeres indígenas son víctimas de un delito, a menudo no reciben la misma protección legal, incluso en los países desarrollados donde se da por sentado el respeto a la ley y los derechos humanos.
En Kenya, 650 mujeres, la mayoría maasais, recientemente obtuvieron el derecho de demandar al Ministerio de Defensa británico por las violaciones supuestamente cometida por soldados británicos en un período de 30 años. Desde los años 70, las niñas y mujeres maasais denunciaban violaciones por parte de grupos de soldados británicos a las autoridades locales, quienes debidamente informaron a las autoridades británicas.
Nunca se tomó una medida punitiva. Ni tampoco hay muestras, hasta el momento, de que se hayan tomado medidas para detener las violaciones, que aparentemente han continuado hasta el año 2000. Muchas de las niñas, ahora mujeres adultas que tienen hijos mulatos, no son aceptadas por la comunidad y posiblemente no consigan esposo. |
Los cambios en la economía y los conflictos militares en América Latina han tenido consecuencias atroces para las mujeres y niños indígenas. La guerra ha desplazado a millones de personas. Cientos de miles de agricultores indígenas perdieron sus granjas cuando se cort a ron los subsidios estatales a la exportación de productos agrícolas debido a reestructuraciones o acuerdos comerciales. Las grandes empresas agroindustriales eliminan rápidamente la competencia de esos pequeños
agricultores, con lo que los campesinos indígenas sin tierra buscan trabajo en las ciudades o emigran a cualquier otro lugar.
En la zona brasileña del Amazonas, las minas de oro, la explotación forestal y la posibilidad de apoderarse de tierras han atraído a gran cantidad de colonos a regiones habitadas por indígenas, previamente desconocidas para otras personas. Una vez que los recién llegados se ponen en contacto con las comunidades indígenas y comienzan a pagar o intercambiar bienes con las niñas para tener relaciones sexuales con ellas, no pasa mucho tiempo hasta que esto se convierte en una forma aceptable de conseguir bienes y alimentos. En poco tiempo, algunos indígenas dejan de cultivar alimentos. Una sociedad tradicional que entra en contacto por primera vez con un gran grupo masculino de mineros puede verse perjudicada rápidamente y las más afectadas son las adolescentes, que generalmente se convierten en prostitutas.
Otras mujeres indígenas abandonan sus países de origen para buscar trabajo en las maquiladoras, fábricas de ensamblado que contratan mano de obra barata para montar partes y enviar el producto terminado a otro mercado. Las maquiladoras prefieren contratar mujeres porque se las puede hacer trabajar un horario más extenso, en peores condiciones y por menos dinero que los hombres. Pero también porque las mujeres son inmigrantes y no cuentan con fuertes lazos familiares que las protejan. Ha sido ampliamente documentada la violencia y discriminación que sufren las mujeres en las maquiladoras, donde son víctimas de humillación, acoso e intimidación sexual, agresiones sexuales, palizas, cacheos sin ropa, pruebas de embarazo forzadas, despido de las embarazadas y violencia contra las que organizan sindicatos.
La invasión de las multinacionales: las mujeres indígenas y la minería
Las últimas reservas de recursos naturales y las últimas grandes extensiones de tierra son a menudo el hogar de los indígenas. En busca del desarrollo económico, frecuentemente se ofrece a las empresas
multinacionales el acceso internacional a mano la de obra barata y los recursos naturales, incluida la propia tierra, de las zonas indígenas, con el fin de construir hoteles, centros turísticos y campos de golf y para desarrollar el ecoturismo y los parques en las reservas. En muchas regiones, se entrega la propiedad de la tierra a grandes compañías y se obliga a cientos de miles de indígenas a emigrar.
|
 Un legado de abuso Hoy en día, en Canadá, el abuso sexual de niños aborígenes alcanza proporciones críticas. En algunas comunidades de Canadá,hasta el 90% de los jóvenes que trabajan en el comercio sexual son aborígenes. En 2001, Save the Children, en colaboración con el gobierno canadiense, publicó: Vidas sagradas: los niños y jóvenes aborígenes canadienses dan su opinión acerca de la explotación sexual, un estudio sobre por qué sucede esto. Los autores hablaron con jóvenes de 22 comunidades que habían sido víctimas de explotación sexual.
Además de todos los problemas conocidos del sistema de internados, señalaron los efectos acumulativos del racismo endémico, y el quebrantamiento de sus culturas y vidas familiares combinado con factores tales como la pobreza y el acceso restringido a la educación.
El sistema de internados en Estados Unidos y Canadá fue diseñado para incorporar a los niños nativos en la sociedad dominante, pero dejaron otro legado a las comunidades indígenas, uno que ha demostrado ser inmensamente destructivo. Además de quebrantar el espíritu de los niños, alejándolos de sus madres, quitándoles sus idiomas, tradiciones y culturas, estas escuelas básicamente mantuvieron cautivos a generaciones de niños nativos y los hicieron víctimas de castigos físicos y abuso sexual, con completa impunidad y durante décadas. El sistema de internados continuó hasta los años 70.
Es imposible revertir el daño causado, y el abuso físico y sexual se repite y renueva en cada generación. Se ha afirmado que, actualmente, hay comunidades del norte en las que toda la población femenina ha sido atacada sexualmente por hombres que viven en las comunidades con ellas, sus hermanos, primos, tíos, padres y abuelos.
Algunos de los abusadores pueden ocupar posiciones de poder, donde es menos probable que se los responsabilice por sus actos. En estas condiciones, las mujeres pueden sentirse impotentes para lograr el cambio. |
Pero incluso, aun cuando se permite que la comunidad mantenga sus tierras, una compañía minera, una empresa multinacional o un proyecto de desarrollo interfiere con la comunidad y puede perturbar el delicado equilibrio del estilo de vida independiente de ésta, dando comienzo a un proceso de deterioro progresivo. Según la situación, la mujer indígena independiente, que es el principal medio para trasmitir la cultura y el idioma, puede perder rápidamente sus capacidades y volverse dependiente.
Las actividades mineras a gran escala introducidas en las comunidades de Papua Nueva Guinea y las Filipinas representan un ejemplo en este sentido. En una isla de Papua Nueva Guinea, las mujeres, que eran las propietarias tradicionales de la tierra, pasaron en pocos años de ocupar una posición casi igual a la de los hombres, a ser dependientes subordinadas con mayor carga de trabajo y sin ingresos, y en determinados casos, se convirtieron en víctimas de violencia en el hogar.
De “mujeres propietarias de la tierra” a “dependientes femeninas”
Antes de que comenzara la explotación minera en la isla de Misman, en 1989, las mujeres tradicionalmente heredaban y eran propietarias de la tierra y cumplían un importante papel en la vida pública, con un estatus prácticamente igual al de los hombres. Dado que se trataba de una cultura basada en la agricultura de subsistencia, los hombres se dedicaban a despejar la tierra para cultivar los grandes huertos que las mujeres administraban y cuidaban. El control sobre los cultivos otorgaba a las mujeres cierto grado de poder y control.
Cuando la compañía minera llegó a negociar la tierra, sus empleados decidieron tratar exclusivamente con los hombres de la comunidad, incluso cuando eran las mujeres las propietarias de la tierra. Esto tuvo como resultado que todos los derechos y alquileres que la compañía pagó más tarde, se abonaron directamente a los hombres, y las mujeres no fueron escuchadas a la hora de decidir cómo gastar el dinero. Repentinamente, los hombres tuvieron acceso al dinero y lo gastaron sin consultar a las mujeres.
La actuación de la compañía minera perjudicó directamente la producción de alimentos. En primer lugar, hubo menos árboles de donde extraer alimentos, pues se perdió la tierra destinada a la minería. En segundo lugar, dado que muchos hombres jóvenes, ávidos de dinero, se fueron a trabajar para la compañía, no quedaron suficientes hombres que despejaran nuevos terrenos para que las mujeres los cultivaran. Como las mujeres no podían producir más alimentos, necesitaban más dinero para comprarlos. Pero los hombres controlaban el dinero, con lo que podían gastarlo también en cerveza y bebidas alcohólicas.
Hoy en día, en la isla, con la introducción del dinero en efectivo y de los alimentos y bienes comercializados en las tiendas, los valores sociales se han deteriorado rápidamente. Las estructuras sociales tradicionales se han venido abajo, y se produjo una brecha generacional que ha hecho estragos en la posición social de las mujeres. Además, de la mano de las bebidas alcohólicas y del alcoholismo, ha llegado la violencia en el hogar y ha aumentado el porcentaje de divorcios.
La mina cerrará en uno o dos años. El desempleo crecerá, el dinero se agotará y el medio ambiente, rápidamente deteriorado, no se recuperará por sí solo. En el corto tiempo que la compañía minera ha estado en el lugar, las mujeres, que una vez fueron casi iguales, han pasado a ser subordinadas y dependientes de los hombres. Las mujeres no tendrán muchos medios para recuperar la posición perdida una vez que la empresa minera, con sus correspondientes puestos de trabajo, dinero y alimentos comerciales, deje la isla. Los resultados hubieran sido otros si se hubiese incluido a las mujeres en las negociaciones sobre el uso de su propia tierra.
De “mujer minera” a “ama de casa”
La historia en la cordillera de las Filipinas tiene similitudes y diferencias con la historia anterior. Durante generaciones, las mujeres y hombres indígenas han trabajado como pares en las actividades mineras a pequeña escala; pero ahora, en el marco de la explotación minera a gran escala, han sido empujados a buscar trabajo informal fuera de sus comunidades, con los resultados previsibles. Algunas mujeres deben quedarse en casa para cuidar a los niños, mientras que los hijos mayores van a trabajar en la ciudad para que la familia pueda llegar a fin de mes. Las mujeres que se quedan en casa han pasado a ser amas de casa, económicamente dependientes de sus esposos. Las fuentes de agua potable se han secado a causa de las actividades mineras, y las mujeres deben caminar largos trayectos para conseguir el agua necesaria para el hogar. A veces pierden horas haciendo fila, antes de volver a casa caminando un largo trayecto y con sus pesadas cargas.
De la mano del empleo ha venido el desempleo, y con éste nuevas formas de comportamiento antisocial característico de las grandes ciudades, como las apuestas y el alcoholismo. Muchos padres ya no pueden pagar los estudios de sus hijos, por lo que hay más jóvenes rondando en las calles. Otros padres trabajan en el extranjero. Dado que las madres tienen menos tiempo para estar con sus hijos, se están perdiendo las costumbres familiares. Las familias se desmoronan, y las comunidades indígenas, antes muy unidas y fuertes, se están debilitando. Cuando las mujeres encuentran trabajo, los sueldos son menores a los que perciben los hombres por la misma tarea. A veces consiguen trabajo como empleadas domésticas, en lugares donde a menudo son objeto de humillación y abuso sexual.
Antes, la situación era diferente. La familia minera tradicional, que perduró por tanto tiempo, era sostenible, equitativa, y
respetaba los valores y rituales culturales. La mujer minera tenía su propia fuente de ingresos, y ocupaba una posición social
prácticamente igual a la del hombre. En el ámbito de la agricultura, el trabajo también era cooperativo. Pero ahora, la
agricultura ya no es rentable: se secaron los campos de arroz a causa de los efectos de la explotación minera sobre la capa
freática.
La compañía minera no tuvo ningún inconveniente para apoderarse por completo de la tierra. En la época de la colonización, los indígenas no cre y e ron que fuese necesario un papel para demostrar que la tierra les pertenecía, por lo que, a diferencia de sus vecinos más preparados, nunca la re g i s t r a ron a su nombre. Hoy en día, las minas están agotadas, pero la compañía minera ha emprendido nuevas iniciativas: zonas de economía especial, ecoturismo, producción de agua mineral y división de terrenos en lotes, entre otras. El Gobierno todavía reconoce el derecho de la compañía sobre la tierra, por encima del derecho de los indígenas que siempre han vivido en ella.
Sin embargo, la resistencia indígena ha dado sus frutos en la cordillera, donde las mujeres han asumido desde siempre un papel activo en la lucha contra las actividades mineras a gran escala. En 1937 y 1962, las mujeres ibaloys y kankana-eys del municipio de Itogon lograron una compensación por la pérdida de cultivos ocasionada por el agotamiento de las fuentes de agua. Entre 1989 y 1997, se impidió que la compañía minera explotara minas a cielo abierto en cuatro nuevas comunidades.
Una vez que se conocieron los efectos negativos de la explotación minera a cielo abierto sobre los cultivos de arroz en agua, no se abrieron nuevas minas en la cordillera.
Las mujeres indígenas en las zonas de conflictos y su labor conciliadora
Hoy en día, mientras la atención del mundo se dirige hacia otros sitios, se han agravado los conflictos en zonas habitadas por indígenas en África, Asia y América Latina. En las colectividades asoladas por la guerra, es frecuente que sean las mujeres quienes mantienen en funcionamiento la sociedad. En la Declaración de Manila que se elaboró en el marco de la conferencia internacional sobre resolución de conflictos, establecimiento de la paz, desarrollo sostenible y pueblos indígenas (diciembre de 2000), los indígenas pusieron en claro su deseo de que las mujeres fueran incluidas en la toma de decisiones en todos los niveles, tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra.
Se está comenzando a reconocer mucho más el valor de las mujeres indígenas en la prevención de conflictos armados y en el establecimiento de la paz. Se están emprendiendo actividades para aprovechar su talento y habilidades naturales como mediadoras, y para encontrar lugares donde emplear su papel tradicional de mediación en operaciones multinacionales de mantenimiento de la paz.
En una reciente reunión de alto nivel en las Naciones Unidas, varias mujeres indígenas presentaron ponencias sobre el tema, junto con Estados Miembros del Consejo de Seguridad y funcionarios de las Naciones Unidas encargados del mantenimiento de la paz.
La Sra. Stella Tamang, presidenta del International Indigenous Wome n’s Caucus, dijo en la reunión que muchos, o incluso la mayoría, de los conflictos armados tienen lugar en zonas habitadas por indígenas. Mientras los conflictos cobran vidas inocentes y desplazan a miles de familias, nadie ve cómo las mujeres indígenas protegen a los ancianos, enfermos y niños en su país, Nepal. Las mujeres están “clamando y gritando, pero nadie las escucha o ve”. En los conflictos armados, dominados y llevados adelante por hombres, se enfrentan, a su entender, las características masculinas tradicionales: fuerza física, poder, furia, avaricia y odio; contra las características femeninas: amor, afecto, perdón y tolerancia.
En el conflicto que tiene lugar actualmente en Nepal, destacó que las mujeres desempeñan papeles importantes como mediadoras, negociadoras y luchadoras. Dado que muchos hombres han sido enviados al extranjero, las mujeres nepalesas ya no se ocupan solamente de los cuidados, los alimentos y la protección: se han convertido en negociadoras entre las fuerzas de seguridad gubernamentales y los rebeldes, por el bien y la supervivencia de sus familias, cuyos jefes de familia son, en muchos casos, las propias mujeres.
Concluyó diciendo que las mujeres indígenas, provenientes de distintas tradiciones, son excelentes mediadoras y resuelven
naturalmente los conflictos:
a las mujeres tamangs de Nepal se les enseña desde su nacimiento a mediar con los integrantes de la familia y con otras familias. Tienen que esforzarse mucho para ello, hasta cocinan comidas especiales y realizan rituales.
En las Filipinas, las mujeres maranaos usualmente desempeñan el papel de mediadoras en las situaciones conflictivas. Dondequiera que haya un conflicto familiar, siempre es una mujer la que soluciona los problemas fundamentales y acerca a las partes para que lleguen a un acuerdo. Las mujeres son muy respetadas y tienen influencia en la comunidad.
En la tribu Arumanen Manobo de las Filipinas, se envía a las mujeres como emisarias ante los adversarios, para
solucionar los conflictos. Las mujeres ven el papel de mediar y resolver conflictos como una responsabilidad importante que tienen para con su comunidad, y la asumen incluso poniendo en riesgo sus propias vidas. Pero en general, tienen éxito y evitan que los conflictos se agraven.
Entre los pastores maasais del África Oriental, las mujeres, y en especial las madres de los guerreros, son tan veneradas que ningún guerre ro podría hacerles daño. Las mujeres maasais a veces se quitan las faldas inferiores para demostrar su debilidad y conmiseración con ambas partes. Las mujeres, e incluso a veces las niñas, contribuyen a menudo a restaurar la paz en una situación conflictiva.
En las comunidades samburu y maasai, nunca se ataca a las mujeres, niños y ancianos en los conflictos armados. El
gesto de cortar pasto, un elemento de gran valor, y alzarlo al aire, significa que se solicita un alto al combate.
Si bien la mediación de las mujeres no siempre soluciona un conflicto, a menudo contribuye a preparar el terreno para calmar la situación y permitir que se lleven a cabo negociaciones. Además de mediar, la Sra. Tamang aclaró que las mujeres son también excelentes negociadoras, y que se las debería incluir, tanto en el ámbito nacional como internacional, en las negociaciones de paz. También solicitó que se las prepare para participar en procesos de paz más oficiales.
Carmen Jerez, directora de la Red Educativa Ambayata (Ecuador), informó sobre las situaciones de conflicto que afectaban a las comunidades indígenas de América Latina. Dijo que las mujeres indígenas no querían ser sólo víctimas que miraban cómo se asesinaba a sus hijos, esposos, familiares, cómo se las obligaba a dejar sus territorios y a recomenzar una vida en ciudades y países que miraban con indiferencia su situación y las llevaban a una marginalización total. Las mujeres indígenas no pueden seguir siendo invisibles.
Dijo que las “grandes potencias” pensaban que los indígenas eran un obstáculo para el desarrollo, pero que había que recordar que para los indígenas, y especialmente para las mujeres, la Madre Tierra “Pachamama” les era solamente prestada mientras tenían vida y que debían cuidarla para las futuras generaciones.
Las mujeres indígenas, afirmó, no quieren esperar a que se repita una y otra vez la tragedia de la guerra. Por este motivo, están deseosas de participar en toda clase de negociaciones para prevenir los conflictos, resolverlos y mantener la paz luego de los mismos. En América Latina, ya han demostrado que tienen la capacidad de hacerlo de forma muy efectiva, y su participación se basa en el diálogo intercultural que promueve el respecto a la pluralidad.
Un final feliz para los tamangs
Las fábricas de alfombras de Katmandú están repletas de niñas tamangs; a causa de su belleza, de todas las mujeres nepalesas en el comercio sexual del Asia meridional, la mitad son tamangs. En Nepal, hoy en día, los tamangs son una minoría que re p resenta tan sólo el 4% de la población, y que se encuentra marginada y excluida. Históricamente, siempre han vivido en las montañas, a lo largo de la frontera tibetana, y cuentan con una tradición cultural muy rica
que comprende un idioma bastante distinto al nepalés. La sociedad es patriarcal y, en los malos tiempos, las mujeres y niñas son las que más sufren.
Los tiempos no son buenos hoy en día, en Nepal. Más de la mitad de la población vive por debajo de la línea de pobreza; el 42% de los niños de entre 5 y 14 años trabaja para ganar un sustento adicional para sus familias.
Cuando Stella Tamang descubrió cuántas niñas tamangs trabajaban en las fábricas de alfombras de Katmandú, abrió una escuela, la Bikalpa Gyan Kendra (Centro Alternativo de Aprendizaje) para ayudarlas a adquirir habilidades que pudieran usar para ganar dinero en sus pueblos natales. Su objetivo era enviar a las niñas de vuelta a sus pueblos, con opciones económicas que les permitieran mantener su dignidad e independencia y, al mismo tiempo, preservar la cultura tamang. En la escuela se inscribe a alumnas de 13 a 17 años, para que hagan un curso de 18 meses como internadas. Entre los temas tratados en el programa figuran: agricultura sostenible, jardinería comercial, trabajos artesanales tradicionales como telar, tejido y cestería, cómo manejar una tienda pequeña o una guardería infantil, y resolución de conflictos. Luego de aprender a hacer los trabajos artesanales tradicionales, como el tejido o el telar, las estudiantes dirigen una pequeña tienda donde venden sus productos. La Sra. Tamang lo describe como: “un programa para aprender y ganar dinero, porque si las estudiantes no pueden ganar dinero, sus padres no las envían a la escuela”.
Las egresadas han comprobado que pueden regresar a sus pueblos e iniciar empresas con la ayuda del microcrédito, o que pueden continuar su educación formal y seguir carreras como enfermería o magisterio. En la escuela, algunas estudiantes se entusiasmaron con el espíritu empresarial y organizaron una guardería infantil para los numerosos niños tamangs de Katmandú que necesitaban ser cuidados mientras sus madres trabajaban en las fábricas de alfombras. Ahora, las madres trabajadoras tamangs tienen un lugar donde dejar a sus hijos, y las propias muchachas tamangs están ganando dinero.
Lamentablemente, la Sra. Stella Tamang ha comprobado que, a pesar del éxito de su escuela y sus alumnas, todavía debe luchar contra la cultura tamang tradicional. A veces, las familias no confían, y piensan en el sacrificio financiero de enviar a sus hijas a la escuela, en lugar de mandarlas a la fábrica de alfombras o al burdel. No creen en la promesa de que sus hijas van a estar seguras y felices, y no creen en las promesas de lograr su independencia económica y un futuro mejor. Pero el éxito no se destruye fácilmente.
Las mujeres indígenas de cara al futuro
Motivadas por su necesidad de preservar y proteger, la mujeres indígenas han participado en la escena internacional durante décadas, asistieron a las conferencias internacionales que comenzaron a atraer la participación de los indígenas, como la Cumbre para la Tierra de Río en 1992 y la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena en 1993, y participaron en la Conferencia sobre la Mujer en Beijing en 1995 y en el período extraordinario de sesiones de seguimiento de la Asamblea General en 2000. A medida que las voces indígenas se escuchan más claramente en las Naciones Unidas, también lo hacen las voces de las mujeres indígenas, que logran que se las escuche mejor y en forma diferenciada de los indígenas y de las mujeres en general. Ahora que el Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas funciona plenamente, las mujeres indígenas reciben el apoyo
institucional tan necesario para llamar la atención sobre las necesidades de este grupo especialmente vulnerable.
Contacto para prensa: Ellen McGuffie, Sección de Desarrollo, Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas: (212) 963-0499; mediainfo@un.org.
Secretaría del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas: (917) 367-5100; en Internet: www.un.org/esa/socdev/pfii.
Publicado por el Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas — DPI/2335B — mayo 2004
Preparado y mantenido en español por la Sección del Sitio Internet de la ONU de la División de Noticias y Medios de Información del Departamento de Información Pública © 2004
|