Tercer Período de Sesiones
Nueva York,
10 a 21 de mayo de 2004
    
    
   



Comunicado de prensa
HR/4668

19/05/2003

Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas
Segundo período de sesiones
Sesiones 11ª y 12ª (mañana y tarde)

Declaraciones

MILILANI TRASK, miembro del Foro procedente de los Estados Unidos, presentó el tema de la salud y recalcó que era el área más importante del mandato del Foro. ¿De qué serviría alcanzar las más altas cotas en términos de derechos humanos, educación o desarrollo económico si los niños indígenas no sobrevivían? La salud de los pueblos indígenas de todo el mundo se estaba viendo considerablemente afectada por factores como la mundialización, los contaminantes orgánicos persistentes y la pérdida gradual de la diversidad biológica.

Los términos "grupo étnico" y "pueblo indígena" no proporcionaban la información necesaria para elaborar los programas de salud que hacían falta. Había que recurrir a determinados indicadores estadísticos, como por ejemplo la "identidad étnica", si bien este indicador englobaba también datos sobre los inmigrantes y los refugiados. La oradora recomendó que se hiciera referencia a los pueblos indígenas atendiendo a criterios étnicos, a la pertenencia a una colectividad tribal o al idioma.

PATRICIA SUSANA RIVERA REYES, de la Consultoría de los Pueblos Indígenas en el Norte de México, afirmó que los pueblos indígenas eran el estrato más vulnerable de la sociedad mexicana. No se habían adoptado medidas de salud para ayudarlos ni se prestaba atención a sus problemas. En las comunidades indígenas rurales, la población seguía muriendo de enfermedades que en las ciudades estaban controladas desde hacía años. Los niños no recibían la asistencia médica a la que tenían derecho y las mujeres morían de cáncer de mama y de cuello del útero, entre otras dolencias. Los trabajadores agrícolas sufrían graves problemas de salud a causa de los pesticidas y otros peligros.

En vista de todo ello, el Foro debería recomendar que el Gobierno mexicano respetara lo dispuesto en el Convenio No. 169 sobre salud y seguridad social; que la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizara un estudio sobre los problemas de salud en México, y que la Secretaría de Salud de México promoviera la medicina tradicional y otras prácticas alternativas y que suministrara el material necesario para llevar a cabo esa labor.

TRINA MIISAAQ LANDLORD, de la Alaska Federation of Natives, señaló que el impacto del suicidio en las comunidades rurales era devastador. De los más de 98.000 indígenas que vivían en Alaska, el 33% eran jóvenes. Entre 1990 y 1994, se habían producido 46 suicidios al año en la población indígena. Los indígenas de Alaska de 12 a 17 años de edad eran el grupo con la mayor tasa de consumo de alcohol de los Estados Unidos, dato que sugería una posible relación entre el suicidio y el abuso del alcohol.

En octubre de 2002, la Alaska Federation of Natives organizó una conferencia estatal de jóvenes y mayores sobre el bienestar. A la conferencia acudieron jóvenes y ancianos, que intercambiaron conocimientos e ideas sobre el bienestar y trataron de encontrar soluciones al problema del abuso del alcohol y las drogas. Los asistentes aprobaron resoluciones sobre el compromiso de no consumir alcohol ni drogas, fijaron objetivos y decidieron mantener abierta la comunicación entre individuos, familias y comunidades.

En nombre de su organización, la representante recomendó a las Naciones Unidas que apoyaran a las comunidades indígenas creando programas para la prevención del suicidio adaptados a cada cultura y que reflejaran los valores indígenas para tratar las causas fundamentales del comportamiento autodestructivo, proporcionaran un foro para tratar la prevención del suicidio y determinaran las medidas necesarias para mejorar y promover la salud.

WENDAL NICHOLAS, representante de la Unión Mundial de Ciegos, declaró que el objetivo de la Unión era luchar en todo el mundo por los derechos humanos de los invidentes y los que sufrían de una disminución de la vista, en especial en los países en desarrollo, y señaló que la Organización Panamericana de la Salud había publicado datos sobre la relación entre la pobreza infantil y la violencia. Los más afectados eran los niños de 3 a 5 años de edad. Según la OMS, el 60% de los invidentes del mundo vivían en el África subsahariana, China y la India. La Unión Mundial de Ciegos instó al Consejo Económico y Social a que organizara una reunión del Comité de los Derechos del Niño, la OMS y la Organización Panamericana de la Salud para idear estrategias que abordaran estos problemas.

ELIA YANOMAMI, representante de la Sociedad para la Defensa de los Pueblos Amenazados (Venezuela), afirmó que los yanomami de Venezuela padecían paludismo endémico. Algunos indígenas vivían en lugares remotos donde no había atención médica. Habida cuenta de que los yanomami tenían muchos problemas de salud, pidió a las organizaciones presentes en el Foro y al Gobierno de Venezuela que ayudaran y apoyaran a su pueblo.

KENT LEBSOCK, de la American Indian Law Alliance, explicó que el bajo ingreso per cápita, las enormes desigualdades en la distribución de la riqueza y los deficientes servicios médicos en las comunidades indígenas hacían casi imposible proporcionar atención médica moderna y de calidad a quienes más la necesitaban. El VIH/SIDA no hacía distinciones y era ya algo que los indígenas tenían en común con el resto del mundo. En el África subsahariana, por ejemplo, 10 millones de jóvenes de 15 a 24 años y casi 3 millones de niños menores de 15 años vivían con el VIH.

El orador recomendó que el Fondo Mundial de las Naciones Unidas de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el Paludismo y el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) entraran a formar parte del Grupo Interinstitucional de Apoyo al Foro y abordaran en sus programas las cuestiones indígenas y los derechos de los indígenas y sus necesidades no atendidas en materia de salud. Además, manifestó que el Fondo debería dar acceso a sus recursos a las organizaciones no gubernamentales indígenas, que eran las más capacitadas para atender las necesidades de prevención y tratamiento de las comunidades indígenas. Por su parte, el ONUSIDA debería recomendar a los organizadores de la Conferencia Internacional sobre el SIDA que dieran prioridad a los expertos, científicos, médicos, líderes tradicionales y activistas locales e indígenas que luchaban contra con el VIH/SIDA en sus comunidades.

ROY LAIFUNGBAM, del Centre of Organization, Research and Education (CORE), señaló que la salud de la población de la zona nororiental de la India había empeorado rápidamente en el último decenio. Sin embargo, muy poco era lo que se estaba haciendo para eliminar las causas del problema, agudizado por los desplazamientos masivos y los conflictos armados de la región, cada vez más graves. Además, la mundialización había tenido importantes repercusiones en la salud de los indígenas porque había hecho que el costo de los medicamentos y de la atención médica aumentara, que el sistema de salud pública se desmoronara y a que la población dependiera cada vez más de la atención médica privada.

El representante recomendó que el Foro mantuviera contactos más estrechos y sostenidos con los pueblos indígenas en cuestiones de salud ayudando al Committee on Indigenous Health a fomentar la interacción con médicos y curanderos tradicionales, y reuniera información sobre los sistemas y prácticas de salud indígenas con el fin de reconocerlos y legitimarlos. Además, el Foro debería proponer que los órganos competentes de las Naciones Unidas prestaran atención prioritaria a los aspectos de los conocimientos indígenas sobre salud relacionados con el género y a la salud reproductiva de las mujeres indígenas, asignando especial importancia a la nutrición prenatal y de los adolescentes, y al VIH/SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual.

KEITH COIN (Canadá) señaló que los niños indígenas de su país enfrentaban enormes problemas de salud, que seguían siendo una prioridad para el Gobierno. En octubre de 2002, el Gobierno canadiense había anunciado una nueva estrategia federal para el desarrollo del niño en la primera infancia centrada en los niños indígenas, que constituía un gran paso adelante para cumplir su compromiso de mejorar la calidad de vida de los pueblos indígenas.

El Gobierno del Canadá también había asignado 25 millones de dólares, que se desembolsarían en el plazo de dos años, la adopción de medidas para reducir el síndrome de alcoholismo fetal y sus efectos en las comunidades de las Primeras Naciones. En el ámbito federal, el Gobierno estaba tomando iniciativas para la prevención del suicidio juvenil y, en el presupuesto de febrero de 2003, había previsto destinar 1.300 millones de dólares al mejoramiento de los sistemas de salud de los inuit y de las Primeras Naciones.

La representante del Boarding Schools Caucus instó a los Estados a que tomaran medidas contra los abusos en los internados. Según explicó, en el siglo XIX, se había forzado a los amerindios a abandonar sus hogares para asistir a escuelas de internado cristianas, donde se les obligaba a convertirse al cristianismo y a hablar inglés. Nada se hizo para combatir ese abuso hasta finales de la década de 1980. En los internados, los indígenas eran víctimas de violencia sexual, física y emocional. Los reglamentos de los internados violaban numerosas normas internacionales de derechos humanos. Era evidente que las comunidades indígenas seguían sufriendo las devastadoras consecuencias de esas medidas, consecuencias que correspondía a los Estados abordar.

Un representante de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador señaló que en su país se impedía a los indígenas participar en el Ministerio de Salud Pública. Insistió en que los jóvenes, en particular, deberían poder formular recomendaciones a los Estados y que sus recomendaciones deberían ser tenidas en cuenta. Su país tenía un director nacional de cuestiones de salud indígena. Los pueblos indígenas tenían derecho a conservar sus prácticas de atención de la salud, así como a llevar una vida sana y estar protegidos de la contaminación.

El representante de México declaró que su Gobierno había puesto en marcha un programa de nutrición y asistencia médica para los pueblos indígenas. Existía, además, un programa especial que promovía la medicina tradicional y prestaba particular atención a las personas que necesitaban servicios especiales. Era posible que los programas ejecutados en el pasado tuvieran defectos y el país debía aprender de sus errores. El Estado estaba trabajando para establecer una nueva relación con los pueblos indígenas promoviendo normativas y programas que tuvieran en cuenta sus preocupaciones. A tal fin y con ánimo de sustituir a las estructuras anteriores dedicadas a los pueblos indígenas, se había creado una nueva Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

La representante del Centro de Estudios Ayuranos (Bolivia) afirmó que hablar de salud era hablar de los pueblos indígenas, porque la malnutrición, la mortalidad y la morbilidad les afectaban muy directamente. La esperanza de vida de los pueblos indígenas de Bolivia se había reducido a entre 30 y 40 años. Durante siglos se habían despreciado y subvalorado las prácticas de salud de los indígenas. No obstante, los pueblos indígenas habían continuado usando sus propios medicamentos, ya que ello era parte de su identidad. La oradora recomendó que las normativas en materia de salud establecidas por los Estados se inspiraran en los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas.

DONNETTE C. CRITCHLOW (Guyana) declaró que se habían hecho progresos encomiables en la integración de los amerindios en la sociedad guyanesa. Sin embargo, eso no significaba que la vida de los amerindios en Guyana estuviera exenta de dificultades. En el sector de la salud de Guyana se planteaban problemas para prestar servicios médicos, situación que se agravaba en el caso de los amerindios debido a la dispersión de los asentamientos, las dificultades del terreno y el elevado costo de la ejecución de proyectos en el interior de Guyana. Pese a todo, el Gobierno estaba trabajando para solventar esas dificultades y había establecido cada vez más centros de salud comunitarios y dispensarios para proporcionar tratamiento médico a los residentes de las comunidades del interior. La oradora añadió que el agua y el saneamiento eran elementos esenciales para la salud de las comunidades. Se estaban excavando pozos y construyendo instalaciones de saneamiento para contribuir a la protección de la salud en Guyana. La participación de las comunidades en los proyectos era una señal alentadora. En marzo, dos estudiantes amerindios habían formado parte de la delegación de Guyana que asistió al Tercer Foro Mundial sobre el Agua.

LES MALEZER, representante de la Foundation for Aboriginal and Islander Research Action, consideraba que la OMS tenía que esforzarse más por integrar a los pueblos indígenas en sus actividades. En particular, recomendó que se mejoraran la comunicación y las relaciones de colaboración entre las oficinas regionales de la OMS y los pueblos indígenas.

En la década de 1950, los Gobiernos británico y australiano habían efectuado ensayos nucleares en la zona de Woomera, en el estado de Australia meridional. Los ensayos se realizaron en tierras de aborígenes, a pesar de que los indígenas que allí vivían quedaron expuestos a la precipitación radiactiva. Muchos de los propietarios tradicionales de esas tierras habían muerto de cáncer después de los ensayos nucleares y en la zona todavía se seguían padeciendo los devastadores efectos de la radiación. Además, el Gobierno australiano había tomado recientemente la decisión de verter desechos tóxicos en tierras aborígenes sin contar con el correspondiente consentimiento previo y fundamentado, lo cual ponía en peligro la salud de los indígenas australianos y sus descendientes.

TRACY WHARE, miembro del consejo de administración del Aotearoa Indigenous Rights Trust (Nueva Zelandia), solicitó que el Foro Permanente pidiera que se preparara un informe urgente sobre los casos de suicidio entre los jóvenes indígenas. Eran muchos los jóvenes maoríes que se suicidaban, pero el Gobierno neozelandés no asignaba ninguna prioridad a ese problema. La muerte de los jóvenes podía ser funesta para las comunidades maoríes, preocupación expresada también por otros representantes de pueblos indígenas, incluidos muchos canadienses.

La violencia en el hogar era otro problema acuciante. La huella de la violencia en los niños y jóvenes en el hogar era terrible e inquietante: Los que de niños o jóvenes eran víctimas de la violencia, a menudo se convertían en agresores en la vida adulta. Al asignar recursos el Gobierno neozelandés debía dar prioridad a ese problema y, en especial a la situación de los maoríes que vivían en zonas rurales y aisladas.

La oradora señaló que en el proyecto de declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas figuraban tres artículos que se referían explícitamente a la salud. Los pueblos indígenas tenían derecho a conservar sus medicamentos y prácticas de salud tradicionales, y a recurrir a los servicios e instituciones médicas sin ser discriminados. Si se reconocían esos derechos, se establecería un marco bien definido y estructurado que permitiría formular normas y programas destinados a corregir las causas fundamentales de los problemas de salud, incluidos el suicidio juvenil y la violencia en el hogar.

IDBALKASSM HASSAN, del Indigenous Peoples of Africa Coordinating Committee, afirmó que los derechos en materia de salud estaban muy poco reconocidos en África, en particular en las zonas en que había una alta concentración de pueblos indígenas. Recomendó que los organismos de las Naciones Unidas establecieran un programa común con un presupuesto adecuado para abordar problemas de salud. Para ello, todos los organismos, por un lado, y los representantes de los pueblos indígenas, por otro, tenían que aunar esfuerzos en África. Además, recomendó que se revisara la terminología utilizada en la OMS en relación con los pueblos indígenas, tomando en consideración los términos utilizados en las Declaraciones de Durban y Johannesburgo.

YOLANDA TERAN, del Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador, declaró que un elevado porcentaje de niños indígenas moría de cáncer en las regiones petrolíferas del Ecuador. Además, se negaba a los niños indígenas el acceso a los servicios básicos de salud y el derecho a una alimentación adecuada. Las drogas, el alcoholismo, el estrés y el abandono estaban causando dolencias hasta entonces desconocidas en esas poblaciones.

La representante recomendó que el Foro recurriera a los mecanismos necesarios para asegurar que se cumpliera realmente en todo el mundo el compromiso de respetar los derechos de los niños. Asimismo, recomendó que se dedicara un decenio a los niños y jóvenes indígenas del mundo y que todo el sistema de las Naciones Unidas se comprometiera a luchar en pro del bienestar de los niños indígenas. Además, insistió en que las Naciones Unidas debían colaborar estrechamente con los ancianos y los líderes espirituales en la tarea de mejorar la salud de los pueblos indígenas.

LUCY MULENKEI, representante del Indigenous Peoples Caucus on Sustainable Development, señaló que el VIH/SIDA era una de las peores enfermedades de los tiempos modernos. Los pueblos indígenas eran los más afectados porque estaban marginados. La falta de datos precisos sobre todas las comunidades para determinar la incidencia en los pueblos indígenas del VIH/SIDA y otras enfermedades relacionadas impedía abordar satisfactoriamente los problemas de salud de esos pueblos. El uso y la protección de los sistemas de curación tradicionales en las comunidades indígenas debían recibir el debido reconocimiento.

La oradora exhortó a los gobiernos y a la industria a velar por que se estudiaran de forma exhaustiva y participativa las consecuencias de las actividades mineras en la salud de los pueblos indígenas, y exigió que se permitiera a los indígenas participar en la planificación, la aplicación y el seguimiento de los programas, normas y servicios de salud a nivel nacional e internacional.

AQQAQLUK LYNGE, Presidente de la Inuit Circumpolar Conference (Groenlandia), tomó la palabra en nombre de las comunidades de indígenas de la región ártica. La salud, señaló, tenía que ver con el estado de la persona en su totalidad y tenía consecuencias directas en el desarrollo individual y la calidad de vida. El bienestar espiritual, emocional, psicológico y físico eran elementos que se habían de tomar en consideración para tratar de gozar de un buen estado de salud. También había que tener plenamente en cuenta los factores culturales y medioambientales.

Las diferencias políticas y económicas en el Ártico, prosiguió el orador, habían dado lugar a enormes diferencias entre sus habitantes en lo que a salud se refería. Por ejemplo, la esperanza media de vida de los pueblos indígenas era 20 años inferior a la del resto de los ciudadanos en la Federación de Rusia. Los datos disponibles sobre la salud variaban mucho a través del Ártico y la evaluación de las repercusiones del cambio climático y la contaminación transfronteriza en la salud humana dependía completamente de los datos obtenidos. Se estaba efectuando un amplio estudio de las condiciones de vida de los pueblos del Ártico en el que, entre otras cosas, se abordaría la salud humana.

El orador instó al Foro a que pidiese a la OMS que utilizase los datos sobre los pueblos del Ártico para prestar una mayor atención a esa región en sus trabajos. El Foro también debería ponerse en contacto y colaborar estrechamente con el Consejo Ártico -órgano intergubernamental de alto nivel integrado por ocho Estados del Ártico que se encargaba de la protección del medio ambiente y la salud humana en la región- y hacer hincapié especial en el estado de salud de los pueblos indígenas del Ártico ruso.

El representante de la Organización Nacional Indígena de Colombia dijo que se debía proporcionar información con la debida antelación para asegurarse de que un número suficiente de representantes indígenas participaran en el Foro. Hizo un llamamiento a todos los líderes de las organizaciones indígenas para que mantuviesen la continuidad en el proceso de debate. Por ejemplo, los que habían asistido al Foro el año anterior no estaban presentes este año, y muchas de las declaraciones formuladas no contenían recomendaciones concretas.

GULVAYRA SHERMATOVA, de la Organización Pública Regional de los Pueblos Kumandin de Altai (ISTOK) (Federación de Rusia), señaló que la falta de servicios sociales para los jóvenes era la causa de la alta tasa de mortalidad de ese grupo de población. Muchos estaban malnutridos y padecían la carencia de determinadas vitaminas, razón por la cual se habían multiplicado los casos de anemia. Además, las enfermedades del sistema nervioso iban en aumento y afectaban a la mitad de los jóvenes.

En cuanto a la salud reproductiva de los jóvenes, la oradora dijo que el desarrollo y la actividad sexual precoces habían tenido como consecuencia el matrimonio y la maternidad a edades tempranas. Se estaban impartiendo clases en las que se instruía a los niños de familias desfavorecidas sobre la madurez y el desarrollo. El consumo de alcohol entre las madres era un motivo de preocupación creciente que afectaba al desarrollo de los niños. Por último, recomendó que se diera prioridad a la protección de la maternidad.

LU'UKIA KEAUNUI, representante del Kamakauokalani Center for Hawaiian Studies, señaló que en Hawai la esperanza de vida de los indígenas era significativamente inferior a la del resto de la población. Además, la tasa de mortalidad de los niños menores de 1 año era dos veces superior a la tasa de mortalidad total a nivel estatal. La dieta, la bebida, el tabaco y el sedentarismo contribuían a la tasa de mortalidad excepcionalmente alta de los hawaianos, además de los problemas de acceso de los indígenas a los servicios de salud, los bajos ingresos y la falta de seguro médico y de asistencia culturalmente apropiada. La tasa de mortalidad de los hawaianos por enfermedades cardíacas era cuatro veces mayor que la de los no hawaianos y, en el caso del cáncer y la apoplejía, tres veces y media mayor.

Se estaban perdiendo recursos como resultado de la constante urbanización de las tierras de Hawai y los indígenas estaban perdiendo sus vidas por el trato que recibían. Antes de culpar a los hawaianos indígenas de sus "prácticas autodestructivas", los organismos más importantes de servicios sociales debían de elaborar un plan de acción sobre la vivienda, los ingresos y la educación de los hawaianos.

Una representante de Halau Ku Mana (Hawai) dijo que la adicción a las drogas, al tabaco y al alcohol eran algunos de los problemas más graves que afrontaban los jóvenes hawaianos. Según estadísticas recientes, el 63,4% de los indígenas abusaba del alcohol, comparado con el 32,5% de la población de todo el Estado. El consumo de tabaco era alarmante: llegaba al 56,3%, frente al 47,2% en todo Hawai. Lo más desalentador era que el 6,1% de los indígenas carecían de seguro médico. Los jóvenes consumían drogas, tabaco y alcohol porque esas sustancias se utilizaban en sus propios hogares. La oradora expresó la esperanza de que los jóvenes hawaianos fuesen capaces de romper el círculo vicioso.

ADRIAN STIMSON, de la Siksika Nation, dijo que su pueblo tenía profundas quejas del Gobierno del Canadá. Muchos de sus integrantes estaban obligados a vivir en condiciones inaceptables, viviendas inadecuadas -educación de mala calidad y alta tasa de desempleo- y se habían dado al consumo de drogas farmacéuticas y de otro tipo, así como de alcohol.

El Canadá, prosiguió, estaba cambiando las estructuras de gobierno de los pueblos indígenas sin consultarlos plena y seriamente. En 1877, se había concedido asistencia médica a los pueblos indígenas en virtud de un tratado que les garantizaba esa asistencia a cambio de que permitiesen a los europeos vivir en sus territorios. El Canadá estaba modificando ese compromiso, ya que pretendía que esa asistencia dependiera de su buena voluntad y no del tratado original.

En los últimos meses, señaló, los pueblos indígenas habían estado bregando con la cuestión del carácter confidencial de la información personal sobre la salud. El Gobierno estaba intentando obligar a los pueblos indígenas a firmar formularios de consentimiento si querían seguir recibiendo asistencia médica. El formulario de consentimiento era, desde todo punto de vista, inaceptable, coercitivo y éticamente deplorable. Además, vulneraba la privacidad personal al obligar a los indígenas a proporcionar información pormenorizada sobre su salud desde el nacimiento hasta la muerte.

EL JEFE GARY HARRISON, del Chickaloon Village, recomendó que se volviese a incluir a Alaska en la lista de territorios no autónomos, en bien de la salud mental, física y espiritual de los pueblos indígenas, para que pudiesen disfrutar de su libertad. La libertad constituía el fundamento de una vida productiva, señaló. Los problemas generales de salud que padecían los pueblos indígenas se derivaban de la expropiación ilegal de sus tierras y recursos, así como de la destrucción de sus culturas, religiones, medios de subsistencia y formas tradicionales de gobierno.

El orador señaló que, de conformidad con el Plan de Investigación en Materia de Políticas sobre el Ártico, en Alaska todavía se estaba utilizando a los pueblos indígenas de conejillos de Indias para estudios sobre el cáncer, la neumonía y la hepatitis. Además, como los historiales médicos de los indígenas se consideraban un "asunto de seguridad nacional", éstos ni siquiera podían obtener una copia de su propio historial médico.

La explotación de los recursos había puesto los beneficios en muy pocas manos, añadió. Se había extraído una enorme cantidad de petróleo de la bahía de Prudhoe, así como pescado, madera, oro, carbón y piedras preciosas de Alaska. Si los fondos generados por esos recursos se hubiesen distribuido equitativamente, todos los hombres, mujeres y niños serían millonarios y muchos problemas de salud no existirían.

ACHIENG OKECH DOLPHINE MARGARET, hablando en nombre de la Kenya Female Advisory Organization, dijo que era necesario documentar la utilización de hierbas y medicinas indígenas para la posteridad. Propuso que se conservasen las creencias y las prácticas de interés general y recomendó que, en el próximo período de sesiones del Foro, se reservasen dos o tres días para la presentación de las mejores prácticas.

JASON DE SANTOLO, del Pacific Caucus, señaló que la OMS parecía aplicar una política injusta con respecto a los pueblos indígenas, al utilizar la expresión "poblaciones étnicas" para referirse a ellos. La organización había tenido un objetivo más concreto y claro en años anteriores. Había que realizar un esfuerzo concertado para superar las barreras tradicionales erigidas entre los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales.

El orador señaló que la OMS había hecho referencia a iniciativas regionales en el Pacífico y a actividades en Filipinas en favor de los pueblos indígenas, pero él no tenía constancia de ninguna otra actividad de la organización en la región del Pacífico. Los pueblos indígenas estaban expuestos a diversas enfermedades, no recibían un tratamiento adecuado y no podían permitirse las medicinas o las curas necesarias. Recomendó al Foro que instase a la OMS a examinar las necesidades de la población de Papua occidental y a alentar la utilización de la medicina tradicional como tratamiento alternativo.

WILLEM DE VRIES, de la División de Estadística del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, dijo que la fuente más importante de datos cuantitativos sobre los pueblos indígenas eran los censos de vivienda. No obstante, no todos los países incluían información sobre la etnicidad y el idioma en sus informes y algunos no comunicaban los resultados. Entre 1985 y 1994, más de 300 países habían llevado a cabo censos, pero sólo 48 habían informado sobre la etnicidad y el idioma.

Refiriéndose a las estadísticas de diferentes países y regiones, el orador señaló que las estadísticas de América Latina no eran nada claras, en gran medida por la dificultad de determinar quién era indígena y quién no. En muchos censos nacionales no se trataba la cuestión y la información sobre los pueblos indígenas debían obtenerse de otras fuentes. El enfoque del Canadá con respecto a las estadísticas sobre los pueblos indígenas se basaba en los registros del Departamento de Asuntos Indígenas y Sociales, mientras que en los Estados Unidos esas estadísticas dependían de cómo cada persona se identificara a sí misma.

El orador señaló que los datos estaban incompletos y no se podían hacer comparaciones entre países porque las relaciones entre los pueblos indígenas y los grupos mayoritarios de la población diferían de un sitio a otro. Asimismo, la conservación de la identidad cultural y social variaba según el país, al igual que los sistemas económicos. En muchos lugares, los pueblos indígenas vivían en grupos aislados lejos de los centros urbanos.

La División de Estadística tenía previsto revisar las directrices para la presentación de informes sobre los pueblos indígenas para los censos futuros. También proporcionaría manuales metodológicos para los estudios sobre los pueblos indígenas. El orador recomendó al Foro que ejerciera su influencia a nivel nacional, así como en las organizaciones y los grupos pertinentes para obtener estadísticas sobre los pueblos indígenas.

ANDREA CARMEN, en nombre del Consejo Internacional de Tratados Indios, la Indigenous Environmental Network, el Indigenous Youth Caucus y otras 17 organizaciones, señaló que los contaminantes orgánicos persistentes, sobre los que se había suscrito un tratado internacional de fuerza jurídica obligatoria pendiente de aplicación, estaban teniendo consecuencias nocivas en los niños, en particular en el desarrollo fetal y durante la lactancia. A pesar de conocerse sus efectos devastadores, algunos países industriales como los Estados Unidos seguían permitiendo la exportación de productos químicos tóxicos, incluso los que habían prohibido en su territorio, a países en desarrollo como México y Guatemala. Las consecuencias de tales prácticas se habían documentado en las comunidades indígenas agrícolas, por ejemplo, en los pueblos yaquis de Sonora (México), y se habían detectado altas concentraciones de plaguicidas en la leche materna y la sangre del cordón umbilical de los recién nacidos.

La contaminación por mercurio de los alimentos de subsistencia debida a la minería, las centrales eléctricas alimentadas con carbón y otras fuentes industriales también afectaban al cerebro, los riñones y el sistema nervioso fetales, añadió. Los niños indígenas de las comunidades que dependían de la pesca se encontraban entre los más afectados. El mercurio de las minas de oro abandonadas seguía teniendo efectos perniciosos en los pueblos indígenas, por ejemplo, la parte septentrional de California.

La oradora recomendó que los organismos pertinentes de las Naciones Unidas organizasen un seminario mundial sobre los pueblos indígenas y la protección del medio ambiente para que los pueblos indígenas y los expertos de las Naciones Unidas pudiesen determinar los problemas más apremiantes. Antes del seminario, se deberían celebrar reuniones en los países donde hubiera pueblos indígenas con objeto de verificar los hechos y evaluar la situación y las iniciativas nacionales para proteger la salud de esos pueblos. Además, se debería pedir a todos los países que ratificasen el Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) debería adoptar medidas urgentes sobre la contaminación por mercurio, incluida la elaboración de un instrumento mundial jurídicamente vinculante para su eliminación.

MRINAL KANTI TRIPURA, representante del Bangladesh Adivashi Forum, dijo que las enfermedades respiratorias y la disentería estaban muy extendidas en Bangladesh y que todos los meses morían recién nacidos en las colinas de Chittagong debido a la falta de servicios de salud. Bangladesh era un país en desarrollo con recursos muy limitados. En cuanto a las víctimas de la malaria y la disentería, las zonas habitadas por los pueblos indígenas se llevaban, con mucho, la peor parte, lo cual era un caso patente de discriminación de esos pueblos. Las continuas muertes de indígenas no habían inducido al Gobierno a adoptar medidas preventivas. Los pueblos indígenas necesitaban dispensarios móviles, agua potable, más hospitales y acceso a por lo menos dos comidas decentes al día.

TARCILA RIVERA ZEA, del Committee on Indigenous Health, señaló que el Foro debería recomendar a los organismos de las Naciones Unidas que dieran una mayor prioridad a la situación de los niños y las mujeres indígenas y se asegurase de que participaran plenamente en las iniciativas de planificación. En lo que respecta a la OMS, el Foro debería recomendarle que fomentase la salud de los grupos marginales y de otros grupos étnicos y aceptase el enfoque espiritual, intelectual y tradicional de los pueblos indígenas sobre las cuestiones de salud.

La oradora señaló que el Foro también debería pedir a los gobiernos que se asegurasen de que el personal sanitario se comunicaba con los pueblos indígenas en sus propios idiomas. Asimismo, recomendó que los gobiernos dejasen de utilizar las tierras indígenas para ensayos militares con armas nucleares y materiales similares.

ROY LAIFUNGBAM, representante del Asia Caucus, señaló la conveniencia de una interacción más estrecha y continua entre el Foro y los pueblos indígenas en cuestiones de salud a través del Committee on Indigenous Health, para lo que sería preciso que éste fortaleciera su relación con los curanderos tradicionales y recabara información sobre los sistemas y las prácticas indígenas. En lo que respecta a la salud de las mujeres y los niños, el Foro debería proponer que los organismos de las Naciones Unidas dieran prioridad a aquellos aspectos de los conocimientos indígenas sobre salud relacionados con el género, así como distinguir y potenciar los conocimientos de las mujeres indígenas en materia de salud y sus contribuciones en éste.

Propuso además que el Foro, en los intervalos entre períodos de sesiones, fomentara una relación más estrecha y sostenida entre los miembros y los pueblos indígenas, para lo cual había que determinar cuáles eran los pueblos indígenas que vivían en los países de Asia, y prestar especial atención a los menos numerosos y más amenazados.

SUHAS CHAKMA, representante de la Asian Indigenous and Tribal Peoples Network, Kabager Te Ked-Inged y Hill Watch Human Rights, afirmó que los indígenas pertenecientes a las capas inferiores de la sociedad seguían sufriendo la carencia de servicios básicos de atención médica. Una gran mayoría de los pueblos indígenas vivían en regiones tropicales afectadas por el paludismo. Sin embargo, muchos ni siquiera contaban con recursos suficientes para comprar mosquiteros. No era habitual que se los incluyera en los programas de salud de los gobiernos. Incluso enfermedades como la disentería podían llegar a ser mortales debido a la ausencia de médicos o de medicamentos.

El orador afirmó que el Foro Permanente se enfrentaba al problema de seguir debatiendo la cuestión sin que ello tuviera consecuencia alguna para la salud de los pueblos indígenas. Si los debates no conducían a una mejora significativa de la salud, el Foro podría considerarse un fracaso. En los países más pobres, los organismos multilaterales de las Naciones Unidas desempeñaban una función clave a la hora de formular programas para mejorar las condiciones de salud. Sin embargo, los pueblos indígenas no figuraban necesariamente en los programas de dichos organismos y los fondos solían distribuirse entre los organismos públicos. En muchos casos se destinaban simplemente a engrasar una máquina vieja y no incluían a los pueblos indígenas y a otros grupos marginales.

El representante de la Assembly of First Nations dijo que la salud era un indicador de los avances logrados en relación con los pueblos indígenas. Su organización era consciente de que los jóvenes de las primeras naciones necesitaban esperanzas y oportunidades. El suicidio y las lesiones autoinfligidas constituían un alto porcentaje de las causas de muerte entre esos jóvenes. En regiones como el norte de Ontario, la tasa de suicidios entre la población indígena superaba en un 50% a la de la población no indígena. A pesar del prestigio internacional de los servicios de salud mental del Canadá, existían muy pocos programas de salud mental para los miembros de las primeras naciones. Además, muchos de los programas introducidos por el Gobierno en relación con la salud no contaban con la participación de los pueblos indígenas en el proceso de la adopción de decisiones.

Una representante de Indigenous Peoples Addressing Protection of Human Genetic Material propuso que el Foro solicitara la creación de un grupo de trabajo sobre el libre consentimiento, previo e informado y las directrices relativas a la investigación participativa, con un mandato de tres años y financiado con recursos del presupuesto ordinario. El grupo debía estudiar la relación entre estas cuestiones y la protección de los pueblos indígenas en relación con la investigación y la utilización de su material genético humano sin previa consulta, sin su consentimiento previo e informado o sin que ello les deparase beneficio alguno.

La representante afirmó asimismo que la biotecnología había planteado nuevas cuestiones en relación con los derechos de propiedad sobre los genes humanos o los productos derivados del material genético humano. El riesgo de la privatización del material genético humano se veía agravado por los acuerdos sobre el comercio internacional, como el Acuerdo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) relativo a los derechos de propiedad intelectual, que facilitaban la concesión de patentes sobre genes. El ADN de los pueblos indígenas se estaba comercializando mediante patentes y se estaba utilizando para desarrollar nuevos productos. Los pueblos indígenas también estaban preocupados por la posibilidad de que sus cuerpos se utilizaran para la experimentación genética. Por ejemplo, los jefes maoríes de las Islas Cook habían puesto todo su empeño en rechazar una propuesta presentada por Diatranz, una empresa de Nueva Zelandia, por la que se solicitaba permiso para inyectar células de cerdo productoras de insulina a los habitantes de las Islas Cook como parte de un tratamiento experimental para la diabetes de tipo II.

Un representante del Consejo Mundial de Iglesias dijo que los pueblos indígenas de todo el mundo sufrían una serie de problemas de salud comunes a todos ellos, como la diabetes de tipo II, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares conexas. A menudo no se reconocía que gran parte del problema tenía su origen en una combinación de factores, entre los que figuraba el consumo de los alimentos feculentos propios de las dietas europeas. Pidió a los gobiernos y a los organismos que hicieran lo posible por proporcionar a los pueblos indígenas sus alimentos tradicionales. Subrayó además la importancia de los idiomas vernáculos para los pueblos indígenas. Los mayores poseían conocimientos de medicina que desaparecerían si se permitía que los idiomas vernáculos cayeran en el olvido.

NICHOLAS CHANGO, representante de la Defensoría de los Pueblos Indígenas del Ecuador en América, manifestó que la comunidad internacional debería tener en cuenta a los pueblos indígenas y a sus curanderos tradicionales. La convivencia pacífica no era posible sin armonía. Los Estados deberían asimismo proporcionar fondos para los hospitales de los pueblos indígenas y, en particular, para la protección de las mujeres jóvenes, que representaban el futuro.

El representante del Brasil dijo que desde 1999 su país había desarrollado una política de salud para los pueblos indígenas que prestaba atención especial a la diversidad sociocultural de esos pueblos. La participación de los pueblos indígenas en la elaboración de políticas estaba garantizada, no sólo en la planificación de actividades, sino en su aplicación, examen y evaluación. En los programas de fomento de la capacidad del Brasil destinados a apoyar los servicios de salud indígenas se daba por sentado que los conocimientos y las técnicas aplicadas no sustituían a las terapias tradicionales sino que las complementaban.

El orador añadió que la tasa de mortalidad infantil entre las comunidades indígenas había descendido un 40% en el período 2000-2002 como resultado de las medidas adoptadas para proporcionar agua potable y servicios de saneamiento a los pueblos indígenas. A pesar de los avances logrados, aún quedaba mucho por hacer. El Gobierno del Brasil estaba haciendo lo posible para reducir las diferencias existentes entre los indígenas y el resto de la población.

GEOFF CLARK, representante de la Comisión para Aborígenes e Isleños del Estrecho de Torres, afirmó que no había crítica más dura del colonialismo en Australia que el deplorable estado de salud de los pueblos indígenas. En un país en el que el nivel de salud general de la población era uno de los más altos en el conjunto de los países desarrollados, el estado de salud de los aborígenes australianos era peor que el de los pueblos indígenas de países con un grado de desarrollo similar. La esperanza de vida de los aborígenes era 20 años inferior a la del resto de los habitantes del país. No podía hallarse ejemplo más patente de las carencias que sufrían los pueblos indígenas.

El orador señaló que la principal causa de muerte entre los aborígenes y los isleños de Torres eran las enfermedades circulatorias, el cáncer, las enfermedades respiratorias y otros factores externos. Se había producido un enorme aumento de los fallecimientos relacionados con la diabetes y la tasa de mortalidad de la población masculina era un 150% superior a la media nacional. Las enfermedades mentales estaban adquiriendo el carácter de epidemia, desencadenada por el alcoholismo y el abuso de sustancias como la gasolina, la marihuana y la heroína. La mayor tragedia era quizás el hecho de que muchas de estas muertes podían haberse evitado mediante la educación, el empleo y el acceso a viviendas y servicios básicos y de salud adecuados.

En opinión del orador, no era casualidad que la situación de los pueblos indígenas en países similares a Australia (los Estados Unidos de América, el Canadá y Nueva Zelandia) estuviera mejorando con mayor rapidez. Todos esos países habían firmado tratados que otorgaban reconocimiento oficial, jurídico y constitucional a los miembros de las primeras naciones. La firma de un tratado con Australia concedería a los aborígenes auténtica libertad para tomar decisiones y les permitiría disfrutar de forma justa y equitativa de los recursos del país. Había llegado el momento de que los dirigentes políticos de Australia asumieran sus responsabilidades para llegar a un arreglo justo con los propietarios legítimos de las tierras.

SAOUDATA ABOUBACRINE, de Tin Hinan, señaló que la práctica de la medicina tradicional estaba disminuyendo y en algunos casos estaba a punto de desaparecer. Habían contribuido a ello los desastres naturales, las sequías, la desertificación y los conflictos políticos. Además, la competencia de la medicina moderna había hecho que los curanderos tradicionales perdieran prestigio.

La oradora añadió que la falta de agua y la malnutrición tenían graves consecuencias para la salud. En las políticas de salud a menudo se daba preferencia a los centros urbanos y se establecían requisitos vinculados a la población. La mortalidad infantil era otra cuestión preocupante. Tanto las mujeres como los niños estaban muriendo de paludismo, tétanos y polio.

KAAB MALIK, representante de la Indigenous People Survival Foundation, dijo que en la región montañosa del Hindu Kush, al norte de la cordillera del Himalaya, habitaban dos tribus: los khow y los kalash. La condición social de los kalash se había visto degradada hasta el extremo, lo cual había tenido terribles consecuencias para su vida privada y social. Otra grave amenaza para la tribu indígena de los kalash procedía de poderosos empresarios pakistaníes, que habían construido grandes hoteles en los lugares sagrados de los kalash. Los propietarios de los hoteles estaban contaminando el agua potable y los valles y arroyos de los kalash con toxinas y residuos de plástico y gasóleo.

Las vidas de los pueblos indígenas dependían de la ganadería, que a su vez estaba directamente vinculada a los bosques. La Corporación Forestal del Pakistán había vendido de forma indiscriminada la madera de los pueblos indígenas a empresas madereras, que habían talado los bosques sin mesura. El orador pidió que se retiraran inmediatamente los hoteles de los valles de los kalash y que la Corporación Forestal devolviera a los pueblos indígenas los bosques que aún quedaban en pie en esos valles. También pidió que se indemnizara económicamente a los pueblos indígenas por los daños causados a sus recursos naturales.

THEMA BRYANT-DAVIES, de la American Psychological Association, afirmó que se había demostrado hace tiempo que la discriminación por motivos de raza tenía repercusiones negativas en la confianza, el bienestar y la autoestima de los niños. El Foro debía exigir que se evaluaran las necesidades en materia de salud mental. Debía solicitar que se analizara en profundidad la labor realizada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), otros organismos de las Naciones Unidas y los gobiernos para hacer frente a las necesidades en materia de salud mental de los niños indígenas.

JOSE JOAQUIN PEREIRA, representante de Yachak de Comunidad Ilumari, dijo que la salud consistía en mantener limpios y sanos el espíritu, el cuerpo y la mente. Los yachak eran médicos indígenas que transmitían sus conocimientos de una generación a otra. Recomendó que los pueblos indígenas conservaran y difundieran todas las enseñanzas de la medicina indígena. Además, los jóvenes indígenas deberían contribuir a preservar esos conocimientos tradicionales.

PAVEL SULYANDZIGA, representante de la Asociación Rusa de los Pueblos Indígenas del Norte, dijo que en Rusia los pueblos indígenas se habían visto obligados a abandonar su modo de vida tradicional y a vivir en pueblos y ciudades. Era el grupo de población que tenía las tasas más altas de desempleo, suicidio y enfermedades. Habían sufrido graves trastornos en lo que se refería a sus costumbres y sus tradiciones culturales y se les negaba el derecho al trabajo y a la educación. Este tipo de privaciones se daban en muchos países de todo el mundo y muchas personas estaban sufriendo las consecuencias de la dominación europea. Pidió al Foro que recomendara que se proporcionara a los pueblos indígenas de la Federación de Rusia los medios de satisfacer todas sus necesidades.

MARCELO PAGWAY, representante de la International Native Tradition Interchange Inc., dijo que los numerosos problemas de salud de las comunidades indígenas se veían agravados por la actitud de las potencias coloniales, que sólo estaban interesadas en sus propios asuntos. Entre esos problemas figuraba la falta de servicios de salud en las comunidades indígenas y de campañas de vacunación para los niños. En zonas de tierras fértiles, la malnutrición y las enfermedades estaban diezmando la población infantil. Para lograr un futuro mejor, era preciso que las organizaciones internacionales y los Estados encararan seriamente esta situación. Algunos de los datos utilizados para la asignación de fondos, por ejemplo, eran demasiado generales o inexactos. Los pueblos indígenas deberían recibir financiación para realizar sus propios análisis estadísticos.

Un representante de la Organización Panamericana de la Salud dijo que las oportunidades de prestar servicios especializados a los pueblos indígenas eran muy limitadas. Estas limitaciones habían dado lugar a debates sobre cuestiones interculturales en todo el continente. Los debates se habían centrado en la formulación de estrategias para eliminar las barreras que impedían que los pueblos indígenas recibieran una atención adecuada para su salud. La salud de los pueblos indígenas debía mejorarse por medio de mecanismos nacionales y con la cooperación de las comunidades y de los propios pueblos indígenas.



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