
Declaración Universal de Derechos Humanos
Hace cincuenta años, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos como baluarte contra la opresión y la discriminación. A raíz de una devastadora guerra mundial en la que se habían cometido algunos de los crímenes más bárbaros de la historia de la humanidad, la Declaración Universal detalló por primera vez los derechos y las libertades de las personas y constituyó el primer reconocimiento internacional de que los derechos humanos y las libertades fundamentales se aplicaban a todas las personas, en todas partes. En ese sentido, la proclamación de la Declaración Universal fue un hito extraordinario en la historia mundial. En la actualidad, la Declaración sigue influyendo en las vidas de las gentes e inspirando el activismo y la legislación de derechos humanos en todo el mundo.
La Declaración Universal es extraordinaria en dos sentidos fundamentales. En 1948, los Estados Miembros de las Naciones Unidas, que eran entonces 58, representaban toda una gama de ideologías, sistemas políticos y antecedentes religiosos y culturales, así como diferentes etapas de desarrollo económico. Los autores de la Declaración, que procedían de diferentes regiones del mundo, se esforzaron por que el proyecto de texto reflejase diferentes tradiciones culturales e incorporase valores comunes inherentes a los principales sistemas jurídicos y tradiciones religiosas y filosóficas del mundo. Lo más importante, sin embargo, es que concibieron la Declaración Universal como una afirmación común de las aspiraciones mutuas, como una visión compartida de un mundo más equitativo y justo.
El éxito de su empeño es patente en la aceptación casi universal de la Declaración. En la actualidad, traducida a casi 250 idiomas nacionales y locales, la Declaración es el más conocido y citado documento sobre derechos humanos del mundo. La Declaración Universal, fundamento de los instrumentos internacionales de derechos humanos, ha servido de modelo de numerosos tratados y declaraciones internacionales y ha sido incorporada a las constituciones y leyes de muchos países.
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Cómo se redactó la Declaración Universal
LA LABOR PREPARATORIA de la Declaración Universal de Derechos Humanos es un ejemplo extraordinario y temprano de la capacidad de la Organización para lograr la cooperación y el consenso internacionales. El texto se redactó en dos años: de enero de 1947, en que la Comisión de Derechos Humanos se reunió por primera vez para elaborar la Carta Internacional de Derechos Humanos, a diciembre de 1948, en que la Asamblea General adoptó la Declaración Universal. Un comité de redacción, integrado por ocho miembros, elaboró el texto preliminar de la Declaración Universal. El comité, presidido por la Sra. Eleanor Roosevelt, viuda del ex Presidente de los Estados Unidos, convino en que era esencial afirmar el respeto universal de los derechos humanos y las libertades fundamentales, incluidos los principios de la no discriminación y de los derechos civiles y políticos, así como de los derechos sociales, culturales y económicos. Antes de presentarlo a la Asamblea General, la Comisión revisó el proyecto de declaración en función de las respuestas de los Estados Miembros. La Asamblea General, por su parte, examinó minuciosamente el documento. Casi todas las palabras y cláusulas del texto fueron sometidas a votación: los 58 Estados Miembros votaron un total de 1.400 veces. Las discusiones fueron numerosas. Algunos estados islámicos se opusieron a los artículos sobre la igualdad de derechos en el matrimonio y sobre el derecho a cambiar de creencia religiosa, mientras que varios países occidentales criticaron la inclusión de los derechos económicos, sociales y culturales. El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó unánimemente la Declaración Universal de Derechos Humanos, con 8 abstenciones. Desde entonces, el 10 de diciembre se observa todos los años, en todo el mundo, como Día de los Derechos Humanos. La adopción de la Declaración se recibió de inmediato con aclamo, al considerarse un triunfo el que uniese a regímenes políticos, sistemas religiosos y tradiciones culturales muy diversos e incluso opuestos. En 1998, Año de los Derechos Humanos, se conmemoró en todo el mundo el 50o. aniversario de la Declaración Universal . |
Por primera vez en la historia, la comunidad internacional adoptaba un documento que consideraba de valor universal, un documento que era un "ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse". En el Preámbulo de la Declaración se reconoce la importancia que para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales tiene la creación de un marco jurídico de los derechos humanos: o sea, se afirma que el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales de todas las personas son la base de la libertad, la justicia y la paz en el mundo. Ampliando el propósito declarado en la Carta de las Naciones Unidas de promover el progreso social y elevar el nivel de vida "dentro de un concepto más amplio de la libertad", la Declaración asigna la misma importancia a los derechos económicos, sociales y culturales y a las libertades civiles y políticas, y les adjudica el mismo grado de protección. La Declaración ha inspirado más de 60 instrumentos internacionales de derechos humanos, que constituyen un sistema amplio de tratados de obligatoriedad jurídica para la promoción y protección de los derechos humanos.
La Declaración Universal abarca toda la gama de derechos humanos en 30 artículos claros y concisos. Los dos primeros artículos sientan la base universal de los derechos humanos: los seres humanos son iguales porque comparten la misma dignidad humana esencial; los derechos humanos son universales, no a causa de un estado u organización internacional, sino porque les pertenecen a la humanidad entera. Los dos artículos garantizan que los derechos humanos sean patrimonio de todos y no privilegio de un grupo selecto o privilegio que pueda concederse o denegarse. El Artículo 1 declara que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados, como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros". El Artículo 2 reconoce la dignidad universal de una vida libre de discriminación: "Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición".
El primer grupo de artículos (3 a 21), establece los derechos civiles y políticos a los que tiene derecho toda persona. El derecho a la vida, la libertad y la seguridad de la persona, reconocido en el Artículo 3, es la base de todos los derechos políticos y libertad civiles que se establecen a continuación, incluidos el de no ser sometido a la esclavitud, la tortura y la detención arbitraria.
El segundo grupo de artículos (22 a 27), establece los derechos económicos, sociales y culturales a los que tienen derecho todos los seres humanos. La piedra angular de esos derechos es el Artículo 22, donde se reconoce que, como miembro de la sociedad, toda persona tiene derecho a la seguridad social y a la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales "indispensables" a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad. Los artículos detallan los derechos necesarios para el disfrute del derecho fundamental a la seguridad social, incluidos los derechos económicos relacionados con el trabajo, la remuneración equitativa y el disfrute del tiempo libre, los derechos sociales relacionados con un nivel de vida adecuado que asegure la salud, el bienestar y la educación, y el derecho a participar en la vida cultural de la comunidad.
El tercer y último grupo de artículos (28 a 30), amplía el marco de protecciones necesarias para el disfrute universal de los derechos humanos. El Artículo 28 reconoce el derecho a un orden social e internacional en el que los derechos humanos y las libertades fundamentales se hagan plenamente efectivos. El Artículo 29 reconoce que, además de derechos, toda persona tiene también deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad. Por último, el Artículo 30 protege la interpretación de todos los artículos de la Declaración de toda injerencia externa contraria a los propósitos y principios de las Naciones Unidas. Este Artículo afirma explícitamente que ningún Estado, grupo o persona tiene derecho alguno a emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en la Declaración.
Carta Internacional de Derechos Humanos
Una vez adoptada la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Comisión de Derechos Humanos, principal órgano intergubernamental en esa esfera dentro de las Naciones Unidas, empezó a traducir los principios de aquélla en tratados internacionales que protegían derechos específicos. Como se trataba de una tarea sin precedentes, la Asamblea General decidió redactar dos Pactos que codificasen las dos series de derechos esbozados en la Declaración Universal: los derechos civiles y políticos y los derechos económicos, sociales y culturales. Los Estados Miembros debatieron durante dos decenios las disposiciones de esos pactos, que confirmaban explícitamente determinados aspectos de los derechos humanos universales a los que la Declaración Universal se refería sólo de manera implícita, como el derecho de todos los pueblos a la libre determinación, y que hacían referencia a determinados grupos vulnerables, como las poblaciones indígenas y las minorías.
En 1966 se logró el consenso: ese año la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Los preámbulos y los artículos 1, 3, 4 y 5 son casi idénticos en ambos pactos internacionales. En ambos preámbulos se reconoce que los derechos humanos dimanan de la dignidad inherente de todos los seres humanos. El Artículo 1 de cada Pacto afirma que todos los pueblos tienen derecho a la libre determinación y que en virtud de ese derecho son libres de determinar su estatuto político y de buscar su desarrollo económico, social y cultural. En ambos, el Artículo 2 reafirma el principio de la no discriminación, haciéndose eco de la Declaración Universal, mientras que el Artículo 3 subraya que los Estados deben garantizar la igualdad de derechos de hombres y mujeres de disfrutar de todos los derechos humanos. El Artículo 6 de ambos Pactos se hace eco de la disposición final de la Declaración Universal y establece salvaguardias contra la destrucción o limitación indebida de cualquier derecho humano o libertad fundamental. Dos Protocolos Facultativos amplían determinadas disposiciones del Pacto de Derechos Civiles y Políticos: uno estipula que los particulares pueden presentar denuncias y el otro aboga por la abolición de la pena de muerte.
Al entrar en vigor en 1976, los dos pactos internacionales impartieron obligatoriedad jurídica a muchas de las disposiciones de la Declaración Universal para los Estados que los ratificaban. Ambos pactos internacionales, junto con la Declaración Universal y los Protocolos Facultativos, constituyen la Carta Internacional de Derechos Humanos.
Más de 60 tratados sobre derechos humanos han abordado con más detalles los derechos y libertades fundamentales que figuran en la Carta Internacional de Derechos Humanos. Dichos tratados se refieren a cuestiones como la esclavitud, el genocidio, el derecho humanitario, la administración de la justicia, el desarrollo social, la tolerancia religiosa, la cooperación cultural, la discriminación, la violencia contra la mujer y la condición de refugiados y minorías. Además de los dos pactos internacionales, hay cuatro convenciones que también se consideran instrumentos fundamentales de derechos humanos. Las mismas tratan sobre la discriminación racial, la tortura, la mujer y el niño, respectivamente:
la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (adoptada en 1965/entró en vigor en 1969), un tratado innovador que define y condena la discriminación racial, insta a que se tomen medidas a nivel nacional para el adelanto de determinados grupos raciales y étnicos y dispone que la ley castigue la difusión de ideas basadas en la superioridad racial o que inspiren el odio;
la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979/1981) detalla medidas para el adelanto y habilitación de la mujer en la vida privada y pública, especialmente en las esferas de la educación, el empleo, la salud, el matrimonio y la familia;
la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (1984/1987) prohíbe la tortura y la violación como armas de guerra; en 1988, en un importante esfuerzo por ayudar a las víctimas de la tortura e intensificar los esfuerzos internacionales por ponerle fin a la tortura, las Naciones Unidas declararon el 26 de junio Día Internacional de Solidaridad con las Víctimas de la Tortura;
la Convención sobre los Derechos del Niño (1989/1990), la convención sobre derechos humanos más ratificada: sólo dos Estados Miembros, los Estados Unidos y Somalia, todavía no son partes en la Convención, que protege a los niños, entre otras cosas, de la explotación económica y sexual.
Unos 14 Estados han incorporado a sus constituciones disposiciones de la Convención sobre los Derechos del Niño, mientras que 35 han aprobado nuevas leyes en cumplimiento de la Convención o han enmendado leyes relacionadas con el maltrato o el trabajo de los niños y la adopción. Otros Estados Miembros han alargado el período de educación obligatoria, garantizado protección especial a los niños refugiados o miembros de minorías, o reformado sus sistemas de de justicia de menores, como lo estipula la Convención.
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Conferencia Mundial de Derechos Humanos
Las Naciones Unidas designaron el año 1968 como Año Internacional de los Derechos Humanos en observancia del vigésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Ese año, convinieron una Conferencia sobre Derechos Humanos en Teherán, Irán, para impulsar los esfuerzos e iniciativas nacionales e internacionales en pro de los derechos humanos. Después de evaluar los efectos de la Declaración Universal en la legislación y decisiones judiciales nacionales, la Conferencia aprobó la Proclamación de Teherán, cuyo programa para el futuro abordaba los problemas del colonialismo, la discriminación racial, el analfabetismo y la protección de la familia. En la Proclamación de Teherán se puso énfasis en el principio de la no discriminación, condenándose la política de apartheid como un "crimen de lesa humanidad", y se instó a la comunidad internacional a ratificar los pactos internacionales sobre derechos civiles y políticos y sobre derechos económicos, sociales y culturales adoptados por las Naciones Unidas dos años antes.
En 1993, la Conferencia Mundial de Derechos Humanos celebrada en Viena volvió a evaluar el progreso de la labor de las Naciones Unidas en la esfera de los derechos humanos a lo largo de los años. La Conferencia de Viena contó con un apoyo sin precedentes de la comunidad internacional de derechos humanos. Unos 7.000 participantes, entre ellos delegaciones de 171 Estados y representantes de más de 840 organizaciones no gubernamentales, se reunieron durante dos semanas para elaborar un revitalizado programa de acción mundial en pro de los derechos humanos. Hubo un amplio consenso de que, ya codificados los derechos fundamentales y establecidos los mecanismos esenciales, era hora de aplicar con mayor vigilancia los estándares y normas de derechos humanos establecidos.
Al adoptar por consenso la Declaración y Programa de Acción de Viena, la Conferencia Mundial reafirmó la importancia fundamental de la Declaración Universal para la protección de los derechos humanos y reconoció por primera vez, unánimemente, que el derecho al desarrollo era un derecho inalienable y un componente integral de los instrumentos internacionales de derechos humanos. La Conferencia también subrayó que todos los derechos humanos debían promoverse en pie de igualdad, ya que eran universales e indivisibles, interrelacionados e interdependientes. Los representantes rechazaron argumentos de que algunos derechos humanos eran opcionales o que estaban subordinados a las tradiciones y prácticas culturales. La Conferencia de Viena le dió así alta prioridad a la preservación de la integridad de la Declaración Universal. Dándole un nuevo ímpetu a la aplicación mundial de las normas de derechos humanos, la Conferencia subrayó que la mayoría de las violaciones podían resolverse mediante la aplicación vigorosa de las normas existentes por conducto de los mecanismos existentes.
Al afirmar que la protección de los derechos humanos es "la primera responsabilidad" de los gobiernos, la Declaración de Viena reconoció la democracia como un derecho humano, fortaleciendo así la promoción de ésta y del estado de derecho. Al darle también alta prioridad a la ratificación universal de los tratados internacionales de derechos humanos, la Conferencia Mundial instó a los Estados, en particular, a que ratificasen rápidamente la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. Asimismo, la Conferencia tomó medidas innovadoras para proteger los derechos de los grupos vulnerables y para colocar los derechos de la mujer en la corriente principal de la labor de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos, apoyando el establecimiento de un Relator Especial sobre la violencia contra la mujer e instando a que se proclamase un decenio internacional de los pueblos indígenas del mundo.
La Conferencia Mundial tuvo un efecto catalizador en la revitalización del programa de derechos humanos de las Naciones Unidas. Con la Declaración y Programa de Acción de Viena la comunidad internacional cuenta con un nuevo marco de planificación, diálogo y cooperación para el enfoque integrado de la promoción de los derechos humanos. El reconocimiento de la interdependencia entre democracia, desarrollo y derechos humanos, por ejemplo, ha echado las bases de una mayor cooperación entre organismos de desarrollo internacionales y organizaciones nacionales para la promoción de los derechos humanos. La Declaración de Viena afirma de manera explícita, por primera vez, que todos los órganos, programas y organismos especializados del sistema de las Naciones Unidas deben desempeñar una función esencial en el fortalecimiento de los derechos humanos. Sin embargo, la recomendación institucional clave de la Declaración fue la de que se estableciese el cargo de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, para coordinar todas las actividades de derechos humanos en todo el sistema. La Conferencia Mundial también pidió que en 1998 se llevase a cabo un examen quinquenal amplio del progreso realizado en la aplicación de la Declaración y Programa de Acción de Viena. Este examen coincide con el cincuentenario de la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
[Presione aquí para el texto completo de la Declaración y Programa de Acción de Viena y para informaciones sobre el examen quinquenal de la aplicación de la Declaración y Programa de Acción de Viena.]