Poner fin a la impunidad de la violencia contra las mujeres y las niñas 8 de marzo de 2007

Secretario General

Palabras pronunciadas con ocasión del acto interinstitucional sobre el fin de la impunidad de la violencia contra la mujer y la niña, celebrado en el marco del Día Internacional de la Mujer

Nueva York, 8 de marzo de 2007

Señora Presidenta de la Asamblea General,
Señor Presidente del Consejo de Seguridad,
Excelentísimos Señoras y Señores, damas y caballeros:

Me complace celebrar con Uds. el Día Internacional de la Mujer, el primero en el que participo como Secretario General. Espero que todos lleguen a considerarme un firme aliado en la causa de la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer.

Deseo sumarme en este día al homenaje tributado a la Sra. Angela King, destacada defensora de los derechos de la mujer y fuente de inspiración para mujeres y hombres de todo el mundo. Propongámonos sacar provecho de su legado.

Este año, el Día Internacional de la Mujer nos brinda a todos, hombres y mujeres por igual, la oportunidad de unirnos en defensa de las mujeres y las niñas que viven sometidas a la violencia o a la amenaza de ésta. Es una ocasión para centrarnos en las medidas concretas que todos —los Estados Miembros, el sistema de las Naciones Unidas, la sociedad civil y cada uno de nosotros a título individual— podemos y debemos adoptar para prevenir y eliminar la violencia contra la mujer y la niña. Es también un día para celebrar la valentía y los logros de las mujeres que, como agentes del cambio, siguen al frente de la lucha por sacar a la luz la violencia basada en el género y ponerle fin para garantizar a todas las niñas y mujeres el pleno goce de sus derechos humanos.

La violencia contra la mujer y la niña deja su horrible marca en todos los continentes, países y culturas. Se muestra indiferente ante los ingresos, la clase social, la raza o el origen étnico de sus víctimas. Produce efectos devastadores en la vida de las mujeres, en sus familias y en la sociedad en general. Es una amenaza para todas las mujeres, y toda la humanidad debe considerarla inaceptable.

En los últimos años hemos presenciado algunos avances en la lucha por poner fin a la pandemia que representa la violencia contra la mujer. Se han acordado normas y pautas internacionales. Los gobiernos han adoptado estrategias y aprobado leyes. Se han fortalecido las asociaciones entre gobiernos y agrupaciones de mujeres. Además, en la Cumbre Mundial 2005 los dirigentes de todo el planeta prometieron redoblar los esfuerzos por eliminar todas las formas de violencia contra la mujer.

Pero para que podamos poner fin a la impunidad de la violencia contra la mujer queda mucho más por hacer. La mayoría de las sociedades prohíbe esa forma de violencia, pero lo cierto es que tras los muros de los propios hogares se tolera con excesiva frecuencia, al falaz amparo de prácticas y normas culturales. También se utiliza como arma en los conflictos armados, en los que el Estado y los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley la aprueban tácitamente con su silencio y su pasividad.

Ha llegado el momento de derribar esos muros de silencio e incorporar las normas jurídicas en la realidad concreta de la vida de la mujer. Para ello, la sociedad entera debe asumir responsabilidades y promover modificaciones perdurables de los valores y las actitudes. Además, los gobiernos y las organizaciones internacionales deben actuar en estrecha colaboración con los servicios sociales, las organizaciones de voluntarios y profesionales, el sector privado y el público en general. Asimismo, todos, tanto hombres como mujeres, debemos esforzarnos por transformar las relaciones entre unos y otras en todos los niveles de la sociedad.

Debemos colaborar en diversos frentes:

  • Empoderando a las mujeres y las niñas a través de la educación y de instrumentos innovadores como la microfinanciación;
  • Reduciendo las diferencias entre las normas internacionales y las leyes, políticas y prácticas nacionales;
  • Ampliando nuestros conocimientos y nuestra comprensión de todas las formas de violencia contra la mujer;
  • Elaborando y aplicando estrategias efectivas que den cabida a todos los sectores de la sociedad y estén coordinadas a escala nacional y local; y
  • Asignando a todas estas actividades recursos y fondos adecuados.

Las Naciones Unidas deben estar al frente de la tarea. En ese sentido, creo que podemos aprovechar las propuestas de fortalecimiento de los mecanismos de las Naciones Unidas para el logro de la igualdad entre los géneros presentadas por el Grupo de Alto Nivel sobre la coherencia en todo el sistema de las Naciones Unidas. Animo a los Estados Miembros a que se planteen la posibilidad de sustituir las diversas estructuras actuales por una sola entidad dinámica de las Naciones Unidas. Ese organismo nuevo debería poder valerse de todos los recursos del sistema de las Naciones Unidas para la labor de empoderamiento de la mujer y de obtención de la igualdad entre los géneros en todo el mundo. Debería movilizar las fuerzas de cambio a escala mundial e inspirar mejores resultados a escala nacional.

Mediante un planteamiento integrado y global podemos determinar las estrategias que den resultado, prestarles apoyo y reproducirlas en otras partes. Podemos contribuir a implantar medidas sobre rendición de cuentas que pongan de relieve la responsabilidad de las personas, las comunidades y los países a efectos de poner fin a la violencia contra la mujer. Podemos asegurarnos de que las actividades de prevención e intervención obtengan los recursos que necesitan. Asimismo, podemos poner al descubierto el flagelo de la violencia contra la mujer, examinándolo abiertamente en las Naciones Unidas.

Hoy propongo a la Asamblea General que dedique todos los años un tema de su programa al examen de la cuestión de la violencia contra la mujer. Insto al Consejo de Seguridad a que establezca un mecanismo dedicado a la vigilancia de la violencia contra la mujer y la niña en el marco de la resolución 1325 (2000), relativa a la mujer y la paz y la seguridad.

Exhorto a todos y cada uno a encarar esta cuestión con la seriedad absoluta que merece, y no sólo el Día Internacional de la Mujer, sino todos los días.

Les doy las gracias por su compromiso con esa misión y espero con vivo interés colaborar con Uds. en los años venideros.

Muchísimas gracias.