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La
potenciación de la mujer como clave para alcanzar los Objetivos
de Desarrollo del Milenio
N
la Cumbre del Milenio se fijaron ocho objetivos de amplio
alcance. Si bien uno de los objetivos se refiere concretamente
a la promoción de la igualdad entre los géneros, es evidente
que la potenciación de la mujer es una condición imprescindible
para alcanzar el conjunto de las metas establecidas.
En la Cumbre del Milenio celebrada en septiembre de 2000,
la mayor reunión de dirigentes mundiales de la historia -147
Jefes de Estado y de Gobierno y representantes de un total
de 189 naciones- convino en un conjunto sin precedentes de
objetivos y metas con plazos establecidos y resultados cuantificables.
Los objetivos de desarrollo del Milenio, como más tarde pasaron
a ser conocidos, obedecían al propósito de luchar contra la
pobreza, el hambre, la enfermedad, el analfabetismo, la degradación
del medio ambiente y la discriminación de la mujer. En la
Declaración del Milenio aprobada en la Cumbre también se definía
una amplia gama de compromisos en materia de derechos humanos,
gestión pública y democracia.
De los ocho objetivos de desarrollo del Milenio, el objetivo
3 está dedicado a la promoción de la autonomía de la mujer
y la igualdad entre los sexos; en él se establecen metas concretas
para eliminar las desigualdades entre los géneros en todos
los niveles de la enseñanza para 2015, con unos indicadores
suplementarios sobre los niveles de empleo de la mujer y la
proporción de mujeres en los parlamentos. Sin embargo, en
general se considera que la igualdad entre los géneros es
un componente intersectorial fundamental para alcanzar todas
las metas.
"En nuestra labor para alcanzar esos objetivos, como se establecía
claramente en la Declaración del Milenio, el logro de la igualdad
entre los géneros no sólo supone un objetivo en sí mismo,
sino que es imprescindible para que podamos alcanzar todos
los demás", dijo el Secretario General de las Naciones Unidas,
Kofi Annan. "Se ha demostrado en un estudio tras otro", añadió,
"que no existe ninguna estrategia de desarrollo eficaz en
que no se reserve a la mujer un papel protagonista"..
Objetivos de desarrollo del Milenio que deben alcanzarse para 2015::
Objetivo 1 -- Reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre
Objetivo 2 -- Lograr la enseñanza primaria universal
Objetivo 3 -- Promover la autonomía de la mujer y la igualdad entre mujeres y hombres
Objetivo 4 -- Reducir en dos terceras partes la mortalidad de los niños menores de 5 años
Objetivo 5 -- Reducir la mortalidad materna en tres cuartas partes
Objetivo 6 -- Reducir el contagio de enfermedades, especialmente el VIH/SIDA y el paludismo
Objetivo 7 -- Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente
Objetivo 8 -- Fomentar una asociación mundial para el desarrollo, con metas en relación con la ayuda, el comercio y alivio de la deuda
Según el Banco Mundial, cada día hay más indicios que confirman que cuando existe una mayor igualdad entre hombres y mujeres las economías tienden a crecer más de prisa, los pobres salen antes de la pobreza y el bienestar de hombres, mujeres y niños es mayor. Se ha demostrado también en muchos estudios que la inversión en la mujer genera beneficios evidentes en forma de resultados de la actuación política, y se ha reconocido repetidas veces que la conciencia de las cuestiones de género y la igualdad entre los géneros constituyen tanto fines del desarrollo como medios fundamentales para lograr el desarrollo. Hasta el momento, en el debate sobre cuestiones de desarrollo se ha tendido a tener en cuenta a la mujer principalmente como madre, en especial en las cuestiones vinculadas a la reproducción, como los servicios de población, nutrición, educación y atención a la infancia, mientras hay otros aspectos en que la mujer ha estado ausente, como los planes generales de empleo y los programas de reforma agraria. Se ha defendido que en las estrategias de desarrollo debe darse mayor relieve a la igualdad entre los géneros en lo que se refiere a la distribución de los beneficios y los productos que deriven de los distintos objetivos de desarrollo.
Eveline Herfkens, Coordinadora Ejecutiva de la Campaña de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, subrayó que, puesto que las mujeres constituyen la mayoría de la población que vive con menos de 1 dólar por día -el umbral de la extrema pobreza- no podría alcanzarse ninguno de los objetivos si no se cumplía el objetivo 3. Calificando la estrategia de "doblemente beneficiosa", dijo que "los objetivos de desarrollo del Milenio fueron aceptados por todos como un programa para no perder más tiempo y volver a considerar a los seres humanos el principal objeto de interés. No se conseguirán los objetivos si no se empieza a ver a las mujeres como personas que influyen en la situación, y no como meras víctimas y receptoras".
Aunque en la Declaración del Milenio se reconoce la obligación de garantizar la igualdad de derechos y oportunidades de la mujer y el hombre, según el Banco Mundial en ninguna región del mundo en desarrollo las mujeres están en pie de igualdad con los hombres respecto de los derechos jurídicos, sociales y económicos. Además, aunque en los dos últimos decenios ha habido algunos avances en muchas partes del mundo en lo referente a las desigualdades entre los géneros en la escolarización y la salud, en algunos países siguen existiendo desfases importantes. Las niñas están rezagadas en lo que respecta al acceso a la educación. Para alcanzar la enseñanza primaria universal, debe hacerse un esfuerzo mayor por promover la matriculación de las niñas y cambiar los estereotipos culturales y creencias que, sumados a la extrema pobreza, muchas veces son causa de unos altos niveles de abandono de la escuela en las niñas.
La desigualdad entre los géneros en lo referente a la accesibilidad y el control de los recursos, a las oportunidades económicas y al poder y la participación política es un fenómeno generalizado. En la actualidad sólo cuatro países (Suecia, Dinamarca, Finlandia y Noruega) han conseguido una combinación de igualdad aproximada entre los géneros en la matriculación en la escuela secundaria, una proporción mínima de escaños en los parlamentos o asambleas legislativas del 30% de mujeres, y un porcentaje del orden del 50% de mujeres en los empleos remunerados en las actividades no agrícolas. En la mayoría de los países, las mujeres siguen teniendo menos acceso que los hombres a los servicios sociales y los recursos productivos:
Las mujeres siguen estando mucho menos representadas de lo que les correponde en las asambleas nacionales y locales; en los parlamentos nacionales ocupan en promedio sólo un 14% de los escaños. En muchos países de bajos ingresos, las niñas suelen asistir menos a la escuela que los niños. Incluso cuando las niñas empiezan a asistir a la escuela en la misma proporción que los niños, hay más probabilidades de que abandonen los estudios. En los países industrializados, las mujeres en el sector asalariado ganan una media del 77% de lo que ganan los hombres; en los países en desarrollo, el promedio es del 73%.
La mujer y la pobreza
El número de personas que viven en la pobreza extrema en todo el mundo, subsistiendo con menos de 1 dólar por día, supera los 1.300 millones. Una parte desproporcionada de la carga de la pobreza recae en la mujer, especialmente en los países en desarrollo. Aunque por falta de datos estadísticos es difícil documentar el porcentaje exacto, por lo general se considera que las mujeres constituyen la mayoría de los pobres del mundo (del 60% al 70%).
Además, la desproporción entre el número de mujeres y de hombres atrapados en el ciclo de la pobreza ha seguido aumentando en el último decenio.
Con frecuencia, las mujeres que viven en la pobreza ven negado su acceso a recursos fundamentales como el crédito, la tierra y la herencia. Muchas veces su trabajo carece de remuneración y reconocimiento. Sus necesidades en materia de salud y nutrición no suelen considerarse prioritarias, no tienen acceso suficiente a los servicios de educación y apoyo y su participación en la adopción de decisiones en el hogar y en la comunidad es mínima. La actitud discriminatoria contra las mujeres aumenta todavía más cuanto más pobres son. Atrapadas en el círculo vicioso de la pobreza, las mujeres son más vulnerables a causa de la desigualdad en el acceso a los recursos productivos y en el control de su propio trabajo y de las rentas que genera.
No sólo la desigualdad entre los géneros agrava la pobreza: la pobreza también acentúa la desigualdad entre hombres y mujeres. Las desigualdades entre las niñas y los niños en el acceso a la enseñanza o a los servicios de salud son más marcadas entre los pobres que entre los que viven con mayores ingresos. Los hombres pobres tienden a ejercer menor influencia en la comunidad que los demás hombres, pero las mujeres pobres son por lo general quienes menos pueden influir. Esas disparidades colocan a las mujeres y las niñas en desventaja y limitan su capacidad de participar en el desarrollo y aprovechar sus beneficios.
Una cuestión que demuestra claramente el modo en que las desigualdades entre los géneros agravan la pobreza para la mujer es el acceso al agua potable. Más de 1.000 millones de personas, aproximadamente la sexta parte de la población mundial, carecen de acceso a agua apta para el consumo, y 2.400 millones (el 40% de la población mundial) carecen de acceso a servicios de saneamiento en condiciones. Al no poder acceder directamente al agua potable, los pobres -en especial las mujeres y niñas- invierten gran parte de su tiempo en intentar conseguirla. Unos 6.000 niños mueren todos los días de enfermedades asociadas con el consumo de agua no potable y las deficiencias en materia de saneamiento e higiene. Se calcula que la falta de salubridad del agua y el saneamiento causa el 80% de las enfermedades en el mundo en desarrollo. Las mujeres y las niñas tienden a ser las que más sufren como resultado de la falta de infraestructura de saneamiento.
Potenciación de la mujer en Kenya mediante un proyecto de recogida de agua de lluvia
Unas mujeres masai han participado en una nueva iniciativa pionera de lucha contra la sequía que promete reducir radicalmente el tiempo invertido en buscar y almacenar un suministro suficiente de agua limpia y segura para la salud. El proyecto consiste en la recogida de agua de lluvia utilizando recipientes especiales de bajo costo y excavando miniembalses o "balsas de tierra". De este modo, en lugar de verse obligadas a andar muchos kilómetros en vano, las mujeres pueden recoger agua fresca y limpia sin alejarse de casa.
El proyecto forma parte de una amplia iniciativa internacional financiada por el Gobierno de Suecia y llevada a cabo por EarthCare Africa, que ha elaborado el proyecto en nombre del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Están en marcha varios proyectos semejantes en Nepal, la India, Bhután y Tonga.
Hasta el momento se han instalado estructuras con capacidad para contener 520.000 litros de agua de lluvia en tres ubicaciones de Kenya. Una de las derivaciones futuras del proyecto será los huertos para el consumo doméstico, dado que el terreno húmedo disponible alrededor de los miniembalses reúne las condiciones idóneas para explotar pequeños cultivos de hortalizas. |
Analfabetismo con rostro de mujer
Dos terceras partes de los 876 millones de analfabetos del mundo son mujeres. De los 113 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria que no asisten a la escuela, casi dos tercios son niñas. Por dura que sea la realidad que se desprende de estas estadísticas, en cierta medida se han producido avances. En la segunda mitad del siglo XX, las tasas de matriculación de las niñas en la escuela primaria prácticamente se duplicaron en Asia meridional, África subsahariana, África septentrional y el Oriente Medio, aumentando más deprisa que las tasas de matriculación de los varones. Sin embargo, todavía son menos las niñas que los niños que terminan la enseñanza primaria. Al cumplir los 18 años, las chicas cuentan con 4,4 años menos de educación que los varones de la misma edad.
El analfabetismo de la mujer es debido a muchos factores interrelacionados. En muchos países es costumbre que las niñas empiecen a ayudar en las tareas domésticas desde una edad temprana, lo que les impide cursar los ciclos oficiales de enseñanza. En algunos países la educación de las mujeres no se considera fundamental; en ciertos casos es incluso contraria al papel tradicional que se espera que ejerza la mujer. Pero, si bien los factores culturales y sociales tienen una gran repercusión en el acceso de la población femenina a la escolarización, la pobreza es el obstáculo más grave para la educación, en particular por lo que respecta a las niñas.
Koïchiro Matsuura, Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), poniendo de relieve la correlación entre educación y pobreza, se preguntó: "¿Cómo puede erradicarse la pobreza sin hacer nada por paliar las causas de la ignorancia?"
La alfabetización, particularmente la de la mujer, es uno de los factores más importantes para el desarrollo sostenible y equitativo. La mujer con educación generalmente tiene mayores ingresos y una mejor capacidad de atender y apoyar a su familia. Los datos de las Naciones Unidas demuestran que las mujeres con educación tienen familias más reducidas y espacian mejor sus embarazos. Es más probable que hagan ir a sus hijos a la escuela, en particular a las niñas, las madres que saben leer y escribir que las madres analfabetas.
Se ha demostrado en varios estudios que uno de los principales determinantes de las tasas de mortalidad de los niños menores de 5 años es el nivel de educación de la madre. Así, educar a las mujeres es fundamental para alcanzar el objetivo 4 del Milenio, que consiste en reducir en dos terceras partes la tasa de mortalidad de los niños menores de 5 años. Las madres con educación eligen con mayor acierto en lo que se refiere a la nutrición y la atención de salud para ellas mismas y sus hijos, y en general sus hijos suelen gozar de mejor salud que los de las mujeres sin educación.
| Educación de las niñas en Bangladesh
En fecha tan reciente como 1991, el nivel de educación de la población femenina de Bangladesh era uno de los más bajos del mundo. El 80% de las mujeres eran analfabetas. Con escasos conocimientos y sin información sobre servicios de salud, planificación de la familia y nutrición, las mujeres se encontraban atrapadas en un ciclo de dependencia. Para lograr que las niñas en edad escolar, especialmente las de las zonas rurales, recibieran una educación, a principios del decenio de 1990 el Banco Mundial y el Gobierno de Bangladesh pusieron en marcha un proyecto de asistencia a las escuelas secundarias de mujeres. El proyecto, que proporcionaba incentivos para que las niñas permanecieran en la escuela, dio como resultado un marcado aumento del número de niñas matriculadas en los cursos 6º a 10º. Las niñas participantes en el programa, principalmente de familias pobres de las zonas rurales, recibían una pequeña beca en efectivo para aliviar la carga financiera que suponía su educación. Para incentivar más a las escuelas a matricular a niñas, también se proporcionó a las escuelas que decidieron participar en el programa un pago de asistencia en concepto de matrícula. En las zonas en que se aplicó el proyecto, la matriculación de niñas se duplicó con creces y alcanzó más de 1 millón en 2001, respecto de 462.000 en 1994. La proporción general de mujeres que se casaron a una edad temprana en las zonas cubiertas por el proyecto descendió entre 1992 y 1995 del 19% al 14% para las chicas de 13 a 15 años y del 72% al 64% para las de 16 a 19 años. Los efectos beneficiosos de educar a las niñas han ido mucho más allá del aumento de las oportunidades personales. Se ha demostrado que los mayores niveles de educación de las niñas contribuyen a paliar problemas tales como los altos niveles de natalidad, las deficiencias de los servicios de salud y las altas tasas de mortalidad infantil. Con el proyecto se presta apoyo permanente a una labor muy eficaz del Gobierno de Bangladesh para brindar a las niñas de familias pobres rurales la posibilidad de mejorar no sólo su propia vida sino también el bienestar del país.
En los objetivos de desarrollo del Milenio se exhorta a lograr una tasa de matriculación equilibrada de las niñas y los niños en la enseñanza primaria y secundaria para 2005. En 1995, las niñas suponían sólo el 43% de la tasa de escolarización bruta en la escuela primaria en los países de bajos ingresos. Aunque la matriculación de las niñas en la escuela secundaria ha aumentado a un ritmo más rápido que la de los varones, en 2005 todavía no supondrán más que el 47% del total de matriculación en la enseñanza primaria. El grado de desventaja de la mujer en la educación varía enormemente de un país a otro. La desigualdad entre los géneros en la educación es acusada en África occidental y central, África septentrional y Asia meridional. En la India, por ejemplo, existe una diferencia de 16,6 puntos porcentuales entre la matriculación de niñas y de niños de edades comprendidas entre los 6 y los 14 años. En el Níger, la tasa de matriculación de los varones de 6 a 14 años de edad es un 41% mayor que la tasa de matriculación de las niñas.
© 2002 Grupo del Banco Mundial. |
El VIH/SIDA y el precio de la discriminación
Las mujeres constituyen alrededor de la mitad de los 40 millones de personas que viven con el virus de la inmunodeficiencia humana y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (VIH/SIDA) en todo el mundo, de las que el 95% vive en países en desarrollo y el 70% en el África subsahariana. Ningún ejemplo podría ilustrar mejor hasta qué punto es fundamental potenciar a la mujer para alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio que las conclusiones de una reciente misión interinstitucional de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA en África meridional, dirigida por Stephen Lewis, Enviado Especial del Secretario General de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA en África.
Estadísticas regionales del VIH/SIDA a finales de 2002
Datos del ONUSIDA
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Región
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Número de personas
que viven con el SIDA
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Porcentaje de mujeres
entre los adultos
seropositivos
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África subsahariana
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29.4 millones
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58%
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África septentrional y Oriente Medio
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550 000
|
55%
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Asia meridional y sudoriental
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6.0 millones
|
36%
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Asia oriental y el Pacífico
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1.2 millones
|
24%
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América Latina
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1.5 millones
|
30%
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440 000
|
50%
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Europa oriental y Asia central
|
1.2 millones
|
27%
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Europa occidental
|
570 000
|
25%
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América del Norte
|
980 000
|
20%
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Australia y Nueva Zelandia
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15 000
|
7%
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Total
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42 millones
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50%
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Las conclusiones de la misión indican claramente que África está experimentando una nueva variante de hambruna; una forma distinta de hambre, escasez de alimentos y destrucción de la agricultura, agravada por la sequía, pero en gran medida causada por el VIH/SIDA.
La misión constató que las mujeres sufren en todas partes. No sólo están enfermas ellas mismas en muchos casos, sino que deben asumir toda la carga del cuidado de la familia, un trabajo que no es reconocido ni compensado. A lo largo del último decenio, más de 7 millones de trabajadores agrícolas, en su inmensa mayoría mujeres, han perdido la vida a causa de la pandemia del VIH/SIDA en África.
"Las mujeres son extremamente vulnerables", dijo Stephen Lewis. Añadió: "En cualquier parte de este mundo en que se haya discriminado alguna vez a un género, esa discriminación acaba por pasar factura; en África meridional, el precio ha resultado altísimo".
En su mensaje para el Día Internacional de la Mujer de 2003, Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, subrayó la necesidad de tomar medidas con urgencia y señaló: "No hay tiempo que perder si queremos alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio para la fecha fijada de 2015. Sólo si invertimos en las mujeres del mundo podemos abrigar esperanzas de conseguirlo. Allí donde las mujeres prosperan, se beneficia toda la sociedad y se garantiza un mejor comienzo en la vida a las generaciones sucesivas".
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