Se ha convertido en un asunto casi incuestionable el hecho que el siglo 21 enfrente guerras de agua mientras las comunidades y los países tienen más sed y se encuentran cada vez más desesperados por el recurso natural más preciado y fundamental del mundo.
Proliferan estadísticas alarmantes y pronósticos de una calamidad inminente.
Un tercio de la población mundial vive en áreas con problemas de agua, donde el consumo supera la demanda. Para el año 2025, dos tercios de la población estará atrapada en esta grave situación de seguir sin control las actuales tendencias.
Un quinto de la población mundial no tiene acceso al agua potable. Seis mil personas, principalmente niños y en su mayoría en países en desarrollo, mueren cada día como resultado de agua sucia y contaminada. Anualmente, esto equivale a que población total de la zona central de Paris quedara borrada del mapa. La contaminación por efecto de las aguas residuales de los ríos y mareas ha precipitado una crisis en salud de proporciones masivas. El consumo de mariscos contaminados está causando un estimado de dos millones y medio de casos de hepatitis infecciosa cada año, lo cual ha dejado unas veinticinco mil muertes y otras veinticinco mil personas sufriendo de una incapacidad prolongada debido a daños al hígado.
Aproximadamente la mitad de los ríos del mundo se encuentran en condiciones de contaminación y agotamiento graves.
Algunos de los humedales y canales más importantes del mundo, incluyendo el Mar Aral y los Humedales de Mesopotamia se han reducido, provocando calamidades medioambientales para la población y la fauna y para la pesca de la cual ellos dependen mutuamente.
Dos mil millones de personas, cerca de un tercio de la población mundial, dependen de los suministros que ofrecen las aguas freáticas. En algunos países, como en partes de India, China, Asia Occidental, incluyendo la Península Arábiga, la exUnión Soviética y la zona oeste de los Estados Unidos, los niveles de las aguas freáticas están cayendo debido a una sobre extracción. Estas aguas en Europa Occidental y Estados Unidos están también contaminándose en forma creciente por el uso de químicos en la agricultura.
No es de extrañarse que pocos podrían perdonar el hecho de concluir que el vaso de la tierra está medio vacío, antes que medio lleno. Estos conflictos y disputas entre comunidades e internacionales por el recurso agua inevitablemente ocurrirá mientras la población aumente en dos mil millones de personas y llegue a más de ocho mil millones para el año 2050 y el espectro del calentamiento global se apodere y origine fenómenos climáticos más extremos, incluyendo sequías.
Pero si la historia es nuestra guía, entonces tenemos algo de optimismo con la esperanza que podamos alejar de las rocas de lo inevitable a las políticas mundiales del agua.
Una investigación que coincide con el Día Mundial del Agua -y que será presentada este mes en el Tercer Foro Mundial sobre el Agua en Kyoto, Japón- ha analizado la historia de los acuerdos sobre el agua dulce desde hace 4,500 años atrás. El estudio indica que la cooperación, antes que el conflicto, ha sido la norma durante los últimos siglos en términos de manejo de los ríos y sus áreas de captación. De hecho, el trabajo muestra que a la hora de la verdad, las naciones y las comunidades casi siempre optan por el camino de la paz y la acción de compartir antes que acumular el recurso del agua, ya sea en reservas de agua para beber, para proteger la fauna o más recientemente como hidrofuerza.
Existen otros signos de esperanza. Hasta la mitad del siglo pasado, muchos de los ríos ubicados en continentes como América del Norte y Europa, y especialmente aquellos que atraviesan las grandes áreas industriales, se encontraban tan contaminados que fueron clasificados como "muertos". Algunos estaban tan contaminados que el agua podía ser usada como tinta y los gases tóxicos que se desprendían y burbujeaban desde las profundidades, podían ser prendidos con un fósforo.
Hoy en día, luego de haber invertido miles de millones de dólares en trabajos de tratamiento de agua y en acuerdos con la industria de aguas residuales, los peces están nuevamente reproduciéndose y migrando hacia las cuencas altas a través de estuarios y afluentes ahora relativamente limpios.
El Támesis en Gran Bretaña fue oficialmente declarado como río muerto hace medio siglo, excepto para algunos pocos gusanos del lodo. Actualmente, pueden encontrarse allí unas 120 especies, incluyendo el salmón migrante.
También se han visto mejoras en el mundo en desarrollo, contrariamente a la creencia popular. En la región sudasiática, por ejemplo, el acceso a sistemas de saneamiento mejorados entre 1990 y 2000 ha beneficiado a 220 millones de personas. Desgraciadamente, el crecimiento demográfico ha aplastado el progreso, lo que ha significado que más de 800 millones de personas aún no cuenten con los sistemas seguros y saludables que se merecen. Pero está demostrado que, considerando la voluntad política, la diplomacia y la inversión, se pueden lograr cambios verdaderos; la verdadera esperanza puede reemplazar al aislamiento.
La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible en Johannesburgo ha dado al mundo el proyecto sobre cómo puede alcanzarse el desarrollo sostenible, desarrollo que dure y que respete a la gente y al planeta.
Ya no necesitamos más declaraciones. Lo que se necesita ahora es acción para poner en marcha el Plan de Implementación de la Cumbre y el sinnúmero de alianzas voluntarias, entre el sector industrial, las organizaciones no gubernamentales, los gobiernos y las Naciones Unidas. Muchas de estas alianzas tienen que ver con el tema del agua y el objetivo de reducir a la mitad, para el año 2015, el número de personas que carecen de acceso al agua potable. Esta es una meta que se vincula estrechamente con la mejora de las condiciones de vida de los pobres, que viven en tugurios y asentamientos humanos y que no tienen una adecuada vivienda o servicios básicos.
El Día Mundial del Agua es el centro para esta acción y el Foro en Kyoto es una fuerza para convertir los textos de Johannesburgo en un torrente de actividades. El año 2003 es también el Año Internacional del Agua Dulce, y debe jugar un rol importante en mantener un constante impulso.
Se necesita mucha buena voluntad, imaginación y determinación. No queremos que los pronósticos de desastres y los profetas del juicio final tengan la razón. Por tanto, necesitamos fondos para construir la infraestructura necesaria para obtener un mayor suministro de agua más limpia, más saludable y más abundante. Igualmente, se deben cumplir los compromisos hechos en Monterrey, México, el año pasado en la Conferencia sobre la Financiación para el Desarrollo, para lograr revertir la disminución de la ayuda extranjera.
Se está desperdiciando demasiada agua. Es una desgracia que el más del 50% del agua en algunas ciudades africanas se pierda por tuberías viejas y que gotean. La agricultura, donde se usa 70% de agua dulce, es antieconómica. Las tecnologías de goteo o tuberías subterráneas son simples o baratas. Hagamos que estén disponibles más ampliamente.
Debemos dar valor al agua, tanto valor espiritual como económico. Esto, sin embargo, no puede ser a costa de los pobres de las ciudades que ya pagan un alto precio por este recurso. Por tanto, debemos ser creativos a la hora de poner un precio al agua y ofrecer alternativas no baratas y ahorradoras a campesinos, industrias, ciudades y consumidores.
La historia puede enseñarnos que la norma es la cooperación con los recursos del agua dulce, tales como los ríos. También nos enseña que la autosuficiencia no es una opción. Hay más de 150 cuencas de ríos donde existen acuerdos de cooperación inadecuados. Muchos de estos podrían convertirse en potenciales puntos críticos.
De esta manera, otra necesidad urgente es que las organizaciones internacionales apliquen las lecciones del pasado para beneficio de las partes presentes y futuras: actuar como consejeros matrimoniales -resolviendo amigablemente las diferencias entres países y comunidades que pueden estar vagando sin rumbo fijo- o actuar como mediadores con aquellos que están coqueteando con la cooperación pero están siendo demasiado esquivos e inseguros sobre cómo proceder.
Como el agua que todos preciamos tanto, no la desperdiciemos.
Nittin Desai, Departamento de las Naciones Unidas para Asuntos Sociales y Económicos
Mark Mallow Brown, PNUD
Klaus Toepfer, PNUMA
Koichiro Matsuura, UNESCO
Anna Tibaijuka, ONU-Habitat
Carol Bellamy, UNICEF
Hans van Grinkel, Universidad de las Naciones Unidas
Traducción no oficial al español hecha por el CINU Lima
- 14 de marzo de 2003 -