Los documentos en formato PDF aparecen indicados y se abren en una nueva ventana.

(* inglés)   

Los fenómenos meteorológicos extremos son parte de una "nueva tendencia normal"

Inundaciones en Valladolid, España

Inundaciones en Valladolid, España. Un hombre utiliza
una lancha para atravesar la ciudad inundada.
El incremento de los fenómenos meteorológicos extremos
obedece al cambio climático.
ANTONIO MACIAS MARTINEZ – PNUMA/Imágenes Fijas

El año pasado fue testigo de terribles desastres naturales. Lamentablemente – y con toda la tragedia que eso significa para millones de personas – 2007 representó la "nueva normalidad", un nuevo paradigma de fenómenos meteorológicos extremos. Esta clarísima manifestación del cambio climático exige una rápida transformación del modo en que nos preparamos para hacer frente a los peligros de la naturaleza.

La Historia

Intensas tormentas a todo lo largo y ancho de Asia y el Caribe, devastadoras sequías en África, incendios forestales en la región sudoccidental de los Estados Unidos, inundaciones masivas en toda Asia y en grandes zonas de África – la lista global de catástrofes de 2007 se asemeja a un trillado guión de película Hollywoodense sobre desastres. Pero esas calamidades están muy lejos de ser ficción para decenas de millones de personas que han padecido grandes penurias a causa de esos sucesos.

La letanía de fenómenos meteorológicos extremos del año pasado podría ser apenas un aviso de lo que está por ocurrir. En 2007, las Naciones Unidas emitieron la cifra récord de 15 llamamientos para recaudar fondos para prestar ayuda en casos de desastres naturales inesperados, 5 llamamientos más que la cifra anual sin precedentes del año anterior. Con una sola excepción, todos esos desastres fueron resultado de condiciones climáticas extremas. Informes recientes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) citan investigaciones que indican que la influencia humana sobre el cambio climático ya ha aumentado el riesgo de que ocurran ciertos fenómenos meteorológicos extremos, y señalan que un aumento de 2°C de la temperatura por encima de los niveles de 1990–2000 incrementaría el riesgo de numerosos fenómenos extremos, incluidos inundaciones, sequías, olas de calor e incendios. También se prevén fuertes precipitaciones en algunas regiones – y ya, en 2008, se han registrado graves inundaciones en África meridional.

Las consecuencias de los desastres naturales no se hacen sentir únicamente en los planos humano y económico. Cientos de millones de personas podrían necesitar ayuda humanitaria en los próximos años debido a las devastadoras consecuencias del cambio climático, no solamente en términos de las reservas de alimentos y agua en todo el mundo y de la salud pública, sino también por las corrientes migratorias y, no menos importante tampoco, por la inestabilidad política, a raíz de la intensificación de la lucha por los recursos. El IPCC está de acuerdo en que la migración y el movimiento de las personas son factores particularmente importantes como fuentes de posibles conflictos. La migración, por lo general de carácter temporal y usualmente de las zonas rurales hacia las zonas urbanas, es una respuesta común a calamidades como las inundaciones y las hambrunas. El cambio climático podría tener efectos aún más negativos sobre la seguridad alimentaria y exacerbar la malnutrición, y la producción agrícola en muchos países africanos, incluido el acceso a los alimentos, estará en serio peligro.

Aunque es imposible evitar las catástrofes, es muchísimo lo que podemos hacer para reducir nuestros riesgos y vulnerabilidad a través de una mejora considerable de las actividades de reducción de riesgos, preparación y respuesta a situaciones de desastre. Nuestras acciones – o la inactividad crónica – son elementos decisivos que determinan el grado de los daños resultantes de los caprichos de la naturaleza. La forma en que construimos nuestros hogares y escuelas, diseñamos nuestros puentes, construimos nuestras ciudades y protegemos nuestras zonas costeras – es lo que realmente determina las consecuencias destructivas de cualquier suceso. Es urgente mejorar el modo en que nos preparamos para hacer frente a los desastres que provocan los fenómenos meteorológicos extremos. Las Naciones Unidas tendrán que encontrar los medios de prestar apoyo a las comunidades más vulnerables en los planos nacional y local para ayudarlas a adaptarse a condiciones climáticas extremas y otras repercusiones del cambio climático.

El Contexto

PARA MAYOR INFORMACIÓN:

Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH):
Stephanie Bunker, Vocera, Tel: 917 367 5126
Envíe un mensaje

 

ENLACES ÚTILES EN INTERNET:

Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH), ReliefWeb

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)*

Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)

Estrategia Internacional de Reducción de Desastres (ONU/EIRD)*

Organización Meteorológica Mundial*

Red Regional Integrada de Información (IRIN) - Noticias*

Centro de Noticias de las Naciones Unidas