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Aunque los titulares periodísticos recientes parecen afirmar lo contrario, hoy en día menos personas son víctimas de guerra que en casi cualquier otra época del siglo pasado. Aproximadamente 25,000 personas murieron durante los conflictos armados sucedidos durante el 2002, apenas una décima parte del número de personas muertas en cada año de la década de 1990. Incluso los atentados del 11 de septiembre, y las guerras en Afganistán e Iraq, no han revertido la tendencia decreciente.
Hay dos razones básicas por las que se dio este declive en el número de bajas durante las guerras: han estallado menos guerras nuevas y muchas de las conflagraciones antiguas están terminando. Paradójicamente, estos avances positivos están obligando a las Naciones Unidas a estirar al máximo sus recursos para satisfacer las nuevas demandas del mantenimiento de la paz. Estos recursos están en peligro de no ser suficientes ante el reto cada vez mayor de tanta paz por mantener.
Esto es cierto, particularmente en África. Las guerras en Angola, la República Democrática del Congo y Sudan, donde han muerto alrededor de siete millones de personas, ya finalizaron o pronto lo harán. Sierra Leona, hogar hasta hace poco de rebeldes conocido por sus horribles brutalidades, es ahora un país estable. El país colindante, Liberia, parece estar avanzando en la misma dirección. Esta tendencia no se limita únicamente a África. Europa y el este de Asia, los cuales perdieron aproximadamente 60 millones de personas en las guerras del siglo pasado, están casi en total paz. Incluso en la ardiente zona de los Balcanes, después la violencia vivida recientemente en Kosovo, vive ahora su momento de mayor estabilidad desde la desintegración de la ex Yugoslavia en 1991.
Es prudente recordar que esta tendencia positiva podría invertirse en cualquier momento. Sólo una cosa es cierta: un gran número de estos conflictos está en camino de ser resueltos y se están salvando millones de vidas. Para asegurar que algunos de estos conflictos realmente terminen y se demuestre que la paz es sostenible, se están estableciendo nuevas misiones de paz en Liberia, Côte D'Ivoire, y próximamente en Haití.
En tres continentes, ya existen alrededor de 50,000 soldados y personal policíaco portando los cascos azules de Naciones Unidas en 15 misiones de paz encabezadas por la ONU. El personal de estas misiones proviene principalmente de países en desarrollo, como Pakistán, la India y Bangladesh y sus filas podrían aumentar a 70,000 o más para finales de año. En el ámbito de la actividad militar esta expansión no es significativa. Incluso si la factura de las misiones de paz de la ONU aumentara a $4 mil millones de dólares al año, lo que podría ser posible si el Consejo de Seguridad de la ONU convoca a nuevas misiones en todos los lugares que actualmente están siendo debatidos, el mantenimiento de la paz operado por la ONU costaría menos del 1% de lo que los Estados Unidos gastan cada año en su sistema de defensa. Pero dentro del contexto de la ONU, el vertiginoso aumento actual forzará al sistema a los límites de su capacidad, planteando mayores retos en las áreas de planeación, generación de fuerza, logística, adquisiciones, mando y control.
Si la comunidad internacional desea que se realice el mantenimiento de la paz, debe proporcionar el apoyo necesario para que se haga bien: las mujeres y los hombres uniformados tanto de países desarrollados como en desarrollo, los servicios de apoyo militar especializados de aquellos países que los tienen, los recursos financieros, las fuerzas estratégicas de reserva y el compromiso sostenido. Se puede obtener un dividendo de paz, pero no sin una inversión clara.
Para más información:
Sr. David Wimhurst, Oficial de Asuntos Políticos, Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz
Tel: (1 212) 963-6316; Correo electrónico: wimhurst@un.org
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