Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido en 1994 en Rwanda

La decisión de declarar el 7 de abril de 2004 Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido en 1994 en Rwanda se originó en una recomendación del Consejo Ejecutivo de la Unión Africana. En marzo de 2003, el Consejo recomendó que las Naciones Unidas y la comunidad internacional, en conmemoración del genocidio cometido en 1994 en Rwanda, proclamara un día internacional de reflexión y de renovado compromiso de lucha contra el genocidio en todo el mundo.

El 23 de diciembre de 2003, la Asamblea General aprobó la resolución A/RES/58/234, en la que declaraba el día 7 de abril de 2004 Día Internacional de Reflexión sobre el Genocidio cometido en Rwanda. En la resolución se "alienta a todos los Estados Miembros, las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales competentes, así como a las organizaciones de la sociedad civil, a que observen el Día Internacional con actos y actividades especiales en memoria de las víctimas del genocidio". En ella se hace también un llamamiento a todos los Estados para que actúen de conformidad con la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, a fin de que no vuelvan a repetirse acontecimientos como los ocurridos en Rwanda en 1994.

El Gobierno de Rwanda ha pedido que, como parte de la conmemoración mundial del Día Internacional se observe un minuto de silencio a las 12 del mediodía de los distintos husos horarios. En la Conferencia en Memoria del Genocidio de Rwanda*, organizada por los Gobiernos del Canadá y de Rwanda en las Naciones Unidas, Nueva York, el 26 de marzo de 2004, el Secretario General señaló que "ese minuto de silencio encierra el potencial de unir al mundo, aunque no sea más que por un momento, en torno de la idea de la solidaridad mundial ... Quisiera instar a todos los seres humanos de todas partes, cualquiera sea su situación en la vida, vivan en ciudades extremadamente pobladas o en zonas rurales remotas, que, al llegar las 12 del mediodía de la fecha indicada, dejen de lado la labor que les ocupe y hagan una pausa para recordar las víctimas. Unámonos como no lo hicimos hace diez años, y que con nuestra acción de un solo minuto, enviemos un mensaje de remordimiento por el pasado y de resolución de prevenir toda repetición de esa tragedia en el futuro que perdure muchos años".

Definición de genocidio

En la Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, se define éste como cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso: matanza de miembros del grupo; lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo; y traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

Información general sobre el genocidio

En 1994, 800.000 rwandeses fueron asesinados por sus compatriotas, en la mayoría de los casos únicamente por pertenecer a un grupo étnico determinado. La matanza comenzó el 7 de abril de 1994, un día después de que un avión en que viajaban los Presidentes de Rwanda y Burundi fue derribado por un misil cuando se alistaba a aterrizar en Kigali. La matanza sistemática de hombres, mujeres y niños durante aproximadamente 100 días, entre abril y julio de 1994, se perpetró a plena vista y paciencia de la comunidad internacional. Se cometieron atrocidades sin nombre en que participaron no sólo las milicias y las fuerzas armadas, sino también civiles que se ensañaron con otros civiles. El genocidio fue organizado detalladamente por, entre otros, altos funcionarios del Gobierno y dirigentes del partido en el poder. Antes de que se iniciara el genocidio propiamente dicho, se prepararon listas de los tutsis y dirigentes de la oposición que habrían de ser asesinados. Diversos medios de información que preconizaban el odio también contribuyeron a que se condonara la matanza y se participara en ella. Por consiguiente, los principales asesinos no fueron turbas sin rostro, sino individuos identificables que pueden llevarse ante la justicia.

La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Rwanda

En 1994, las Naciones Unidas tenía fuerzas de mantenimiento de la paz en Rwanda en los momentos y lugares en que se estaban cometiendo actos de genocidio. Durante la matanza, algunos soldados de esas fuerzas perdieron la vida tratando de defender a las víctimas. Sin embargo, en lugar de enviarles refuerzos, las Naciones Unidas retiró esas tropas, de conformidad con la decisión adoptada a ese respecto por los Estados Miembros en el Consejo de Seguridad.

La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Rwanda (UNAMIR), componente principal de la presencia de las Naciones Unidas en ese país, era una operación tradicional y consensual de mantenimiento de la paz cuyo mandato no comprendía la capacidad de prevenir un genocidio. Se había establecido para contribuir a la aplicación del Acuerdo de Paz de Arusha firmado el 4 de agosto de 1993. No se había planeado, configurado ni desplegado para que desempeñara una función decidida y preventiva en caso de genocidio, sino para que, a la larga, facilitara un proceso de paz que llevara a la creación de un gobierno de transición de base amplia. La misión era más pequeña de lo que se había recomendado inicialmente, había tardado en prepararse y carecía de tropas debidamente adiestradas y de los pertrechos adecuados.

Aún antes de que comenzara la matanza, las Naciones Unidas habían tratado de lograr que varios Estados Miembros de importancia clave fueran conscientes de la posibilidad de que se produjeran asesinatos en masa. La matanza se señaló a la atención del Consejo de Seguridad, el que, tras una votación, decidió que se redujera el número de soldados de la UNAMIR.

Inicialmente, el Consejo de Seguridad rechazó la posibilidad de adoptar medidas militares para hacer frente a la crisis; además, algunos gobiernos se negaron a permitir que en los documentos de las Naciones Unidas se utilizara la palabra "genocidio" para describir la matanza que se llevaba a cabo en Rwanda. Algunos gobiernos que habían aportado contingentes a la UNAMIR dispusieron que éstos volvieran a sus países cuando sufrieron bajas. Dos semanas después del comienzo de la matanza, el Consejo de Seguridad decidió, por votación, reducir el número de integrantes de la UNAMIR de 2.000 a 270 soldados. Ello ocurrió tras el asesinato de 10 soldados belgas de las fuerzas de mantenimiento de la paz y del Primer Ministro de Rwanda, al que protegían esos soldados.

Una vez que saltaron a la luz las proporciones de la matanza, el Consejo de Seguridad, a mediados de mayo de 1994, autorizó el envío de aproximadamente 5.500 soldados de las Naciones Unidas, pero fueron pocos los que llegaron antes del término de la matanza, que se produjo cuando asumió el control del país el Fondo Patriótico de Rwanda, dominado por los tutsis.

En la Conferencia en Memoria del Genocidio de Rwanda, celebrada en la Sede de las Naciones Unidas el 26 de marzo de 2004, el Sr. Romeo Dallaire, ex Comandante de la UNAMIR, indicó que el 22 de abril, cuando ya habían perecido más de 100.000 personas, el grueso de la Fuerza recibió órdenes de retirarse, pero que se dispuso que 450 soldados africanos y 13 canadienses permanecieran en sus puestos para observar la situación. En un proceso en que millones de personas resultaron desplazadas, heridas y asesinadas, la Misión logró salvar a unos 30.000 seres humanos.

El Tribunal Internacional para Rwanda

El Consejo de Seguridad, en noviembre de 1994, creó el Tribunal para Rwanda, con sede en Arusha (República Unida de Tanzanía), para que enjuiciara a los presuntos responsables de genocidio y otras violaciones graves del derecho internacional humanitario cometidas en el territorio de Rwanda entre el 1° de enero de 1994 y el 31 de diciembre de 1994.

El Tribunal también tiene competencia para enjuiciar a los ciudadanos de Rwanda responsables de genocidio y otras violaciones graves del derecho internacional cometidas en el territorio de Estados vecinos durante el mismo período.

Desde su creación, en 1995, el Tribunal ha contribuido a restablecer y mantener la paz y a fomentar la reconciliación nacional enjuiciando a las personas presuntamente responsables de actos de genocidio y otras violaciones graves del derecho internacional humanitario. La labor del Tribunal ha comprendido también actividades destinadas expresamente a ocuparse de las víctimas del genocidio y de sus necesidades. Desde los primeros juicios, iniciados en 1997, hasta ahora, el Tribunal ha dictado 18 fallos. El actual Fiscal del Tribunal Penal Internacional para Rwanda es Hassan Bubacar Jallow, de Gambia, quien asumió sus funciones en octubre de 2003.

El Tribunal ha dictado algunos fallos históricos. Por ejemplo, respecto del papel de los medios informativos que preconizaban el odio, en diciembre de 2003 el Tribunal declaró culpables de genocidio a tres directores de medios de información de Rwanda por su papel en la incitación a la matanza de 1994. Esos medios de información no sólo habían avivado el fuego del odio étnico sino, además, habían señalado las víctimas que habían de ser eliminadas. "El poder de los medios de información para crear y destruir los valores humanos conlleva una gran responsabilidad", se indicó en el fallo del Tribunal. "Las personas que controlan los medios informativos son responsables de las consecuencias de los actos de éstos". También se ha creado en Rwanda un sistema de tribunales de base comunitaria para que entiendan en aproximadamente 80.000 casos de asesinato vinculados al genocidio.

Medidas adoptadas por las Naciones Unidas después del genocidio

Como consecuencia del genocidio de Rwanda, todo el sistema de las Naciones Unidas se movilizó para contribuir a estabilizar la situación, atenuar los sufrimientos de los sobrevivientes y prestar ayuda en los esfuerzos de reconstrucción del país. Entre los logros de la Organización se cuentan las iniciativas en curso para proteger los derechos humanos y reconstruir el sistema judicial de Rwanda, la ejecución de programas humanitarios y de asistencia a los refugiados y el establecimiento del Tribunal Penal Internacional para Rwanda encargado de enjuiciar a los presuntos responsables del genocidio; desde la segunda guerra mundial, era la segunda vez que se creaba un organismo de estas características.

Las Naciones Unidas han establecido y puesto en práctica un programa de asistencia humanitaria en Rwanda de asistencia a los refugiados rwandeses en Burundi, la República Unida de Tanzanía, Uganda y Zaire. Las fuerzas de paz de las Naciones Unidas han desarrollado actividades en materia de seguridad, de limpieza de campos de minas, de asistencia al retorno de refugiados y personas desplazadas en el país, y de reconstrucción de la infraestructura del país. Si bien es cierto que actualmente en Rwanda se disfruta de una estabilidad relativa y que han mejorado notablemente las condiciones de vida, quedan aún muchos obstáculos por salvar, entre ellos la falta de reconciliación nacional, una economía devastada y la presencia de grandes números de refugiados en los países limítrofes.

El informe de la Comisión independiente de investigación sobre el genocidio

El 15 de diciembre de 1999, una investigación independiente cuya realización había encargado el Secretario General a una Comisión encabezada por Ingvar Carlsson, ex Primer Ministro de Suecia, determinó varios de los fallos de las medidas adoptadas por las Naciones Unidas durante el genocidio de Rwanda.

El informe Carlsson llegaba a la siguiente conclusión: "Los responsables de que las Naciones Unidas no hayan impedido ni detenido el genocidio en Rwanda son, en particular, el Secretario General, la Secretaría, el Consejo de Seguridad, la UNAMIR y el conjunto de los Miembros de las Naciones Unidas". En lo que respecta a los rwandeses que habían planificado el genocidio de sus propios compatriotas, que habían incitado a que se cometiera y que lo habían llevado a cabo, debían tomarse todas las disposiciones necesarias para su enjuiciamiento en el Tribunal Penal Internacional para Rwanda y en los tribunales de Rwanda. Las causas del total fracaso de la acción de las Naciones Unidas antes y durante el genocidio de Rwanda se resumían en el informe como "la falta de recursos y la falta de voluntad para asumir la responsabilidad de impedir o detener el genocidio".

Experiencia adquirida

En 1994 las Naciones Unidas inició un proceso de autoexamen crítico para entender los errores cometidos. Tanto en el caso de Rwanda como en el de Bosnia, la Organización ha tratado de extraer lecciones de los fracasos de las operaciones de mantenimiento de la paz en esos países.

En diversas crisis recientes, las Naciones Unidas han tratado de reaccionar con mayor rapidez y eficacia ante los primeros indicios de que se ciernen amenazas sobre la población civil. El Consejo de Seguridad ha autorizado la acción de fuerzas multinacionales, seguida más adelante por el despliegue de fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. El Secretario General ha procurado crear conciencia entre los Estados Miembros, con mayor insistencia que antes, de que se llevan a cabo matanzas de civiles y de la necesidad de desplegar fuerzas con rapidez para evitar el derramamiento de sangre. Ha instado a los miembros del Consejo de Seguridad a que estudien a fondo la mejor forma de hacer frente a las amenazas de genocidio o de otras violaciones en gran escala de los derechos humanos.

Prevención de futuros genocidios

Con dolor, y demasiado tarde, la comunidad internacional está tratando de tomar nuevas medidas para prevenir y castigar el genocidio y los crímenes contra la humanidad. En noviembre de 1999, en su informe a la Asamblea General sobre la caída de Srebrenica, el Secretario General advirtió a la Asamblea General del peligro que entrañaba abstenerse de tomar medidas ante cualesquiera violaciones en masa de los derechos humanos. Destacó la existencia de graves fallos institucionales y de doctrina en las Naciones Unidas, entre ellos "la ambivalencia generalizada ... con respecto al uso de la fuerza para establecer la paz" y una "ideología institucional de imparcialidad aun en los casos de intento de genocidio".

El Secretario General también ha exhortado a que se protejan los derechos de las minorías, que son los blancos más frecuentes del genocidio. De hecho, la protección de los civiles en los conflictos armados sigue siendo una parte fundamental del mandato de las Naciones Unidas. En los informes presentados por el Secretario General en 1999 y 2001 sobre el particular se describía la triste realidad a que hacían frente millones de civiles de todo el mundo en situaciones de conflicto armado, incluidos el reclutamiento y utilización de niños soldados, la proliferación de las armas pequeñas y su tráfico, los desplazamientos y los actos de depuración étnica en gran escala y la impunidad de que disfrutaban, en general, los responsables de las atrocidades. Estos informes, así como dos resoluciones del Consejo de Seguridad sobre el tema aprobadas a partir de 1999, han contribuido a consolidar el marco normativo de la protección de los civiles en los conflictos armados. De esa forma se han demarcado claramente los límites de la conducta aceptable en tiempos de guerra y se proscriben los actos que se sitúan fuera de ese marco. En el año 2000, los 189 Estados Miembros de la Organización en ese entonces se comprometieron, en la Declaración del Milenio, a "ampliar y reforzar la protección de los civiles en situaciones de emergencia complejas, de conformidad con el derecho internacional humanitario".

La responsabilidad de proteger

Al parecer, los gobiernos y la comunidad mundial comienzan a aceptar el concepto de la responsabilidad que les cabe de proteger a sus ciudadanos de todo peligro. A juicio del Secretario General, el informe de 2001 de la Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados, titulado "La responsabilidad de proteger", "ha modificado, con visión y espíritu creador, los términos en que ha de desarrollarse el debate sobre la dificílisima cuestión de la protección". Ha sido éste el informe más pormenorizado y mejor fundado con que se cuenta hasta la fecha y constituye un importante avance en el difícil proceso de dar forma a un nuevo consenso mundial sobre las intervenciones que tengan por objeto proteger a los seres humanos.

Además, la nueva doctrina del "mantenimiento de la paz enérgico" permite que las fuerzas de las Naciones Unidas recurran a la fuerza no sólo para defenderse sino también para cumplir su mandato y proteger a los civiles que se encuentren bajo una amenaza inminente de violencia física. Con arreglo a esas pautas se está actuando actualmente en Ituri, en la República Democrática del Congo.

Grupo de alto nivel creado por el Secretario General

Las Naciones Unidas aplican cada vez en mayor medida un criterio de prevención para hacer frente a las violaciones masivas de derechos humanos, que a menudo son indicio de un futuro genocidio. En noviembre de 2003, el Secretario General nombró a un grupo de personalidades eminentes para que formaran parte de un Grupo de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio. El Grupo, compuesto de 16 personas de alto prestigio y experiencia, procedentes de todas partes del mundo, es presidido por el ex Primer Ministro Anand Panyarachun, de Tailandia, y forman parte de él expertos sobresalientes en cuestiones de seguridad y desarrollo. El Grupo tiene tres funciones fundamentales: llevar adelante, de común acuerdo, un análisis de las amenazas actuales y futuras a la paz y la seguridad; preparar una evaluación rigurosa de la contribución que puede aportar la acción colectiva a la respuesta que se dé a esas amenazas; y recomendar los cambios necesarios para que las Naciones Unidas constituyan un instrumento legítimo y eficaz de la correspondiente acción colectiva. Una de las cuestiones que habrá de examinar es la responsabilidad de la comunidad internacional de prevenir y resolver los conflictos dentro de los Estados, sobre todo cuando comprendan genocidio, "depuración étnica" u otras violaciones extremas de los derechos humanos. El Grupo presentará un informe al Secretario General a finales del presente año.

Medidas adoptadas por el Secretario General para prevenir el genocidio

En un discurso sobre la prevención del genocidio pronunciado en el Foro Internacional de Estocolmo * el 26 de enero de 2004, el Secretario General sugirió que los Estados Partes en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio consideraran la posibilidad de establecer un comité de prevención del genocidio que se reuniera periódicamente para estudiar informes y formular recomendaciones de acción.

El Secretario General propuso también que se estableciera un cargo de Relator Especial o Asesor Especial sobre la prevención del genocidio, cuyo titular presentará informes directamente al Consejo de Seguridad.

El 20 de febrero de 2004, el Secretario General indicó lo siguiente: "No puede haber obligación de más peso para la comunidad internacional que la prevención del genocidio. Los acontecimientos ocurridos en Rwanda hace diez años son particularmente vergonzantes. Evidentemente, la comunidad internacional tenía capacidad para prevenirlos, pero no supo complementarla con la voluntad necesaria. En la actualidad Rwanda tiene mucho que demostrar al mundo en lo que concierne a superar el legado del pasado y hacer frente a los problemas de la recuperación. Ya ha demostrado que es posible superar la tragedia que sufrió y reavivar la esperanza. De nosotros depende que recurramos a nuestra capacidad colectiva para prevenir genocidios en el futuro. Debemos velar por que nunca más nos falte la voluntad."

En la Conferencia en Memoria del Genocidio de Rwanda * celebrada en Nueva York el 26 de marzo de 2004, el Secretario General dijo que se podía y debía hacer mucho más para hacer frente al genocidio con determinación. "Actualmente estoy estudiando las nuevas medidas que podrían adoptarse", declaró. "El silencio que acompañó a los genocidios en el pasado debe ser sustituido por un clamor mundial, un clamor y una voluntad de llamar por su nombre a lo que está sucediendo".

El 7 de abril, el Secretario General dirigirá la palabra a una reunión conmemorativa especial de una hora de duración que se celebrará en Ginebra en el marco del 60° período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos. Las observaciones que hará el Secretario General en la Sala de la Asamblea de la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra, versarán, en especial, sobre la prevención del genocidio.