una sociedad para todas las edades
Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento· Madrid, España · 8-12 de abril 2002

El Secretario General
Discurso ante la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento
Madrid, 8 de abril de 2002

 

 

Gracias Presidente.
Su Alteza Real [Infanta Cristina],
Excelencias, señores y señoras:

En África se dice que cuando muere un anciano desaparece una biblioteca. Tal vez el proverbio varíe de un continente a otro, pero su significado es igualmente cierto en cualquier cultura. Las personas de edad son intermediarios entre el pasado, el presente y el futuro. Su sabiduría y experiencia constituyen un verdadero vínculo vital para el desarrollo de la sociedad.

Nos hemos reunido hoy para rendir homenaje a las personas de edad por su contribución y para formular una estrategia que les ayude a vivir con la seguridad y la dignidad que merecen. En ese sentido, esta Asamblea es para ellas.

Permítaseme también rendir homenaje a España por su generosidad como anfitriona de esta Asamblea, y por su función rectora esclarecida e informada, que nos ha ayudado a prepararla.

Han transcurrido 20 años desde que nuestros predecesores se reunieron para aprobar el primer documento mundial que serviría como guía de las políticas sobre el envejecimiento. Desde entonces, el mundo ha cambiado de tal manera que es casi irreconocible. Lo que no ha cambiado es nuestro objetivo fundamental: construir una sociedad apropiada para todas las personas, de todas las edades.

Hoy tenemos razones fundamentales e imperiosas para volver a ocuparnos de la cuestión. El mundo está experimentando una transformación demográfica sin precedentes. De aquí al 2050, el número de personas de edad aumentará de aproximadamente 600 millones a casi 2.000 millones. Antes de que pasen 50 años, habrá en el mundo por primera vez en la historia, más personas mayores de 60 años que menores de 15.

Quizá lo más importante es que el aumento del número de personas de edad será mayor en los países en desarrollo. Se prevé que en los próximos 50 años la población de edad del mundo en desarrollo se cuadruplique.

Se trata de un fenómeno extraordinario que acarrea consecuencias para cada comunidad, cada institución y cada persona, joven o vieja. Definitivamente, el envejecimiento ya no es sólo un "problema del primer mundo". Lo que era de importancia secundaria en el siglo XX lleva camino de convertirse en tema dominante en el siglo XXI.

Semejante revolución presentará retos formidables en un mundo que ya se está transformando a causa de la globalización, la migración y los cambios económicos. Querría mencionar sólo algunos de los retos que se nos plantean hoy.

- A medida que aumenta el número de personas que se trasladan a las ciudades, las personas de edad pierden las redes sociales y el apoyo familiar tradicionales, y se ven cada vez más expuestas a la marginación.

- En los países en desarrollo, la crisis del VIH/SIDA está obligando a muchas personas de edad a cuidar de los niños que han perdido a sus padres a causa de este flagelo, y que son ya más de 13 millones en todo el mundo.

- En muchos países desarrollados está desapareciendo rápidamente el concepto de seguridad desde el nacimiento hasta la muerte. Debido a la reducción de la población activa, aumenta el riesgo de que las pensiones y la atención médica para las personas de edad sean insuficientes.

Con el aumento de la población de edad, se multiplicarán esos retos. Es necesario que empecemos a prepararnos para hacerles frente desde ahora. Debemos elaborar un nuevo plan de acción sobre el envejecimiento, adaptado a las realidades del siglo XXI. Permítaseme mencionar algunos objetivos primordiales.

Debemos reconocer que, al ser mayor el número de personas que reciben una mejor educación y gozan de longevidad y buena salud, las personas de edad pueden contribuir más que nunca a la sociedad, y de hecho lo hacen. Si fomentamos su participación activa en la sociedad y el desarrollo, podemos asegurarnos de que se aprovechen su talento y experiencia inestimables. Las personas de edad que puedan y quieran trabajar deben tener la oportunidad de hacerlo; y todas las personas deben tener la oportunidad de seguir aprendien-do a lo largo de la vida.

Si creamos redes de apoyo y ambientes propicios, podremos lograr que la sociedad en general se interese por estrechar la solidaridad entre los grupos generacionales y combatir el abuso, la violencia, la falta de respeto y la discriminación de que son víctimas las personas de edad.

Si proporcionamos atención de salud adecuada y a un costo razonable, incluidas medidas de salud preventiva, podremos ayudar a las personas de edad a mantener su independencia el mayor tiempo posible.

En los últimos 20 años se han abierto innumerables oportunidades que deberían ayudarnos a lograr esos objetivos.

En las conferencias celebradas en el decenio de 1990 se forjaron nuevos compromisos internacionales que culminaron en los Objetivos de Desarrollo de la Asamblea del Milenio. Considerados en su conjunto, constituyen un plan básico para mejorar la vida de las personas. Contribuir a que las personas de edad vivan mejor debe ser parte integrante de ese programa.

Se ha producido una revolución mundial en cuanto al uso de la tecnología de la información y la potenciación de la sociedad civil. Ello nos permite establecer los vínculos de colaboración necesarios para construir una sociedad para todas las edades. Si bien los gobiernos son los primeros responsables del bienestar de la población de edad, deben realizar su labor mediante coaliciones eficaces con todos los interesados: desde las organizaciones no gubernamentales al sector privado, desde las organizaciones internacionales a los educadores y los profesionales de la salud y, por supuesto, las asociaciones que agrupan a las propias personas de edad.

Esta Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento nos ha brindado oportunidades extraordinarias de estrechar esos vínculos de colaboración, gracias al foro paralelo de las organizaciones no gubernamentales celebrado aquí en Madrid y el foro científico internacional que acaba de finalizar en Valencia. Una vez más, quiero dar las gracias al Gobierno de España y a la sociedad civil española, que han hecho posible todo esto.

Señoras y señores:

En vista de los retos y las oportunidades que se nos presentan, confío en que pondrán todo su empeño en llevar a buen término las negociaciones sobre el documento final de esta Asamblea.

Y espero que también envíen al mundo un mensaje más general: que las personas de edad no son una categoría aparte. Todos envejeceremos algún día, si tenemos ese privilegio. Por lo tanto, no consideremos a las personas de edad un grupo aparte, sino como lo que nosotros mismos seremos en el futuro. Y reconozcamos que todas las personas de edad son personas individuales, con necesidades y capacidades particulares, y no un grupo en que todos son iguales porque son viejos.

Finalmente, quisiera confesarles algo. Hoy cumplo 64 años. Por lo tanto, me considero apto para citar la canción de los Beatles y preguntar, en nombre de todas las personas de edad: ¿Me necesitarás todavía, me alimentarás todavía, cuando tenga 64 años?

Confío en que la respuesta sea sí: en el siglo XXI brindaremos a las personas de edad lo que necesiten y necesitaremos a las personas de edad. Muchas gracias.

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