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El diálogo entre civilizaciones no es un mero sueño
Mensaje del Sr. Giandomenico Picco, Representante Personal del Secretario General para el Año de las Naciones Unidas del Diálogo entre Civilizaciones
P
ara muchos, la idea de un diálogo entre civilizaciones parece un mero sueño, un ideal inalcanzable. Casi todos dirán, como se me ha dicho en varias ocasiones, que no se puede hacer realidad sencillamente porque nunca se ha logrado. Aún más, hay culturas institucionales enteras que se basan en la idea de que no se puede aspirar a lo que no se ha logrado antes; aunque las culturas siempre han estado conectadas, de alguna forma, entre sí, hay muchas personas y grupos que siguen inculcando a las nuevas generaciones el temor a "los otros", debido a un pasado de prejuicios, malentendidos y fracasos.Sin embargo, es precisamente el desafío de lograr algo nuevo, algo que ni siquiera sabemos que exista, lo que conforma la base misma de la labor de los científicos y los investigadores. En mi juventud, cuando personas más sabias y más maduras que yo, en las Naciones Unidas, me decían que no me lanzara a aventuras sin precedentes, no podía entender ese consejo, ya que me parecía que eran precisamente esos desafíos lo que más me atraía; por lo tanto, obedecía mis instintos y, efectivamente, traté de lograr lo que no se había hecho antes. Si se permitía que los científicos llevaran adelante su búsqueda de lo desconocido ¿por qué me había de estar vedado a mí hacer lo mismo? Gracias a ello, me parece, se salvaron muchas vidas y por lo menos la mía adquirió más sentido.
Es muy frecuente que los mayores leguen a los jóvenes un escepticismo oculto tras una falsa máscara de experiencia. Tal vez lo que transmitimos a los jóvenes de esa forma no sea realismo y tal vez lo que llamamos experiencia no sea más que la expresión de nuestro fracaso. No deseo transmitir a las nuevas generaciones ninguna renuencia a llevar adelante nuevas empresas, desalentarlas a que aspiren a lo que aún no se ha logrado o incitarlas a que abandonen sus aspiraciones y sus sueños.
Aun si el diálogo entre civilizaciones resulta ser una hazaña imposible de alcanzar para nuestra generación, tal vez no lo sea para la siguiente o para la subsiguiente. Por eso, me parece que ese empeño se inicia hoy en cada uno de nosotros.
Difícilmente se pueden tratar de lograr las ambiciones y los objetivos de un diálogo entre civilizaciones sin tener cierta fe en el poder del espíritu humano de trascender barreras, divisiones y obstáculos que han existido durante siglos. El diálogo es, ante todo, una actitud mental para la cual la diversidad es un elemento de mejora y crecimiento y que, de esa forma, supera el viejo paradigma según el cual la diversidad es una amenaza o, peor aún, un sinónimo de "enemigos".
Es evidente que el diálogo entre civilizaciones significa muchas cosas. Por lo tanto, tal vez convenga centrarse más que nada en un solo significado, para que no nos perdamos en las vaguedades de una conversación eterna pero carente de dirección. Si nuestro diálogo se va a centrar en modificar la actitud mental para la cual la diversidad es una amenaza, es posible que su objetivo final sea elaborar un nuevo paradigma de relaciones internacionales basado en esa modificación.
Es ese el ambicioso objetivo que se ha fijado el grupo de personalidades establecido por el Secretario General.
Todo nuevo paradigma deberá comprender los elementos siguientes:
- Una reevaluación del concepto "enemigo". ¿Podemos aspirar a tener dirigentes que dirijan destinos sin tener enemigos?
- Alineamientos basados en la necesidad de resolver problemas y no alianzas basadas en ideologías (aun los buenos amigos pueden estar de acuerdo sobre algunas cuestiones y en desacuerdo respecto de otras).
- Reconocimiento del concepto de interesados directos en un mundo interdependiente y no de superpotencias o potencias medianas (hace un siglo las grandes potencias podían influir fácilmente en las potencias pequeñas, pero hoy incluso las naciones pequeñas pueden influir en las superpotencias, como hemos visto en el sector financiero, por no hablar del ámbito del terrorismo).
- Por último, el paradigma debe basarse en decisiones colectivas como es natural, pero también en la responsabilidad individual, que se había dejado de lado en los marcos institucionales y jurídicos del sistema internacional. Podría afirmarse que, en ausencia de la responsabilidad individual, los compromisos adquiridos en virtud de decisiones colectivas pueden ser muy poco dignos de fe.
Sostener diálogos que salven grandes diferencias no es nada nuevo. Además de las palabras y las buenas intenciones, los diálogos parecen tener más éxito cuando los que están separados por esas diferencias "construyen algo aunadamente". En fin de cuentas, construir algo aunadamente es la manifestación más auténtica del diálogo. Al hacerlo, probablemente aplicaremos nuestros distintos tipos de capacidad para lograr un propósito común. Si tenemos algo en juego en una tarea común, ello significa que hemos cifrado nuestras esperanzas en un futuro común. Me refiero tanto a construir estructuras materiales como a sumarnos a proyectos corrientes o a participar en la creación de instituciones. Toda labor de este tipo exige tiempo, fuerza, determinación, valentía y sabiduría. Si bien hay mucho que decir respecto de la construcción de estructuras físicas para salvar distancias, es evidente que es igualmente importante establecer programas escolares o aunar fuerzas para luchar contra las enfermedades comunes y los desastres naturales.
En último término, tender puentes que salven distancias puede dar por tierra con la arrogancia del poder, mal fundamental de las sociedades locales e internacionales. Además de crear respeto, tolerancia y aceptación cultural e intelectual de los demás, el diálogo, al tender puentes que superen las diferencias, adquiere dimensiones perdurables.
El diálogo entre civilizaciones, según lo vemos el Secretario General y yo, es, por tanto, un diálogo entre los que ven la diversidad como amenaza y los que la consideran un paso adelante en pos del progreso y el crecimiento. Una capacidad que tal vez todos debamos redefinir o dominar cada vez en mayor medida, es la de saber abordar la diversidad.
Giandomenico Picco, uno de los Secretarios Generales Adjuntos de las Naciones Unidas es el Representante Personal del Secretario General para el Año de las Naciones Unidas del Diálogo entre Civilizaciones. Es también Director General de GDP Associates, Inc. de Nueva York, y Presidente del Proyecto No Gubernamental de Estrategias de Paz, con sede en Ginebra (Suiza).
El Sr. Picco cumplió una distinguida carrera en las Naciones Unidas entre 1973 y 1992; el último cargo que ocupó fue de Subsecretario General de Asuntos Políticos. Entre sus logros durante ese período se contaron las gestiones de las Naciones Unidas para lograr la puesta en libertad de los rehenes occidentales en el Líbano y las negociaciones que desembocaron en la cesación del fuego entre el Irán y el Iraq. Además, representó al Secretario General en las negociaciones de los Acuerdos de Ginebra (1988) sobre el Afganistán y en el arbitraje en el caso del "Rainbow Warrior".
Tras abandonar las Naciones Unidas, el Sr. Picco recibió numerosos galardones y títulos honoríficos, entre ellos la Distinción Especial por servicios excepcionales, conferida por el Presidente de los Estados Unidos, la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania, la Orden del Cedro del Líbano, conferida por el Presidente de ese país, y otras distinciones. Su experiencia personal en el caso de los rehenes en el Líbano se publicó con el título "Man without a Gun" (Un hombre sin armas).