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"ARMAS PEQUEÑAS, GRANDES PROBLEMAS"
( Por: Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas )
Hace cuatro años, la campaña internacional para prohibir las minas terrestres tomó al mundo por asalto y con una asombrosa velocidad y apremiante logística hizo que el mundo se movilizara contra estos instrumentos de la muerte. Igualmente mortales, y aún más dominantes, son las armas pequeñas como revólveres y fusiles, pistolas y morteros, granadas de mano, pistolas antitanques y lanzadores de misiles portátiles. Estos deberían ser el próximo tema de urgente atención global. Este es el principal mensaje que enviará la Conferencia de las Naciones Unidas que se inicia hoy.
El mundo está inundado de armas pequeñas y armas ligeras que suman casi 500 millones, suficiente para tener un arma por cada 12 personas en la tierra. La mayoría de ellas es controlada por autoridades legales, pero cuando caen en manos de terroristas, criminales y fuerzas irregulares, las armas pequeñas traen devastación. Exacerban los conflictos, provocan flujos de refugiados, socavan el estado de derecho, y engendran una cultura de violencia e impunidad. En pocas palabras, estas armas son una amenaza para la paz y el desarrollo, la democracia y los derechos humanos.
Las armas pequeñas son fáciles de comprar : en algunos lugares, puede comprarse un fusil de asalto AK-47 por tan solo 15 dólares, o tal vez por un saco de granos. También son fáciles de usar: con un entrenamiento mínimo, incluso un niño puede manejar una. Son fáciles de ocultar y transportar, y puesto que requieren poco mantenimiento, pueden durar por décadas.
Por otro lado, las pérdidas causadas por estas armas son muy grandes. El Banco Interamericano de Desarrollo ha estimado que los costos directos e indirectos de la violencia a consecuencia de las armas pequeñas están entre los 140 y 170 mil millones de dólares por año en Latinoamérica solamente. La mayoría de estas armas son mortales. De acuerdo al Estudio Independiente de Armas 2001, las armas pequeñas tienen que ver con aproximadamente mil muertes por día, siendo las mujeres y los niños la mayoría de las víctimas.
La conferencia de las Naciones Unidas esta semana no está dirigida a infringir la soberanía nacional, limitar el derecho de los Estados a defenderse a sí mismos, interferir con su responsabilidad para brindar seguridad, o transgredir el derecho de los pueblos a la autodeterminación. Tampoco intenta quitar los revólveres de sus propietarios legales. Su objetivo son los comerciantes inescrupulosos de armas, los funcionarios corruptos, las organizaciones de traficantes de drogas, los terroristas y otros que llevan la muerte y el desorden a las calles, colegios, y pueblos en todo el mundo.
Para enfrentar el problema, necesitamos mejores leyes y reglamentos más efectivos. Los Estados han establecido normas internacionales en las áreas de no-proliferación nuclear y han proscrito las armas biológicas y químicas y las minas de tierra antipersonales. Sin embargo, todavía no hay un marco de normas de carácter obligatorio y estándares para eliminar el comercio ilícito en las armas pequeñas y armas ligeras.
También necesitamos la ayuda de los fabricantes, que pueden hacer más fácil el rastreo de armas poniéndoles una marca clara y vendiéndolas solamente a través de intermediarios registrados.
Y debemos reducir las vastas reservas de armas actualmente existentes. En las sociedades que salen de los conflictos, los excombatientes deben ser desarmados y desmovilizados y se les debe ayudar a encontrar un trabajo. Tal como estamos aprendiendo en Albania, El Salvador, Mozambique, Panamá y otros lugares, puede resultar muy efectivo ofrecer incentivos no monetarios - como herramientas y escuelas, materiales de construcción, servicios de salud y reparación de carreteras - para quienes voluntariamente entreguen sus armas. Lamentablemente, los Estados que han gastado miles de millones de dólares interviniendo para imponer un cese al fuego a menudo no están dispuestos a gastar unos cuantos cientos de miles en estas tareas menos dramáticas, que son vitales si queremos que la paz sea duradera.
En los últimos años, las campañas contra las minas terrestres, y aquéllas para el alivio de la deuda y para una Corte Penal Internacional, han demostrado la extraordinaria capacidad de la gente común para agruparse tras una causa y fundamentalmente cambiar las políticas de los gobiernos. Ciertamente, el comercio ilícito de armas pequeñas y armas ligeras, merece similar atención.
Nueva York, julio 2001
Publicado el 10/07/2001 en el "International Herald Tribune"
Traduccion no oficial hecha por el Centro de Información de las Naciones Unidas para el Perú.
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