Estados Unidos de América
Sra. Madeleine Korbel Albright, Secretaria de Estado de los Estados Unidos de América
[Original: Inglés]
[24 de Septiembre de 1999]
Extraído de S/PV.4048
"Al igual que otros, quiero comenzar por dar las gracias a usted y a su Gobierno por haber tomado esta iniciativa tan importante. Los Estados Unidos desean trabajar con los Países Bajos y con los otros países aquí representados para combatir el tráfico de armas pequeñas.
Durante el pasado año, he planteado estas cuestiones en reuniones y alocuciones y a través de un informe sobre el comercio de armas emitido por el Departamento de Estado este verano. Creo con optimismo que el apoyo a una acción firme está creciendo en todo el mundo, y a partir de esta reunión de hoy llevaré ese mensaje conmigo y lo transmitiré por primera vez el mes próximo, en que plantearé estas cuestiones durante un viaje a África.
Si bien los precios son bajos, el costo social de las ventas de armas es alto. Países que están entre los más pobres del mundo gastan centenares de millones de dólares comprando armas pequeñas y otras armas. Se desvían fondos, se hipotecan cultivos y se roban suministros de socorro para financiar estas compras. En todos los casos, los perdedores son los pueblos.
La comunidad internacional debe elaborar una respuesta integral y amplia en los países de origen y en los países en conflicto y entre compradores, vendedores e intermediarios, así como con los gobiernos y con las organizaciones no gubernamentales.
En la declaración presidencial de hoy, nos comprometemos a fortalecer nuestra coordinación, a promover el desarme en las operaciones de mantenimiento de la paz, y a mejorar la aplicación de los embargos de armas pequeñas. Los Estados Unidos apoyan firmemente estas medidas. Quisiera mencionar otras iniciativas que estamos tomando o que esperamos tomar conjuntamente con otros.
Los Estados Unidos se abstendrán de vender armas a las regiones en conflicto que todavía no estén cubiertas por embargos de armamentos. Alentamos a las otras naciones a que establezcan y cumplan este tipo de suspensiones. Hemos promulgado leyes que hacen que sea ilegal que traficantes sujetos al derecho estadounidense sirvan de intermediarios para negocios ilícitos en cualquier parte del mundo. Esperamos que otros hagan lo mismo. Estamos trabajando con la Unión Europea para establecer principios de moderación y un plan común de acción. Apoyamos los esfuerzos del Instituto Africano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y el Tratamiento del Delincuente, con sede en Kampala, y los esfuerzos de la Organización de los Estados Americanos (OEA), y pensamos colaborar con la suspensión establecida en el África occidental en materia de armas pequeñas.
Celebramos el precedente importante que establecieron las Naciones Unidas al destruir más de 18.000 armas y millones de cartuchos de municiones que quedaron después de la guerra civil de Liberia. Los Estados Unidos están participando en esta tarea y estamos dedicados a destruir estas existencias a nivel mundial.
Por último, deberíamos todos comprometernos a concluir para fines del año 2000 las negociaciones relativas a la elaboración de un protocolo sobre armas de fuego adicional a la convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia transnacional organizada.
Permítaseme también decir que ha llegado el momento de atacar la economía de la guerra que alimenta las corrientes de armas ilícitas. En muchos casos, estas transacciones son costeadas con las ventas de piedras preciosas, metales preciosos y estupefacientes. Demasiado a menudo, los beneficios se utilizan para generar violencia y caos, como es el caso de Sierra Leona, donde los beneficios generados por el tráfico ilícito de diamantes permitió que el Frente Revolucionario Unido pasara de una banda de 400 integrantes a ser un ejército de miles de delincuentes.
El Embajador Fowler, del Canadá, como Presidente del Comité de Sanciones del Consejo de Seguridad relativo a Angola, está trabando enérgicamente sobre la economía subterránea que alimenta la guerra civil de ese país. Sus esfuerzos son una importante lección para otras zonas en conflicto.
Los Estados Unidos representan el 65% del mercado mundial de piedras preciosas, y reconocemos que debemos hacer la parte que nos toca para poner fin al comercio ilícito. Esperamos poder trabajar aquí en las Naciones Unidas junto con otras naciones y con la industria para fortalecer los regímenes de certificación a nivel mundial. Queremos en especial trabajar con los países productores de diamantes para velar por que sus intereses en los mercados fuertes y estables sean protegidos.
Ninguna solución a este problema, ni al gran desafío que representa el tráfico ilícito de armas en todo el mundo, se completará ni se materializará de la noche a la mañana. Pero los gobiernos tienen la responsabilidad de mantener la transparencia de las transacciones de las armas y de responsabilizar a los involucrados. Al hacerlo, podremos fortalecer las fronteras, hacer más difícil la circulación de las armas y arruinar a los traficantes ilícitos.
Una vez más, Sr. Presidente, gracias por su liderazgo personal y de su Gobierno sobre esta cuestión."