Reino Unido

Sr. Robin Cook, Secretario de Estado, de Relaciones Exteriores y del Commonwealth del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte

 [Original: Inglés]
 [24 de septiembre de1999]
Extraído de S/PV.4048

 

"Ante todo, permítaseme felicitar a los Países Bajos por su iniciativa de convocar este debate. Es inevitable que este Consejo de Seguridad se sienta preocupado a menudo por crisis inmediatas y apremiantes. Pero para llevar a cabo nuestro trabajo de asegurar la paz en el mundo también tenemos que encontrar tiempo suficiente para examinar algunas de las causas que subyacen a los conflictos. El punto de partida de nuestras deliberaciones de hoy es que una de las más claras de esas causas es la abundante provisión de armas pequeñas. El fácil acceso a las armas pequeñas expone a la tentación de iniciar un conflicto y proporciona los medios para hacerlo, y alimenta la tensión y las sospechas que hacen que perduren los conflictos.

La extraordinaria amenaza que las armas de destrucción en masa hacían pesar sobre la vida humana ha impulsado al despliegue de intensos esfuerzos diplomáticos y a la celebración de importantes conferencias internacionales con el fin de controlar esas armas. El hecho de que las armas nucleares no se hayan utilizado durante medio siglo y de que las armas químicas apenas se hayan utilizado es una prueba de la eficacia de esos esfuerzos.

Sin embargo, como lo ha señalado nuestro colega francés, durante el mismo período han sido los fusiles de asalto los que se han convertido en el arma utilizada para las matanzas en masa. No sólo ha habido una proliferación de las armas pequeñas, sino que además se ha incrementado su uso. Sólo en este último decenio, en los conflictos en los que se utilizaron únicamente armas pequeñas murieron más de 3 millones de personas, en su inmensa mayoría civiles no armados. Habida cuenta de esta abrumadora cifra de bajas, realmente necesitamos utilizar otra expresión distinta a la de "armas pequeñas". No son en absoluto "pequeñas" las desgracias que han acarreado a las familias ni las perturbaciones que han provocado en las sociedades.

Todos debemos aceptar nuestra responsabilidad por esta situación. La mayoría de los conflictos han tenido lugar en el mundo en desarrollo, pero la mayoría de las armas de fuego han sido fabricadas en el mundo industrializado. Tenemos un problema común, y necesitamos buscar juntos la solución.

Opino que hay tres esferas principales en las que deberíamos centrar nuestro trabajo conjunto. Necesitamos decomisar y destruir las armas de fuego que están en circulación y fuera de control. Necesitamos reglamentar y hacer más transparente el comercio oficial de armas de fuego. Y necesitamos eliminar el tráfico ilícito de armas de fuego.

La primera de estas tareas implica reducir el volumen total de armas de fuego que existen actualmente en el mundo. Una medida de la magnitud del problema es el hecho de que ninguno de los que estamos sentados a esta mesa sabemos cuántas armas de fuego hay en circulación. Se lo pregunté a mis funcionarios, y me han dado cifras estimadas que oscilan entre los 100 millones y los 500 millones de armas en circulación en la actualidad. Es probable que haya en el mundo más armas de fuego que computadoras personales. El fácil acceso indica que son baratas. Cinco millones de dólares permiten comprar aproximadamente 20.000 fusiles de asalto, cantidad suficiente como para equipar el ejército de un Estado de tamaño mediano.

Necesitamos encontrar formas nuevas y originales para conseguir que se entreguen algunas de esas armas de fuego. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) está aplicando en Albania una forma ingeniosa de hacerlo, proveyendo carreteras a las comunidades a cambio de la entrega de armas. El beneficio es doble: más desa-rrollo y menos inseguridad. Necesitamos también asegurarnos de que el desarme y el blanqueo de las armas figuren en todos los acuerdos de paz. Debemos poner fin a la reutilización de las armas de fuego de un conflicto a otro.

Pero la destrucción de las armas de fuego no va a modificar en nada la situación si simplemente se las reemplaza por nuevas partidas. Esa es la razón por la cual la segunda tarea es la de reducir la provisión de armas de fuego. Acojo con gran beneplácito las iniciativas regionales, como la suspensión convenida por la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental (CEDEAO). Pero los países que fabrican las armas de fuego también tienen la responsabilidad de asumir por su cuenta esa iniciativa.

En Europa, hemos adoptado un código de conducta por el que se exige a todos los Estados miembros que se informen mutuamente cuando se hayan negado a vender armas ante la preocupación de que dichas armas pudieran utilizarse para violar derechos humanos o avivar tensiones. También se exige que nos consultemos mutuamente antes de que otro miembro acepte celebrar el contrato que ha sido rechazado por alguno de nosotros. A partir de entonces, la Unión Europea ha acordado una acción conjunta por la que los Estados miembros se comprometen a promover el principio de no dotar de arsenales militares a grupos que no constituyan gobiernos legítimamente constituidos. La propiedad de la potencia de fuego militar debe conservarse en manos de los gobiernos legítimos.

Si la segunda tarea es reglamentar el comercio legal de armas de fuego, la tercera y última tarea debe ser la de detener el tráfico ilícito de armas de fuego. Gran Bretaña apoyará firmemente la labor relativa a la elaboración de un protocolo sobre las armas de fuego. Debemos estudiar la posibilidad de que se establezca una base jurídica internacional para que se marquen las armas de fuego, de manera que pueda rastrearse su origen, y de que se elabore un método general de registro de los datos de las armas de fuego para asegurar que, una vez que se haya rastreado su origen, pueda hacerse el seguimiento de sus desplazamientos. El comercio ilícito de armas de fuego es tan mortífero como el tráfico de estupefacientes, y la respuesta internacional debe ser igualmente enérgica.

Por último, para estar a la altura del reto que se nos plantea necesitaremos una acción concertada por parte de todos los involucrados, desde los productores hasta los compradores, desde los comerciantes hasta los burócratas y los guardias fronterizos. Para lograr esa cooperación, hay un elemento que es fundamental: una clara señal de la comunidad internacional de nuestra decisión de actuar y de la prioridad que atribuimos a este problema. El debate que estamos celebrando hoy en este Consejo proporciona dicha señal. Es por ello que celebro y encomio la iniciativa de la Presidencia, de los Países Bajos, y le brindo todo el apoyo de Gran Bretaña."

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