Canadá

Sr. Lloyd Axworthy , Ministro de Relaciones exteriores de Canadá

 [Original: inglés y francés]
 [24 de septiembre de 1999]
Extraído de S/PV.4048

 

"La proliferación, el uso indebido y la acumulación excesiva de armas pequeñas y armas ligeras son motivo de preocupación directa del Consejo de Seguridad. Quiero dar las gracias a los Países Bajos por tomar la iniciativa de hoy de centrar la atención del Consejo en este problema tan crítico.

(continúa en francés)
La semana pasada el Consejo estudió un informe del Secretario General sobre la protección de los civiles en los conflictos armados. Dicho informe pone la seguridad humana en el centro de las deliberaciones del Consejo. Ese era el objetivo del Canadá cuando pidió ese informe en el Consejo en febrero pasado.

No se puede garantizar la protección de los civiles sin controlar las armas pequeñas. Hoy en día estas armas son los principales instrumentos de guerra. Se usan para matar, mutilar o aterrorizar a la gente, en su mayoría civiles inocentes.

(continúa en inglés)
Sólo en el último decenio, 46 de los 49 conflictos es decir, más del 90%, que azotaron a nuestro mundo se llevaron a cabo primordial o exclusivamente mediante el uso de armas pequeñas y armas ligeras. Su impacto sobre la población civil ha sido devastador. Consideremos estos hechos: los civiles constituyen más del 80% de las bajas en los conflictos armados; más de 1 millón de personas mueren anualmente como consecuencia de esos conflictos y el 90% de esas muertes fueron producidas por armas pequeñas.

Haciendo una estimación conservadora, eso quiere decir que más de 700.000 muertes civiles al año son atribuibles a las armas pequeñas.Estas son en realidad pequeñas armas de destrucción en masa. Su disponibilidad generalizada hace más fácil pelear, multiplicando los costos humanos en las controversias civiles y étnicas. Las armas pequeñas son fáciles de utilizar y ligeras de transportar, lo que hace bajar la barrera para la violencia y el terror. Por medio de ellas los gobiernos y los señores de la guerra corruptos transforman fácilmente a niños inocentes en máquinas de matar eficientes y aterradoras. Ponen en peligro a militares, policías y trabajadores de asistencia humanitaria internacionales cuyo tarea consiste precisamente en ayudar a las víctimas de los conflictos. Esas armas hacen imposible el desarrollo económico. El problema de su control es complejo, pero se reduce a una cuestión de oferta y demanda y, francamente, de valor político para hacer algo al respecto.

La demanda de armas pequeñas se ve alimentada por aquellos cuyas ambiciones causan sufrimientos humanos y que reciben la ayuda de intereses comerciales dudosos que se benefician del mercado de los conflictos. Uno de los fallos de la mundialización es que ha permitido la creación de una nueva economía de guerra, en la cual, a cambio de diamantes y otros recursos naturales, ciertas empresas suministran a los señores de la guerra los recursos financieros que necesitan para funcionar, recursos que se devuelven a otros negocios también dudosos, encantados de beneficiarse a través del tráfico ilícito de armas. Esas compañías deben mirar más allá de sus intereses estrechos y a corto plazo y empezar a darse cuenta del verdadero impacto de este comercio en la vida de las personas. En otras palabras, tienen que ser parte de la solución.

Se han tomado algunas medidas alentadoras. El Canadá y otros miembros del Arreglo Wassenaar se han esforzado por que los miembros del Arreglo respeten la suspensión decretada por la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental (CEDEAO) sobre armas pequeñas y armas ligeras. Esto es lo que yo llamaría una conducta responsable: cuando un grupo de países tiene el valor de decir que no a las armas pequeñas debemos tener la decencia de respetar su decisión. También hemos de buscar nuevas formas de enfocar el problema de las armas pequeñas. Se trata de unas armas que están en todas partes, pero son inútiles sin munición. Tenemos que estudiar la forma de detectar, controlar y marcar las municiones, como medio de controlar los efectos letales de esas armas. Como me dijo un experto, algunas veces es demasiado tarde para impedir el suministro de las armas, pero si se impide el suministro de balas se impide la matanza.

También debemos pensar en acciones unilaterales, tales como la destrucción de existencias excesivas. Sudáfrica lo hizo porque tuvo la visión de comprender que debía destruir esas armas antes de que las dedicaran a matar.

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