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Explicación del símbolo del albatros en el sitio Web de la financiación para el desarrollo

Las reuniones oficiosas sobre la financiación para el desarrollo, celebradas por las delegaciones de los Estados Miembros de las Naciones Unidas en marzo y abril de 1999, tuvieron características singulares en varios aspectos. En estas reuniones convocadas por el Grupo de Trabajo Especial de la Asamblea General de financiación para el desarrollo hubo un amplio intercambio de opiniones sobre la esencia y el proceso de un acontecimiento internacional posiblemente único en las Naciones Unidas. En muchos casos, los embajadores participaron directamente en las deliberaciones, las que contaron también con la asistencia de representantes de las capitales, incluso de los ministerios de economía, que vinieron a sumarse al creciente debate sobre la financiación para el desarrollo. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial enviaron representantes de alto nivel. Los participantes tuvieron la sensación de que algo importante se podía estar forjando en una sala de reuniones en el subsuelo del edificio de la Asamblea General.

En este contexto, Eduardo Gálvez, Consejero de la Misión Permanente de Chile ante las Naciones Unidas, hizo una declaración improvisada tan acertada y conmovedora que, cuando finalizó, los participantes en la sala lo saludaron con un prolongado aplauso. Estimado lector, si usted conoce las Naciones Unidas, sabe que semejante comportamiento es muy inusual entre los veteranos diplomáticos que generalmente frecuentan sus salas. En su declaración, el Sr. Gálvez se refirió a los ideales de las Naciones Unidas y señaló que, después de haber escuchado las intervenciones durante varios días, le parecía que éste era el momento en que la comunidad internacional podía estar a la altura de sus ideales. En efecto, se estaba creando un clima propicio para superar los típicos obstáculos al logro de un consenso sobre cuestiones de desarrollo en las Naciones Unidas. El Sr. Gálvez reflejó el sentimiento de todos los presentes en la sala en ese momento.

Una imagen importante de su declaración fue la del albatros en el poema de Charles Baudelaire y en la "Rima del anciano marinero" de Samuel Taylor Coleridge. Aunque este pájaro es oriundo del sur de Chile, el orador había estudiado los poemas en su época de estudiante en París y en Oxford. Mientras escuchaba el debate en la sala de Conferencias recordó ese momento de su vida, lleno de ideales. Estaba sorprendido por las críticas que recibió su primera declaración esa mañana, por ser "utópica" o muy difícil de aplicar, en vista de los diversos intereses nacionales y la capacidad "real" de las Naciones Unidas para dirigir un proceso tan importante. Sentía que las Naciones Unidas, como el pájaro de esos poemas, no tendrían éxito si no se les permitía "remontar vuelo". Era necesario que volvieran a ocupar el lugar que les correspondía, en las alturas. Decidió solicitar hacer uso de la palabra por segunda vez, siendo el último orador de esa mañana.

El Sr. Gálvez dijo que las Naciones Unidas debían ser consideradas como el poeta del poema de Baudelaire, "El albatros". Explicó que este pájaro de los mares del sur de Chile, por su propia naturaleza (gran tamaño y enormes alas), sólo era hermoso cuando se remontaba en el cielo azul por encima del océano ("el príncipe del cielo", con sus enormes alas desplegadas, cuando se remonta en el cielo "frecuenta tempestades y se ríe del arquero") pero era feo y torpe si se lo obligaba a caminar por la tierra ("desterrado en el suelo" este pájaro majestuoso se encuentra acorralado "en medio de los abucheos"). El orador dijo que las Naciones Unidas se encontraban en la misma situación, si el debate sobre la forma de mejorar la financiación para el desarrollo se plantea exclusivamente en términos utilitarios o burocráticos o prestando excesiva atención a estrechos intereses nacionales se faltará a la naturaleza de nuestra institución y a sus grandes ideales de guardián de los valores humanos fundamentales de solidaridad y cooperación internacional. "Tenemos que promover una reunión de alto nivel sobre la financiación para el desarrollo por muchas buenas razones utilitarias, para mejorar la eficiencia de la economía mundial en su totalidad", añadió, "Pero en las Naciones Unidas debemos también considerar las necesidades financieras de los países en desarrollo desde una perspectiva diferente que la de los operadores de mercado y las empresas. En las Naciones Unidas debemos ser adalides de los ideales de la solidaridad humana y la distribución equitativa de la riqueza a nivel nacional e internacional y de la dignidad esencial de las personas. Debemos ser más claros con respecto a lo que tratamos de hacer y al porqué. No hay de qué reprochar a quienes apoyan este proceso por razones utilitarias o sentimientos caritativos, pero para nosotros esto debe ser hecho en aras de la justicia y la solidaridad entre los seres humanos. Las Naciones Unidas deben dirigir este proceso recordando ese noble objetivo. De no ser así, estaremos en la situación del pobre albatros obligado a caminar desterrado en el suelo". El orador expresó su esperanza de que defenderíamos nuestros ideales al promover un examen de alto nivel de la financiación para el desarrollo y para ello ofreció la imagen de las Naciones Unidas como un albatros, "gran ave marina que vuela en elegantes círculos" por sobre los océanos; este "príncipe del cielo" que vemos volar en toda su majestad en el cielo azul de los mares del sur de Chile.

El Sr. Gálvez finalizó su improvisada declaración pidiendo a los delegados que por unos instantes se olvidaran de que eran diplomáticos que sólo tenían presente la defensa de los intereses de los distintos Estados que representaban. Les pidió que pensaran como personas, como seres humanos con sentimientos y emociones que han elegido la diplomacia o la función pública internacional a fin de promover la cooperación y el entendimiento. "Tenemos el honor y el privilegio de encontrarnos en una situación que nos permite dar algo de nosotros en apoyo de los más necesitados en todo el mundo".

El orador dijo que no podíamos dejar de apoyar este importante proceso de las Naciones Unidas y para finalizar recordó al poeta romántico inglés de la "Rima del anciano marinero". Dijo que la historia del anciano marinero de Coleridge era tan familiar como un viejo proverbio. Es la simple historia de un desastre en el mar, relatada por su único sobreviviente, un marinero que navegando hacia la Antártida mató a un albatros, el pájaro del buen augurio que sigue a los barcos en los mares del Sur. El albatros sería vengado. Aquél acto de barbarie fue un mal augurio. Se desató una tormenta y toda la tripulación del barco pereció, excepto el anciano marinero cuyo destino era rondar por el mundo como alma en pena, con el albatros muerto colgando del cuello. Después de contar la historia, el Sr. Gálvez dijo que esperaba que en el futuro, cuando recordáramos el tiempo invertido en las Naciones Unidas para promover el proceso de la financiación para el desarrollo no sintiéramos que no estuvimos a la altura de las circunstancias, como individuos a quienes se les había confiado el mandato de hablar en nombre de los pueblos como lo señalaban las primeras palabras de la Carta. "Ser parte de este proceso es un gran desafío para todos nosotros en las Naciones Unidas. Hoy tenemos una oportunidad de ser fieles a los ideales de las Naciones Unidas, y con ello quiero decir ser generosos y seguir impulsando el proceso de la financiación para el desarrollo, que es fundamental no sólo para los países en desarrollo, sino también para los países desarrollados, ya que no son países y pueblos indiferentes, y para las Naciones Unidas y el multilateralismo como el gran ideal de cooperación y solidaridad sin fronteras". Sus palabras de conclusión fueron, "Por favor, no maten este proceso con debates sobre asuntos nimios y de procedimiento o con temores infundados acerca de la falta de 'realismo' y sus efectos en nuestros interesas nacionales. Cuando rememoremos el tiempo que pasamos en las Naciones Unidas, espero que lo recordemos como 'nuestra hora más gloriosa' en la promoción de los ideales de las Naciones Unidas, con la imagen de un albatros majestuoso remontando vuelo en el cielo azul sobre los mares. Si no lo logramos, la imagen será la de nosotros con un albatros colgando del cuello".

A continuación el poema de Baudelaire en Francés e inglés:

 

L'Albatros

de Charles Baudelaire
(Les fleurs du mal)

Souvent, pour s'amuser, les hommes d'équipage
Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.

A peine les ont-ils déposés sur les planches,
Que ces rois de l'azur, maladroits et honteux,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
Comme des avirons trainer á coté d'eux.

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!
Lui, naguére si beau, qu'il est comique et laid!
L'un agace son bec avec un brûle-gueule,
L'autre mime, en boitant, l'infirme qui volait!

Le Poête est semblable au prince des nuées
Qui hante la tempête et se rit de l'archer;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l'empêchent de marcher.

 

The Albatross

by Charles Baudelaire
(translated by George Dillon)

Sometimes to entertain themselves, the men of the crew
Lure upon the deck an unlucky albatross, one of those vast
Birds of the sea that follow unwearied the voyage through,
Flying in slow and elegant circles above the mast.

No sooner have they disentangled him from their nets
Than this aerial colossus, shorn of his pride,
Goes hobbling pitiably across the planks and lets
His great wings hang like heavy, useless oars at his side.

How droll is the poor floundering creature, how limp and weak,
He, but a moment past so lordly, flying in state!
They tease him; One of them tries to stick a pipe in his beak;
Another mimics with laughter his odd, lurching gait.

The poet is like that wild inheritor of the cloud,
A rider of storms above the range of arrows and slings;
Exiled on earth, at bay amid the jeering crowd,
He cannot walk for his unmanageable wings.