SG/SM/8277

PI/1428
18 de junio de 2002

El Secretario General pide a los Embajadores de Buena Voluntad: "Ayúdennos a conseguir un mundo mejor"

A continuación se recoge la intervención que el Secretario General, Kofi Annan, realizó hoy en su reunión con los Embajadores de Buena Voluntad y Mensajeros de la Paz:

Permítanme expresarles la satisfacción que me produce ver a todos ustedes reunidos aquí, hombres y mujeres destacados, de todo tipo de lugar y credo, interesados todos por nuestros semejantes.

Me disculparán que inicie esta alocución con una noticia terrible, pero en nuestros días este tipo de noticias se ha convertido en algo cotidiano. Esta mañana hemos sabido que se ha producido en Israel otro desesperado atentado terrorista que se ha cobrado vidas inocentes, incluyendo las de algunos escolares. Comparto profundamente el pesar de las familias afectadas por esta tragedia.

Debo reiterar una vez más mi más enérgica condena por esas acciones violentas. No hay causa que justifique la pérdida de vidas inocentes, y esta convicción debería ayudarnos a esforzarnos más por traer la paz a esa trágica región. Y soy consciente de que todos ustedes comparten mis esfuerzos en la búsqueda de la paz en el Oriente Medio.

Permítanme comenzar, señoras y señores Embajadores, Mensajeros y Amigos, diciéndoles que en el momento en que puse el pie en esta sala tuve la impresión de no hallarme en el lugar correcto. Me pregunté si no sería una combinación de lugares como la gala de los Oscars, o los Juegos Olímpicos, o la entrega de los premios Grammy o Pulitzer.

Ahora en serio, me llena de perplejidad y sorpresa hallarme en una sala tan rebosante de talento y fama, y, lo que es más, de talento y fama puestos al servicio de la mejora de la humanidad.

Como dijo Harry Belafonte la última vez que celebramos esta reunión, el mundo está lleno de celebridades, pero no todas ellas trabajan por el bien de la humanidad.

Así pues, tienen ustedes buenas razones para estar orgullosos de sí mismos. Permítanme darles las gracias por concedernos una parte de su tiempo, tan escaso, para venir aquí a reunirse con nosotros. Sé que muchos de ustedes vienen de lugares lejanos y que incluso han corrido con sus propios gastos de desplazamiento, lo que indica también la seriedad de su compromiso.

Esta es la segunda vez que hemos tenido el honor de darles la bienvenida en las Naciones Unidas como Embajadores y Mensajeros de la Paz aquí en la Sede de la Organización. La primera oportunidad nos permitió conocernos, pero no todos ustedes estaban presentes.

Así pues, permítanme dar la bienvenida en particular a aquellos que están hoy aquí por primera vez.

Esta segunda sesión debería darnos la oportunidad de analizar más detalladamente cómo podemos ayudarnos mutuamente. Espero que también les permita profundizar en el conocimiento del trabajo que realiza nuestra institución, y reforzar así su capacidad de actuación como portavoces de la familia de las Naciones Unidas.

E igualmente importante, espero que contribuya a que aprendamos de ustedes el modo de transmitir de una manera más efectiva el mensaje de las Naciones Unidas, cosa que no nos sale muy bien.

Aun siendo las Naciones Unidas una asociación de gobiernos, su papel consiste en proteger los derechos y cubrir las necesidades de los pueblos en todo lugar. Y su apoyo depende de las personas tanto como de los gobiernos; de un número de personas mucho mayor que el de las que trabajan en este edificio o lo visitan.

Todos ustedes pueden llegar a entrar en contacto con personas de prácticamente cualquier lugar de la tierra, con personas que quizás aman la música, el arte, la literatura o el deporte de alto nivel, pero que no encuentran necesariamente el tiempo para interesarse en los grandes temas o en cómo dichos temas afectan a sus vidas.

Se hallan ustedes aquí porque desean que esas personas conozcan mejor los grandes temas y porque desean estimularlas a actuar de algún modo en ese sentido.

En particular, ustedes tienen la capacidad de atraer la atención y la imaginación de jóvenes capaces de continuar nuestro trabajo a medida que avance el siglo. Pueden ayudarlos a comprender que hoy, y sobre todo mañana, es indispensable tener una perspectiva global.

Que no podemos permitirnos pensar sólo en términos locales y que es preciso comprender que lo que sucede a escala local tiene un impacto global, y que lo que sucede globalmente afecta a sus respectivos países y comunidades. Sin comprender esto, no creo que podamos realizar el progreso colectivo que ansiamos.

Ustedes pueden contribuir a imbuir en los jóvenes los valores de la comprensión, la solidaridad, el respeto y la comunicación entre culturas -ideales que defienden las Naciones Unidas- de tal modo que esos valores les resulten naturales el resto de sus vidas.

En estos dos años desde la última reunión, gran número de acontecimientos han resaltado la crucial importancia de estos valores para el siglo XXI.

Los ataques del 11 de septiembre fueron un doloroso recordatorio de la necesidad de que el mundo colabore en abordar los desafíos globales.

El período extraordinario de sesiones de la Asamblea General sobre el VIH/SIDA nos mostró que el mundo está sin duda preparado para colaborar en la lucha contra uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: la peor epidemia que ha conocido la humanidad.

Asimismo, el Premio Nobel de la Paz supuso el reconocimiento de que las Naciones Unidas desempeñan un papel indispensable en la realización de esa auténtica cooperación global en el siglo XXI. Dicho papel ha quedado ampliamente demostrado en estos dos últimos años en los acontecimientos de Timor Oriental, Sierra Leona, Etiopía-Eritrea y Myanmar, y la entrada en vigor del Tratado de la Corte Penal Internacional.

Su presencia hoy aquí, en representación de tantas comunidades, profesiones y países, muestra de manera evidente que, cuando se trata de trabajar por un mundo mejor, no existen barreras entre las civilizaciones. Ustedes vigorizan el papel de las Naciones Unidas como espacio común para estrechar los lazos de nuestra comunidad global.

Asimismo, su presencia muestra que el mensaje que llevarán ustedes de regreso a su público y a sus comunidades es verdaderamente universal. Dicho mensaje puede resumirse en la Declaración del Milenio, aprobada por todos los líderes mundiales hace dos años, que constituye un proyecto para la mejora de las condiciones de vida de los pueblos en el siglo XXI.

Con la Declaración del Milenio, los gobiernos se comprometieron a atender a las necesidades de sus pueblos, a liberarlos de la abyecta pobreza y la enfermedad, del azote de la guerra y de la amenaza de vivir en un planeta que ya no pueda acoger a sus habitantes.

Esa agenda no es menos urgente hoy que en el momento en que se adoptó, en septiembre de 2000. Por el contrario, considero que reviste una nueva urgencia.

El número de habitantes del mundo que viven con 1 dólar o menos por día, en condiciones de hambre y sin agua potable, no ha decrecido.

El número de personas que mueren de SIDA, paludismo, tuberculosis u otras enfermedades evitables no ha disminuido.

Los factores que provocan el avance de la desertización, la pérdida de la bio-diversidad y el calentamiento de la atmósfera de la Tierra no han disminuido.

Y en muchos lugares del mundo que sufren el azote de la guerra, personas inocentes siguen siendo víctimas de asesinatos, mutilaciones y también de la expulsión de sus hogares.

Fueron los líderes nacionales quienes adoptaron la Declaración del Milenio. Y les corresponde también a ellos, principalmente, velar por su puesta en práctica, por su ejecución. Pero los gobiernos no pueden hacerlo solos. Necesitan apoyo; necesitan oír las voces de la gente, que insiste en que sus líderes llev3n sus compromisos a la práctica.

Es ahí donde entran ustedes en juego. Cada vez que ponen su firma al pie de un mensaje, contribuyen a ampliar en todos los sentidos la conciencia de los responsables políticos y de los millones de personas que los eligen. En una época en que los medios de comunicación tienden a centrarse en los asuntos que consideran más inmediatamente accesibles al público, nuestras posibilidades de romper la barrera de la indiferencia aumentan en gran medida si disponemos de personas como ustedes que están de nuestro lado y colaboran en nuestra causa.

Piensen en el impacto que Bono ha tenido en la defensa de la reducción de la deuda y el alivio de la pobreza en África. Un reportero de televisión me dijo el otro día que no tenía claro si el auténtico arquitecto de la política exterior de los Estados Unidos era ese músico irlandés o el Secretario del Tesoro.

Estoy convencido de que todos ustedes sienten tanta pasión -y compasión- en su misión como Bono en la suya, aunque todos adoptarían enfoques muy diferentes a la hora de hacer pasar su mensaje y nadie lo haría de la misma manera. Les ruego que no tengan reparo en pedirnos información y consejo siempre que puedan necesitarlos. Pero, por favor, no vayan a pensar que tienen que esperar a que nosotros les digamos qué han de hacer antes de hablar sobre los asuntos que les ocupan.

Muchos de ustedes han pasado muchos años, incluso décadas, informándose sobre las causas que defienden. Incluso aquellos que se han unido a nosotros más recientemente tienen ya un compromiso de larga duración con nuestra causa particular. Espero que la familia de las Naciones Unidas podrá beneficiarse de su experiencia y compromiso duradero.

Son estos compromisos los que reflejan su auténtica "cualidad de estrella", no el relumbrón exterior que da la celebridad sino el carácter del ser humano interior, un ser humano comprometido con su misión y dispuesto a comprometerse por los demás.

Dentro de un momento podremos oír algunos ejemplos de cómo se lleva a cabo todo ello y también de cómo podría hacerse. Oirán a personas que han viajado por todo el mundo, transmitiendo el mensaje, dando esperanza y sosteniendo a personas necesitadas de apoyo y estímulo. A veces tendemos a subestimar el importante papel que desempeñan terceras personas: las que demuestran su interés o las que alzan su voz para decir basta, no podemos seguir aguantando esto, no podemos permitir que siga sucediendo. A aquellos que están en dificultades esta actitud les da esperanza, fuerzas para resistir, fuerzas para luchar, y les confirma que alguien se preocupa y va a salir y decirlo. Considero que su papel como Embajadores y Mensajeros es de una gran importancia para muchas, muchas personas en todo el mundo y también para esta Organización.

Les ruego que hagan uso de sus talentos para ayudarnos a conseguir un mundo mejor. Y ahora espero con interés oír sus progresos y sus puntos de vista en esta reunión.

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