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Décimo Congreso de las Naciones Unidas
sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente
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Nuevo tratado mundial para
combatir la "Esclavitud Sexual" de mujeres y niñas
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Los expertos legales están finalizando un tratado internacional
único que permitirá a las naciones avanzar considerablemente
en su lucha contra la trata de mujeres y niños, una amenaza
mundial relacionada cada vez más con la delincuencia organizada.
Anualmente, miles de mujeres y niñas
en todo el mundo son objeto de este tráfico y se ven empujadas
al intercambio sexual ilícito. Y aunque algunas lo hacen
por decisión propia, muchas son forzadas a prostituirse en
contra de su voluntad.
El protocolo del nuevo tratado—la propuesta
Convención de las Naciones Unidas contra la delincuencia
organizada transnacional—tiene como objetivo proteger a las víctimas
inocentes y tomar medidas enérgicas contra los traficantes.
En el Décimo Congreso sobre Prevención
del Delito y Tratamiento del Delincuente, que se celebrará
en Viena en abril del 2000, se discutirán no sólo
la Convención sino también el Protocolo, que deberán
quedar aprobados para ser adoptados por la Asamblea del Milenio
de las Naciones Unidas a fines del 2000.
En años recientes, este tipo de trata
ha crecido enormemente debido a las grandes ganancias que genera
y a que los riesgos son relativamente mínimos. Muchas naciones
carecen de leyes específicas contra la trata de personas
y poseen pocas sobre la trata de mujeres. Las leyes existentes no
siempre se aplican y con frecuencia los traficantes escapan fácilmente
por falta de pruebas.
Miles de prostitutas ilegales
Según Schiavi (Esclavos), libro publicado en mayo de 1999
del que es autor Pino Arlacchi, Director Ejecutivo de la Oficina
de las Naciones Unidas de Fiscalización de Drogas y de Prevención
del Delito, en los Estados Unidos trabajan en la actualidad al menos
100.000 prostitutas que han inmigrado ilegalmente al país.
En el Informe mundial de las Naciones Unidas sobre la delincuencia
y la justicia, publicado recientemente, se calcula que entre 40.000
y 50.000 mujeres tailandesas están trabajando ilegalmente
como prostitutas en el Japón.
El número de personas que participan
del comercio sexual ilícito en la Unión Europea oscila,
según el Informe mundial, entre 200.000 y medio millón,
dos tercios de las cuales aproximadamente provienen de Europa oriental
y el otro tercio de países en desarrollo.
Desde que se abrieron las fronteras al finalizar
la guerra fría hace casi una década, la trata de mujeres
y niños desde los países de Europa central y oriental
ha crecido vertiginosamente. Un estudio innovador de la Organización
Internacional para las Migraciones (OIM) de 1999 reveló que
la trata de personas en esta región—que solía ser
mínima— ahora compite con la de las regiones “tradicionales”,
como Asia, África y el Caribe.
De acuerdo con el informe de la Organización
Internacional para las Migraciones, las autoridades de Alemania
registraron 1.572 casos de mujeres víctimas de prácticas
atroces en 1996, un 80 por ciento de las cuales provenía
de países de Europa central y oriental y de la Comunidad
de Estados Independientes (CEI). Además, de 1994 a 1995 se
registraron en Viena 751 casos de mujeres objeto de trata, o sea
unas seis veces más que en 1990.
Los traficantes obtienen grandes sumas de dinero
por sus víctimas. Las prostitutas asiáticas pueden
costar hasta 20.000 dólares cada una en los Estados Unidos
y el Japón. Se ha informado de que un traficante importó
mujeres a Bélgica desde África y las vendió
por 8.000 dólares cada una. De igual forma, las casas de
prostitución representan un gran negocio. Las prostitutas
rusas ganan cerca de 7.500 dólares mensualmente en Alemania,
de los que el propietario del establecimiento se queda por lo menos
con 7.000 dólares.
Las ganancias de las casas de prostitución
y los precios que piden las prostitutas son indicadores de la gran
demanda de sus servicios tanto en las naciones industrializadas
como en los países en desarrollo. En algunas partes de Asia
ha crecido la demanda como consecuencia del aumento del turismo
sexual, aunque Human Rights Watch ha informado de que la demanda
local es también considerable en esta región.
La delincuencia organizada ha aprovechado esta
situación para obtener altas ganancias. La encuesta de la
Organización Internacional para las Migraciones revela que,
de unas casi 15.000 mujeres procedentes de la Federación
de Rusia y Europa oriental que trabajan en los distritos de “luz
roja” de Alemania, muchas lo hacen en casas de prostitución,
clubes sexuales, salones de masaje y baños turcos que están
bajo el control financiero de grupos delictivos de la Federación
de Rusia, Turquía y la ex Yugoslavia. Según Schiavi,
los grupos de delincuencia organizada de Asia controlan directamente
cerca del 70% de la industria del sexo en los Estados Unidos.
Cuando Ana tenía 17 años respondió a un anuncio
en su pueblo natal, Szecin, en Polonia, y empezó a trabajar
como criada en la residencia de Piotr Ruso, un conocido suyo. Allí
Ana conoció a Dzem, de origen turco, y a su novia Olympia,
quienes la tentaron ofreciéndole un trabajo similar en la
casa de ambos en Berlín.
Cuando los tres llegaron a Berlín, Dzem y Olympia le
dijeron que iban a ir a visitar a un amigo y le pidieron a Ana que
se maquillara y se pusiera un traje elegante. La llevaron a una
casa vieja y le dejaron saber a Ana que ésa iba a ser su
primera cita como prostituta.
Horrorizada y atónita, Ana trató de escapar, pero
como habían cerrado la puerta con cerrojo quedó atrapada
en la habitación con un hombre de unos 60 años, maloliente
y que aparentaba estar muy ebrio. Por temor, Ana debió someterse
durante 90 minutos a esta penosa experiencia sexual, hasta que Dzem
y Olympia regresaron por ella.
Ana protestó con vehemencia y les dijo que quería
regresar a su casa, pero la pareja la golpeó severamente
y le quitó su cédula de identidad. Ana fue forzada
a prostituirse y a satisfacer de cinco a seis clientes cada noche,
ya que era vigilada constantemente y temía ser objeto de
más violencia.
Dzem y Olympia vendieron a Ana, y ella terminó finalmente
en una casa de prostitución cerca de Zurich, Suiza. Un cliente
en quien Ana confiaba le tomó lástima y alertó
a la policía, que allanó el establecimiento y arrestó
a los dueños. Ana fue deportada a Polonia después
de un mes de interrogatorios policiales. Posteriormente la policía
arrestó a Pietr Ruso, a quien sospechaba de haber vendido
al menos 71 mujeres polacas a agencias extranjeras.
Un círculo de violencia
La trata de personas se ha incrementado en áreas de gran
desempleo y con crisis financiera, donde las mujeres están
ansiosas de aceptar trabajo en otros lugares. Así son atrapadas
en la red del tráfico a través de anuncios que les
ofrecen trabajo como artistas, modelos, sirvientas, ayudantes de
cocina, o incluso novias. Algunas caen también en la red
a través de amigos o conocidos.
Una vez que son atrapadas, las víctimas
viven en un círculo de amenazas, violencia y prostitución
forzada. Y temen constantemente ser arrestadas porque sus pasaportes
o cédulas de identidad les han sido confiscados o destruidos.
Generalmente las mujeres tienen que trabajar
en las mismas habitaciones en que viven, de reducido espacio y en
condiciones insalubres. Según Human Rights Watch, se les
encierra y se les agrede físicamente, con quemaduras de cigarrillos,
cuchillos o corriente eléctrica.
Muchas mujeres trabajan como prostitutas durante años en
condiciones de “servidumbre por deudas”, supuestos contratos que
obligan a las mujeres a reembolsar gastos siderales por su pasaje
antes de ser liberadas. Con frecuencia, tienen que pagar también
por los altos honorarios que los dueños de las casas de prostitución
pagan a los traficantes.
La prostitución forzada ha resultado
fatal para muchas mujeres y niñas que han sido objeto de
trata y que han contraído el VIH causante del SIDA. Recientemente
Human Rights Watch entrevistó a 19 mujeres birmanas víctimas
del tráfico a Tailandia y 14 de éstas ya estaban infectadas
con la temible enfermedad.
La amenaza del VIH/SIDA ha llegado a todos los
niveles de la prostitución infantil. La industria del sexo
en Tailandia, al saber que algunos de sus clientes podían
tener temores de contraer el SIDA, ha recurrido frecuentemente a
captar a niñas jóvenes de remotos poblados que se
piensa no son portadoras del virus.
Karo, un proyecto humanitario que desarrolla
actividades en la frontera checo-alemana, brinda tratamiento principalmente
a jóvenes de 12 a 18 años de edad. Según Karo,
la edad promedio de los jóvenes ha disminuido porque los
clientes de la prostitución temen cada vez más contraer
el VIH/SIDA u otras enfermedades.
Al igual que sucede con la trata de mujeres,
la gran demanda en la industria del turismo ha provocado un gran
aumento en la trata de niños. En un informe de la INTERPOL
se especifica que: “El increíble aumento de la prostitución
infantil es consecuencia directa del intercambio turístico.
La prostitución infantil es la atracción de última
moda que se ofrece en los países en desarrollo. Lo que más
se asemeja a este fenómeno en los países occidentales
es la explosión del intercambio ilícito de pornografía
infantil ...”.
Niños vendidos o secuestrados
Las víctimas infantiles se encuentran fácilmente.
En algunas regiones, los padres venden sus hijos a los traficantes
por dinero en efectivo. En otros casos, los traficantes sencillamente
secuestran a los niños. Los secuestros ocurren comúnmente
en orfanatos, donde se toman las fotos de los niños para
que los futuros “dueños” puedan escoger al niño de
su preferencia.
De acuerdo con Human Rights Watch, cerca del
10 por ciento de los 900.000 niños que trabajan en la fabricación
de alfombras en Nepal han sido secuestrados y más del 50
por ciento han sido vendidos por sus padres. Algunos trabajan en
las fábricas durante el día y en las casas de prostitución
por la noche.
Los organismos internacionales han mostrado
cada vez más preocupación por la generalizada trata
y explotación de niños. Human Rights Watch hace referencia
a un informe reciente sobre Camboya, donde muchos menores son comprados
para luego ser vendidos a casas de prostitución mientras
otros terminan como esclavos trabajando en servicios domésticos
o en la construcción. Otros más son forzados a formar
parte de grupos organizados de mendigos.
Según Anti-Slavery International, los
niños de 5 a 15 años son “reclutados” o secuestrados
en las aldeas más apartadas de los países más
pobres de África, como Benin o Togo, para ser vendidos como
esclavos en domicilios, plantaciones o casas de prostitución
en países vecinos, incluidos Nigeria y Gabón.
El problema es también muy serio en América
Central y América del Sur, donde un gran número de
niños de la calle son presa fácil de los traficantes.
De acuerdo con el Informe mundial de las Naciones Unidas, existe
una estrecha relación entre la drogadicción y la prostitución
en Chile. Los traficantes y los proxenetas hacen que los niños
de tan sólo nueve, diez u once años desarrollen adicción
a inhalantes como la goma de bencina y el pegamento, para luego
mantenerlos adictos.
Cuando “Neela” tenía 14 años, su padrastro la sacó
de su aldea en Nepal y la llevó a un suburbio de Kathmandu,
donde uno de sus amigos le ofreció trabajo en una fábrica
de alfombras. Unos meses después, un joven compañero
de trabajo le sugirió ir a otro pueblo donde encontrarían
mejores condiciones de trabajo. Neela estuvo de acuerdo y su padrastro,
el amigo de éste y el joven trabajador la sacaron de la fábrica.
Después de viajar seis días en autobús, llegaron
a Bombay. Una vez allí, Neela fue conducida a un templo y
allí le presentaron a dos mujeres que la llevaron a una casa
donde estaban durmiendo unas 16 o 17 niñas en el suelo.
Después la llevaron a una habitación aislada de “entrenamiento”
en la que permaneció por tres meses y donde supo que la habían
vendido por 500 dólares y que tendría que trabajar
allí como prostituta para pagar su deuda. Neela nunca fue
golpeada por ser la más joven del grupo, pero sí vio
como otras niñas sangraban por sus bocas al ser golpeadas
severamente cuando trataban de huir.
Después de haber permanecido casi un año en la casa
de prostitución, Neela fue recogida por la policía
durante una redada y llevada a un refugio infantil. Neela decidió
no reunirse con su familia y permanecer en el refugio porque estaba
apenada al saber que portaba el VIH.
Las mujeres son declaradas culpables, pero los traficantes quedan
en libertad
Una de las razones que han propiciado el éxito de los traficantes
y el incremento de sus negocios de prostitución a escala
mundial es que tanto los gobiernos como las organizaciones de derechos
humanos se han limitado a declarar a las mujeres culpables de prostitución
y han subestimado el papel que desempeñan los traficantes.
Además, muchas mujeres son deportadas inmediatamente a sus
países antes de poder presentar pruebas contra los traficantes.
Los que sufren en realidad son las víctimas
del tráfico y no los traficantes. Por ejemplo, las leyes
en Tailandia y las normas internacionales contra la trata de personas
establecen que las víctimas de tráfico de Myanmar
pueden regresar sin sufrir penalidades por parte de ambos gobiernos.
Sin embargo, en la práctica estas víctimas enfrentan
la deportación y la privación de su libertad.
Según Human Rights Watch, 148 niñas
y mujeres de Myanmar fueron arrestadas como resultado de un reciente
allanamiento en Ranong, Tailandia. Se informó que unas 58
mujeres fueron devueltas a las autoridades en Kawthaung, Myanmar,
donde fueron sentenciadas a tres años de cárcel por
haber abandonado el país ilegalmente. Los traficantes, sin
embargo, quedaron libres.
A pesar de la existencia de numerosas leyes
que penalizan la trata de mujeres y niñas en la India y Nepal,
el tráfico todavía se practica en ambos países.
Human Rights Watch ha encontrado que la policía y otros oficiales
del gobierno están en colusión con los traficantes
en diferentes puntos de las rutas, pero se ha hecho muy poco para
investigar estos cargos y castigar a los responsables.
El tratado de las Naciones Unidas castigará a los traficantes
Si es aprobado, el protocolo contra la trata de personas, especialmente
mujeres y niños, que complementa la propuesta convención
de las Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacional,
obligaría a las naciones a condenar la trata o actos relacionados
y castigaría a los delincuentes. Las naciones también
se comprometerían a proteger a las víctimas inocentes,
incluidos el cuidado de los niños y la adopción de
leyes inmigratorias que permitiesen a las víctimas permanecer
en su territorio de forma temporaria o permanente.
El protocolo intensificaría la persecución
de los traficantes. Las naciones estarían de acuerdo en cooperar
en la búsqueda de traficantes y víctimas, así
como de los métodos empleados para el tráfico, incluidos
el reclutamiento, las rutas y las conexiones entre individuos y
grupos de traficantes.
Al considerar a la trata de mujeres y niños
(personas) como un elemento de la delincuencia organizada, el protocolo
actualizaría los intentos anteriores de la comunidad internacional
por combatir esta amenaza. Las naciones han decidido que es necesario
buscar una rápida solución para hacer frente a las
crecientes redes de tráfico que se expanden de forma amenazante.
El protocolo tiene como objetivo servir de instrumento legal poderoso
para combatir el tráfico y lograr un mejor balance entre
el cumplimiento de la ley y la protección de las víctimas.
Medidas internacionales contra la trata de mujeres y niños
El primer tratado internacional de las Naciones Unidas que denunció
el tráfico de personas fue el Convenio para la represión
de la trata de personas y de la explotación de la prostitución
ajena de 1949 (Convenio sobre la trata). Por este tratado, las naciones
acordaron castigar a los traficantes y dueños ilegales de
casas de prostitución y a sus cómplices. Las naciones
también se comprometieron a proteger y repatriar con seguridad
a las víctimas del tráfico.
La más reciente Convención de
las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas
de discriminación contra la mujer (CEDAW), que fue adoptada
en diciembre de 1979, reforzó el Convenio sobre la trata
y sus obligaciones de reducir el tráfico de m
ujeres.
La Comisión de las Naciones Unidas de
Derechos Humanos adoptó una resolución en 1994 que
demanda la eliminación de la trata de mujeres con fines de
prostitución. La asignación subsiguiente de un Relator
Especial sobre la violencia contra la mujer, así como su
continua labor en relación con la venta de niños,
la prostitución y la pornografía infantil, han contribuido
a prestarle más atención al problema del tráfico.
Recientemente, la Organización Internacional
del Trabajo (OIT) adoptó el Convenio sobre la prohibición
de las peores formas de trabajo infantil, que declara ilegal la
esclavitud infantil, la explotación sexual y el trabajo peligroso,
incluido el reclutamiento forzado de niños para ser utilizados
en conflictos bélicos.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
(UNICEF), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD), el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer
(UNIFEM) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han
combatido también la trata y la prostitución incluyendo
estos aspectos en sus programas.
El UNICEF ayuda a las naciones en la aplicación
de la Convención de 1989 sobre los Derechos del Niño,
que obliga a las naciones a proteger a los niños contra la
explotación y el abuso sexual y a evitar por todos los medios
la compra, la trata o el secuestro de niños. Además,
la organización ha emprendido una iniciativa para combatir
el trabajo infantil que incluye a 29 naciones.
El PNUD y el UNIFEM están coordinando
conjuntamente una campaña entre organismos de las Naciones
Unidas sobre los derechos humanos de la mujer en América
Latina y el Caribe en su empeño por aumentar la conciencia
del público sobre el elevado costo social y económico
que provoca la violencia contra la mujer. Además, una nueva
iniciativa de la Organización Mundial de la Salud investiga
las consecuencias tanto psicológicas como físicas
que resultan de la violencia contra la mujer en varias naciones
e insta a las organizaciones de la salud a concentrar sus esfuerzos
en el tema.
La INTERPOL ha celebrado varias conferencias
sobre el tráfico y ha tratado de coordinar las actividades
de los organismos encargados del cumplimiento de la ley en puntos
fronterizos para impedir la trata de niños.
Publicado por el Departamento de Información
Pública de las Naciones Unidas
DPI/2098
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