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Décimo Congreso de las Naciones Unidas
sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente
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Lucha contra la delincuencia
en la Internet
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En los años recientes las redes de computadoras han crecido
de manera asombrosa. Hoy en día, el número de usuarios
que se comunican, hacen sus compras, pagan sus cuentas, realizan
negocios y hasta consultan con sus médicos online supera
los 200 millones, comparado con 26 millones en 1995.
A medida que se va ampliando la Internet, asimismo
va aumentanto el uso indebido de la misma. Los denominados delincuentes
cibernéticos se pasean a su aire por el mundo virtual, incurriendo
en delitos tales como el acceso sin autorización o “piratería
informatica”, el fraude, el sabotaje informático, el narcotráfico,
la trata de niños con fines pornográficos y el acecho.
Los delincuentes de la informática son
tan diversos como sus delitos; puede tratarse de estudiantes, terroristas
o figuras del crimen organizado. En materia de delitos financieros
como el fraude o el robo de información, la mayor categoría
la forman los empleados de empresas, que son responsables del 90%
de estos delitos, según el Manual de la Naciones Unidas de
1997 sobre la prevención y la fiscalización de los
delitos relacionados con las computadoras.
Los delincuentes cibernéticos pueden
pasar desapercibidos a través de las fronteras, ocultarse
tras incontables “enlaces” o simplemente desvanecerse sin dejar
ningún documento de rastro. Pueden despachar directamente
las comunicaciones o esconder pruebas delictivas en “paraísos
informáticos” —o sea, en países que carecen de leyes
o experiencia para seguirles la pista.
En un esfuerzo por poner coto a esta creciente
amenaza, se impartirá un curso práctico especial durante
el Décimo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención
del Delito y el Tratamiento del Delincuente, en Viena, del 10 al
17 de abril. El curso, organizado por el Instituto de las Naciones
Unidas de Asia y el Lejano Oriente para la Prevención del
Delito y el Tratamiento del Delincuente (UNAFEI), con sede en Tokyo,
bajo los auspicios del Centro de las Naciones Unidas para la Prevención
Internacional del Delito (CICP), se centrará en la cooperación
mundial para investigar y enjuiciar al delincuente cibernético.
“Este seminario se propone servir de foro para
el intercambio de información acerca de asuntos tales como
las técnicas de investigación y las leyes sobre la
delincuencia informática entre países con una amplia
gama de experiencias, conocimientos especializados y métodos
para combatir el problema”, informa Christopher Ram, Oficial de
Prevención del Delito (Delito Informático) de la CICP.
Intromisión electrónica, sabotaje y informático
acecho
La entrada en sitios no autorizados gracias
a técnicas refinadas para remedar las claves o burlar otras
medidas de seguridad se ha convertido en un delito popular en la
informática. Una vez logrado el acceso, los intrusos pueden
introducir algún virus, colocar mensajes insultantes o robar
datos valiosos, en particular información sobre tarjetas
de crédito y secretos de las empresas.
Según datos recientes del Servicio Secreto
de los Estados Unidos, se calcula que los consumidores pierden unos
500 millones de dólares al año debido a los piratas
que les roban de las cuentas online sus números de tarjeta
de crédito y de llamadas. Dichos números se pueden
vender por jugosas sumas de dinero a falsificadores que utilizan
programas especiales para codificarlos en bandas magnéticas
de tarjetas bancarias y de crédito, señala el Manual
de la ONU.
Otros delincuentes de la informática
pueden sabotear las computadoras para ganarle ventaja económica
a sus competidores o amenazar con daños a los sistemas con
el fin de cometer extorsión. Los malhechores manipulan los
datos o las operaciones, ya sea directamente o mediante los llamados
“gusanos” o “virus”, que pueden paralizar completamente los sistemas
o borrar todos los datos del disco duro. Algunos virus dirigidos
contra computadoras elegidas al azar; que originalmente pasaron
de una computadora a otra por medio de disquetes “infectados”; también
se están propagando últimamente por las redes, con
frecuencia camuflados en mensajes electrónicos o en programas
“descargados” de la red.
En 1990, se supo por primera vez en Europa de
un caso en que se usó a un virus para sonsacar dinero, cuando
la comunidad de investigación médica se vio amenazada
con un virus que iría destruyendo datos paulatinamente si
no se pagaba un rescate por la “cura”.
Los delinquentes cibernéticos al acecho también usan
el correo electrónico para enviar mensajes amenazantes especialmente
a las mujeres. De acuerdo al libro de Barbara Jenson “Acecho cibernético:
delito, represión y responsabilidad personal en el mundo
online”, publicado en 1996, se calcula que unas 200.000 personas
acechan a alguien cada año.
Afirma la Sra. Jenson que una norteamericana
fue acechada durante varios años por una persona desconocida
que usaba el correo electrónico para amenazar con asesinarla,
violar a su hija y exhibir la dirección de su casa en la
Internet para que todos la vieran.
Los delincuentes también han utilizado el correo electrónico
y los “chat rooms” o salas de tertulia de la Internet para buscar
presas vulnerables.
Por ejemplo, los aficionados a la pedofilia
se han ganado la confianza de niños online y luego concertado
citas reales con ellos para explotarlos o secuestrarlos. El Departamento
de Justicia de los Estados Unidos dice que se está registrando
un incremento de la pedofilia por la Internet.
Además de las incursiones por las páginas
particulares de la Red, los delinquentes pueden abrir sus propios
sitios para estafar a los clientes o vender mercancías y
servicios prohibidos, como armas, drogas, medicamentos sin receta
ni regulación y pornografía.
La CyberCop Holding Cell, un servicio de quejas
online, hace poco emitió una advertencia sobre un anuncio
clasificado de servicio de automóviles que apareció
en la Internet. Por un precio fijo de $399, el servicio publicaría
una descripción del auto del cliente en una página
de la Red y garantizaban que les devolverían el dinero si
el vehículo no se vendía en un plazo de 90 días.
Informa CyberCop que varios autos que se habían
anunciado en la página electrónica no se vendieron
en ese plazo, pero los dueños no pudieron encontrar a ninguno
de los autores del servicio clasificado para que les reembolsaran
el dinero. Desde entonces, el sitio en la Red de este “servicio”
ha sido clausurado.
Captura de delincuentes cibernéticos
A medida que aumenta la delincuencia electrónica, numerosos
países han promulgado leyes declarando ilegales nuevas prácticas
como la pirateria informática, o han actualizado leyes obsoletas
para que delitos tradicionales, incluidos el fraude, el vandalismo
o el sabotaje, se consideren ilegales en el mundo virtual.
Singapur, por ejemplo, enmendó recientemente
su Ley sobre el Uso Indebido de las Computadoras, de acuerdo con
la CNET de Singapur. Ahora son más severos los castigos impuestos
a todo el que interfiera con las “computadoras protegidas” —es decir,
las que están conectadas con la seguridad nacional, la banca,
las finanzas y los servicios públicos y de urgencia— así
como a los transgresores por entrada, modificación, uso o
intercepción de material computadorizado sin autorización.
Hay países que cuentan con grupos especializados
en seguir la pista a los delincuentes cibernéticos. Uno de
los más antiguos es la Oficina de Investigaciones Especiales
de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, creada en 1978.
Otro es el de Investigadores de la Internet, de Australia, integrado
por oficiales de la ley y peritos con avanzados conocimientos de
informática. El grupo australiano recoge pruebas y las pasa
a las agencias gubernamentales de represión pertinentes en
el estado donde se originó el delito.
Pese a estos y otros esfuerzos, las autoridades
aún frentan graves problemas en materia de informática.
El principal de ellos es la facilidad con que se traspasan las fronteras,
por lo que la investigación, enjuiciamiento y condena de
los transgresores se convierte en un dolor de cabeza jurisdiccional
y jurídico. Además, una vez capturados, los oficiales
tienen que escoger entre extraditarlos para que se les siga juicio
en otro lugar o transferir las pruebas—y a veces los testigos—al
lugar donde se cometieron los delitos.
En 1992, los piratas de un país europeo
atacaron un centro de computadoras de California. La investigación
policial se vio obstaculizada por la doble tipificación penal
—la carencia de leyes similares en los dos países que prohíban
ese comportamiento— y esto impidió la cooperación
oficial, según informa el Departamento de Justicia de los
Estados Unidos. Con el tiempo, la policía del país
de los piratas se ofreció a ayudar, pero poco después
la piratería terminó, se perdió el rastro y
se cerró el caso.
Asimismo, en 1996 el Servicio de Investigación
Penal y la Agencia Federal de Investigación (FBI) de los
Estados Unidos le siguió la pista a otro pirata hasta un
país sudamericano. El pirata informático estaba robando
archivos de claves y alterando los registros en computadoras militares,
universitarias y otros sistemas privados, muchos de los cuales contenían
investigación sobre satélites, radiación e
ingeniería energética.
Los oficiales del país sudamericano requisaron
el apartamento del pirata e incautaron su equipo de computadora,
aduciendo posibles violaciones de las leyes nacionales. Sin embargo,
los dos países no habían firmado acuerdos de extradición
por delitos de informática sino por delitos de carácter
más tradicional. Finalmente se resolvió la situación
sólo porque el pirata accedió a negociar su caso,
lo que condujo a que se declarara culpable en los Estados Unidos.
Destrucción u ocultación de pruebas
Otro grave obstáculo al enjuiciamiento por delitos cibernéticos
es el hecho de que los delincuentes pueden destruir fácilmente
las pruebas cambiándolas, borrándolas o trasladándolas.
Si los agentes del orden operan con más lentitud que los
delincuentes, se pierde gran parte de las pruebas; o puede ser que
los datos estén cifrados, una forma cada vez más popular
de proteger tanto a los particulares como a las empresas en las
redes de computadoras.
Tal vez la criptografía estorbe en las
investigaciones penales, pero los derechos humanos podrían
ser vulnerados si los encargados de hacer cumplir la ley adquieren
demasiado poder técnico. Las empresas electrónicas
sostienen que el derecho a la intimidad es esencial para fomentar
la confianza del consumidor en el mercado de la Internet, y los
grupos defensores de los derechos humanos desean que se proteja
el cúmulo de datos personales archivados actualmente en ficheros
electrónicos.
Las empresas también recalcan que la
información podría caer en malas manos, especialmente
en países con problemas de corrupción, si los gobiernos
tienen acceso a los mensajes en código. “Si los gobiernos
tienen la clave para descifrar los mensajes en código, esto
significa que personas no autorizadas —que no son del gobierno—
pueden obtenerlas y utilizarlas”, dice el gerente general de una
importante compañía norteamericana de ingeniería
de seguridad.
Identificación de delitos a nivel mundial y medidas para
combatirlos
Las dificultades que enfrentan las autoridades en todo el mundo
ponen de manifiesto la necesidad apremiante de una cooperación
mundial para modernizar las leyes nacionales, las técnicas
de investigación, la asesoría jurídica y las
leyes de extradición para poder alcanzar a los delincuentes.
Ya se han iniciado algunos esfuerzos al respecto.
En el Manual de las Naciones Unidas de 1977
se insta a los Estados a que coordinen sus leyes y cooperen en la
solución de ese problema. El Grupo de Trabajo Europeo sobre
delitos en la tecnología de la informática ha publicado
un Manual sobre el delito por computadora, en el que se enumeran
las leyes pertinentes en los diversos países y se exponen
técnicas de investigación, al igual que las formas
de buscar y guardar el material electrónico en condiciones
de seguridad.
El Instituto Europeo de Investigación
Antivirus colabora con las universidades, la industria y los medios
de comunicación y con expertos técnicos en seguridad
y asesores jurídicos de los gobiernos, agentes del orden
y organizaciones encargadas de proteger la intimidad a fin de combatir
los virus de las computadoras o “caballos de Troya”. También
se ocupa de luchar contra el fraude electrónico y la explotación
de datos personales.
En 1997, los países del Grupo de los
Ocho aprobaron una estrategia innovadora en la guerra contra el
delito de “tecnología de punta”. El Grupo acordó que
establecería modos de determinar rápidamente la proveniencia
de los ataques por computadora e identificar a los piratas, usar
enlaces por vídeo para entrevistar a los testigos a través
de las fronteras y ayudarse mutuamente con capacitación y
equipo. También decidió que se uniría a las
fuerzas de la industria con miras a crear instituciones para resguardar
las tecnologías de computadoras, desarrollar sistemas de
información para identificar casos de uso indebido de las
redes, perseguir a los infractores y recabar pruebas.
El Grupo de los Ocho ha dispuesto ahora centros
de coordinación abiertos 24 horas al día, siete días
a la semana para los encargados de hacer cumplir la ley. Estos centros
apoyan las investigaciones de otros Estados mediante el suministro
de información vital o ayuda en asuntos jurídicos,
tales como entrevistas a testigos o recolección de pruebas
consistentes en datos electrónicos.
Un obstáculo mayor opuesto a la adopción
de una estrategia del tipo Grupo de los Ocho a nivel internacional
es que algunos países no tienen la experiencia técnica
ni las leyes que permitirían a los agentes actuar con rapidez
en la búsqueda de pruebas en sitios electrónicos —antes
de que se pierdan— o transferirlas al lugar donde se esté
enjuiciando a los infractores.
Delitos en las redes electrónicas
Espionaje industrial
Los piratas pueden realizar tareas de espionaje avanzado para las
empresas o para su propio provecho copiando secretos comerciales
que abarcan desde información sobre técnicas o productos
hasta información sobre estrategias de comercialización.
Sabotaje de sistemas
Los ataques como el “bombardeo electrónico” consisten en
el envío de mensajes repetidos a una dirección o a
un sitio electrónico, impidiendo así que los usuarios
legítimos tengan acceso a ellos. El flujo de correspondencia
puede hacer rebosar el cupo de la cuenta personal del que la recibe
y paralizar sistemas enteros. Aunque ésta sea una práctica
extremadamente disruptiva, no es necesariamente ilegal.
Sabotaje y vandalismo de datos
Los intrusos pueden acceder a sitios electrónicos o bases
de datos y borrarlos o cambiarlos, corrompiendo los datos mismos
y causando perjuicios aún mayores si se usan datos incorrectos
posteriormente para otros fines.
“Pesca” u “olfateo” de claves secretas
Los delincuentes suelen engañar a los usuarios nuevos e incautos
de la Internet para que revelen sus claves personales haciéndose
pasar por agentes de la ley o empleados del proveedor del servicio.
Los “sabuesos” utilizan programas para identificar claves de usuarios,
que más tarde se pueden usar para esconder su verdadera identidad
y cometer otras fechorías, desde el uso no autorizado de
sistemas de computadoras hasta delitos financieros, vandalismo o
actos de terrorismo.
Estratagemas
Los estafadores utilizan diversas técnicas para ocultar computadoras
que se “parecen” electrónicamente a otras para lograr acceso
a algún sistema generalmente restringido y cometer delitos.
El famoso pirata Kevin Mitnick se valió de estratagemas en
1996 para introducirse en la computadora de la casa de Tsutomo Shimamura,
experto en seguridad, y distribuir en la Internet valiosos útiles
secretos de seguridad.
Pornografía infantil
La distribución de pornografía infantil por todo el
mundo a través de la Internet está en aumento. Durante
los pasados cinco años, el número de condenas por
transmisión o posesión de pornografía infantil
ha aumentado de 100 a 400 al año en un país norteamericano.
El problema se agrava al aparecer nuevas tecnologías, como
la criptografía, que sirve para esconder pornografía
y demás material “ofensivo” que se transmita o archive.
Juegos de azar
El juego electrónico de azar se ha incrementado a medida
que el comercio brinda facilidades de crédito y transferencia
de fondos en la Red. Los problemas ocurren en países donde
ese juego es un delito o las autoridades nacionales exigen licencias.
Además, no se puede garantizar un juego limpio, dadas las
inconveniencias técnicas y jurisdiccionales que entraña
su supervisión.
Fraude
Ya se han hecho ofertas fraudulentas al consumidor tales como la
cotización de acciones, bonos y valores o la venta de equipos
de computadora en regiones donde existe el comercio electrónico.
Blanqueo de dinero
Se espera que el comercio electrónico sea el nuevo lugar
de transferencia electrónica de mercancías o dinero
para lavar las ganancias que deja el delito, sobre todo si se pueden
ocultar transacciones.
Publicado por el Departamento de Información
Pública de las Naciones Unidas
DPI/2088/H
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