|
|
|
Décimo Congreso de las Naciones Unidas
sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente
|
 |
El costo de la corrupción
|
Los expertos en economía de todo el mundo convienen actualmente
que la corrupción —desde el soborno y la extorsión
hasta el nepotismo— puede tener efectos devastadores sobre las economías
que pasan por una situación difícil.
En un estudio del Banco Mundial, más
de 150 funcionarios de alta jerarquía y ciudadanos eminentes
de más de 60 naciones en desarrollo calificaban a la corrupción
como el mayor obstáculo para que sus países se desarrollaran
y crecieran económicamente.
Las prácticas corruptas vacían
las arcas de los Estados, arruinan el libre comercio y espantan
a los inversores. El Banco Mundial estima que la corrupción
puede reducir la tasa de crecimiento de un país entre 0,5
y 1 puntos porcentuales por año. Según las investigaciones
del FMI, la inversión en los países corruptos es casi
un 5% menor que en los países relativamente exentos de corrupción.
Según la agencia de calificación
de valores Standard and Poor’s, hay una probabilidad de entre un
50% y un 100% de que los inversores pierdan todas sus inversiones
en un plazo de cinco años en países con diversos grados
de corrupción. Esto hace que la inversión a largo
plazo —la que más beneficia a un país— sea peligrosa
e improbable.
“En general se reconoce que la corrupción
ahuyenta la inversión extranjera y la asistencia para el
desarrollo”, afirma Pino Arlacchi, Director Ejecutivo de la Oficina
de Fiscalización de Drogas y de Prevención del Delito
de las Naciones Unidas, con sede en Viena. “Desde luego que es más
prudente invertir en los países donde hay más transparencia,
bancos independientes y bien reglamentados y sistemas judiciales
sólidos”.
Mientras se ponen cada vez más de manifiesto
los enormes costos resultantes de la corrupción, las Naciones
Unidas han decidido redoblar los esfuerzos para combatirla. En el
Décimo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención
del Delito y Tratamiento del Delincuente, que se celebrará
en abril de este año en Viena, habrá un seminario
especial sobre el problema. En el seminario, que será coordinado
por el Instituto Interregional de las Naciones Unidas para Investigaciones
sobre la Delincuencia y la Justicia, se analizará la corrupción
en los llamados niveles de la calle, de los negocios y de las altas
esferas.
Venta de licencias y compra de leyes
La corrupción a nivel “de la calle” infesta las oficinas
públicas y los departamentos de policía, donde tal
vez se efectúen pagos bajo cuerda para obtener licencias
u otros permisos o se soborne a los funcionarios para que pasen
por alto leyes inconvenientes.
En una encuesta llevada a cabo en 1996 y 1997
sobre las víctimas del delito internacional, un promedio
del 18% de los entrevistados de países en desarrollo, del
13% de los países en transición y del 1% del mundo
industrializado declararon que en el año anterior habían
hecho pagos para sobornar a diferentes funcionarios públicos.
En los países en desarrollo y en transición,
los bajos salarios y la poco prestigiosa condición social
pueden inducir a los funcionarios a incurrir en prácticas
corruptas, según un estudio realizado por el Banco Mundial
en 1997. En un informe de 1999 publicado por el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se observaba que los
sueldos de los empleados públicos de varios países
del Asia meridional habían bajado considerablemente en los
últimos cincuenta años, lo cual podría contribuir
a la gran corrupción existente en esa región.
Pero la corrupción también puede
surgir de una “actitud moral o cultural”, de acuerdo con Fred Schenkelaar,
Asesor Especial del Programa del PNUD de Rendición de Cuentas
y Transparencia, quien ha manifestado: “La corrupción de
baja escala podría ser consecuencia de los bajos salarios
en la región de Asia meridional, pero no se puede garantizar
que desaparezca aumentando los sueldos de los funcionarios”.
El soborno en los negocios
Tal vez sea más difícil resistirse a los sobornos
en los negocios, ya que las empresas mismas, nacionales o extranjeras,
pueden ofrecer recompensas suculentas a cambio del otorgamiento
de licencias y contratos, o incluso para evadir impuestos y aranceles.
Algunas empresas, sobre todo las pequeñas,
pueden sentir que deben pagar sobornos simplemente para sobrevivir.
Alrededor del 97% del total de las condenas por prácticas
corruptas en las sentencias dictadas por los tribunales federales
de los Estados Unidos recae en pequeñas empresas de menos
de 50 empleados, según las actas de una conferencia internacional
celebrada en Milán (Italia) en 1999.
En una encuesta realizada por el Banco Mundial,
la gente de negocios de un país de Europa oriental atribuía
la corrupción a los altos impuestos, agravados por las reglamentaciones
ineficaces, las normas confusas, el otorgamiento de licencias según
el arbitrio de los funcionarios y las intrusiones de un enjambre
de burócratas sobre el terreno. Los funcionarios de menor
jerarquía calculaban la deuda tributaria de una empresa —con
frecuencia de modo caprichoso— y aplicaban elevadas multas por las
violaciones.
Con normas inciertas que los funcionarios aplicaban
según su capricho, las empresas se sentían libres
de regatear. La mayoría de ellas pagaban derechos de exportación
e importación “no oficiales”, y casi siempre tenían
que sobornar a los funcionarios para obtener líneas de teléfonos.
Era frecuente hacer pagos bajo cuerda a los inspectores de sanidad,
impuestos y de prevención de incendios, así como pagar
comisiones no oficiales para tener acceso a arrendamientos o a crédito.
Además de estos costos, las gerencias
de las empresas malgastaban por lo menos el 37% de su tiempo en
sus tratos con el gobierno.
El Banco Mundial ha señalado que el pago de sobornos a los
funcionarios públicos representa un alto costo para las empresas,
lo que las mueve a declarar a las autoridades menores ventas, costos
y nómina, para pagar menos impuestos. Por supuesto que el
Estado pierde una cantidad sustancial de sus ingresos y que los
pobres puedan tener que enjugar la diferencia soportando mayores
impuestos y recibiendo menos beneficios sociales.
La corrupción reduce
los ingresos impositivos y aduaneros de muchos países en
transición y en desarrollo. Los impuestos se evaden mediante
el contrabando y mediante transacciones no asentadas en los libros
y una contabilidad fraudulenta.
En un país de África se determinó
que por derechos de aduanas e impuestos a la renta no percibidos
se perdía entre el 8% y el 9% del producto interno bruto
(PIB), cifra igual a seis o siete veces el gasto nacional en salud.
Sólo la evasión del impuesto a la renta representaba
el 70% de esa cantidad.
En un estudio que llevó a cabo el Banco
Mundial sobre este problema se señaló que sólo
el 40% de las pequeñas y medianas empresas del país
pagaban impuestos y que muchas personas no presentaban la declaración.
Al no haber directrices claras ni aranceles
aduaneros publicados, se dejaban de pagar sumas enormes por concepto
de derechos de aduana. Los funcionarios podían actuar a su
total discreción, lo cual alentaba el pago de sobornos y
la evasión arancelaria.
Sobornos para obtener ganancias ilegales
La delincuencia organizada puede usar deliberadamente la corrupción
para aumentar su participación en los mercados ilegales.
Por ejemplo, los que trafican con el juego y con la droga en América
del Norte y en América Latina han pagado a los funcionarios
para que hagan redadas entre sus competidores o los mantengan alejados
del país, según observa el Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD). O bien las empresas corruptas
pueden intimidar directamente a los posibles rivales pagando con
frecuencia a la policía para que no intervenga.
La delincuencia organizada puede usar prácticas
corruptas para extorsionar a empresas legales. Por ejemplo, según
la conferencia celebrada en Milán, durante tres años
y medio una compañía de aviación asiática
pagó alrededor de 215.000 dólares a una sociedad pantalla
de delincuencia organizada para que le garantizara que las asambleas
de accionistas se desarrollarían en paz. En una ciudad de
América del Norte las empresas pudieron reducir en 330 millones
de dólares sus gastos anuales de recolección de desperdicios,
que ascendían a 1.500 millones, gracias a que lograron liberar
al sector de recolección de residuos del dominio de la mafia.
Las organizaciones de delincuentes que actúan
mediante la corrupción pueden significar una particular amenaza
para los países en transición, donde tienen a su disposición
toda la riqueza del Estado, según el Programa de las Naciones
Unidas para la Fiscalización Internacional de Drogas (PNUFID).
Creando una situación de inseguridad y de violencia, estas
organizaciones pueden ahuyentar a la competencia, especialmente
a las empresas de occidente, y quedarse con el campo libre.
En un esfuerzo por cerrar filas contra esta
clase de corrupción, en la Convención de las Naciones
Unidas contra la Delincuencia Transnacional Organizada —que estará
lista para su aprobación por la Asamblea General de las Naciones
Unidas en septiembre de 2000— se tipificarán como delitos
los actos de corrupción vinculados con los grupos de delincuencia
organizada. Además, las naciones han decidido redactar otro
tratado internacional contra la corrupción.
La corrupción en las altas esferas
Cuando la corrupción irrumpe en las altas esferas oficiales
puede tener efectos devastadores y de gran alcance. Los funcionarios
corruptos que ocupan altos cargos pueden hacer un mal uso de la
ayuda internacional, abandonar proyectos de desarrollo esenciales
o, debido a los gastos excesivos, mantener el nivel de vida por
debajo de lo tolerable.
Hasta 30.000 millones de dólares de ayuda
destinada a África —cantidad igual al doble del producto
interno bruto (PIB) combinado de Ghana, Kenya y Uganda— fue a parar
a cuentas en bancos extranjeros, de acuerdo con Transparency International,
organización de lucha contra la corrupción.
Según estimaciones del Banco Mundial, un país de Asia
perdió, debido a la corrupción, 48.000 millones de
dólares en los últimos 20 años, cifra que supera
la totalidad de su deuda externa de 40.600 millones de dólares.
En muchos casos la corrupción de alto
nivel recibe una ayuda considerable de socios occidentales. Los
bancos internacionales han permitido que se abran cuentas extranjeras
secretas donde se depositan fondos producto de malversaciones. Según
algunas estimaciones, aproximadamente 30.000 millones de dólares
de capitales que se han fugado de Nigeria están depositados
en bancos europeos y norteamericanos.
Las sociedades extranjeras ansiosas por vender
sus mercancías han sobornado a ministros o han añadido
a contratos o acuerdos de inversión “comisiones” para altos
funcionarios. En algunas naciones occidentales el soborno de extranjeros
con fines comerciales es legal e incluso constituye una deducción
impositiva legítima.
Las propias naciones industrializadas están
plagadas de corrupción. En un escándalo muy comentado
en Europa, varias sociedades pagaron sobornos para obtener contratos
por un valor de 1.340 millones de dólares para la construcción
de una nueva terminal en un importante aeropuerto internacional.
Catorce personas de otro ministerio europeo fueron acusadas de corrupción
en relación con el otorgamiento de contratos para la instalación
de equipo informático, lo que había significado una
pérdida de 787.000 dólares, según Transparency
International.
La lucha contra la corrupción
Uno de los mejores métodos para frustrar la corrupción
ha sido permitir el acceso del público a los registros contables.
Otros métodos han sido establecer reglamentos de contrataciones,
sistemas de frenos y contrapesos entre departamentos importantes
y organismos de vigilancia o de auditoría.
En algunos países se han utilizado comisiones
independientes de lucha contra la corrupción para vigilar,
verificar y examinar las transacciones públicas, lo que ha
logrado reducir considerablemente las prácticas corruptas
en Australia, Hong Kong, Polonia, Singapur y Uganda.
La lucha contra la corrupción ha sido
también impulsada por varios tratados internacionales que
fueron aprobados por las Naciones Unidas, la Organización
de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), el
Consejo de Europa, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización
de Estados Americanos (OEA). Por medio de estos acuerdos se ha buscado
fundamentalmente reforzar y armonizar las normas comerciales, ambientales
y fiscales para eliminar los resquicios legales que podrían
hacer posible la corrupción.
El año pasado se dio un paso adelante
muy grande con la aprobación por los países de la
OCDE de la Convención para la represión del cohecho
de funcionarios públicos extranjeros en las transacciones
comerciales internacionales. El tratado obliga a las naciones a
tipificar como delito el soborno de funcionarios públicos
extranjeros y castigarlo con penas comparables a las impuestas a
los funcionarios nacionales.
Para mantener un control más estricto
de los pagos por concepto de ayuda, el Fondo Monetario Internacional
(FMI) convino recientemente en negar asistencia financiera a los
países en donde la corrupción podría hacer
fracasar los programas de recuperación económica.
Varias otras organizaciones, como la OCDE, el
Banco Mundial, Transparency International, el PNUD y el Centro de
las Naciones Unidas para la Prevención Internacional del
Delito —la subdivisión de prevención del delito de
la Oficina de Fiscalización de Drogas y de Prevención
del Delito— están trabajando intensamente con los gobiernos
a nivel de los países, para ayudar a reformar las instituciones
y los sistemas públicos poco sólidos.
El Centro para la Prevención Internacional
del Delito ha prestado asistencia a varias naciones en cuestiones
como la reforma de la legislación, la gestión de la
administración pública, la capacitación de
funcionarios públicos y de empleados de los tribunales de
justicia penal y en la presentación de proyectos para recibir
ayuda internacional. El año pasado redactó un código
internacional de conducta para funcionarios públicos.
En 1999, el Centro para la Prevención
Internacional del Delito puso en marcha un programa mundial contra
la corrupción, mediante el cual se está ayudando a
los países a evaluar las medidas nacionales contra las prácticas
corruptas y a capacitar a los encargados de la adopción de
políticas, los jueces, los fiscales, los encargados de hacer
cumplir la ley y a los responsables del mundo de las finanzas. Asimismo,
está reuniendo información sobre medidas contra la
corrupción en todo el mundo, la que se incorporará
a una base de datos internacional que creará el Centro en
colaboración con el Instituto Interregional de las Naciones
Unidas para Investigaciones sobre la Delincuencia y la Justicia
(UNICRI)
“Por medio del programa mundial se obtendrán
datos comparados acerca de la corrupción, para promover la
responsabilidad, la transparencia y el mantenimiento del Estado
de derecho. En particular, se investigará la vinculación
entre la corrupción y la delincuencia organizada”, declaró
Pino Arlacchi, Director Ejecutivo de la Oficina de Fiscalización
de Drogas y de Prevención del Delito.
Tratados internacionales de lucha contra la corrupción
La Convención de la OCDE para la represión
del cohecho de funcionarios públicos extranjeros en las transacciones
comerciales internacionales de 1999 obliga a las naciones a tipificar
como delito el soborno de funcionarios públicos extranjeros.
En la Convención Civil del Consejo de
Europa sobre Corrupción, de 1999 se definen los principios
y normas comunes de nivel internacional en materia de derecho civil
y corrupción.
En el Código del FMI sobre prácticas
de transparencia en las políticas monetaria y financieras
y su declaración de principios, de 1999, se intenta aumentar
la transparencia de los sectores público y financiero.
La Convención Penal del Consejo de Europa
sobre Corrupción, de 1998, obliga a las naciones a tipificar
como delito una variedad de actos corruptos y a impulsar la cooperación
internacional para el enjuiciamiento de los delitos de corrupción.
En el Convenio de la Unión Europea de
1997 relativo a la lucha contra los actos de corrupción en
los que estén implicados funcionarios de las Comunidades
Europeas o de los Estados miembros de la Unión Europea, se
tipifica como delito la corrupción activa y pasiva de los
funcionarios.
El Código de Conducta de las Naciones
Unidas para funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, aprobado
por la Asamblea General en 1996, contiene una cláusula que
establece que los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley
deben evitar la corrupción y luchar contra ella vigorosamente.
En la Declaración de las Naciones Unidas
contra la corrupción y el soborno en las transacciones comerciales
internacionales, de 1996, se insta tanto al sector privado como
al sector público a cumplir con las leyes y normas de las
naciones donde realizan negocios y a tener en cuenta las consecuencias
de sus actos sobre el desarrollo económico y social y el
medio ambiente.
En un Protocolo a la Convención sobre
la protección de los intereses financieros de la Unión
Europea, de 1996, se tipifica como delito la corrupción activa
y pasiva de los funcionarios nacionales y de la Comunidad. En un
segundo Protocolo, de 1997, se tipifica como delito el lavado de
dinero producto de la corrupción y se hace responsables a
las empresas y sociedades que hayan participado.
En la Convención Interamericana contra
la Corrupción, de la Organización de Estados Americanos
(OEA), de 1996, se procura luchar contra la corrupción a
fin de promover las instituciones democráticas y evitar que
se distorsione la economía, que se cometan faltas en la administración
pública y que se perjudique a la sociedad civil.
Publicado por el Departamento de Información
Pública de las Naciones Unidas
DPI/2088/A
|