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Salvar a los niños de la violencia tiene sentido
Paulo Sérgio Pinheiro, experto Independiente y coordinador del Estudio del
Secretario General de las Naciones Unidas sobre la Violencia Infantil
Cuando la gente escucha la frase "violencia contra los niños" primero piensan en todos los tipos de violencia que llenan los encabezados: tiroteos en escuelas, asesinatos masivos en tiempos de guerra, niñas pequeñas abusadas sexualmente y tiradas en zanjas, niños pequeños golpeados hasta morir por matones que con frecuencia no son mayores que su victima. Estas historias de horror se quedan gravadas en nuestras memorias y nos dejan con un sentimiento de temor. No deberían ser olvidadas porque son reales y necesitamos asegurarnos que no se repitan.
Pero los actos de violencia aparentemente pequeños, repetitivos y diarios que marcan la vida de los niños y niñas también son increíblemente dañinos, porque socavan su salud y desarrollo. Los niños testifican sobre las heridas -no sólo físicas, sino también "la herida interna" -que estas formas de violencia les causan. El hecho se torna más grave porque a menudo los adultos parecen aceptar la violencia, e incluso aprobarla, como si ésta de alguna forma fuera parte de "ser niño".
Tal vez, el mejor ejemplo sea el castigo corporal que dan los padres a los niños. Mucha gente defiende el golpear a sus hijos con varias razones: argumentan que no hace daño y con frecuencia dicen que ellos fueron golpeados y sobrevivieron. El hecho de que alguien haya sobrevivido a una paliza está lejos de ser una justificación para permitir que este fenómeno continúe. De hecho, las investigaciones muestran de forma dramática que muchos niños mueren como resultado de las golpizas que recibieron en manos de los padres -las mismas personas encargadas de su protección -y muchos, muchos más son dañados tanto física como psicológicamente.
La situación se da a pesar de que se ha demostrado la efectividad de las formas no violentas de enseñar y disciplinar a los niños cuando hacen algo que los adultos saben que está mal. Esto es cierto en la disciplina familiar y en otros sitios en donde se enseña a los niños -en escuelas, instituciones alternativas de cuidado y por supuesto si alguna vez deben enfrentar a la ley. Todos los tipos de violencia infantil deberían ser prohibidos por la ley, incluyendo la violencia disfrazada de disciplina que ocurre en el hogar de los niños. ¡Esto no es porque los padres que golpean a sus hijos deban ser puestos tras las rejas! Una ley no es sólo un marco para el castigo, también, es una señal fuerte y clara de que la sociedad en su conjunto ha decidido que algunas cosas no son aceptables -en este caso no es más aceptable pegarle a un niño que pegarle a alguien más.
Algunos argumentan que los legisladores deberían permanecer fuera del hogar familiar, el último bastión de la privacidad. De hecho, la privacidad del hogar está protegida por el derecho internacional y nadie la cuestionaría. Pero el derecho de los niños y niñas a ser protegidos, también se consagra en las leyes internacionales y este derecho -como el de los miembros adultos de la familia -no puede terminar en la puerta del hogar familiar.
Muchos países han sentado precedentes para la protección legal en el hogar mediante legislaciones que prohíben la violencia doméstica. Alrededor del mundo, las comunidades han demostrado que no van a tolerar que en una relación la pareja utilice violencia física o psicológica en contra del otro. En muchos países existen leyes que protegen a la mascota de la familia de ser golpeada o maltratada. Entonces, ¿cómo podemos tolerar que un miembro de la familia cause daño a un miembro más joven, en nombre de la disciplina?
Un informe realizado en el 2003 por el Centro de Investigación Innocenti en Florencia, Italia, mostró que en los países industrializados los niños menores de un año enfrentan un riesgo alrededor de tres veces mayor de ser asesinados - casi invariablemente por sus padres -que los niños de uno a cuatro años, y dos veces más alto que los de cinco a 14. La Organización Mundial de la Salud estima que las tasas más elevadas de homicidio en los menores de cinco se encuentran en África al sur del Sahara y en América del Norte, en donde el "síndrome del bebé sacudido" es una causa principal de muerte en los infantes. Una parte significativa de los homicidios de niños menores de 10 años son cometidos por el novio o la novia de un padre u otra persona que conoce a la víctima.
Estos hechos son impactantes y la mayoría de los padres no se reconocen a sí mismos en estas descripciones. Pero la verdad es que el castigo corporal de todos los tipos es dañino -el hecho de que un niño no presente marcas físicas, no termine en un hospital o peor no es una razón para sugerir que algún castigo corporal es "bueno" y otro "malo". La Asamblea General de las Naciones Unidas ya ha reconocido esto -en el 2005 los Estados Miembros votaron abrumadoramente por una prohibición de los castigos corporales en escuelas y sistemas penitenciarios. ¿Por qué deben recibir los niños menos protección en casa?
La mayoría de los padres son "buenos" padres que aman a sus hijos y quieren hacer lo correcto para ellos. Muchos podrían decir que "disciplinar" a un niño es parte de criarlo apropiadamente. Pero si utilizamos las palabras que los mismos niños utilizan en lugar de "disciplina", y repasamos la lista de acciones que se encuentran en las estadísticas cuando un niño presenta heridas, se vuelve claro que incluso los padres "buenos" pueden estar cruzando las fronteras de la violencia: abofetear, pegar, golpear, azotar, apalear, golpear con otros objetos, quemar, humillar, encerrar en espacios reducidos, dejar afuera con mal clima, apodar, insultar, subestimar... Seguramente, ¿esto no puede ser considerado "aceptable" por los padres que quieren darle a sus hijos el mejor comienzo en la vida, incluyendo enseñarles la diferencia entre lo bueno y malo?
Resulta interesante que las razones que dan los perpetradores de la violencia doméstica para golpear a su pareja son casi iguales a las que dan los padres que causan maltrato corporal y humillante en sus hijos: "Necesitaba que le enseñara una lección", "no hizo lo que le pedí", "es por su propio bien", "tienes que ser cruel para ser amable".
En realidad, es tiempo de consignar estos sermones a los libros de historia donde pertenecen. Todos los niños y niñas merecen recibir los beneficios de la confiable evidencia científica existente sobre el comportamiento y las relaciones humanas. Tienen el derecho de ser protegidos contra toda forma de violencia en donde quiera que suceda. Y nosotros tenemos la responsabilidad de asegurar esa protección sea consagrada por la ley.